martes 6 de octubre de 2009

Informe Especial - Justin Broadrick





Era hora. Cualquiera que haya alguna vez leído algo de lo que escribimos en este blog o escuchado casi cualquiera de los discos en los que participamos, sabrá que este señor llamado Justin K. Broadrick es una de nuestras musas inspiradoras más prominentes. Con sus cuarenta años de edad, este retraído ser oriundo de Birmingham (sí, igual que Black Sabbath. Y no sería de extrañar que, al igual que sucedió con ellos, el hecho de vivir en una zona industrial, rodeado de humeantes y ruidosas fábricas, haya inspirado gran parte de las visiones evocadas en su propuesta sonora) se las arregló para ganarse un lugar indiscutido en el podio de la música extrema. Ayudó a inventar el Grindcore en Napalm Death, acelerando hasta velocidades insospechadas el Hardcore y enmugreciéndolo con el necesario toque de Metal. Luego, con Godflesh y sus numerosos proyectos paralelos, acercó el mundo de la electrónica más abrasiva a una pesadez extrema que tenía tanto de Sabbath como de Swans y Killing Joke. Allí demostró también que la música hecha con máquinas podía generar una intensidad sumamente física y visceral, dando por tierra con el lugar común que asocia dichas aproximaciones musicales con la frialdad del laboratorio o la superficialidad de las pistas de baile. Cualquier disco firmado por Godflesh, Techno Animal o Ice (por poner algunos ejemplos) cuenta con una brutalidad que ninguna banda de Death Metal jamás podría siquiera empezar a comprender. Su influencia en este campo se siente hasta la actualidad, tanto en el ámbito del Metal (Neurosis tomó muchísimo del sonido de Godflesh a la hora de crear lo que luego sería un subgénero en sí mismo, plagado de bandas de diversa calidad. Lo mismo se nota en bandas como Khanate, Halo o Unearthly Trance) y la Música Industrial (con su primer disco, Pitch Shifter inauguró una mini tendencia de clones de Godflesh entre los que podemos destacar también a Skin Chamber, It Is I y Sonic Violence), como en artistas de difícil categorización, como Sunn 0))), Today Is The Day, Dälek o el mismísimo Mike Patton. No por nada a Justino le fue ofrecido el puesto de guitarrista de Faith No More tras la partida de Jim Martin, un honor que nuestro muchacho, lamentablemente, declinó. Tras la disolución de Godflesh, se enfocó en Jesu, un nuevo proyecto donde volvería a dar vuelta las nociones de pesadez, incorporando a sus ya característicos ritmos aplastantes, graves crujientes y guitarras ruidosas, las más preciosas y emotivas melodías jamás concebidas. Así, una nueva subcorriente (en este caso, denominada Metalgaze. Es decir la cruza de Metal con el Shoegaze de grupos como My Bloody Valentine o Slowdive) nació bajo el ala de Justin, con exponentes destacados como Nadja, Tombs y hasta algunos grupos con conexiones directas con el Black Metal, como Alcest, Amesoeurs, Caïna o Altar Of Plagues. En cualquier caso, nuestro manifiesto fanatismo nos obligaba, de una vez por todas, a explayarnos en palabras elogiosas sobre la extensa carrera de Broadrick. Lo que aquí haremos es repasar los que consideramos son sus puntos más altos, discográficamente hablando, mencionando inclusive algunos de sus proyectos y colaboraciones más oscuros pero, de alguna manera, relevantes para comprender en su totalidad el enorme, y siempre inquieto, talento de este señor.




-Napalm Death “Scum” (1987)
(Fernando Suarez)
¿Qué puedo agregar sobre este clásico absoluto que no se haya dicho antes? “Scum” inaugura el Grindcore y con él una nueva forma de encarar la música en su totalidad. Tres adolescentes (Nicholas Bullen en bajo y voz, Mick Harris en batería y Justin Broadrick en guitarra y voz) aunaron su pasión por el Hardcore más extremo y politizado de principios de los 80’s (Discharge, Siege, D.R.I.), el Thrash primitivo de Hellhammer y Celtic Frost y las atmósferas ruidosas de Whitehouse, Swans y Throbbing Gristle, y comprimieron todo eso en trece estallidos de pura liberación. Digo trece porque la mencionada formación sólo grabó la primera mitad del disco (en agosto de 1986), quedando la segunda en manos de Lee Dorrian (sí, el mismo que luego fundaría su propia Catedral Sabbáthica), Bill Steer (sí, el mismo que luego concebiría algunos de los riffs más enfermos e imitados de la historia del Metal extremo), Jim Whitely (luego reemplazado por el entrañable Shane Embury) y el mismo Harris. Pero sólo en esos trece temas (apiñados en poco menos de veinte minutos) ya encontramos todas las pautas que definen al Grindcore: los blast-beats (discutan todo lo que quieran, Mick Harris es el absoluto inventor de esta técnica y el que le dio nombre), los riffs de pocas notas tocados a la velocidad de la luz, el bajo embarrado y crujiente, los gruñidos profundos atravesados por chillidos agudos, los rebajes Hardcorosos, los machaques Thrashers enmugrecidos y bastardeados, la intro opresiva de aires Industriales (esa genialidad llamada “Multinational corporations”) y las ráfagas de puro ruido borroneado por el vértigo. Y cómo olvidar la perla de este trabajo, el tema más corto de la historia de la música, el sublime “You suffer”. Un segundo (sí, leyeron bien, eso es lo que dura el tema) de furia y ya nada sería lo mismo en el mundo musical. Pregúntenles, si no, a bandas como Sore Throat o Anal Cunt que prácticamente basaron sus carreras enteras en dicho tema. Por supuesto, la segunda mitad del disco seguía al píe de la letra estos postulados y no bajaba ni por un segundo el nivel de intensidad, pero esa ya es otra historia. Sea como sea, “Scum” es de esos discos privilegiados que alcanzan el estatus de clásicos indiscutidos, aquellos que rompen paradigmas y crean nuevas alternativas, aquellos capaces de cambiarte la vida con sólo escucharlos.




-Head Of David “Dustbowl” (1988)
(Fernando Suarez)
En octubre de 1986, los miembros de Head Of David (entre los que se encontraba el bajista Dave Cochrane, un asiduo colaborador futuro de Broadrick) le ofrecen a nuestro buen Justino ingresar como baterista al grupo. Aburrido ya del Grindcore de Napalm Death y previendo una inevitable encerrona creativa en dicho grupo, Justin acepta el puesto, en el cual se mantuvo hasta 1989. Sólo llegó a grabar este segundo larga duración y una Peel Session editada bajo el nombre de “White elephant”. Si bien no se puede decir que su papel en esta banda sea absolutamente relevante, es imposible no notar la influencia que el sonido de Head Of David significaría a la hora de concebir Godflesh. El cuarteto tenía bien aprendidas las lecciones de Killing Joke en lo que hace a Post-Punk oscuro, tribal, apocalíptico, disonante y con aristas metálicas e industriales y logró empujar ese sonido hacia terrenos aún más jodidos y opresivos. El bajo y la guitarra se trenzaban en enfermizas batallas de pudrición contorsionada, entre graves rugidos distorsionados y geniales riffs (a veces taladrantes, a veces arrastrados, siempre retorcidos y certeros) y punteos cargados de incomodidad. Justin cumplía con su tarea rítmica con la precisión y la economía de recursos de una máquina programada para matar y aún así ponía de manifiesto la energía de la tracción a sangre. Claro, la base sonora del grupo seguía siendo eminentemente rockera, salvaje, con un pulso visceral y la voz de Stephen R. Burroughs dibujando sombrías melodías con su tono entre rasposo e inanimado. Un dato extra para aquellos seguidores del Metal de los noventas: en este mismo disco se encuentra “Dog day sunrise”, aquel tema que versionara Fear Factory en “Demanufacture”, y ya con eso queda más que claro que la propuesta de Head Of David era algo más que simplemente “el grupo donde Justin tocaba la batería antes de armar Godflesh”.




-Godflesh “Streetcleaner” (1989)
(Manuel Platino)
En un mar de caras, marchamos, sin rostro, sin identidad, como ratas hacia la molienda. Detrás, el humo negro de miles de llamas que consumen nuestras vidas, encienden la desesperanza. Los barrenderos de las calles. Cuerpos sin rostros, deshumanizados han sido crucificados en pos de la deshumanización de los que todavía viven. Viven es un decir, ya que nada de esto puede llamarse vivir. La vida es fácil, sobre todo cuando alguien te la chupa de tu cuerpo y te devuelve mierda para que comas. Y así, como ratas nos reproducimos, y de esa forma alimentamos las máquinas, esas que golpean la tierra con sonidos metálicos, abrumadores. Los rostros se hunden en el barro empujados por manos invisibles construidas bajo la propia supervisión de los mismos que se someten a dicha opresión. Nadie sabe cómo llegamos a esta situación, simplemente lo aceptamos en nuestras cabezas muertas, llenas de sueños caducos desde hace mucho tiempo. El porqué ha caído, y no se esgrime en esta situación como bandera de autodeterminación, cualidad que se da por descartada. Y para ello hay encargados, los todopoderosos destructores de la confianza, los aplastadores de la autodeterminación, para que todos permanezcamos en nuestras rodillas, aceptando las órdenes vacías de una máquina vacía. Nuestra propia construcción es nuestro propio infierno, y lo necesitamos. En algún momento existieron lágrimas, diminutas como perlas que cayeron a la tierra, siendo succionadas. Como símbolos de una vida que se transformó en otra cosa, hoy en día las lágrimas siguen cayendo, ellas nos muestran el único sentimiento posible en esta tierra muerta: la miseria.
Si todo es sobre el poder, el sometimiento del otro, ¿por qué todos somos el otro?
Estática de fondo, todo el tiempo. El sonido es taladrante, los golpes de corporaciones multinacionales (genocidio de las naciones hambrientas) retumban dentro de nuestros cuerpos. La carne se derrumba, corrupción del mundo real, langostas. El ruido no es una anormalidad, es parte de la cotidianidad inhumana de todo lo que nos rodea.
Los cisnes hablaron. La vida no es, la vida es ganancia, dinero es vida, la vida es muerte.




-Sweet Tooth “Soft White Underbelly” (1990)
(Fernando Suarez)
El bajista Dave Cochrane recién había abandonado su puesto en Head Of David. El baterista Scott Kiehl venía de Chicago (una de las principales cunas del Noise-Rock de fines de los 80’s y principios de los 90’s) y también se había quedado sin banda tras renunciar a Slab!, un grupo poco reconocido pero que tendría una gran influencia sobre el sonido de Godflesh. Ambos unieron fuerzas y no tuvieron mejor idea que convocar, ¿a qué no adivinan a quién? Sí, a ese que están pensando. Así, con Justino poniendo su guitarra (las tareas vocales corrían por cuenta de Cochrane), nacía en 1989 este fugaz proyecto llamado Sweet Tooth. Dije Noise-Rock ahí arriba y la mención no es gratuita. Los seis temas que componen este único disco de estudio del trío dejan completamente de lado cualquier atisbo de experimentación electrónica o mecanización Industrial, basando su propuesta en la absoluta tracción a sangre. Vamos, un Power-trio hecho y derecho. Kiehl provenía de un background Jazzero, lo cual, conjugado con la energía cruda mamada del Punk, daba como resultado bases frenéticas, agobiantes y absolutamente hiperquinéticas. Cochrane complementaba dicho despliegue rítmico con el pulso amenazante de su podrido bajo y escupía líneas vocales cargadas de bilis, con esa sensación de asco y bronca apenas contenida que no desentonaría en grupos como Big Black o Scratch Acid. Justamente, se puede apreciar que el trabajo de guitarras propuesto en este álbum por Broadrick tiene más de un punto en común con los chirridos taladrantes del gran Steve Albini. Los temas suenan musculosos, orgánicos y con unos huevos enormes pero siempre recubiertos de esa especie de nerdismo psicótico que los aleja de la típica pose misógina rockera. Hay lugar también para epilépticos ritmos de Funk entrecortado y disonante, a la manera de clásicos Post-Punks como Gang Of Four o The Pop Group (bandas que, casualmente, el mismo Albini siempre elogió) y hasta para desencajados pasajes de pura catarsis Noise-Jazzera. Todo eso, por supuesto, dentro de un contexto de dientes apretados y articulaciones tensionadas. Lamentablemente, otra vez las muchas ocupaciones de Justin hicieron que la vida de Sweet Tooth fuese demasiado corta. En 1993 se editaría un disco en vivo llamado “Crash live” y eso fue lo último que escuchamos de ellos. De todas formas, para aquellos que amamos el Noise-Rock y a Justin Broadrick casi por igual, este “Soft White Underbelly” representa una auténtica gema de obligatoria audición.




-Techno Animal “Ghosts” (1991) & “Re-Entry” (1995)/The Sidewinder “Colonized” (1996)
(Fernando Suarez)
Hace su aparición Kevin Martin, uno de los más inquietos co-equipers con los que Justin ha contado en toda su carrera. No sólo ha compartido numerosos proyectos con él (como podrán ir leyendo más adelante) si no que también parece ser uno de los responsables de introducir a Broadrick a géneros electrónicos alejados (en principio) del espectro Industrial, como el Hip-Hop, el Dub y el Drum ‘n’ Bass, entre otros. Techno Animal es, probablemente, la más popular de sus colaboraciones y una de las pocas en contar con el apoyo de sellos discográficos importantes como Matador y Virgin Records. “Ghosts” fue su primer paso y en él todavía es posible encontrar importantes rastros de mugre Industrial, así como referencias a Godflesh y Swans en los títulos de algunas canciones como “Tough Cop/Soft Cop” y el más evidente “God vs. Flesh”. No obstante eso, sería incorrecto alinear esta obra con el trabajo de la (por ese entonces) banda principal de Broadrick. Aquí ya se asomaban los beats hipnóticos y casi bailables que tomarían la posta del proyecto en el futuro y hasta había lugar para las desquiciadas líneas de saxofón de Martin y experimentos abstractos como el desplegado en “Freak Fucker”, donde lo único que se escucha es una voz loopeada que repite insistentemente la frase “este es el fin” en alemán coronado por sampleos de risas histéricas filtradas por diversos efectos para lograr un efecto aún más perturbador. Al mismo tiempo, las estructuras compositivas no resultaban tan contundentes como las de Godflesh, dejando de lado los riffs (aquí la guitarra sólo se dedica a acoplar y generar feedback y ruidos resonantes) y permitiéndose extensos devaneos sonoros plagados de inquietos detalles. De alguna forma, se podría decir que “Ghosts” era algo así como un Godflesh despojado del Metal y del formato de canción y abocado a la experimentación electrónica más psicótica y desesperante.



Unos años después llegaría “Re-Entry” y allí el dúo, aún manteniendo la mala onda, contaría otra historia. Aquí sí predominan los beats y los bajos profundos del Dub y el Hip-Hop pero de ninguna manera piensen que se trata de material accesible o amigable. El sonido sigue siendo opresivo y pesadillesco, los graves retumban y crujen con cada golpe de las baterías programadas, las infinitas texturas dibujan vívidos relatos del más angustiante viaje de ácido jamás concebido. Si en “Ghosts” encontrábamos una importante atención al detalle (siempre en pos de incomodar), aquí directamente estamos en presencia del trabajo de científicos locos con una insaciable sed de sangre. En aquellos años la prensa musical ya comenzaba a ensalzar la supuesta cruza de Rock y Electrónica de bandas como The Prodigy y The Chemical Brothers, con lo cual resulta curiosa la buena acogida que recibió este disco (los grititos procesados de Keith Flint y los ritmos bolicheros de Tom Rowlands y Ed Simons parecen un chiste de mal gusto al lado del poderío dominante y envolvente de “Re-Entry”) en diversos medios. Algunos hasta llegaron a postularlo como el mejor disco electrónico de los 90’s. La carrera de Techno Animal continuaría hasta 2001, año en el que se despedirían con “The Brotherhood of the Bomb”, un disco un tanto más volcado al Hip-Hop (siempre con la impronta ruidosa al frente, claro) que contaba, inclusive, con participaciones de diversos rappers, entre los que cabe destacar a los ya mencionados Dälek.



A su vez, Techno Animal daría lugar a dos sub-proyectos, el minimalista Zonal (con un único disco editado en el año 2000, “The Quatermass Project Vol.1”, sólo recomendable para aquellos que aprecien un approach menos violento y más sutil a los ritmos y las texturas electrónicas) y el más desarrollado (y, ciertamente, recomendable como buen complemento para Techno Animal) The Sidewinder. Este último contó con un solo álbum, “Colonized” de 1996, y allí nuestros dos muchachos profundizaban aún más el costado bailable de Techno Animal sin dejar de lado las texturas ruidosas y los arreglos deformes pero condensados en composiciones más sintéticas y de corta duración. Basándose en un tema de este disco, Martin y Broadrick crearon también White Viper (sí, un sub-proyecto de un sub-proyecto) bajo cuyo nombre sólo llegaron a editar un simple (“Crawler/Into the Light”) en 1999, con resultados artísticos modestos.




-God “Possession” (1992)
(Fernando Suarez)
Hablando de las influencias de Godflesh en algún reportaje hace ya bastantes años, Justin menciona (entre otros artistas) a John Coltrane, Peter Brötzmann y Last Exit. Un hecho curioso, ya que se trata de músicos dedicados, principalmente, al Free-Jazz más abrasivo y violento, una influencia que (si bien se puede intuir, en especial en la forma de tocar la guitarra de Broadrick) no representa cabalmente el sonido del grupo en cuestión. En ese sentido God sirve para (entre otras cosas) comprender mejor dicha conexión. Fundado en 1987 por Kevin Martin (les dije que seguiríamos mencionando a este tipo), God debuta discográficamente en 1990 con el ep “Breach Birth”, pero es en “Possession” (su segundo larga duración, sucesor de “Loco” de 1991) donde alcanzan su máximo esplendor. La música de este proyecto (con una formación siempre cambiante y plagada de invitados) bien podría ser descripta como la versión Free-Jazzera de Godflesh. Las bases (a cargo de dos bateristas, Lou Ciccoteli y el anteriormente mencionado Scott Kiehl) son caóticas y repetitivas al mismo tiempo, jugando con percusiones tribales superpuestas e intrincadas polirítmias siempre puestas al servicio de hacer hervir la sangre. El bajo de Gary Jeff (con alguna ayuda de otro habitué, Dave Cochrane) era el encargado de definir los riffs, con un sonido denso, abrasivo y masivo. Justin ponía su guitarra al servicio del caos y daba rienda suelta a su pasión por improvisar los más estridentes ruidos, dejando de lado los graves riffs de Godflesh en pos de una interpretación libre de restricciones. Tim Hodgkinson aportaba los dementes soplidos de su clarinete y su saxofón, tarea en la que era acompañado por el mismo Martin, trenzándose ambos en corrosivos duelos ideales para derretir neuronas. El buen Kevin también se hacía cargo de los samples (aquí utilizados sólo como ocasionales arreglos, ya que el foco principal estaba puesto en los instrumentos acústicos) y las voces, recitando salmos de pura desesperación con el alma y la garganta en llamas. A todo eso súmenle la participación estelar de Peter Kraut en piano, Steve Blake en saxofón y Didgeridoo, y del mismísimo John Zorn (con quien Justin colaboraría ese mismo año en algunos temas de “Buried Secrets”, el segundo disco de Painkiller, aquel proyecto Grind-Noise-Free-Jazz que Zorn fundara junto a Mick Harris y Bill Laswell) también en saxofón. “Possession” cuenta con ocho temas en más de una hora pero es necesario observarlo como una obra integral, un lisérgico viaje por los abismos más abyectos y sórdidos del espíritu humano, una densa pintura musical diseñada para someternos a un trance violento y revulsivo. El trabajo de los vientos en este álbum es sencillamente apabullante y, en combinación con las taladrantes percusiones y los cáusticos sonidos eléctricos, lograba momentos de una intensidad agobiante, tanto para la mente como para el cuerpo y el alma. No deja de ser sumamente curioso que un disco tan complejo y hostil haya sido editado por una multinacional (Virgin Records), aunque eso no hace más que demostrar que los 90’s fueron una década extraña, en el buen sentido, para el negocio de la música. La carrera de God continuaría con “Anatomy of Addiction” (editado en 1994) y el disco de remixes del mismo año, “The Appeal to Human Greed” y, al momento de su disolución, la formación del grupo ya contaba con más de diez miembros. No hace falta que lo disimule, God es uno de mis proyectos preferidos del universo Broadrickiano y un disco como “Possession” puede competir sin problemas (en términos de energía, creatividad y atmósferas opresivas) con algunos de los momentos más álgidos de la discografía de Godflesh.




-Scorn “Vae Solis” (1992)
(Fernando Suarez)
Ah, las vueltas de la vida. Mick Harris abandona Napalm Death en 1991, disconforme con el camino más cercano al Death Metal (lo cual no deja de ser un tanto contradictorio, ya que fue el mismo Harris el principal promotor de acercarse a dicha vertiente musical) propuesto por la banda en ese momento. Al poco tiempo se reúne con Nicolas Bullen (casualmente, o no, otro ex Napalm Death) y dan vida a Scorn con el propósito manifiesto de crear música extremadamente pesada pero que poco y nada tuviera que ver con el Metal. Así, sumaron notables influencias de los primeros trabajos de Public Image Ltd. (ritmos repetitivos, bajo desafinado y distorsionado, arreglos inquietantes), Swans, algo de Dub, bastantes referencias Industriales (Harris dejó su antiguo puesto de baterista en manos de una máquina de ritmos) y crearon un disco que compite con el inmortal “Streetcleaner” en lo que hace a climas apocalípticos. ¿Y esto qué tiene que ver con Justin, se preguntarán ustedes? Bueno, resulta que los tipos necesitaban un guitarrista para grabar el disco y entonces decidieron convocar al más apropiado para colorear sus polvorientas pinturas musicales. Ni más ni menos que el mismísimo Justin Broadrick. Ya se lo imaginaban, ¿no? Lo curioso es que, si se fijan bien, “Vae solis” aglutina a la mítica formación encargada de registrar el primer lado del legendario “Scum”. Aunque, claro, esto no tenía nada que ver con el Grindcore. De hecho, el material aquí contenido tiene varios puntos de contactos con el sonido de Godflesh, en especial (obviamente) en lo que hace al trabajo de las seis cuerdas. Pero no sólo ahí, los ritmos densos y aplastantes, los samples abrasivos, los bajos crujientes y esas atmósferas entrópicas tan bien descriptas por Manuel en su repaso por “Streetcleaner” se dan cita en estas convulsionadas trece canciones. Tampoco se trata de una copia al pie de la letra (como hiciera Pitch Shifter en sus primeros años), las voces manejan registros más limpios (deformadas por efectos pero transmitiendo sensaciones de vacío y perversión antes que de odio), las bases son más simples y minimalistas (aquí se cuelan ciertos aires lejanos de Kraut-Rock, un género por el que Bullen profesaba un gran fanatismo) y las aproximaciones a temáticas e imaginería sadomasoquista (chequeen el genial “Lick forever dog”) dotaban a las composiciones de un aire de sexualidad enfermiza y pegajosa con el cual Godflesh nunca contó. Luego de este debut, Justin no volvió a colaborar con el grupo, que (gradualmente) fue acercando cada vez más su sonido a una mezcla de Dub y Ambient con claras intenciones narcóticas y minimalistas. En 1995, Bullen abandona Scorn, dejando al inquieto Harris como único miembro, tarea que sigue desempeñando hasta el día de la fecha, entre tantos otros proyectos de un tenor similar.




-Final “One” (1993), “3” (2006) & “Dead Air” (2008)
(Fernando Suarez)
Y en el principio estuvo Final. Sí, antes de Godflesh, antes de Fall Of Because, antes de Head Of David e inclusive de Napalm Death, Justin creó este proyecto en la soledad de su cuarto adolescente. Inicialmente pensado como un grupo Punk con baterías electrónicas, el primer demo de Final fue registrado cuando Justin contaba sólo con trece años. Rápidamente, el proyecto derivó en las claustrofóbicas texturas sonoras propuestas por clásicos Industriales como Whitehouse o Throbbing Gristle. Debido a las variadas ocupaciones musicales de Broadrick, el material concebido para esta encarnación recién vio la luz (al menos en la forma de un lp propiamente dicho. Durante los 80’s se editaron varios cassettes bajo este nombre) a mediados de los 90’s. Allí podemos apreciar a un Justin Broadrick hundiendo las manos en el sonido puro y rehaciéndolo a su gusto, siempre en pos de las atmósferas más siniestras y opresivas. Para ponerlo más claro, aquí no hay ritmos ni riffs ni voces, las guitarras están enterradas en océanos de efectos y se dedican a generar más que nada sonidos amorfos en conjunción con los (todavía en esa época) rudimentarios instrumentos electrónicos.



En 1998 se da otro parate en la vida de Final, que se extendería hasta 2006, cuando Neurot Recordings (el sello de Neurosis. Y sí, todo queda en familia) edita el cd doble “3”, conteniendo composiciones datadas entre 2000 y 2005. Aquí se presentan dos cambios importantes. En primer lugar se abre la puerta a un nuevo colaborador, Diarmuid Dalton, también bajista de Jesu, quien, a partir de ese momento, se convertiría en otro de los compañeros de aventuras habituales de Justin. En segundo lugar, las composiciones expuestas en “3” muestran un costado mucho más melódico y reflexivo de la música de Final. Se mantienen las cascadas sonoras pero ahora sí se pueden detectar frágiles y sentidas melodías saliendo de los instrumentos. Por momentos hasta da la sensación de estar escuchando los esqueletos de canciones de Jesu. A partir de este punto y hasta la actualidad, Final vuelve a ocupar un lugar de importancia dentro del universo musical Broadrickiano, editando discos regularmente (en algunos de ellos también se hallan colaboraciones con el ex Godflesh Ben Green) y hasta generando algunos sub-proyectos de los que hablaremos más adelante.



Dentro del extenso catálogo editado en los últimos tres años (hablamos de cerca de diez discos), es necesario destacar el magnífico “Dead Air”, un álbum donde logran convivir en perfecta (des)armonía las facetas principales de Final, el Ambient más abstracto y psicodélico, los fragmentos melódicos escondidos bajo las texturas electrónicas y el más puro, cáustico y asfixiante ruido. Los nueve temas que componen el disco demuestran una habilidad dinámica y una atención al detalle y al desarrollo casi cancionístico poco habitual en trabajos de esta índole. En fin, si Godflesh es la carne y Jesu el espíritu, Final ocupa, entonces, el lugar de la mente en la anatomía musical de Justin Broadrick.




-Ice “Under the Skin” (1993) & “Bad Blood” (1998)
(Manuel Platino)
No parece tan tirado de los pelos que Justin Broadrick decida tomar los beats arrastrados del Hip-Hop y mezclarlos con los más arrastrados aún beats del Dub. A fin de cuentas, Godflesh ya estaba incursionando en ambos géneros. Quizás lo más chocante sea que Justin decidiera avocarse con Ice de lleno a ambos géneros en lugar de sólo tomar algunos de sus elementos. Pero tampoco es para tanto, si consideramos que los resultados, sobre todo en el primer lanzamiento de dicho proyecto, “Under the Skin”, son tan parecidos a Godflesh que es difícil imaginar el por qué de la existencia del mismo como ente separado de su banda principal. Si como en casi todos los discos de Godflesh, en “Under the Skin” podemos respirar esas atmósferas espesas llenas de monóxido de carbono y escuchar los estruendos de pedazos de hierro rozándose unos con otros, luego del colapso de edificios corroídos por el peso del óxido acumulado de años. Está bien, estamos estirando un poco los conceptos. El formato canción que caracterizara a las composiciones de Godflesh, en Ice casi no existe y la presencia de Kevin Martin (miembro de God y co-equiper de Justin en Techno Animal) tiene que marcar alguna diferencia. Y, en efecto, eso es lo que ocurre.



Ambos discos de Ice, el mencionado “Under the Skin” y su sucesor “Bad Blood”, tienen la característica distintiva del Dub, esa que nos hace sumergir en profundos trances psicodélicos (¿escribí psicodélicos?, perdón, quise decir psicóticos, esquizofrénicos, dementes, enfermos, etc.), pero hecha a lo Godflesh, o sea, reemplacen los colores brillantes y saturados por tonos de gris, marrón y negro de humo. Podríamos mencionar a “Bad Blood” como el mejor logrado de los dos discos, no sólo el que mejor consigue esa mezcla Industrial–Hip-Hop, si no el que cuenta con las texturas más complejas, el uso de instrumentos no convencionales e invitados del calibre de Blixa Bargeld (si de edificios derrumbándose hablamos) y DJ Vadim, quien seguramente haya sido una de las influencias del proyecto en un principio.
Me queda en el tintero un punto y ese es la influencia de dicho proyecto, lo cual ha sido motivo de arduos debates con mi amigo Fernando. ¿Cómo se hace para tomar un género tan vapuleado y prostituido como el Hip-Hop y transformarlo en algo que realmente pueda llegar a perturbar, a generar algo que no sea risa? Es un tema para la discusión. Para mí Justin ha sido un visionario en este aspecto, y la notoriedad que reciben hoy en día bandas como Dälek, DJ Spooky, We, Spectre o Slotek (casi todos estos contemporáneos a la formación de Ice) no creo que sea casualidad. Está bien, Skinny Puppy y Scorn también aportaron al proceso y con bastante sustancia. Pero digamos que está todo en familia ¿no?




-Godflesh “Selfless” (1994)
(Fernando Suarez)
1994. La explosión comercial de Nirvana y el así llamado Rock Alternativo había acercado a las masas algunos de los sonidos más subversivos del underground Punk americano, al mismo tiempo que el éxito de bandas como Pantera o Sepultura proponía un nuevo estándar de extremismo musical aceptado por el mainstream. En ese contexto, el sello Earache (pionero en la difusión del Metal extremo y hogar, no sólo de Godflesh, si no también de Napalm Death, Entombed, Carcass y demás luminarias de dicho espectro musical) concibió la arriesgada movida de fusionarse con la multinacional (tendrían que haber hecho caso a la intro de “Scum”) Columbia para la edición de lo que ellos consideraban la parte más accesible de su catálogo. Dicha fusión no funcionó en términos comerciales de la forma esperada, pero aún así nos legó obras maestras como “Fear, Emptiness, Despair”, “Wolverine Blues”, “Heartwork” (de los mencionados Napalm Death, Entombed y Carcass, respectivamente), “Creep Diets” de los geniales Fudge Tunnel, “The Ethereal Mirror” de Cathedral y esta agridulce genialidad concebida por Justin Broadrick y Ben Green. Muchos lo definen como el disco accesible o rockero de Godflesh, debido al énfasis puesto en las melodías vocales y los riffs de guitarra, antes que en los ritmos mecanizados y las atmósferas corrosivas de “Streetcleaner” o “Pure”, pero lo cierto es que “Selfless” probablemente sea el disco más descorazonador y emocionalmente destructivo de su carrera. El ritmo trabado, los riffs disonantes y la alternancia entre agónicos alaridos y prístinas melodías de “Xnoybis” ya nos advertía que la cosa venía más pulida. Pero tampoco para tanto, el bajo seguía sonando como cables de alta tensión golpeados por dedos de concreto, las bases mantenían su habitual dureza mecánica y Justino no abandonaba sus gruñidos ni la aspereza opresiva de su guitarra. El groove aplastante y los machaques secos de “Bigot” demostraban que el dúo todavía era capaz de sumergirnos en el más espeso de los viajes lisérgicos, mientras que la cegadora belleza de “Black Boned Angel” probaba que una buena melodía es capaz de evocar sensaciones tan extremas (o más) como las generadas a fuerza de decibeles y ruido. “Anything is mine” retomaba algo de la virulencia de antaño con su paso casi marcial y “Empyreal” (con su ritmo aletargado y sus voces inanimadas) adelantaba la impronta melancólica de Jesu. Inmediatamente después llegaba lo que sería algo así como el hit del disco y el único tema de Godflesh cuyo video (realizado por el fotógrafo Andres Serrano, conocido también por su controvertida foto “Pisschrist” y, luego, por realizar el arte de tapa del polémico “Load” de Metallica) recibió algo de cobertura, a pesar de su chocante contenido, por Mtv. “Crush My Soul”, el tema en cuestión es, sencillamente, una patada en la encía. Ritmos contracturados, riffs retorcidos, samples perturbadores y un Justino aullando al tope de sus pulmones para relatar una de sus más intensas odas al autodesprecio. Las aguas se calmaban (relativamente) con la hipnótica psicodelia (bien vale aclarar que la psicodelia de esta gente no tiene nada que ver con flores y arco iris, si no con desgarradores viajes introspectivos) de “Body Dome Light” y retomaban la turbulencia con la amenazante densidad de “Toll” y “Heartless”, esta última canción fundiendo elementos viejos (riffs que alternan entre la más grave densidad y las más estridentes disonancias, una base densa y opresiva) y nuevos (voces melódicas, estructura de canción tradicional) con resultados que hielan la sangre. Como su nombre lo indica, “Mantra” proponía un trance espiritual teñido de negro, con la voz de Justin flotando sobre ritmos entrecortados, riffs mareantes y el constante gruñir del bajo. Como b