lunes 16 de noviembre de 2009

Milica, Gran Cuervo, Cruz de Sal, Live in La Plata





domingo 15 de noviembre de 2009

Reviews


-Tar “Over and out” (1995)
¿Quieren noventas? Si no quieren, se joden y se lo tragan igual. Cuando la gente del futuro quiera saber a qué diantres sonaba el Rock en dicha década deberían acudir a discos como este. Nacieron en 1989 y se separaron en el mismo año en que editaron este genial “Over and out”, así que hasta en las fechas siguen esa línea. Todos sus discos anteriores (tres, sin contar ep’s) se titulan con una sola palabra, sus artes de tapa presentaban diseños entre simples e ingeniosos y sus integrantes vestían convencionales jeans, remeras, pelos cortos, camisas a cuadros y anteojos culo de botella. No usaban instrumentos electrónicos y basaban la totalidad de su propuesta en la más cruda energía rockera, con las guitarras bien al frente, las voces rasposas y los ritmos musculares. Y, musicalmente, conjugaban de forma impecable elementos del Grunge, el Noise-Rock (siendo oriundos de Chicago y contando con gente como Steve Albini y Bob Weston tras las perillas, era de esperarse) y el Post-Hardcore. Tenemos el sonido crudo y mugriento, los ritmos arrastrados y esa especie de pesadez Punk del primero. Las disonancias, los ritmos trabados, los gritos, el feedback y la psicosis del segundo y la potencia emocional e intelectual, los contrapuntos instrumentales y las dinámicas movedizas del tercero. Claro, hoy en día es probable que semejante cruza suene a objetivo premeditado, pero en esos días era simplemente la convergencia de influencias afines. En definitiva, bandas como Nirvana, The Jesus Lizard, Helmet o Jawbox no estaban tan lejos en sus respectivas propuestas artísticas. Tar podía compartir escenario con cualquiera de ellas sin quedar fuera de lugar y aún así nunca resignaron su sonido distintivo. Justamente, resultan demasiado intrincados para el Grunge, demasiado emotivos para el Noise-Rock y demasiado sucios para el Post-Hardcore. Bien vale aclarar algo. Cuando digo intrincados no me refiero a Rock Progresivo, si no más bien a las enseñanzas de adelantados del Punk como Black Flag, Wipers, Sonic Youth o Minutemen. Cuando hablo de emoción no se trata de maquillaje y llantos por novias perdidas, si no de esa angustia combustible de grandes como Fugazi o Hüsker Dü. Y cuando menciono la suciedad…bueno, ahí sí podemos remitirnos a Big Black, Scratch Acid y Killdozer por un lado, y a Mudhoney, Tad o los mismos Volcano Suns donde tocara el mencionado Bob Weston, por el otro. También es importante rescatar que la aproximación de Tar al Rock en general era, a pesar del innegable grado de nerdismo, sumamente brutal e inmediata. En sus pasajes más frenéticos parecían torturar a sus guitarras en medio de convulsionadas danzas y cada golpe estaba dirigido directamente al entrecejo. Recorrían también amenazantes paisajes donde la tensión era dibujada con filosos riffs entrecortados y un bajo capaz de derretir paredes. Y hasta cuando se permitían algún tipo de vulnerabilidad melódica resultaban hostiles o, como mínimo, quebrados emocionalmente, cubiertos de sudor y con el rostro deformado por una horrible mueca de dolor. Todo con esa gracia visceral, maliciosa y despojada que caracterizó a la década pasada. En fin, si todo este revival noventoso sirve, aunque más no sea, para rescatar a alguna de estas maravillosas bandas, la cosa habrá valido la pena. Si no, pueden probar por su cuenta, que siempre es más satisfactorio.


-Pitch Shifter “Www.pitchshifter.com” (1998)
Comenzaron a fines de los ochentas con la manifiesta intención de emular la densidad mecánica de Godflesh (hasta se acercaban a Justin Broadrick en sus conciertos para preguntarle qué tipo de máquina de ritmos usaba), hecho que quedó plasmado en sus primeros trabajos discográficos, “Industrial” (1991) y “Submit” (1992). En “Desensitized” (1993) ocurre su primer metamorfosis, reduciendo al mínimo la influencia de Godflesh (aunque todavía resonaban algunos de esos climas opresivos), incorporando ritmos un tanto más gancheros, reemplazando los guturales gruñidos de antaño por modismos rasposos similares a los que Fear Factory emplearía un par de años después y sumando algo de la agresión politizada de Ministry. El siguiente álbum, “Infotainment?” (1996) los vio profundizando esa veta con beats aún más bailables (similares a los de White Zombie pero despojados del colorido psicodélico de estos) y comenzando su campaña para compartir samples de forma gratuita. Pero es en este “Www.pitchshifter.com” donde se asientan definitivamente metiéndose de lleno en las nuevas corrientes electrónicas que surgían por aquellos años, sin por ello perder el filo metálico de siempre. En este punto, predominan ritmos cercanos al Breakbeat, el Drum & Bass y demás elucubraciones bailables, enmarcados en canciones virulentas pero con una frescura inédita. Tal vez el cambio más notable se da en las voces. J.S. Clayden abandona definitivamente los lazos con el Metal extremo y se mete de lleno en una tonalidad más nasal, aún sucia pero mucho más articulada (por momentos, hasta intentando alguna que otra melodía) y cargada de un cinismo Punk que calza a la perfección con sus punzantes letras. Así, a lo largo de la placa desfilan bombazos donde conviven sin problemas las pistas de bailes, los climas de demencia urbana, las sutilezas digitales y el sudoroso nervio rockero. Ahí tienen el comienzo a pura energía desatada de “Microwaved” (una dinámica casi Grunge remachada con circuitos descompuestos), el ritmo frenético, el bajo podrido y las guitarras ruidosas de “2nd hand”, esa suerte de Rob Zombie teñido de autodesprecio de “Genius”, los ritmos trabados y el estribillo expansivo de “Civilised”, el Cyber-Punk ácido de “Subject to status” y “W.Y.S.I.W.Y.G.”, la amargura emotiva de “”Please sir” (con una letra sencillamente sublime), el Groove apagado y los cambios de clima de “Disposable”, el Drum & Bass epiléptico de “A Better Lie™” (adornado con un bajo que raja la tierra y unas guitarras que raspan la piel), el alucinógeno descanso instrumental de “Innit” (otro Drum & Bass pero esta vez sin la parte rockera), la amalgama de diversos ritmos que desembocan en un estribillo demandante de “What's in it for me?”, el equilibrio entre elegancia y salvajismo de “I don't like it” y el místico final de “ZX81” para comprobar cómo los elementos electrónicos pueden ser empleados para transmitir todo tipo de sensaciones absolutamente viscerales. Tal vez la clave fuera que Pitch Shifter parecía finalmente concentrado en construir canciones antes que atmósferas y, en ese proceso, se encontraron con la habilidad de manejar dinámicas variadas que le dan aire a la sobrecarga sensorial propuesta por los samples. O sea, estamos en presencia de un álbum lleno de detalles, arreglos e imágenes que invitan a sumergirnos en profundos viajes sonoros, pero todo eso está puesto en función de apuntalar la intensidad (ojo, dije intensidad que no es lo mismo que agresión) de las composiciones. Para muchos, este representa el momento en que Pitch Shifter se adentra en terrenos demasiado accesibles y, si bien eso es cierto (en especial en comparación con sus primeras grabaciones), la calidad de las canciones está fuera de discusión. Y, si a eso le suman una energía avasallante y unas letras de una lucidez poco común, entonces no hay nada por qué preocuparnos. Una pieza imprescindible de una de las bandas pilares del Metal Industrial.


-Guided By Voices “Half smiles of the decomposed” (2004)
Los muchachitos más recalcitrantes del Indie-Rock podrán patalear todo lo que quieran pero las geniales construcciones melódicas de Robert Pollard (líder indiscutido de Guided By Voices) se encuentran mucho más a gusto lejos de las limitaciones y los jugueteos del lo-fi. Y, si vamos al caso, lo mismo podría decirse de otros pioneros de la portaestudio como Pavement o Sebadoh. En el caso particular de Guided By Voices, se trata de algo demasiado evidente, en especial si tenemos en cuenta su constante búsqueda de perfección Pop. Y no es que sus primeras, y rústicas, grabaciones no contaran con momentos de interés, es sólo que emperrarse en grabar de forma defectuosa por un mero capricho supuestamente cool es una absoluta estupidez. Y, de todas formas, tampoco es que los discos del grupo contaran con superproducciones o algo por el estilo. “Half smiles of the decomposed” fue el legado final de Pollard y los suyos (bueno, los suyos siempre fueron cambiando con el paso del tiempo) y resulta un perfecto ejemplo de la excelencia compositiva de este señor. Guitarras crudas, a veces limpias, a veces distorsionadas, dibujando riffs simples y certeros, soñadores arpegios y esas secuencias de acordes que se clavan directo en el corazón. Bases que van desde la más reposada e intimista de las calmas a la pura efervescencia Power-Popera, siempre con una soltura que no sabe de virtuosismos pero que entiende a la perfección las necesidades de cada canción. Y, claro, la figura indiscutida en la forma de esas preciosas melodías vocales concebidas por el bueno de Roberto. Una vez más queda demostrado como el talento melódico puede evocar todo tipo de emociones, sean estas concretas o abstractas, agradables o de las otras. Pollard maneja sin problemas las dinámicas cambiantes del Indie-Rock y no se priva de jugar con tempos y armonías más bien deformes pero siempre enmarcado dentro de canciones redondas, sensibles y tremendamente gancheras y memorables. Puede proponer retorcidos paseos de profundidad psicodélica y al instante hacernos saltar con guitarras en llamas y un Groove contagioso. Echa mano a diversas texturas pero nunca pierde el nervio rockero, canta sin violencia y con voz rasposa pero nunca suena desganado o abúlico, dibuja melodías tremendamente emotivas pero, como buen hombre de camisas a cuadros, nunca sobreactúa dicha emotividad, pero tampoco se pasa de irónico. Todo esto entregado con una personalidad única y distintiva, una sensibilidad que, a lo sumo, lo acerca a Beatles (esos coros tan hermosos que dan ganas de llorar) o R.E.M. (esas melodías agridulces que anudan el estómago) antes que a los típicos popes del Indie. En fin, hablamos, claro que sí, del eterno arte de crear buenas canciones. Una labor artesanal guiada por el corazón y apuntalada por la mente sin que ambos entren en contradicción. Pura dicha cancionera, lejos de poses afectadas y guiños para unos pocos.


-Figure Of Merit “Vatic” (2005)
No importa que el Mathcore haya dejado de ser (hace un buen tiempo ya) el género predilecto de la vanguardia extrema metalera. Ni siquiera importa que, efectivamente, el género se haya poblado en exceso de clones de The Dillinger Escape Plan jugando a ver quién toca más rápido y quién compone el amasijo de riffs contracturados más carente de sentido. Todavía su historial cuenta con pequeñas grandes joyitas como la que nos ocupa. Figure Of Merit era (suponemos que ya no existen pero no hay mucha información dando vuelta sobre el estado actual del grupo) un cuarteto oriundo de Minnesota, Estados unidos, y llevaban bien alta la bandera del Mathcore más oscuro y asfixiante. Lejos de los malabares instrumentales y las frenéticas aceleradas de los mencionados Dillinger, mucho más cerca de grupos como Deadguy, Coalesce, Anodyne o Kiss It Goodbye. Ritmos lentos e irregulares, potentes pero con un enfermizo manejo del swing y ese groove trabado heredado del Noise-Rock más muscular de bandas como Unsane, Shellac o The Jesus Lizard. Alaridos desgarrados, que suenan más desesperados que enojados, más un exorcismo de propios demonios que una invitación a pelear. Riffs que no necesitan el exceso de notas a toda velocidad para generar incomodidad o tensión, pero que buscan conscientemente las progresiones más disonantes y angulares. Algún que otro machaque casi Thrasher, cómo no, pero envuelto en un sonido tan mugriento que, de alguna manera, lo emparenta con el Crust. Alguna que otra melodía (sólo en la guitarra, la voz se apega a su esquema de garganta a punto de sangrar) pero nada de maquillajes Emo (al menos no lo que hoy en día se conoce como Emo) ni pretensiones épicas Maidenescas. Y, claro, acoples, feedback y ese nerviosismo, esa urgencia que les da su latir Hardcore. Pero lo importante es que aquí hay canciones. No simplemente arquitecturas surrealistas borroneadas por el vértigo. Canciones. Estructuras claras, desarrollos atrapantes, riffs que logran adherirse a la memoria sin demasiados inconvenientes, inclusive momentos de repetición casi minimalista. Todo esto sin resignar ni un ápice de locura e intensidad. Por el contrario, la simpleza con la que construyen una música que, de cierta forma, sigue siendo intrincada, les confiere una notable sensación de honestidad, los aleja de la mera pose ñoña de querer hacerse los freaks a toda costa. O sea, son freaks, efectivamente hacen un tipo de música que sólo gustará a una minoría pero dejan la fuerte impresión de que lo hacen así porque les sale de las entrañas y no para hacerse los cool. En ese sentido, lo que ganan en frescura e inocencia tal vez lo pierdan en inteligencia (un equilibrio que las bandas mencionadas como referencia manejan a la perfección), pero esa es una cualidad que sólo el tiempo les puede dar. Mientras tanto (y con la esperanza de que se mantengan activos), sería una pena no disfrutar de este más que interesante “Vatic”.


-Kevin Seconds And His Ghetto Moments “Rise up, insomniacs” (2008)
A nadie debería sorprender que Kevin Seconds (legendario líder de 7 Seconds, una de las bandas que ayudó a popularizar tanto el Hardcore Straight Edge como el subsiguiente Post-Hardcore-Emo de mediados de los ochentas) se encuentre en la actualidad abocado a nuevas formas de expresar la misma emoción visceral y casi inocente de siempre. Por un lado, no sólo la evolución de su primera banda (como ya dijimos, del vértigo Hardcore/Punk a las melodías introspectivas y los tempos más cadenciosos) si no también algunos de los proyectos (Drop Acid) y trabajos solistas que el muchacho editó a principios de la década pasada lo encontraban flirteando con otras formas de expresar su corazón Punk, en especial aquellas cercanas al Grunge. Ahora es tiempo de una nueva vuelta de tuerca, hora de dejar la distorsión de lado y calzarse definitivamente la guitarra acústica. Y eso tampoco debería ser sorpresivo, al fin de cuentas no es el primer músico ligado al Punk que se mete de cabeza en terrenos Folkys. Y, tal como sucediera con gente como Chuck Ragan (Hot Water Music), Greg Graffin (Bad Religion) o Mike Ness (Social Distortion), los resultados son sencillamente excelentes. La voz de Seconds mantiene ese tono fresco y juvenil de antaño pero creció enormemente en lo que hace a expresividad, versatilidad y contundencia. Sus melodías calan en lo más profundo del alma pero nunca resultan deprimentes u oscuras. Y no es que tenga nada en contra de la música más oscura pero, en este caso particular, sonaría forzado si intentara moverse por esos terrenos. La cadencia de las canciones invita a seguirlas con la patita de forma relajada, las guitarras acarician el ánimo con sus rasgueos, las armónicas, slides y demás instrumentos típicos del género evocan al Neil Young más rural, mientras que los geniales coros embriagan los sentidos a pura belleza. Cada una de estas hermosas trece canciones es como un oasis de luz entre tanta hostilidad que esta vida urbana nos obliga a tragarnos. Y, antes de que salten a hacerse los vivillos blandiendo su cinismo post-adolescente, les digo que no hay lugar aquí para poses vacías y gestos superficiales. No se trata de alegría descerebrada, si no de poder contemplar las cosas desde otra perspectiva, sin necesidad de apretar los dientes constantemente o gritarnos los unos a los otros en la cara. Se trata de apreciar y convivir con toda la gama de emociones que contienen nuestras vidas, sin exaltarnos en nuestras victorias (siempre serán efímeras) ni hundirnos en nuestros fracasos pero manteniendo siempre la llama de la pasión ardiendo. De hecho, Kevin no tiene miedo de tocar tópicos que, en otras manos, resultarían necesariamente sórdidos o dolorosos y logra plantearlos desde su siempre positiva óptica (vamos, las enseñanzas del Hardcore) sin por ello despojarlos de sustancia o emoción. Por supuesto, más allá del prominente aire campechano del disco, también hay lugar para ciertas melodías no tan lejanas a los momentos más dulces de 7 Seconds e inclusive algún que otro flirteo con el viejo y querido Pop tradicional. En fin, no se trata de material revolucionario ni nada por el estilo, simplemente una colección de perfectas canciones a cargo de uno de los pilares más inquietos y menos reconocidos del Hardcore/Punk americano. Por una vez en la vida podemos dejar de lado las meras categorizaciones genéricas y dedicarnos a disfrutar de una buena panzada de música sin prejuicios.


-Coalesce “OXEP” (2009)
La cosa es bien simple. Coalesce se juntó, editaron un larga duración (el magnífico “OX”, un candidato fijo a ocupar las listas de los mejores discos del año) y dejaron siete temas sobrantes que cerraban mejor puestos en la forma de este ep. “Oxe to Ore” abre la placa con tambores entre tribales y mecánicos, un misterioso trabajo de percusión que no necesita demasiados elementos para generar tensión y una lejana guitarra que más adelante mostrará su verdadera naturaleza. Le sigue “The blind eye” con su groove lento, esas típicas cadencias erráticas de Coalesce, sus riffs entrecortados, casi como un Helmet cubierto de barro, Sean Ingram dejando la garganta en cada grito y hasta algunos sutiles punteitos melódicos. Llega el respiro de la mano de “Joyless in life”. Arpegios limpios, rasgueos en algún lugar entre las más desoladas visiones rurales y el más profundo y oscuro de los paisajes cósmicos. Un breve y sentido remanso por el cual Dylan Carlson (en su encarnación actual) daría un brazo. No se acomoden aún, ahí viene “To my ruin”. Tempo circular, riffs que se detienen abruptamente en punzantes disonancias armónicas. Esa capacidad para envolvernos y marearnos, esa cadencia irregular que juega con las percepciones. Un rebaje Drone/Sludge que raja la tierra, infectado de acoples y con un Ingram absolutamente desbocado y rabioso. “Absent in death” comienza como otro reflexivo paseo de aires Folks. Un evocador Western que deja en ridículo a tanto snob que juega a imitar a Ennio Morricone. Eso, hasta que entra la distorsión, el ritmo aplastante y los gruñidos de Ingram para abrir las compuertas del infierno y tragarnos para siempre. Vuelve el Groove de la mano de “Through sparrows i rest”. Gordos riffs que se paran entre la más pesada tradición sureña y el más pendenciero de los Noise-Rocks. Algo así como el tema que hubiese compuesto Corrosion Of Conformity si hubieran decidido no tomar la medicación para la mente. O tal vez otra prueba del amor por Led Zeppelin profesado por el guitarrista Jes Steineger, que ya había quedado demostrado en aquel ep de covers de Led Zep, “There is nothing new under the sun”. Hasta hay lugar para unos coritos melódicos entre la típica pudrición de garganta de Sean Ingram. El viaje se cierra con “Ore to Earth” que suma el campechano punteo del tema anterior a la oscura percusión de la primera canción. Un final que aporta un cierre casi conceptual a este breve pero delicioso aperitivo. No mucho más que agregar, está claro que se trata de un material sólo para fans pero, aún así, mantiene la clarísima personalidad y el altísimo nivel compositivo del cuarteto. Si se quedaron con ganas de más después de “OX”, aquí tienen algo para paliar la sed.


-Gaza “He is never coming back” (2009)
No lo afirmaría como regla inamovible pero, en general, soy de la creencia que aquellos grupos que logran eludir la categorización fácil e inmediata suelen ser más interesantes que los que entran sin inconvenientes en el juego de encasillamientos rockeros. Por supuesto, aún dentro de esta premisa, existen grados, no sólo de talento y honestidad (ambos ítems bastante subjetivos), si no también de alcance y amplitud de miras en el eclecticismo. O sea, no es lo mismo un Mr. Bungle, capaz de meterse con cualquier género musical existente (rockero o no), que un Refused enmarcando sus múltiples variantes dentro del terreno del Hardcore. Ojo, no estoy emitiendo ningún juicio de valor (ambas opciones son igual de válidas y nos han legado grandes obras como “Disco volante” o “The shape of Punk to come”, por seguir con esos ejemplos), simplemente, como decían los muchachotes de E.D.O., marcar las diferencias no es discriminar. Gaza ya había demostrado con su primer disco (“I don’t care where I go when I die”) que tenían la pasta suficiente para combinar Grindcore, Sludge, Crust y Mathcore de forma personal y energética. Tres años después de aquel, llega esta segunda parte y el ahora cuarteto nos vuelve a propinar una golpiza con trece de las más brutales canciones que se hayan escuchado en los últimos tiempos. Y, cuando digo brutales, me refiero a brutalidad en serio, no a técnica y velocidad sin sentido. Los ritmos se mueven entre babosas y opresivas letanías en cámara lenta, repiqueteantes blast-beats y epilépticas convulsiones imposibles de seguir con la patita. La voz se dedica principalmente a gruñir, en algún punto entre el Hardcore y el Death Metal (con el agregado de algún que otro chillido más gudo), y las guitarras estallan en todas las direcciones. Riffs angulares, acordes disonantes, machaques embarrados, oscuros rasgueos y arpegios casi Folkys, cuerdas estiradas, secuencias malignas, feedback, algún que otro amague de melodía introspectiva y una vasta gama de recursos se dan cita con una cohesión asombrosa. Los tipos pueden jugar con hipnóticos trances repetitivos (sonando, por momentos, a una versión extrema, metálica y oscura del viejo y querido Noise-Rock) o bien reventar esa tensión en caóticas explosiones de pura catarsis violenta. En esta ocasión (y a diferencia del debut) el énfasis parece estar puesto en los climas asfixiantes, los ritmos trabados y una psicosis de dientes apretados. Los riffs (tanto los más simples como los otros) suenan gordos y sucios, y parecen pensados para generar una constante sensación de incómoda paranoia urbana. Hay influencias, claro (el costado más contundente de Neurosis, el más crudo de Converge, el salvajismo de Terrorizer, la densidad enfermiza de Eyehategod, algo del Pig Destroyer más insano, lo más opresivo de bandas como Kiss It Goodbye, Anodyne o Playing Enemy), pero el resultado final es absolutamente personal y atrapante. Aún con sus variantes, Gaza se las arregló para construir un disco homogéneo, que nos toma del cuello y no nos suelta hasta que haya sonado la última nota. Y, de paso, logran gambetear con clase y huevos (les puedo asegurar que hay momentos donde la intensidad de las canciones hace doler la cabeza) los rótulos establecidos dentro del panorama metálico extremo actual. Amantes del ruido, la violencia y la mala onda, a por él.


-Ital Tek “Mako” (2009)
Camino desnudo. Mi piel se estira, tan blanca que casi es transparente. Mis venas laten en cámara lenta y transportan un espeso jugo de color verduzco. Mis ojos se hunden dentro de este cráneo que se siente ajeno. Camino en una lentitud errática, casi como si alguien hubiera suprimido fotogramas en la película de mis pasos. Mis uñas amarillentas raspan este eterno piso de nieve. El cielo pintado de negro me envía mensajes confusos. Leo un futuro en blanco y un pasado que no puedo recordar. Camino con las piernas quebradas, mis esqueléticos brazos dibujando formas irreales. Mi pecho se comprime, gruñe angustiosamente sus últimos rastros de humanidad. El saber es una condena que me ha sido negada. No hay nada que demuestre que soy real. Que alguna vez lo fui. Camino por infinitos pasadizos indistinguibles. Paredes cubiertas por pantallas descompuestas que transmiten lo que pudo haber sido. O lo que fue, no tengo forma de saberlo. Espesas tramas de cables se elevan hacia un firmamento turbulento. Comprendo estos símbolos fluorescentes que chisporrotean en mi cabeza. Interpreto secuencias numéricas, cierro mis ojos, vuelvo a empezar. Camino de forma cuidadosa por superficies heladas. Monolíticos bloques de un cegador blanco queman mi piel. Admiro estas arquitecturas del vacío sin pasión. Hago catálogos mentales que inmediatamente olvido. Reflexiono sobre hechos que jamás ocurrieron, ideas que nunca fueron concebidas. Camino imaginando oscuros túneles y un paso firme y convencido. Sueño almas rotas y miradas perdidas. Falsos rencores y esperanzas achicharradas bajo el peso de su propia egolatría. Sueño en códigos ilegibles y los interpreto a desgano y sin ningún tipo de rigor. No hay nada que juzgar. Camino atravesando ráfagas de viento que laceran mis prominentes costillas. El silencio silba melodías que no estoy capacitado para interpretar. Mis signos vitales son abstracciones creadas para explicar una ciencia que ya no existe. Cada espasmo de mis dedos (patéticos apéndices sin noción de sí mismos) envía descargas eléctricas que se evaporan en la nada. Camino con rodillas temblorosas. Mi destino es incierto y, sin embargo, arribo a él en todo momento. Mis huellas se borran en el preciso instante en que son impresas. Mi cuello respira ínfimas partículas de polvo blanco que se aferran a lo que deberían ser mis órganos. Camino sin explicaciones ni expectativas y cargo en algún lugar de mi recorrido la suma de infinitos universos deformados por un prisma quebrado.


-Krallice “Dimensional bleedthrough” (2009)
Parece ser que el ala más conservadora y tradicionalista del Metal extremo ya está poniendo el grito en el cielo ante la irrupción de diversos elementos provenientes del Indie-Rock, no sólo en lo que hace al background de los músicos involucrados, si no también a alguna que otra influencia musical. Esto mismo, trasladado al mundillo del Black Metal puede resultar aún más recalcitrante y, sin embargo, no debería serlo. Al fin de cuentas, tanto el Black como el Indie son dos de los ghettos más cerrados y elitistas del mundo del Rock, con lo cual era bastante lógico que los nerds retraídos se adentraran en las siniestras aguas del Black a la hora de buscar una identificación dentro del Metal extremo. Krallice bien podría ser considerada la banda emblema de esta nueva camada Blackmetalera (aunque otras como Wolves In The Throne Room y Liturgy los siguen de cerca) de camisas a cuadros y grandes anteojos. Por un lado, su guitarrista, vocalista y principal compositor es Mick Barr, un tipo que desde hace quince años viene desplegando sus sesudas elucubraciones guitarrísticas en proyectos tan deformes como Orthrelm, The Flying Luttenbachers, Octis u Ocrilim, codeándose con gente como Mike Patton, John Zorn e inclusive Guy Piccioto de Fugazi. Claro, si más allá de los pergaminos, Krallice se dedicara a recrear al pie de la letra las enseñanzas de DarkThrone, Mayhem y demás popes del Negro Metal, poco sería el revuelo. Como corresponde al espíritu inquieto de Barr (que, como si fuera poco, aquí se hace acompañar por Colin Marston, miembro de Gorguts, Behold... The Arctopus, Dysrhythmia, Infidel?/Castro! Y Byla), la propuesta del cuarteto no evidencia ningún interés en quedarse anclada a los clichés del género. Tampoco se pasan de rosca con la experimentación (de hecho, se trata del proyecto más tradicional y accesible en el que haya participado Barr) y por eso es que podemos seguir hablando de Black Metal hecho y derecho, aún cuando la imagen del grupo no calce con lo que se espera de él. Las voces chillan desde los más profundo del infierno, las guitarras raspan constantemente, generando una pared de llamas que lacera la piel con cada riff, los ritmos atronan, violentos y grandilocuentes al mismo tiempo e infectan la mente con sus macabros trances. Las canciones se erigen como monumentales construcciones nocturnas, laberínticas epopeyas de perdición que nos envuelven, nos sacuden y nos dejan al borde del agotamiento total. Tengan en cuenta que, de los siete temas que componen esta placa, sólo uno (el casi hitero “The mountain”) se encuentra por debajo de la marca de los ocho minutos de duración. Como podrán imaginarse, muchas cosas suceden dentro de tan afiebradas composiciones. Con las seis cuerdas de Barr (obviamente) guiando la faena, estos neoyorquinos logran equilibrar con pasmosa naturalidad los modismos más abrasivos y épicos de clásicos como Weakling (su principal influencia), Burzum o Ulver con elementos del Shoegaze, el Drone y hasta una cuota restringida pero innegable del caos disonante y epiléptico propuesto por Mick Barr en sus otras bandas. Por momentos suenan tan épicos y Progresivos como Emperor jamás pudo imaginar (aunque sin los teclados ni los innecesarios histrionismos vocales), en otros podrían remitir al Sunn 0))) de “Black one”, luego se permiten atacar a toda velocidad con los riffs más malignos jamás concebidos (bueno, tal vez rivalizando con los de Deathspell Omega) y, cuando el desarrollo de las composiciones así lo exige, dejan que las guitarras dibujen alguna que otra melodía emotiva enmarcada por cascadas de pura distorsión expansiva. En fin, estoy seguro de que si estos tipos se vistieran con ropa de cuero, muñequeras con pinches y caras pintadas como payasos tristes, hasta los más trve los reivindicarían como una de las bandas más interesantes del Black Metal actual. Ciertamente lo son. Así que, si les interesa el Black como hecho musical antes que como rejunte de supuestas ideologías (que sólo un nene de cinco años podría tomar en serio), “Dimensional bleedthrough” es una pieza imprescindible en la evolución del género.


-Slayer “World painted blood” (2009)
Si tuviera que señalar una banda ideal para explicar de qué se trata el Metal a alguien que nunca lo escuchó en su vida, elegiría a Slayer. Lo cual es bueno y malo al mismo tiempo. Es bueno porque Slayer es la viva representación de esa intensidad virulenta, esa musicalidad agresiva y afilada que todo buen Metal debería poseer. Es bueno, también, porque cuentan con algunos de esos discos clásicos, de esos que siempre sonarán actuales y furibundos, sin importar que los parámetros de extremidad del género se muevan constantemente. Es malo porque todo ello significa que Slayer es un grupo repleto de clichés y lugares comunes, que son incapaces de ofrecer otras sensaciones que no sean de puro odio, de visiones bañadas en sangre y que, por ende, ese esquema ya se transformó, de alguna manera, en una fórmula establecida para el cuarteto. Pero, claro, uno no busca romanticismo ni melodías soñadoras a la hora de escuchar Metal. En fin, tratar de intelectualizar a Slayer es un caso perdido y sólo resta tiempo para lo importante, regodearse en el poderío indeleble de la única banda de Thrash capaz de sobrevivir durante veintiocho años ininterrumpidos sin dar pasos en falso ni diluir su propuesta. Así, llega este onceavo disco de estudio, el segundo tras la reunión de la formación original con el inmenso Dave Lombardo tras los parches. Y tiene todo lo que tiene que tener. Las hachas de Hanneman y King batiéndose en sangrientos duelos de riffs que se sacan chispas, pintando el lado oscuro de la condición humana con sus seis cuerdas, infectando mentes con sus típicos solos siempre al borde de la desafinación. La voz de Araya ladrando con la autoridad de un general Nazi, con esa crudeza casi Hardcore pero manteniendo la articulación necesaria de la que carecen la mayoría de los vocalistas extremos. La batería de Lombardo atronando sin respiro, repartiendo golpes como un pulpo merqueado y, de paso, demostrando que gran parte de la influencia que Slayer ejerció sobre grupos actuales como Mastodon o High On Fire reside, justamente, en el superlativo grado de imaginación que este tipo exhibe constantemente en su trabajo percusivo. Puesto a ubicar las composiciones del disco en comparación con sus obras pilares, podríamos decir que “World painted blood” es más “Seasons in the abyss” que “Reign in blood”. Es decir, no faltan las bombas Thrashers escupidas a toda velocidad con esos riffs que rozan el Death Metal. Si así fuera, Satanás y la patria metalera se los demandarían. El punto es que también hay lugar para otras variantes rítmicas (siempre dentro del universo Slayer. No esperen baladas ni Mathcore), tempos más lentos e hipnóticos, riffs oscuros pero con mayor espacio para respirar (en algunos de ellos hasta usan wha-wha, algo no muy común en Slayer), breves pasajes donde Araya canta con voz reposada e inclusive algún que otro solo de guitarra casi melódico. O sea, si “Reign in blood” fue pura violencia, “South of heaven” pura maldad y “Seasons in the abyss” la síntesis de ambos mundos, entonces pueden resolver la ecuación por su cuenta. No hay novedades, no se supone que las haya. Todo está en su lugar, la fórmula funciona a la perfección y nos hace olvidar que ya no tenemos quince años. Y, lo que en casi cualquier otro grupo de Metal extremo, sería un pasaje directo al aburrimiento (hola Cannibal Corpse), aquí es un festival demente compartido con insana alegría con las caras de siempre. Es Slayer y la única conclusión debería ser que el que escucha este disco y no siente un irrefrenable deseo de salir a la calle a matar gente, es porque no tiene sangre en las venas.

viernes 13 de noviembre de 2009

Rhetoric Disguise - The Underground Theories





Este nuevo experimento de Fernando nos muestra la contrapartida de uno sus previos trabajos (el "Greatest Hits"): Donde aquel disco hacía referencia de manera burlona al mainstream, con "Theories..." el muchacho se encarga de defenestrar los clichés y lugares comunes del underground, que en definitiva pueden llegar a ser tan retrógrados y conservadores como los del mainstream. Y siendo ambos discos íntegramente hechos en una computadora, podríamos concluir con total certeza que el concepto cierra redondito y con moño.

Mas allá de la parte conceptual, que nunca puede faltar en los discos de don Suárez, su sonido sigue evolucionando hacia costados mas oscuros de la música industrial, los teclados ruidosos, los ritmos frénticos entrecortados, o mecánicos y repetitivos, siempre mezclados con toneladas de distorsión y beats corrosivos. Y los títulos de las canciones... por citar solo algunos "Behind our Nerdy Appearance We're Still Conservative, Mysoginist Pricks", "Indie Rock Gang Bang Paradise" y "Your So-called Street Codes are Bullshit", creo que hablan por si solos.

Bajate The Underground Theories de Rhetoric Disguise aquí
Download The Underground Theories by Rhetoric Disguise here

miércoles 11 de noviembre de 2009

Gabe Toxic con Al-Queen Live in Buenos Aires





Gabrielito sale a mojar bombachas otra vez.
Igual esto de tocar los jueves es solo para rockeros de corazón

martes 10 de noviembre de 2009

Faith No More en vivo


Imágenes y sonidos desordenados en perfecta armonía. Luces apagadas. Tim Moss (sí, el mismo que nos transportó a densas travesías psicodélicas con Porn, haciendo de soportes de Big Business y Melvins) moviendo cables. Oscuridad. Unas tenues notas azucaradas. Cuatro tipos vestidos de estricta etiqueta. Un quinto que llega luego, apoyándose en un bastón. Sí, son ellos. Miles de flashes, un cúmulo infinito de diecisiete años de recuerdos comprimidos en unos pocos segundos. Mike Patton y Roddy Bottum alternándose estrofas con esa dulzura fingida que dibuja sonrisas maliciosas en nuestros rostros. Esa capacidad innata para ver siempre el otro lado de las cosas. Desde ningún lugar, una ráfaga de energía pura nos cachetea. Suenan sirenas y el más evocador de los infiernos se desata. Todavía con el corazón en la boca caen sobre mí “Land of sunshine” (esas risas desencajadas, ese clima psicótico, ese bajo, esos teclados) y “Caffeine” (esos riffs trabados, esas paradas abruptas, ese estribillo entre épico y absolutamente descorazonador, esos tensos repliegues, ese arranque casi Hardcore, esos alaridos). Déjenme decirles algo que tal vez no sea relevante. Probablemente tan relevante como estas líneas, así que da lo mismo. “The real thing” y “Angel dust” son dos discos que me cambiaron la vida y prácticamente me definieron musicalmente desde el primer momento en que los escuché. Y el segundo, en particular, es hasta el día de hoy mi disco preferido de la historia de la música. Patton en castellano, más divertido que seductor, y el que no disfrute del chiste que se mate. Tal vez prefieran el chiste en forma de virulento Metal. Bueno, ahí viene “Suprise! You’re dead”. ¿Esta es la misma gente que vimos sobre el escenario hace catorce años? Pareciera que sí, salvo por el calvo muchacho de la guitarra, un instrumento que en cualquier otro grupo de Rock representaría el poderío fálico pero aquí es sólo un engranaje más de esta impecable máquina de generar emociones. Y, si son los mismos, ¿cómo es posible que, en vez de deteriorarse con el tiempo, hayan mejorado? No hay tiempo para reflexionar, las campanitas nos invitan a un último brindis de tristeza. Podría sorprenderme pero estoy ocupado conteniendo las lágrimas. Dicen por ahí que vuelven los noventas. ¿Hay acaso un tema más noventas que “Ricochet”? Esa guitarra, ese ritmo zigzagueante, esa letra cargada de bilis y esas melodías que nos elevan y nos confunden. Comienzo a preguntarme si este señor, Mike Patton, es realmente humano. Debe serlo, de otra forma no me explico que logre contagiar y generar este incesante flujo de sentimientos. EL pianito cadencioso nos invita a otro festival del cinismo bien entendido con “Easy”. Y Patton no para de moverse. Los puños en alto festejan el que, probablemente, sea el mayor hit en la historia de Faith No More. Pienso en tantas bandas mediocres intentando basar su carrera entera en una imitación torpe y superficial de “Epic” y sonrío para mis adentros. Y sí, todos corean la melodía final del piano. Y Patton lo nota. Pero Patton no es Eddie Vedder, él se ríe de nosotros, no con nosotros. Ahora bien, un estadio entero coreando una de las letras más jodidas y angustiantes de la historia del Rock (Sos perfecto, es cierto. Pero sin mí sos sólo vos) es una visión de otro mundo. Y que Patton juegue a Freddie Mercury con su propia carga de retorcido sentido del humor es sencillamente impagable. Y si, encima, se meten en una especie de parodia a Portishead para luego cerrar el tema a pura intensidad…qué les puedo decir. Todavía se me pone la piel de gallina al recordar esos momentos. Deciden empezar una broma y, una vez más, demuestran que un sutil viraje en la interpretación puede darle una significado completamente distinto a las palabras y las melodías. Y vuelve la duda. ¿Cómo puede ser que Patton coloque su voz perfectamente, con una potencia arrolladora y sin perder una sola nota mientras se retuerce como un poseso y agita sus brazos hacia el cielo como un condenado? Esa guitarra no miente y, otra vez, no doy crédito a mis ojos al ver cuánta gente celebra el gentil arte de hacer enemigos. Happy birthday, fucker. Toda esa violencia se transforma en un nudo en la garganta cuando suena “King for a day”. La perfecta orquesta rockera se despacha con una perfecta sinfonía de desazón y los ojos vuelven a humedecerse. Y Patton, dios mío, de dónde salió este hombre. Esta es la mejor fiesta en la que he estado. Una pequeña victoria puede ser mucho más que eso. Puede ser el adolescente que alguna vez fui, saltando y cantando con voz desafinada e inocente, de paseo por otro mundo, aquel que estas melodías creaban en mi mente. Despierto del sueño y descubro que el adolescente se fue pero esta música persiste, crece y se clava aún más profundo en el alma ahora. “Ashes to ashes” resultó el momento culminante de Patton, otra vez doblándose como un epiléptico mientras llevaba su voz a alturas irreales de intensidad y emoción. Todavía me pregunto en qué momento se supone que tome aire. Es un trabajo sucio pero alguien tiene que hacerlo, así que viajamos en el tiempo y bailamos como monitos y gritamos los coros y coreamos el estribillo y nos despedimos sabiendo que todavía hay más. Ya saben, la oscuridad, el silencio, el típico ritual rockero del bis. Sí, soy sumamente subjetivo y no me importa que Patton vuelva vistiendo la camiseta de la selección argentina (un gesto demagógico que deploraría en cualquier otra persona) con un número diez y su apellido en la espalda. Se lo puedo perdonar si me entrega ese medley cinematográfico que nos permitió espiar de lejos con la imaginación lo que podría ser ver a Fantômas en tierras locales. Sorpresa entre sorpresas, una auténtica colisión se cierne sobre nuestros pobres cuerpos y termino de entender por qué Patton quiso luego colaborar con Duane Denison de The Jesus Lizard. Cavando la tumba nos despedimos con el estribillo más tribunero y no importa que el bueno de Miguel se confunda la letra de la segunda estrofa. Todavía estoy flotando. Nostalgia o no, nada de eso importa. Esta es la mejor fiesta en la que he estado.

lunes 9 de noviembre de 2009

Reviews


-Thrillhammer “Giftless” (1992)
Es probable que, para la mayoría de ustedes, nombres como Pond y Hazel no signifiquen demasiado. A menos, claro, que tengan una especial predilección (como quién les escribe) por el Rock noventoso guitarrero y de raíces Punkys. En ese caso, y si son lo suficientemente inquietos, hay más chances de que alguna vez se hayan topado con las intrincadas melodías de los primeros o esa suerte de reinterpretación en clave Grunge de la locura Pixiera de los segundos. En 1990, futuros miembros de ambas bandas se daban cita en Thrillhammer. Al año siguiente el grupo se disolvería y en 1992, bajo la tutela de Steve Albini, se reunían brevemente para documentar su música en este único disco. Y si piensan en Albini como un productor de cabecera del Noise-Rock, tal vez los sorprenda saber que el sonido de Thrillhammer poco tiene que ver con dicho rótulo. De hecho, en este caso, tiene más sentido la asociación del líder de Shellac con Nirvana. Ojo, no me refiero a que esto sea una copia, pero ciertamente hay un espíritu afín entre ambas bandas. Los riffs gancheros, la mugre Punk, las melodías casi Poperas cantadas con voz rasposa, los flirteos con cierta deformidad entre psicodélica y ruidosa (bueno, algún acercamiento al Noise-Rock había), las guitarras al rojo vivo y esa energía que se movía entre hipnóticas capas de densidad distorsionada y explosiones de pura rabia post-adolescente. Por otro lado, esa típica dinámica que Kurt Cobain tomó prestada de los Pixies (ya saben, eso de empezar tranquilos y reventar en el estribillo), aquí se encuentra prácticamente ausente, en pos de estructuras más inmediatas y una crudeza inclaudicable. Esta gente era oriunda de Portland, pero se ve que la cercanía con Seattle surtió su efecto. Es imposible escuchar estas doce canciones y que nuestra mente no se vea invadida por imágenes borrosas de jeans gastados, camisas a cuadros, sucias cabelleras, cuerpos contracturados por el sonido, guitarras maltratadas, sudorosos sótanos y amplificadores escupiendo fuego. En “Giftless” también queda claro que Thrillhammer contaba, a pesar de la mencionada suciedad, con un grado de musicalidad superior al de la mayoría de sus pares genéricos, hecho que queda demostrado tanto en la efervescencia rítmica del trío como en ciertos juegos armónicos entre el bajo y la guitarra que, por momentos, rozan los modismos más nerds del Post-Hardcore. Todo muy noventas, por supuesto, sin maquillajes, exageraciones ni poses extremas. Naturalidad a toda costa y potencia rockera para reventar neuronas. Si aprecian el costado más mugriento del Grunge (Nirvana, claro, pero también Mudhoney, Skin Yard o The U-Men), he aquí un documento imprescindible de aquellos años.


-Skrew “Dusted” (1994)
Skrew siempre tendrá que cargar con dos pesadas cargas sobre sus espaldas. La primera es ser considerados unos Ministry de sgunda categoría por gran parte de la prensa rockera. La segunda es el bajón de calidad que sufrieron en los discos posteriores a este “Dusted”, cuando decidieron dejar de lado los samples y concentrarse exclusivamente en el costado metálico de su propuesta con resultados, a todas luces, mediocres. Ok, la segunda carga, entonces, se encuentra justificada pero la primera es un tanto más discutible. Claro, ya en su disco debut (“Drowning in wáter, burning in flame”, editado en 1991) demostraban que tenían bastante claro eso de combinar machacantes guitarras Thrashers con bases mecánicas y un espeso colchón de abrasivas sonoridades digitales. Y el hecho de que la producción corriera por cuenta del mismo Al Jourgensen (que también agregó algunas guitarras en la placa) no ayudaba a las comparaciones. Tras la partida de Danny Lohner (que probaría algo de suceso comercial con Nine Inch Nails), el núcleo creativo del grupo quedó en manos de Adam Grossman, que no se amedrentó y profundizó en esta segunda entrega todo aquello que conformaba el universo musical y estético de Skrew. Para dejar en claro el tema de su asociación con Ministry, bien vale mencionar algunos puntos importantes. En primer lugar, si se fijan en las fechas de edición de los discos, el debut de Skrew es anterior al “Psalm 69” de Ministry, que fuera el trabajo donde los liderados por Jourgensen asentaron definitivamente su faceta metalera (también cabe aclarar que tanto Lohner como Grossman venían de tocar en los Thrashers Angkor Wat) y, por otro lado, sería poco probable que el bueno de Al se prestara a colaborar con un grupo si los consideraba meros imitadores. En segundo lugar, más allá del marco formal en común, también musicalmente existen diferencias para ser destacadas. Mientras que la propuesta de Ministry basaba su virulencia en cuestiones principalmente sociales y políticas (a lo sumo dejando lugar para el ocasional flirteo con las drogas duras), Skrew se adentraba en territorios más abstractos y artys, a falta de una mejor definición. ¿Ejemplos? El título del primer álbum está tomado de un libro del escritor maldito Charles Bukowski, el arte de tapa de “Dusted” está claramente inspirado en el trabajo de Salvador Dali y una canción como “Picasso trigger”, con ese sugestivo título, demuestran el punto. Ahora bien, lo verdaderamente relevante es que dichas inquietudes estéticas se encontraban plasmadas también en el sonido del grupo. Mientras que la música de Ministry evoca inevitablemente imágenes de crudo realismo, en “Dusted” el viaje es más bien psicodélico, introspectivo y fantástico, de cierta forma. Claro, como corresponde a un grupo de estas características, la fantasía aquí no presenta ningún cariz heroico ni tranquilizador. Por el contrario, esta impenetrable muralla de guitarras candentes, bases durísimas, voces distorsionadas y deformes samples, dispara constantemente estímulos que retuercen las percepciones y nos envuelven en la más sórdida ilusión surrealista. Chequeen el ominoso Thrash cibernético de “Seeded” (que abre las hostilidades luego de una breve y mutante intro), la densidad narcótica de “Mouthfull of dust”, el embotador clima de baile drogadicto de “Godsdog”, el ritmo apocalíptico de “Albatross”, la violencia desatada y casi sardónica de “Jesus Skrew Superstar” (sí, antes de que Marilyn Manson usara la misma idea para autoproclamarse como anticristo moderno), el Groove casi Hard-Rockero y cubierto de óxido de “Skrew saves”, la marcha casi Killingjokera de “Season for whither” (un tema que bien podría servir para entender el eslabón entre los ingleses y un grupo como Metallica), el Doom post-nuclear de “Sour” o la efervescencia anfetamínica del mencionado “Picasso trigger”, como para comprender de qué estoy hablando. En fin, decir que este es un clásico del Metal-Industrial me suena un tanto exagerado pero no es una afirmación tan descabellada. En cualquier caso, Skrew se las arregló en esta maravilla discográfica para encarar el género desde una óptica sumamente personal y con una profundidad compositiva envidiable. Consuman sin moderación y, ante cualquier duda, no consulten a su médico.


-Devin Townsend Project “Addicted” (2009)
Esta segunda parte de la tetralogía (no, no es la ciencia que estudia el vino en cajita) iniciada con el oscuro y tenso “Ki”, venía anunciada como una placa mucho más directa, pesada y ganchera. Como una especie de reencuentro entre Devin y sus composiciones más accesibles pero en clave de Metal bailable. A efectos de diferenciarse de su inmediato predecesor, Townsend contó con una formación completamente diferente a la de “Ki” e inclusive incluyó en un par de temas la participación de Anneke Van Giersbergen, la ex voz de sirena de The Gathering. Efectivamente, aquellos que se hayan sentido desorientados por los intrincados caminos recorridos en “Ki”, aquí encontrarán diez canciones que no pretenden complicarlos ni sumirlos en sesudas reflexiones. Devy recupera la pesadez de Strapping Young Lad pero en lugar de llevarla al extremo de aquel grupo, la enmarca en esa efervescencia luminosa y casi Popera de discos como “Accelerated evolution” e inclusive el genial “Biomech” de Ocean Machine. La bases rockean duro, provistas de un Groove irresistible y adornadas con fuertes influencias electrónicas, las guitarras raspan, machacan, dibujan hermosas melodías y apoyan la inmediatez de las composiciones sin por ello privarse de ensayar diversas texturas. Y, claro, la voz es la que lleva las riendas. El ex niño prodigio canadiense despliega su habitual virtuosismo, por momentos retomando sus modismos más rasposos pero siempre desembocando en celestiales parajes melódicos para cantar a viva voz y con el rostro enfrentando al sol. Y si pensaban que los contrapuntos con la delicada garganta de Anneke lo acercarían a bodrios Gótico-Metálicos como Theatre Of Tragedy, piensen otra vez. Aquí no hay oscuridad posible. Hay emoción, sí, pero hasta las melodías más melancólicas cuentan siempre con un importantísimo grado de luminosidad Pop. Claro, el bueno de Devin perderá el pelo pero no las mañas, así que toda su épica teatralidad se encuentra a sus anchas con infinidad de coros y esos juegos vocales casi operísticos a los que nos tiene tan acostumbrados. A los más snobs del Metal extremo podrá parecerles un disco sin sustancia, ciertamente alejado de los momentos más cerebrales, abrasivos e innovadores de la discografía de Devin, pero si estas perfectas melodías no les llenan el corazón de bríos y les refrescan el alma es porque no cuentan con ninguna de esas dos cosas. Y, al fin de cuentas, ¿quién dijo que la profundidad está nada más que en hacerse el freak y el enfermo todo el tiempo? En definitiva, cualquiera que haya seguido mínimamente la carrera del inquieto Devin, sabrá que esta es otra de sus facetas más prominentes. Y, vamos, si el punto son las buenas canciones, “Addicted” tiene lo suficiente como para enganchar a cualquiera.


-John Zorn “Femina” (2009)
Hacía bastante tiempo que el maestro Zorn no retomaba su sistema de cartas para dirigir (a falta de un mejor término) improvisaciones. Para aquellos que no tienen la más mínima idea de qué estoy hablando, se trata de un mecanismo por el cual los músicos convocados improvisan a partir de pautas indicadas por cartas diseñadas por el propio Zorn. Dichas pautas no son necesariamente musicales (aunque, en ocasiones, pueden serlo) o académicas, si no que, por lo general, se presentan en formas más bien abstractas y libradas a la sensibilidad e imaginación de los intérpretes. En este caso, el neoyorquino decidió aglutinar una selección de artistas femeninas (Jennifer Choi en violín, Sylvie Courvoisier en piano, Carol Emanuel en harpa, Okkyung Lee en violoncelo, Shayna Dunkelman en percusión, Ikue Mori a cargo de los sonidos electrónicos y Laurie Anderson poniendo su voz en la breve narración que abre la placa) para rendir homenaje a algunas de las mujeres, según su propia visión, más destacadas (en diversos campos) de la historia de la humanidad. Así, nombres como Simone de Beauvoir, Frida Kahlo, Sylvia Plath, Yoko Ono o la mismísima Diosa Luna, En Hedu’Anna, entre otras, se ven referenciadas en este álbum. La obra está dividida en cuatro partes y cuenta con una duración total de poco más de treinta y cinco minutos. Lejos del caos que suelen suponer sus obras basadas en el sistema de cartas (en especial aquellas de Cobra), la música de “Femina” fluye con una naturalidad y un latir melódico tan inesperado como embriagador. Por supuesto, no faltan las erupciones desencajadas de sonidos crujientes ni los abruptos cambios de clima, pero en casi todo momento se interponen pasajes de absoluta belleza y delicadeza, donde las cuerdas y el piano nos acarician y nos trasladan a reposadas planicies de reflexión. Ojo, no se trata de un trabajo melódico en la vena de “The gift” o el reciente “O’o”, aquí no hay estructuras tradicionales y el ánimo siempre hiperquinético y ecléctico de John Zorn domina la situación. El punto es que, por un lado, aquí no hay instrumentos rockeros (lo cual reduce, de cierta forma, las estridencias), y, por el otro, pareciera que la sensibilidad misma de las involucradas las lleva a complementar los modismos más ruidosos, disonantes y gestuales con un fluir sumamente armónico. Justamente, esa constante tensión entre la improvisación desbocada, salvaje y virulenta, y las hermosas melodías que enmarcan dichas explosiones de caos, es lo que da a este disco su lugar particular dentro de la extensa y variadísima discografía Zornera. Obviamente, no pretenderán que describa a “Femina” en términos genéricos. Aquí la música no sabe de rótulos ni lugares comunes. Solo sabe de aquello que expresa y eso es algo que nuestro afán de clasificar no puede comprender. Entonces, si andaban con ganas de probar un suculento plato de excelente Música (así, con mayúsculas), he aquí una opción para no dejar pasar.


-Katatonia “Night is the new day” (2009)
Katatonia se encuentra en un lugar extraño. Son de las pocas bandas provenientes del espectro Gótico/Metálico europeo de principios de los noventas que lograron despegarse de los clichés más burdos de dicha movida, adaptándose a las sensibilidades del Metal actual sin por ello perder su identidad. Probablemente el único otro grupo que consiguió tal cosa sea Anathema, que introdujo su pasión por Pink Floyd bastante antes de que incontables Post-Metaleros intentaran recorrer esos caminos. De la misma forma, Katatonia viene sumando hace años a su oscura pesadez la influencia de dos géneros provenientes del Indie-Rock que recién en los últimos tiempos se incorporaron al imaginario metálico, el Shoegaze y el Slow-Core. Ya en discos como “Discouraged ones” (editado en 1998) se podían percibir esas cascadas de distorsión guitarrera a la My Bloody Valentine y esa sensibilidad introspectiva, reposada y alejada de innecesarios amaneramientos de bandas como Codeine, Low o Red House Painters. “Last fair deal gone down” (2001) resultó el punto de quiebre donde todas sus influencias convergían en resultados sumamente personales, condensando sus inquietudes experimentales (dentro de su terreno, claro está) en canciones pletóricas de gancho y emoción. “Night is the new day” mantiene esa línea, sin resultar tan conmovedor como el genial “Viva emptiness” (2003) pero, por suerte, alejándose de la sensación de inmovilidad que transmitía el anterior “The great cold distance”. En primer lugar, la variedad dice presente y, si bien el tono general del álbum es claramente sombrío (lo cual es parte fundamental de la marca registrada del quinteto), dicha oscuridad se hace presente de diversas formas. A veces en lúgubres, casi Folkys, baladas de suaves guitarras adornadas con sentidas orquestaciones, por momentos en contundentes explosiones rifferas cargadas de violenta tensión, en otros ensayando ominosas marchas plagadas de idas y venidas (y construidas con un sentido de la dinámica y una atención al detalle sencillamente abrumadores) y, claro, sin olvidar nunca sus típicos medios tiempos donde las murallas de distorsión se funden en fantasmal abrazo con las melodías más descorazonadoras. Hasta los teclados vuelven a ganar un lugar importante en las composiciones, sin por ello caer en vergonzosas pretensiones sinfónicas, más bien aportando una tonalidad más a la gama de negros y grises que manejan las canciones. Por supuesto, el fuerte está en las canciones mismas. Más allá de la profundidad casi cinemática de los arreglos y las texturas instrumentales, lo que separa a este disco del montón es la capacidad innata del grupo para concebir melodías que estrujan el alma sin necesidad de maquillajes, histrionismos o afectaciones que, a esta altura del partido, resultan más graciosas que oscuras. En ese sentido es que seguir incluyendo a Katatonia en la bolsa del Metal Gótico (entendiendo esto como la mera reinterpretación de bandas como Sisters Of Mercy, The Cure o Fields Of The Nephilim en clave metalera) resulta tremendamente injusto y, en última instancia, incorrecto. Katatonia nos entrega grandes canciones, emocionalmente pesadas antes que formalmente pesadas, visceralmente oscuras antes que teatralmente oscuras, sutilmente complejas antes que barrocas. La banda de sonido perfecta para contemplar las propias miserias un domingo a la tarde.


-Madlove “White with foam” (2009)
Hola, soy Trevor Dunn, tal vez me recuerden por mi colaboración con Mike Patton en bandas como Mr. Bungle y Fantômas, o por mi participación en varios discos de John Zorn (entre ellos el sublime “Six litanies for Heliogabalus”) o inclusive por mi propio proyecto, Trevor Dunn's Trio-Convulsant. Como podrán notar, mi habilidad con las cuatro cuerdas por lo general está puesta al servicio de las más deformes elucubraciones asociadas al Avant-Garde, pero hoy estoy aquí para presentarles Madlove, mi incursión en los terrenos de la canción rockera tradicional y melódica. A tales efectos, reuní un grupo conformado por la coreana Sunny Kim en voz principal (aunque yo no quise privarme de cantar alguna que otra línea), el islandés Hilmar Jensson en guitarras y el ex miembro de Theory Of Ruin (aquella banda liderada por Alex Newport, ex líder de Fudge Tunnel y colega de Max Cavalera en Nailbomb) Ches Smith tras los parches. Si me preguntan de qué se trata este álbum debut, la respuesta simple sería canciones, con guitarras al frente (a veces distorsionadas y cortantes, a veces limpias y soñadoras, a veces empapadas de embotadores efectos, siempre movedizas y, aún así, certeras), ritmos sólidos y cadenciosos, sutiles arreglos y melodías vocales tan oscuras como emotivas. Si quieren un listado de referencias, podría mencionar a The Cure, Blondie, Deftones, Bjork (en especial en ciertos modismos vocales de Kim), Faith No More ( y, sí, ¿qué esperaban?), Blonde Redhead e inclusive a los viejos Punkys, X. En cualquier caso, con mi curriculum a cuestas, podrán imaginarse que el resultado final es algo más que una mera suma de influencias. Sí, ya sé que queda mal que yo lo diga, pero es cierto. Como buen tipo inquieto que soy, me las arreglé para que la variedad esté presente a lo largo de estos doce temas. Ok, admito que en el departamento melódico la cosa mantiene una constante sensación de melancolía y pesadumbre emocional, pero aún así las canciones fluctúan entre estructuras de Pop tradicional, enroscadas incursiones casi Progresivas (el uso de xilofón puede traerles a la mente asociaciones con Tortoise, no lo voy a negar), sombrías letanías cargadas de imágenes en blanco y negro, dinámicas bombas rockeras teñidas de oscura tensión y hasta algún que otro guiño al viejo y querido (y, hoy en día rescatado) Noise-Rock. Todo esto entregado con un grado de elegancia superlativo (para qué ser modestos al pedo, ¿no?), dándole lugar a mi bajo para explayarse en deliciosas líneas melódicas que se complementan a la perfección con el entramado de las guitarras y los teclados (a cargo de un servidor. Aunque para tocar en vivo contratamos a Erik Deutch) sin por ello olvidar su función rítmica. Estoy consciente de que “White with foam” probablemente resulte demasiado convencional para mis fans más freaks y demasiado retorcido para el oyente rockero medio pero, a esta altura, no voy a empezar a tomar caminos fáciles. Si ya están familiarizados con mi trabajo, les diría que no se espanten por el carácter accesible de Madlove y se atrevan a descubrir el enorme e innegable poder de las buenas canciones. Y, para aquellos que no tienen la más mínima idea de quién les habla, mi recomendación es que se entreguen a ellas sin prejuicios y con los oídos atentos.


-My Life With The Thrill Kill Kult “Death threat” (2009)
My Life With The Thrill Kill Kult no sólo tienen uno de los mejores nombres en la historia del Rock, también cuentan con más de veinte años de carrera y una de las personalidades más distintivas dentro del vasto universo de la Música Industrial. Nunca fueron tan violentos como Ministry (a pesar de compartir con ellos sellos discográfico, integrantes y algún que otro proyecto) ni tan oscuros como Throbbing Gristle y, ciertamente, su costado psicodélico poco tenía que ver con la asfixia junkie de Skinny Puppy, por poner algunos ejemplos. De alguna forma, la referencia más cercana sería Revolting Cocks, en especial en lo que hace a bases duras y bailables, líneas de bajo gancheras y repetitivas e infinidad de samples a los cuales la palabra bizarros les queda chica. La diferencia es que, mientras Revolting Cocks basaban su propuesta en un siempre retorcido y negro sentido del humor, la obsesión que guía los pasos de My Life With The Thrill Kill Kult es el sexo. Obviamente, no un sentido romántico, ni siquiera adoptando esa suerte de sofisticación sadomasoquista de cuero y látigos que tantas bandas Industriales abrazaron a lo largo de los años. El sexo de esta gente es de prostitutas con aroma a perfume barato y antros con luces de neón desvencijadas. Es la historia que nos hubiera relatado “Pánico y locura en Las Vegas” si a las visiones inducidas por las drogas le hubieran sumado sudorosas orgías de carnes flácidas y curvas imperfectas. “Death threat” es su décimo álbum (sin contar compilados, remixes, ep’s y demás rarezas) y parece recuperar algo de la dureza de sus primeros trabajos, relegada a medida que incorporaban importantes cuotas de Funk, Soul, Surf y Lounge a su melange electrónica. Digamos que si quieren saber de dónde sacó la inspiración Rob Zombie para su costado más bailable y colorido, aquí encontrarán un buen referente. Las bases obligan al cuerpo a contornearse en movimientos obscenos, el bajo dibuja serpenteantes strip-teases perlados por una mezcla de sudor y brillantina, los samples (toneladas y toneladas de samples de todos los colores y formas) se meten en las neuronas y juegan con ellas despertando toda clase de bajos instintos, y las voces guían este noctámbulo paseo mimetizándose con variados personajes de esta noche eternamente iluminada. Como dije antes, Buzz McCoy y los suyos retoman aquí bastante de la energía (hasta las guitarras distorsionadas vuelven a decir presente) de antaño, pero no por eso pierden variantes. Los elementos de géneros antes mencionados (a los que se puede sumar algo de Hip-Hop, algún que otro guiño casi caribeño y hasta pianitos y vientos pedorros bien cabareteros) se perciben claramente, sólo que ahora están entrelazados con momentos de mayor visceralidad y nervio rockero. En cualquier caso, el fuerte del grupo sigue siendo la capacidad innata para crear piezas musicales que se transforman en vívidas imágenes, secuencias cinematográficas con los colores saturados y la lente absolutamente deformada. Todo adornado con, como diría Tangalanga, minas en bolas y tipos garchando. Si andan con el muñeco alicaído (o el equivalente para mujeres de esta sutil metáfora), “Death threat” le devolverá la vida a sus pantalones.


-Oceansize “Home and minor” (2009)
El tiempo muchas veces nos revela verdades que jamás hubiéramos considerado posibles. Pone las cosas en perspectiva y nos demuestra que géneros musicales que creíamos prácticamente opuestos se pueden fundir con la mayor de las naturalidades. Años atrás, ¿alguien hubiese tomado en serio la combinación entre Metal extremo y Shoegaze que hoy en día resulta tan común, por poner sólo un ejemplo? Oceansize es un grupo que, a lo largo de sus tres discos anteriores, mostraba una fuerte relación con el Rock de los noventas, en especial con esa suerte de sub-tendencia capitaneada por bandas como Failure, Hum o Shiner, que combinaba la crudeza guitarrera del Grunge con una expansividad entre espacial y Progresiva y una sensibilidad melódica cercana al Pop más sofisticado. El punto es que, justamente, sus melodías contaban con un grado de grandilocuencia emotiva que, de cierta forma, los emparenta a lo que en alguna época se conocía como A.O.R. o Adult Oriented Rock. Es decir, Rock de guitarras fuertes pero cuidado hasta la exasperación, prolijo casi hasta rozar la pasteurización y desplegando su profunda emotividad de forma sumamente dramática. No es casualidad que hayan sido comparados con grupos como Tool, el Incubus más melódico, Cave In e inclusive Porcupine Tree. Ahora bien, ¿es posible acaso que semejante exhibición de refinamiento y ampulosidad pueda convivir sin problemas con el Rock de la década pasada, basado principalmente en una mirada Punk del género? Más allá de los prejuicios (de los cuales me hago cargo), en definitiva estamos hablando de Rock, basado en grandes canciones, estribillos explosivos, guitarras potentes y melodías sensibles. Y dicha enumeración se puede aplicar tanto a Pearl Jam como a Journey, si nos sinceramos. En esta especie de mini lp (seis temas en poco más de media hora), esto queda demostrado claramente. Con un latir predominantemente acústico y reposado, el quinteto desnuda su alma y adorna esas emociones descarnadas con una vasta gama de sutilezas armónicas, embelleciendo su melancolía y, por ende, dotándola de una cierta luminosidad. En ese sentido, y aún cuando sus resultados musicales no sean precisamente afines, se me ocurre que una buena comparación sería Smashing Pumpkins. Ambos grupos rescatan el Rock más pomposo y elaborado y lo adaptan a influencias entre el Hard-Rock más muscular y setentoso y la oscura sofisticación inglesa de grupos como The Cure o My Bloody Valentine, condensando dichas influencias en canciones de alto octanaje emocional y sin miedo a sonar excesivamente dramáticos o azucarados. En fin, si son de esos viejos chotos que todavía creen que el Rock actual es puro ruido y que sus exponentes ya no buscan la excelencia compositiva e interpretativa de antaño, he aquí un excelente ejemplo que demuestra lo equivocados que están.


-Pyramids With Nadja “Pyramids With Nadja” (2009)
Lo adelantamos en el reportaje a Nadja (pueden chequearlo aquí) y finalmente está entre nosotros la colaboración entre dos de las bandas más personales e innovadoras de la vanguardia metálica actual. A priori, era un auténtico misterio lo que podía salir de conjugar la ruidosa densidad melódica de Nadja con esa especie de Post-Black-Electrónico-Surrealista expuesto por Pyramids en su álbum debut del año pasado. Empecemos por aclarar que el disco se compone de cuatro temas que van de los diez a los casi veintidós minutos de duración, con lo cual la cosa no es fácil ni accesible. “Into the silent waves” abre la placa a pura ambientación, entre tenues resonancias y sobrecargadas cascadas de texturas abstractas que nunca llegan a pudrirse del todo. Le sigue “Another war” y allí el clima y las texturas se mantienen pero hace su aparición la melodía, ya sea con esos desgarbados arpegios acústicos, con esos fantasmales teclados, con ese sórdido pianito o con las frágiles líneas vocales que le dan una forma un tanto más definida a la composición. Todo adornado con capas y capas de sonidos deformes que se estiran y se entrecruzan dibujando extrañas pinturas de bosques observados a través de un prisma lisérgico. Más atmósferas embotadoras trae “The sound of ice and grass” (un título bastante descriptivo, por cierto), otra vez con el piano marcando pausadas líneas melódicas entre lejanos ecos sonoros. En este punto, ya podemos afirmar que ambos grupos pusieron un énfasis en sus respectivos costados más experimentales, dejando en un notable segundo plano al Metal. A medida que avanza el tema, se cuela un oscuro riff que aumenta la tensión mientras las voces siguen con su recorrido etéreo, sumergidas en espesas nubes de efectos. A lo lejos suena una frenética batería programada, a un tempo casi de Black Metal, pero en lugar de tomar las riendas de la canción y llevarla a virulentos parajes, se inmiscuye más como un arreglo ocasional, acompañado de diversos chirridos electrónicos y desconcertantes disonancias. El clima narcótico se va poniendo cada vez más espeso y desencajado, acercándose al espíritu del Black pero con sonoridades completamente diferentes, por momentos casi opuestas. El feedback y los acoples crecen y comienzan a envolver al riff principal mientras las voces susurran alocadas. Súbitamente un coro de almas en pena hace su aparición y las guitarras se deshacen en punteos casi Post-Rockeros y texturas flotantes. Las melodías se elevan como espirales de humo hacia un firmamento pintado de negro y desembocan en un profundo cráter de acoples que las transforman en visiones infernales. El descenso es inevitable y es posible sentir el calor de las llamas ampollando la piel y un punzante aroma a azufre invadiendo las narices. El viaje culmina con “An angel was heard to cry over the city of Rome”, un comienzo de guitarras acuosas delineando sensibles melodías da lugar a más juegos corales que suenan como el negativo de lo que comúnmente se conoce como música New-Age. Y, en medio de ese clima de embotadora psicodelia, entran las baterías a toda marcha, cabalgando como jinetes del apocalipsis sobre nubes color arco iris. Las guitarras y las voces, lejos de intentar amalgamarse al vertiginoso repiquetear de la base rítmica, se explayan en envolventes melodías a la My Bloody Valentine. Al menos por un par de vueltas, luego sí se dan el gusto de berrear y amagar con armonías más oscuras pero sin perder nunca el hilo alucinógeno. Y el final a pura cacofonía ruidosa, casi como un caramelo relleno de veneno, confirma esa extraña dicotomía entre el dolor y el placer. Un trabajo sumamente extraño es el que han logrado estos tipos, tal vez sin alcanzar el nivel de intensidad de sus propias obras (en la mezcla general parece predominar la presencia de Pyramids antes que la de Nadja) pero animándose a explorar terrenos vírgenes con una maestría inusitada. Si están con ganas de escuchar algo diferente, he aquí un más que suculento bocado.


-The Red Chord “Fed through the teeth machine” (2009)
Hasta en la inmundicia más despreciable es posible encontrar una gema. Inclusive los subgéneros rockeros más vapuleados pueden contar con algún que otro exponente que les salve las papas. El así llamado Deathcore hace tiempo que se transformó en uno de los bodrios más insostenibles, superficiales y vacíos de ideas del Metal extremo actual y aún así existe The Red Chord para aportar algún tipo de redención. Claro, no faltarán aquellos que opinen que agrupar al cuarteto en dicho género es un error pero, en cualquier caso, las discusiones sobre géneros musicales suelen ser un callejón sin salida. The Red Chord cuenta con diversos elementos (flirteos con el Mathcore, canciones con groove y gancho, algo de profundidad psicodélica) que los separan de la masa oligofrénica que conforma el Deathcore y, aún así, su brutal combinación de precisión y técnica Deathmetalera, desenfreno Grindcore, machaques Thrashers y gotitas de Metalcore los ponen como la excepción que confirma la regla antes que como una entidad separada del resto. “Fed throufh the teeth machine” es su cuarto álbum y, sin llegar al nivel de “Clients” (su punto más alto y uno de esos trabajos claves para entender el Metal de la corriente década), se erige como una portentosa cachetada de aire fresco. La corta duración de las canciones (la mayoría no llegan a los tres minutos) contribuye al dinamismo del trámite, con estructuras caóticas pero siempre coherentes y un sabio manejo de la energía. Las bases van y vienen entre aceleradas frenéticas, rebajes aplastantes, tensos pasajes de tensión estática y angulares contracturas rítmicas, siempre con un grado de hiperactividad casi inhumana. La voz de Guy Kozowyk (cerebro del grupo) estalla en una amplia gama de gruñidos y alaridos varios, cercanos al Death Metal pero con articulaciones que, por momentos, lo acercan al Phill Anselmo más podrido. Pero es en las guitarras donde el universo de The Red Chord crece sin límites. Riffs de todas las formas y colores, simples y contundentes, enroscadísimos y disonantes, machacantes, borroneados, deformes, ultra precisos, a veces melódicos (no teman, no hay choreos al Death sueco a la vista) e inclusive jugando con texturas y armonías poco comunes en el género. Y eso no es todo, también hay lugar para arreglos interesantes, arpegios alucinógenos, extrañas secuencias de acordes y hasta algún que otro solo que no interfiere en absoluto con el virulento desarrollo de las composiciones. Y, como siempre, son las composiciones las que dan el marco adecuado a todo ese despliegue instrumental. Como dijimos antes, el fuerte del conjunto es la habilidad para engendrar canciones memorables, más allá de la brutalidad, la técnica y el delirio que exhiben. Para ponerlo de otra forma, lo que en otros grupos (no hace falta dar nombres, cada uno puede poner el que le parezca más adecuado) resulta un inevitable pasaje de ida al aburrimiento, en “Fed through the teeth machine” (a base de imaginación, talento y personalidad) es una constante inyección de adrenalina, tanto para el cuerpo como para la mente.

sábado 7 de noviembre de 2009

Cruzdiablo, Barbarian Brothers, Los Deloreans, Gerk, Live in Mendoza






Evento único e irrepetible

viernes 6 de noviembre de 2009

Live at The Flowers





Nos vemos en Las Flores, allí nos encontrarán, en pleno viaje sonoro.

sábado 31 de octubre de 2009

Entrevista exclusiva: Dysrhythmia


¡Sin voces, sin breakdowns, sin baile, sin diversión! Así se autodefinen nuestros entrevistados de hoy. En otro logro del equipo Zann conseguimos contactarnos con Kevin Hufnagel, guitarrista de Dysrhythmia. La banda presentó este año un nuevo disco, llamado "Psychic Maps", una obra que posiblemente integre el podio de lo mejor de este año en materia de música. Fernando ya lo contó en su super review que pueden gozar haciendo click aquí.



Dysrhythmia posiblemente tenga el estigma de ser una banda demasiado pesadita para los que disfrutan el jazz o el rock, y a su vez también son demasiado intrincados para el metalero convencional. Simplemente estos pibes no encajan en ningún lado. Pero conviene tratar de dejar esos inconvenientes de lado y tomarse el debido tiempo para masticar la propuesta de estos tipos, que ofrecen toda su pasión y mala onda en cantidad. Escucharlos es un ejercicio que los dejará agotados y sudorosos pero felices.Y si piensan que todo esto es un delirio de improvisación, Kevin ha confesado muchas veces que esta harto de que le pregunten si improvisa, porque en realidad si esto fuera cierto el considera que sería mejor improvisador que lo que és realmente. No señores, no hay lugar para el azar en esta banda, cada giro esta planeado con minuciosidad laboriosa y detallada. Es simplemente cuestión de darles una oportunidad.

El trío de Philadelphia comenzó con Kevin Hufnagel en guitarra y Clayton Ingerson en bajo, tras los cuales se uniría el baterista Jeff Eber. Su primer show lo dieron con Ruins y los grinders de Discordance Axis. Nuestros muchachos grabaron dos discos, "Contradiction" y "No Interference" tras lo cual vendría un punto crítico en su carrera, la llegada a Relapse. Sus trabajos lograron llamar la atención de los visionarios de Relapse Records en 2002 y tras el contrato grabaron "Pretest" con don Steve Albini en las consolas. "Pretest" fue una de sus obras más reconocidas por la crítica y el público, y también fue el boleto que les permitió embarcarse en un super tour con colosos como Mastodon, Cephalic Carnage y Burnt By The Sun. Se había acabado la época de tocar para los 5 borrachos de Philadelphia que los seguían de sus inicios, como declaran en su myspace. Dysrhythmia se había ganado el respeto de la gente y estaba en un lugar privilegiado entre los nerditos del metal y el jazz. Posteriormente Clayton abandonó la banda, pero esto no detuvo a Kevin y Cia. ya que reclutaron al talentoso Colin Marston para que ocupara el rol de aplastar a los oyentes con su poderoso bajo. Y así grabaron el ominoso "Barriers And Passages". Kevin y Colin se han ido afinanzando y tienen varios proyectos en común: la banda de drone Byla, y la renacida leyenda del death metal Gorguts. Kevin además logró armar su propio estudio en Queens, lo que les permite grabar todas sus ocurrencias y experimentar con mucha mayor facilidad, tanto con Dysrhythmia como con otros proyectos musicales que se irán enterando en la entrevista. Sin más los dejo con Kevin, que lo disfruten. ¡Hasta la próxima!

Dysrhythmia son: 
Kevin Hufnagel - Guitarra
Jeff Eber - Batería
Colin Marston - Bajo



Zann: Contanos sobre el nuevo disco de Dysrhythmia, "Psychic Maps". ¿Cuánto tiempo les lleva hacer  estas increíbles estructuras de sonido?

Kevin Hufnagel: El album fue escrito en un período de entre 3 y 4 años. Durante ese tiempo también trabajamos mucho en otros proyectos musicales y bandas, incluyendo Behold... The Arctopus (la banda principal de Colin Marston), Byla, Krallice, Zevious, Indricothere y yo además, hice un disco solista de guitarra.
Por lo general a nuestras canciones les toma un largo tiempo para ser escritas y llevarlas al punto donde estamos satisfechos. Tocamos las canciones un poco en vivo antes de grabarlas en estudio. Generalmente estamos muy preparados cuando caemos en el estudio y trabajamos rápido.

Zann: La música de Dysrhythmia es como un rompecabezas para la mente, y una vez completado se revelan algunos de los mas intrincados laberintos de la condición humana. ¿Qué podés contarnos sobre el proceso que los lleva a componer dichos rompecabezas?

KH:  En general nuestras canciones empiezan conmigo escribiendo las partes de guitarra primero y casi siempre en guitarra acústica. Una vez que las ideas se sienten sólidas y estan algo estructuradas toco para los pibes en los ensayos y de ahí construimos las partes de la percusión. Una vez que la batería se siente sólida grabamos la canción para Colin, así puede trabajar con las partes de bajo con su tiempo. Una vez que tiene algo compuesto continuamos trabajando en la canción en los ensayos, haciendo cambios sustanciales. Todo el proceso es muy colaborativo. Ahora tenemos la ventaja de contar con nuestro propio estudio de grabación así que típicamente grabamos la canción cuando pensamos que esta completa y la volvemos a escuchar para ver si pensamos que necesita algún cambio.



Zann: Su música es muy compleja, son músicos muy talentosos, pero a pesar de ello ustedes parecen mantener siempre una energía cruda y física, casi rozando al Punk. ¿Qué tan importante es para ustedes mantener esos elementos bien balanceados?

KH: Estoy feliz de escuchar que captan ese sentimiento de nuestra música. Yo pienso que es muy importante mantener esa crudeza intacta, y por supuesto tiene que haber una energía en ello. Muchas bandas van hacia un lado o hacia otro, pero mis artistas favoritos son los que balancean complejidad con un alma propia.

Zann: ¿Podrías contarnos sobre el origen del nombre de la banda? Leí en otras entrevistas que la gente tiende a no pronunciar el nombre de la banda correctamente a pesar de que la raíz de la palabra es simplemente ritmo (N.del E: "Rhythm" se pronunciaría algo así como ridm, con una r sonando muy suave. Por lo tanto, más o menos bien pronunciado sería algo así como Disridmia)

KH: Es simplemente una palabra que escuche decir a alguien en la tele un día, en la época que comenzaba la banda pero no teníamos un nombre todavía. Pense que sonaba copado y encajaba con el sonido de nuestra música. Es una verguenza, parece que nadie sabe como pronunciar la palabra "rhythm".

Zann: ¿Por qué pensas que Dysrhythmia fue relacionada a otras bandas como Mastodon, Cephalic Carnage o Dillinger Escape Plan siendo que su música es tan diferente de esas bandas, especialmente en la era de "Pretest"?

KH: Bueno, estabamos todos en el mismo sello en ese entonces deduzco que sería por ese motivo ¿no? Somos buenos amigos de todas esas bandas y tocamos muchos shows con ellos, especialmente en 2003 durante los tours de "Pretest".



Zann: Gente ustedes tienen un estilo de música poderosamente distintivo. ¿Cuáles fueron las influencias que se congregaron para llegar a ese estilo?

KH: Cada uno tiene sus propias influencias individuales y son muy variadas, por lo que cuando ponés todo eso junto obtenés algo interesante. Colin esta metido en un montón del black metal más oscuro y el metal extremo en general, Jeff viene de un entorno más jazzero y yo tengo un poco de todo. Es importante no dejar que estas influencias sean muy obvias o que se esparsan demasiado, pero últimamente cuando componemos una canción las cosas suceden naturalmente, no estamos pensando cosas como "ahora vamos a escribir una canción que suene como esta banda o aquella banda". En el único caso que compusimos una canción inspirada en una banda particular (nuestra canción "Iron Cathedral" fue inspirada inicialmente por la canción de Metal Church llamada "Merciless Onslaught") lo que pasó es que salió sonando muy distinto al fin y al cabo.

Zann: ¿Cómo modificó su música la incorporación de un virtuoso como Colin Marston?

KH: El fue el reemplazo perfecto cuando perdimos a Clayton, porque ya estaba familiarizado con nuestra música y tiene unas increíbles habilidades para componer y tocar. Trabajar con el nos permitió probar nuevas cosas que por ahí no estábamos listos para probar antes de su llegada. Definitivamente pienso que nuestra música se volvió más pesada y más intensa desde que entró y ese es un objetivo que mantuvimos disco tras disco desde que empezamos.

Zann: Colin y vos están en varios proyectos juntos, parece que son buenos amigos. Uno de estos proyectos es la legendaria banda de death metal Gorguts. ¿Cual es el estado de Gorguts en este momento? ¿Están planeando grabar un nuevo disco?

KH: En este momento estamos componiendo un nuevo larga duración con la mitad del disco ya completa. Deseo que entremos al estudio a finales del 2010. Ha sido realmente un placer trabajar con Luc Lemay. Gorguts fue una gran inspiración para Colin y yo en estos años. Haber logrado ingresar mi creatividad en esa banda es un sueño hecho realidad. Pienso que la gente se va a sorprender por el nuevo material. No es lo que la gente va a esperar. (N del. Ed: La nueva formación de Gorguts consta de Luc Lemay y Kevin Hufnagel en guitarras, Colin Marston en bajo y el monstruo de John Longstreth tras los parches. Un dream team del metal extremo).

Zann: Contame un poco sobre Byla, tu proyecto drone.

KH: Eso es algo que empezamos Colin y yo antes de que se uniera a Dysrhythmia. Es una salida a nuestros intereses en la música ambient. Las guitarras se utilizan como instrumento primario en Byla. Amo mucha de la música basada en atmósferas como Slowdive, Seefeel, The Cocteau Twins, This Mortal Coil y todas las cosas viejas de 4AD Records.

Zann: El disco colaborativo de Byla y Jarboe, "Viscera" me encantó. ¿Cómo es trabajar con ella?

KH: Trabajar con Jarboe fue fantástico. Otra vez, Colin y yo escuchabamos hace tiempo su trabajo así que fue un placer lograr grabar con ella. Recuerdo estar muy impresionado por su habilidad natural de escuchar nuestros tracks un par de veces y luego hacer cosas asombrosas con su voz en una sola toma... y como sabés esas canciones son de 10 o 15 minutos de duración. Cuando ella seguía sus voces en la tercera canción de "Viscera", esa que tiene voces podridas, para el final de la canción estaba en el piso vomitando en un balde. Fue una experiencia super intensa y pienso que realmente se transmitió todo en el disco.



Songs For The Disappeared es el nuevo disco de Kevin Hufnagel.

Zann: Kevin, tu nuevo disco "Songs For The Disappeared" es hermoso e intenso. En tus manos la guitarra acústica pareciera tener posibilidades ilimitadas. ¿Qué técnicas usaste para crear esas hermosas capas de sonido?

KH: Gracias por los cumplidos. Uso distintas técnicas de guitarra, algo así como "guitarras preparadas", que es cuando vos insertas un objeto en las mismas cuerdas cambiando su timbre y tono, y otorgandole un sonido más percusivo. En mi caso uso una lima para uñas. Me inspiré para probar esta técnica después de escuchar los trabajos para piano preparado del compositor clásico del siglo XX, John Cage. Pienso que todavía hay mucho para hacer con guitarras preparadas y voy a intentar explorar mucho más en futuros trabajos solistas. También hay algunas canciones más atmosféricas donde hago correr una guitarra acústica en un dispositivo de bucles Echoplex y después corro los tracks individuales a través de una pared de amplificadores de guitarra eléctrica, con micrófonos por toda la sala para lograr y capturar un enorme sonido angelical.

Zann: ¿Tenés algún otro proyecto?

KH: Nada que no se haya mencionado en la entrevista pero quien sabe lo que nos depara el año que viene.

Zann: Para terminar, si pudieras elegir algún cantante en el mundo (hombre o mujer, vivo o muerto) para Dysrhythmia, ¿a quién elegirías? 

KH: Dysrhythmia nunca trabajaría con un vocalista, pero si lo hicieramos elegiría a Scott Walker. Eso sí sería interesante.

Zann: Bueno este es el final de nuestra entrevista. Muchas gracias por tu amabilidad Kevin. ¿Tenes algo para decirle a tus fans y oyentes aquí en Argentina?

KH: Chequeen nuestro nuevo disco, "Psychic Maps". Va a haber un tour europeo para junio/julio de 2010. Esperamos poder tocar cerca o en su país. (N. del E: Argentina, la nueva potencia europea). ¡Gracias por el apoyo!



Para más información sobre Dysrhythmia pueden visitar: http://www.myspace.com/dysrhythmiaband

El myspace de Kevin Hufnagel con algunas canciones de sus discos solistas incluyendo las de "Songs For The Disappeared" es este: http://www.myspace.com/kevinhufnagel


Interview with Dysrhytmia

In a new effort of the Zann´s team here you have our interview with Kevin Hufnagel, mastermind of Dysrhythmia. ¡Enjoy it!

Zann: Tell me about Dysrhythmia´s new album, "Psychic Maps". How long has it taken you to create these incredible structures of sound?

Kevin Hufnagel: The album was written over a 3-4 year period. During that time we also worked on a lot of other musical projects and bands including Behold... the Arctopus, Byla, Krallice, Zevious, Indricothere, and I did a solo guitar record. In general our songs take a long time to write and get them to the point where we're satisfied. We play the songs live quite a bit before recording them as well. We're usually very prepared by the time we hit the studio, and work quickly.

Zann: Dysrhythmia’s music is like puzzles for the mind and, once they are completed, they reveal some of the most intricate labyrinths of the human condition. What can you tell me about the writing process for such puzzles?

KH: In general the songs begin with me writing the guitar parts first and almost always on acoustic guitar. Once the ideas feel solid and somewhat structured I play them to the other guys at rehearsal and from there we build the drum parts. Once those feel solid we record the song for Colin so he can work on his bass parts during his own time. Once he has something written we continue working on it at practice making subtle  changes along the way. The whole process is very collaborative. We have the advantage now of owning our  own recording studio, so typically we'll record a song when we think it's complete and listen back to it to see if we think it needs any changes.




Zann: Your music is very complex, you’re very talented musicians and yet you always seem to maintain some raw, physical, almost Punk energy. How important is it for you guys to keep those elements well balanced?

KH: I'm happy to hear you get that feeling from our music. I think it's very important to keep that rawness intact, and of course it has to have an energy to it. So many bands either go one way or the other, but my  favorite artists are the ones that balance complexity with soul.

Zann: Can you tell me about the origin of the band´s name? I´ve read in other interviews that people tend not to spell it correctly even when its root is just the word "Rhythm".

KH: It's just a word I heard someone say on the TV one day right around the time we were beginning the band but didn't have a name yet. I thought it sounded cool and fit the sound of our music. It's a shame no one can seem to spell the word "rhythm".

Zann: Why do you think Dysrhythmia is related to other bands such as Cephalic Carnage, Mastodon or Dillinger Escape Plan when your music is so different from those bands, especially in the Pretest era?

KH: Well we were all on the same record label at one time, so I guess that's why? We're good friends with all those bands and have played many shows with them, especially back in 2003 during the "Pretest" tours.

Zann: Guys you have a powerfully distinctive style of music. Which are the influences that lead to that unique style?

KH: We each have our own different individual influences and they're quite varied, so when you put those together you get something interesting. Colin is into a lot of obscure black metal and extreme metal in general, Jeff comes from more of a jazz background, and I'm sort of all over the place. It's important not to let these influences be too obvious or scattered though, but ultimately when we're writing a song things are just happening naturally, we're not thinking "now we're gonna write a song that sounds like this band or that band". In the one case that we did write a song inspired by a particular band (our song "Iron Cathedral" was initially inspired by the Metal Church song "Merciless Onslaught"), it usually comes out sounding nothing like them in the end anyway.

Zann: How did the incorporation of a virtuoso like Colin Marston changed your music?

KH: He was the perfect replacement for when we lost Clayton because he was already familiar with our music and had incredible writing and playing skills. Working with him has allowed us to try new things maybe we weren't ready to try yet back then. I definitely think our music has become heavier and more intense since  he's joined and that's a goal we've held since the beginning from album to album anyway.

Zann: You and Colin are in some projects together, it seems you are good mates. One of them is the legendary Death Metal band Gorguts. What is the actual status of Gorguts? Are you planning to release a new record?


KH: Right now we are writing a new full length with about half an album already written. I'm hoping we'll get into the studio by the end of 2010. It's been a real pleasure to work with Luc Lemay. Gorguts were a big inspiration to myself and Colin over the years. To get to have creative input in that band is a dream come true. I think people will be surprised by the material. It's not what people are going to expect.

Zann: Tell me a little about Byla, your drone project.

KH: That is something Colin and I started before he joined Dysrhythmia. It's an outlet for our ambient music interests. Guitars are used as the primary instrument for Byla. I love a lot of atmospheric-based music like Slowdive, Seefeel, The Cocteau Twins, This Mortal Coil and all the old 4AD Records stuff.

Zann: The collaboration album of Byla and Jarboe, "Viscera" amazed me, how is it to work with her?

KH: Working with Jarboe was fantastic. Again, Colin and I were long-time listeners of her work so it was a pleasure to get to collaborate with her. I remember being very impressed with her natural ability to listen to our tracks a few times and then just do amazing things with her voice in one take.. and as you know some of those songs are 10 to 15 minutes long. When she tracked her vocals for the 3rd song on "Viscera" the one with the growling vocals, she was on the floor and spitting into a bucket by the end of the song. It was super
intense and it really came across on the record too I think.

Zann: Kevin, your new solo album, "Songs For The Disappeared" is beauty and intensity. In your hands acoustic guitar possibilities seem endless. Which techniques have you used to create such beautiful layers of sounds?

KH: Thanks for the compliments. I used some different guitar techniques on there like "prepared guitar", which is when you insert an object into the strings themselves changing it's timbre and pitch and giving it a more percussive sound. In my case I used a nail file. I was originally inspired to try this technique after hearing 20th Century classical composer John Cage's works for prepared piano. I think there's still a lot more to be done with prepared guitar and I intend to explore it further on future solo releases. Also there are a few more atmospheric songs on there where I ran by acoustic guitar into an Echoplex looping device and then ran the individual tracks through a wall of electric guitar amps with mics placed all around the room to try and capture a huge angelic sound.



Zann: Do you have any other new projects in the works?

KH: Nothing that hasn't already been mentioned in this interview, but who knows what next year will bring.

Zann: Finally, if you could choose any singer in the world (male, female, dead or alive) to work with  Dysrhythmia, who would you pick?

KH: Dysrhythmia will never work with a vocalist, but if we did I'd choose Scott Walker. That would be interesting.

Zann: Well, this is the end of the interview. Thank you very much for your kindness, Kevin. Do you have any words to your fans and listeners here in Argentina?

KH: Check out our new album "Psychic Maps". A European tour is in the works for June/July 2010. We hope we will be able to play near or in your country. Thanks for the support!

For more info on Dysrhythmia: http://www.myspace.com/dysrhythmiaband

Check out Kevin Hufnagel´s myspace: http://www.myspace.com/kevinhufnagel

martes 27 de octubre de 2009

Asociación Libre de Ideas y Lima, live in Buenos Aires (Reloaded)




ALI vuelve a la carga con el show truncado del pasado mes junto a Lima, en el Centro Cultural Adán buenosayres (Av. Asamblea 1200 o Av. Eva Perón 1400, bajo autopista, Parque Chacabuco, Buenos Aires) el Viernes 13 de Noviembre a las 20:30, presentando la musicalización en vivo del corto Elephant's Dream:











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