6 de diciembre de 2011

Review: Stillsuit "At the speed of light" (1997)



-Stillsuit “At the speed of light” (1997)
Coletazos de fuego, serpientes eléctricas sacudiéndose brillantes sobre un oxidado firmamento negro. Cuerdas tensadas y agredidas con el mayor amor posible. Uno casi insano. Y sí, algunos de estos golpes iniciales pueden recordarnos a los gruesos bíceps de aquel Henry Rollins de principios de los noventas aunque, por momentos, el desnudo, inquieto y huesudo torso de David Yow (¿O es un Guy Picciotto ahogado por la rabia?) parezca entrometerse en chispazos fugaces. Pero, antes de que alguien pueda llegar a dudarlo, las polvorientas y ensordecedoras calles de New York se hacen presentes entre el groove obsesivo y los riffs cortantes del primer Helmet, las disonancias más punzantes y los graves más degradados que Unsane nos haya legado, la sutil brutalidad dinámica y el nervio emotivo de Quicksand, las murallas de distorsión rítmica de Die 116, algún dejo al brillo espacial de Shift, pasajes donde estalla el lazo con la vieja escuela en la forma de un Burn o un Supertouch (tal vez con un dejo lejano a Revolution Summer pero no hay quejas en ese aspecto) y hasta cierta sinuosa pesadez que, claramente, nos adelanta bastante de lo que grupos como Deftones (sí, ya sé que no son neoyorquinos, pero se entiende el punto, ¿no?) o Glassjaw (no es casualidad, aquí teníamos a Manuel Carrero, bajista de los liderados por Daryl Palumbo) explorarían en años posteriores. En otras palabras, esto es Post-Hardocre de dientes apretados y venas palpitantes. De guitarrazos que exorcizan demonios a pura cacofonía atonal, estallando en caleidoscopios de luz que cobran sentido sólo cuando los sentidos se enfocan de forma certera y apenas replegándose en jugosas construcciones armónicas entre la belleza y la disonancia. De una base rítmica que tritura huesos a paso medido, concentrado, levemente irregular (como para que la marcha no se exceda en monotonía y baje en intensidad. De hecho hay más de una acelerada que confirma lo dicho más arriba sobre la vieja escuela) y absolutamente implacable. De un cantante que se deja el alma en cada surco, logrando causar todo tipo de emociones viscerales aún a pesar de sus limitaciones técnicas. De un puñado de canciones ideales para levantar el ánimo estimulando las zonas más jodidas de la imaginación, para celebrar la vida mientras ella más nos duela y, finalmente, para poder despedir sin culpas a todo ese dolor, con una sincera palmada en el hombro y una flamante sonrisa asomándose lentamente en la comisura de los labios.

0 invocaciones del cosmos: