15 de noviembre de 2010

Reviews

Por Fernando Suarez.


-Atheist “Jupiter” (2010)
No creo exagerar si digo que este “Jupiter” era el disco más esperado dentro del Metal extremo en general de los últimos años. Y no es para menos si tenemos en cuenta que se trata del regreso, luego de diecisiete años de silencio discográfico (sin contar reediciones, discos en vivo y esas cosas), de la banda que, con sólo tres discos, prácticamente definió la idea de Death técnico para varias generaciones. A esto, súmenle el hecho de que “Jupiter” cierra el triángulo que empezaron a conformar las vueltas de Cynic y Pestilence, y las expectativas seguramente estén descontroladas y por el techo, al igual que el temor a que el cuarteto no esté a la altura de las circunstancias. Bien, si Cynic decidió desligarse del extremismo en pos de un sonido netamente Progresivo y Pestilence se recubrió de una capa extra de agresión, Atheist prefirió mantenerse cerca de su propio legado, entregando un trabajo que bien podría haber sido el puente entre la inabarcable complejidad de “Unquestionable presence” y los intentos de composición más tradicional de “Elements”, pero con una calidad sonora que ninguno de ellos tuvo en su momento. En ese sentido no hay reproches porque, si bien queda claro que Kelly Shaefer y los suyos no están explorando nuevos terrenos, también es innegable que en lo suyo son insuperables y que, de todas formas, cuentan con un vasto arsenal de ideas como para seguir componiendo material relevante y excitante. Las canciones manejan arquitecturas intrincadísimas, plagadas de idas y venidas, vueltas enroscadas y un sinfín de detalles que estimulan la imaginación hasta límites insospechados pero, al mismo tiempo, retienen un cierto sentido del gancho y la melodía que las separa del mero pastiche de riffs y golpes sin sentido. Y, si hablamos de interpretaciones destacadas, no queda otra más que remarcar el increíble trabajo de las guitarras (cada riff, cada arreglo, cada contrapunto, cada solo es un manjar para todos los nerds musicales del mundo) y el apabullante despliegue de técnica, potencia, inventiva y swing de Steve Flynn tras los parches que hacen que no nos preocupemos demasiado por el hecho de que el bajo haya perdido el rol prominente que ocupaba antaño. En fin, con discos de estas características es más que lógico que haya opiniones diversas y encontradas. En lo personal, creo que “Jupiter” es un trabajo sumamente sólido y capaz de competir sin problemas con los discos clásicos de Atheist, aún teniendo en cuenta que el impacto inicial de aquellas obras es irrepetible. Pero, como siempre, lo mejor sería que lo comprueben por su propia cuenta antes que hacerme caso a mí.


-Crime In Stereo “I was trying to describe you to someone” (2010)
Es raro analizar un disco nuevo (bueno, fue editado en febrero pero entienden a lo que me refiero, ¿no?) de un grupo que ya no existe como tal. Más si se trata de una banda como Crime In Stereo, siempre ávida de explorar nuevos caminos y variantes, siempre cambiante de disco a disco. Como testamento, “I was trying to describe you to someone” es una clara muestra de la evolución del quinteto desde el Hardcore melódico y acelerado de sus inicios hasta esa suerte de Post-Hardcore rockero, melódico, contundente y elaborado expuesto en el previo “Crime In Stereo is dead”. Ese trayecto se profundiza aún más en esta placa final, con composiciones que muestran un vasto rango dinámico y melódico, yendo de calmos pasajes introspectivos a desgarradas explosiones de emotividad distorsionada, con una cuidadísima labor en las guitarras (siempre potentes pero, al mismo tiempo, provistas de una imaginación sin límites), una base rítmica sólida y versátil, y un despliegue melódico que encuentra un equilibrio casi perfecto entre delicada sensibilidad, emoción cruda y urgente, y grandilocuencia épica. En efecto, en más de un momento la elegante interacción de las guitarras, los arpegios y punteos y las dramáticas subidas de intensidad tienen un cierto sabor a Post-Rock, aunque siempre filtrado por la energía claramente Hardcore/Punk del grupo. Pero si algo que queda definitivamente claro aquí, es que Crime In Stereo es una banda con marcada personalidad propia, capaz de moverse entre géneros e influencias dispares pero manteniendo a rajatabla un afilado sentido de coherencia y homogeneidad. En ocasiones el tono heroico de ciertos estribillos y la furibunda desfachatez de algunos riffs puede remitir a una suerte de Refused (del último Refused, bien vale aclarar) endulzado, en otras oportunidades se cuela un claro aire Grunge de absoluto despojo y rabia desgañitada, y hasta hay melodías por las cuales cualquier grupito Emo/Pop pedorro daría un brazo y otras que se sentirían más a gusto en un ambiente de adusta melancolía rural. Insisto, dicha enumeración (y estoy dejando afuera aristas más sutiles, como el ocasional empleo de samples) puede sonar a pastiche infame pero la magia de estos neoyorquinos consiste (más bien consistía) en adaptar todas esas variantes a su propia identidad musical, con una intensidad que no permite dejar cabos sueltos. Es una pena que ya no estén entre nosotros pero con semejante despedida no hay de qué quejarse.


-Deathspell Omega “Paracletus” (2010)
Luego de un disco dedicado a dios (“Si Monumentum Requires, Circumspice”, 2004), uno al diablo (“Fas - Ite, Maledicti, in Ignem Aeternum”, 2007) y varios ep’s en el medio, aquí llega finalmente la última parte de la trilogía propuesta por estos enigmáticos franceses desde que decidieron plantarse como una de las propuestas más originales e imaginativas ya no sólo del Black sino del Metal extremo en su totalidad. “Paracletus” es, entonces, el trabajo que se centra en el hombre y, como tal, no es de extrañar que sea el que presenta el sonido más crudo y directo de los tres. Lo cual no significa, de ninguna manera, que Deathspell Omega haya retrocedido a la impronta primitiva de sus primeras entregas, sino que aquí las composiciones están centradas principalmente en la básica formación rockera de guitarra, bajo, batería y voz, sin aquellos aditamentos (coros gregorianos, samples, pasajes ambientales) que asomaran en las dos primeras partes de la trilogía. Dejando de lado ese pequeño detalle, no hay nada aquí que nos haga temer por la salud creativa del grupo. Desde el primer momento la música nos envuelve en un viaje tan sórdido como onírico, sobrecargando los sentidos de estímulos que lastiman al tiempo que se hacen adictivos, dibujando visiones de oscuridad surrealista con una intensidad que genera cortocircuitos en la mente. Las desbocadas riendas son manejadas por las guitarras, desplegando un universo propio de riffs laberínticos, arreglos disonantes, envolventes texturas, melodías sobrecogedoras y terroríficos arpegios que, en cuanto a complejidad y elaboración, bien podrían arrimarse a géneros como el Mathcore, el Death técnico e inclusive el Rock Progresivo, aunque nunca pierden el sabor ominoso, grotesco y majestuoso que corresponde a sus raíces Blackmetaleras. Por supuesto, también ayuda que tanto la base rítmica como la parte vocal sepan acompañar tal nivel de inventiva con potencia y un saludable sentido de la versatilidad que ayuda a mantener un desarrollo siempre fluido a lo largo de la placa. Desde ya, esto es material difícil, cada tema está ligado al siguiente casi como si se tratara de movimientos de una gran sinfonía de enfermedad, las composiciones manejan arquitecturas de una densidad agobiante y predomina una sensación palpable de nihilismo psicótico, enfermizo, desesperado y violento, una que, antes que evocar fantasías épicas o pseudo-satánicas, nos confronta con las más desagradables elucubraciones espirituales que esconde el alma humana. Deathspell Omega no ha venido al mundo para complacer ni para alegrarle el día a nadie, ha venido para plantar negras larvas de duda en nuestras mentes y espíritus, para exponer ante nuestros temerosos ojos la inabarcable belleza de lo horrible.


-Electric Wizard “Black masses” (2010)
Bueno, acá no hay mucho para analizar, es un disco Nuevo de Electric Wizard y eso ya debería bastar para que cualquier dumbeta de ley derrame hectolitros de baba mientras el resto asiste indiferente al espectáculo. A esta altura Jus Oborn y sus muchachos (bueno, y una muchacha, la ex 13 y Sourvein, Liz Buckingham) no tienen nada que demostrarle a nadie y cada tanto editan un álbum como para confirmar por qué son una banda indispensable al hablar de Doom en general. No esperen sorpresas ni vuelcos inesperados, “Black masses” es puro Electric Wizard, con sus riffs gordos y arrastrados, sus ritmos monolíticos y aletargados, la voz eternamente agónica y alucinada de Oborn (la similitud con un tal Ozzy no se reduce sólo a un par de letras de diferencia en el apellido), los climas de espesa psicodelia demoníaca, los punteos malignos, los ocasionales flirteos Melvinescos con el feedback y el Noise, y toda esa caricaturesca oscuridad heredada del primer Black Sabbath que prácticamente define la idea básica de Doom. Los temas son extensos (de los seis a los diez minutos de duración) pero en vez de aburridos resultan más bien hipnóticos y envolventes, lo cual no es punto menor. Hilando fino, tal vez se perciba en esta séptima placa de los británicos un incremento de su costado psicodélico/alucinógeno, una constante sensación de mareo que, por momentos, los acerca a lo hecho por los italianos Ufomammut. Sólo que aquí las visiones no se elevan hasta el espacio sideral sino que dibujan rituales de diabólico erotismo ocultos bajo espesas nubes de humo. Sí, hay algo sensual en este groove en cámara lenta, una sensación orgiástica e intoxicante que invade los sentidos y estimula la libido a través de gruesas capas de distorsión. Lo cual, a mi entender, es mucho más interesante que la pose forzada de malvados o satánicos de postal. En fin, no quisiera sonar demasiado prosaico pero “Black masses” cae perfectamente en la bolsa de “discos ideales para garchar”. Y eso sólo ya debería ser motivo suficiente para que le den una oportunidad.


-Everything Went Black “Altars & arsonists” (2010)
Si un grupo toma su nombre del título de un disco de Black Flag (aún cuando sea un compilado de material viejo), es de esperar que, al menos, retenga algo de esa legendaria y furibunda intensidad que caracterizó a los liderados por Greg Ginn. Bien, en ese punto, estos jóvenes oriundos de Missouri pasan el test con sólo cuatro temas en poco más de diez minutos, entregados con una fiereza envidiable y contagiosa. Pero lo interesante, al margen de esto, es que también aprendieron la sabia lección de que el Hardcore puede ser mucho más que un tupá-tupá, tres acordes y un par de poses ensayadas, y que el Metal (despojado de sus vicios más pomposos e infantiloides) puede ser un buen aliado en dicha campaña. Este segundo ep de Everything Went Black (el anterior, “Pathogens” puede descargarse gratuitamente en la página del grupo, www.everythingwentblackstl.blogspot.com) abre el fuego con “Digital wilderness” y, entre riffs monolíticos, aceleradas casi Thrashers, cambios de ritmo, ocasionales disonancias y contrapuntos, atmósferas ominosas y un despliegue vocal que hace hervir la sangre, deja en claro que estamos en presencia de material personal y con una energía avasallante. Le sigue “The mountain of man”, donde hace su aparición el costado Crust del grupo, con un sonido gordo y carnoso que puede remitir al primer Coliseum (de hecho, Ryan Patterson, líder de dicho grupo, es el encargado del arte de tapa), y con más frenadas, rebajes y guitarras cargadas de maldad. “The coming of age” expone variantes rítmicas más sueltas y Punkys, al tiempo que las guitarras se animan con melodías de tinte emotivo pero reteniendo la oscuridad, casi como si Neurosis versionara algún tema del “Damaged” de Black Flag e invitara a los muchachos de Unbroken a participar en la faena. Y les aseguro que el tema está a la altura de la descripción. La placa cierra con “Oleander”, donde las guitarras ensayan un entramado de punteos y riffs casi épicos, entre ritmos sincopados pero cadenciosos y más de esos gritos que transmiten rabia y frustración con una potencia superlativa. En fin, por ahora es lo que hay y deja con ganas de más, lo cual es bueno. Esperemos que el larga duración debut (anunciado tentativamente para fines de este año) logre mantener, y acrecentar, este nivel.


-Gin Blossoms “No chocolate cake” (2010)
No hace falta ser muy observador para notar que los noventas están de vuelta entre nosotros. Y esto abarca todos los espectros, desde el undeground más recalcitrante (donde los revivals de géneros como el Noise-Rock y el Death Metal de la vieja escuela se han vuelto moneda corriente) hasta el mainstream más lustroso (con los regresos de nombres exitosos como Soundgarden, Rage Against The Machine o Alice In Chains, entre otros). Gin Blossoms está en un lugar extraño y, de cierta forma, su derrotero puede ser comparado con el de Soul Asylum, en el sentido de que ambas bandas tenían claras raíces en la escena Punk independiente americana de mediados de los ochentas pero, debido al suceso comercial y los hits de Mtv, quedaron catalogados (por puro prejuicio) como material de descarte(o One Hit Wonders) junto a las olvidables propuestas de gente como Spin Doctors o Hootie And The Blowfish. También como Soul Asylum, estos oriundos de Arizona fueron trocando, con el paso de los años, sus claras influencias de The Replacements por una suerte de Pop/Rock emotivo, guitarrero y con cierto tinte Folk. Y bien vale aclarar que, si bien se disolvieron en 1997, su regreso se dio en 2002, bastante antes de que todo este rescate noventoso comenzara a ocurrir. Pero, en última instancia, nada de eso es importante ante una colección de canciones tan redondas como las que presenta este “No chocolate cake”. Aquí no hay excesos, poses forzadas ni histrionismos innecesarios. No hay necesidad de experimentos sonoros ni rebuscados golpes de efecto. Tres o cuatro acordes bien colocados, una base rítmica ubicada y con un sentido del swing extremadamente contagioso, arreglos elegantes y sentidos, y unas melodías vocales capaces de ablandar hasta al corazón más endurecido. Y si eso les parece demasiado simple o falto de peso, intenten ustedes componer canciones tan memorables, emotivas y personales sin caer en sosos lugares comunes. Esta gente ya tiene unos cuantos años encima y han alcanzado un manejo sublime de la artesanía cancionística, logrando transmitir profundas emociones sin artificios, sin más argumento que la belleza dolorosa de sus melodías. Y sí, en todo momento se hace presente ese espíritu melancólico característico de la década de las camisas a cuadros pero, en definitiva, se trata de una tradición de Rock americano que va desde Big Star y Tom Petty hasta R.E.M. y Bob Mould y que trasciende las eras y los rótulos rockeros. Buenas canciones, sin ellas todo lo demás es superfluo.


-Ladder Devils “Forget english” (2010)
A pesar de su corta existencia (2002-2007), The Minor Times se las arregló a fuerza de intensidad y buenas ideas para dejar su marca personal en el campo del Mathcore post-Botch, por así llamarlo. Sus tres entregas discográficas (un ep y dos larga duración) exhiben, aún hoy en día, un nivel de inventiva comparable al de los mencionados creadores de “We are the romans”, lo cual no es poco. De las cenizas de The Minor Times surge Ladder Devils y aquí presentan este ep debut de cinco temas que puede ser descargado de forma gratuita en la página web del grupo, www.ladderdevils.com. El groove trabado y los riffs disonantes de “Get ok” nos dan la bienvenida y, a medida que el tema avanza entre voces declamativas de aire Post-Hardcore, se van sumando diversos arreglos de guitarra (algunos melódicos, otros más ruidosos) que dejan en claro que, si bien esta es otra banda, la imaginación y la energía permanecen intactas. Los riffs serpenteantes y entrecortados de “Divorce drugs” (el tema siguiente) y sus punteos casi espaciales no hacen más que confirmar esa primera impresión. Habría que decir, entonces, que Ladder Devils queda parado más cerca del Post-Hardcore y el Noise-Rock que del Mathcore. O sea, menos frenetismo e histeria, más aire en las composiciones pero la misma impronta de muchachos nerds haciendo música enojada. Las voces son obviamente menos extremas pero retienen la crudeza y la intensidad necesarias, las guitarras no necesitan apilar tantas notas para lograr su objetivo pero aún así no se privan de lanzar disonancias varias y, al mismo tiempo, se despachan con texturas y arreglos que brillan por su imaginación, la base rítmica baja las revoluciones a efectos de lograr una contundencia que se siente en los huesos y provoca cadenciosos espasmos. Buscando una referencia fácil, podríamos decir que se trata de algo así como un Shellac (en especial la parte rítmica) enfurecido filtrado a través de guitarras paradas en algún lugar entre Fugazi y Cave In. Yo no sé a ustedes pero a mí semejantes referencias me provocan una erección inmediata y unas ansias irrefrenables por escuchar un álbum entero de esta gente. Por ahora, “Forget english” es un entremés sumamente delicioso.


-Master “The human machine” (2010)
Bueno, esto no debería ser muy difícil de explicar, al fin de cuentas se trata de un disco nuevo de una banda que tendría que ser legendaria para cualquier metalero que se precie de tal. Digamos que si aprecian el Thrash en su estado más violento y corrosivo (Slayer, Possessed, Celtic Frost, Sodom, el primer Kreator) y el Death Metal en sus variantes más primarias y mugrientas (Autopsy, Obituary, el primer Death, y me refiero a la banda) y nunca escucharon a Master, entonces tienen un hueco importante en su educación metálica. Precisamente, la propuesta del trío siempre se movió entre esos dos carriles (a veces volcándose más hacia el costado Thrasher, es cierto), manteniendo los machaques más cavernícolas y los solos más desquiciados del Thrash pero sumando la podredumbre y la velocidad del Death a unas canciones para las cuales la palabra brutalidad es algo más que un mero rótulo vacío de sustancia. Y todo lo hicieron bastante antes de que las aguas entre ambos géneros quedaran bien divididas. Claro, gran parte de su personalidad reside en la particular voz del veterano Paul Speckmann (eterno líder del grupo desde principios de los ochentas), un gruñido crudo y pedregoso pero aún así articulado. Más allá de todo eso, lo que resulta sorprendente es que, luego de tantos años, los tipos mantengan la energía y la vitalidad intactas. Musicalmente no se salen del libreto pero lo que les pueda faltar en ansías de exploración lo suplen con una contundencia y una rabia que hacen detonar los sentidos. Los riffs logran ser simples y gancheros sin caer en la tosquedad, sostenidos sobre una base rítmica que tal vez no sepa mucho de variantes pero sí sabe cómo aplastar cabezas con cada golpe, y coronados por los infatigables alaridos de Speckmann. Lo que se evidencia es que aquí hay una clara conciencia de cómo hacer buenas canciones de Metal sin necesidad de caer en poses exageradas ni en estériles demostraciones de virtuosismo. En fin, esto no es material para paladares delicados ni para oídos aventureros, esto es para aquellos que aprecien el viejo y querido “palo y a la bolsa”. Para alzar los cuernitos sin vergüenza.


-Smoke Or Fire “The speakeasy” (2010)
Smoke Or Fire debería aparecer en los diccionarios como ejemplo de la palabra superación. Desde esa especie de Emo-Hardcore-Melódico (como si mezclaran NOFX y los primeros Get Up Kids) crudo y desprolijo de sus inicios (cuando se hacían llamar Jericho RVA, nombre que terminaron desechando en 2003) a este Punk potente, emotivo, maduro, perfectamente interpretado y de tintes Folkys que vienen perfeccionando desde “Above the city” (2005) mucha agua parece haber corrido bajo el puente. Desde ya, no perdieron ni un ápice de ese empuje visceral y refrescante que los caracteriza, es sólo que ahora logran expresarlo en canciones mucho más redondas, sólidas y memorables. Sostenidos por una base rítmica de excepción, conformada por Justin “Gwomper” Burdick en bajo (ex miembro de los geniales Avail) y Ryan Parrish en batería (de los no tan geniales Darkest Hour), el cuarteto desgrana trece himnos capaces de exaltar hasta al corazón más abatido, plagados de riffs y arreglos gancheros (a veces con cierto regusto al Post-Hardcore más melodioso), melodías siempre agridulces y de una sensibilidad tan visceral como entrañable, una saludable versatilidad rítmica (desde tempos Hardcorosos hasta remansos acústicos bien campechanos, y en el medio bastantes cortes y cambios más bien inesperados pero siempre ubicados según lo que la canción requiere) y un instinto compositivo afiladísimo. Podría decirse que la voz de Joe McMahon (también guitarrista) ha logrado un buen equilibrio entre entrega desbocada y elegancia melódica pero es en temas más reposados (como la preciosa “Honey, I was right about The war”) que demuestra todo su potencial con un tono rural que toca fibras sensibles en el alma. No es ninguna revolución, desde ya, y es necesario cierto gusto tanto por el Punk como por las lindas melodías para poder apreciar este cuarto disco en toda su magnitud pero si las buenas canciones significan algo para ustedes, entonces deberían, al menos, darle una oportunidad.


-Squarepusher “Shobaleader One: d'Demonstrator” (2010)
En su incesante camino de exploración musical, Tom Jenkinson (el hombre detrás del nombre Squarepusher) ha decidido dar un nuevo vuelco en su carrera, formando un misterioso cuarteto (salvo el mismo Jenkinson, el resto de las identidades permanece en el anonimato, escondidos debajo de capuchas) al que denominó Shobaleader One y con el cual planea abocarse a una suerte de Pop/Rock Electrónico, predominantemente melódico y con claros tintes de Funk y R&B. De entrada, es probable que los seguidores del costado más experimental, abrasivo y frenético del británico se sientan un tanto desilusionados. Lo que aquí tenemos son nueve canciones (diez en la edición japonesa) de tono agradable, montadas sobre bases sintéticas de suaves cadencias bailables, adornadas por teclados y arreglos varios con una elegancia melódica que roza lo grasa (perdón pero es el término que mejor se aplica en este caso) y coronado por voces absolutamente sintetizadas. Si piensan en una suerte de versión más musical de Daft Punk no estarán tan alejados. Claro, más allá de la simpleza de las composiciones, Squarepusher mantiene algunos de sus trucos habituales. La vasta gama de arreglos y texturas (desde teclados vintage, a sonidos distorsionados, guitarras acústicas y ruidines varios) conserva la complejidad de siempre, sólo que esta vez de una forma más sutil y no como un ataque a los sentidos. De hecho, ciertos pasajes me remiten a algunos de los primeros trabajos solistas del gran Robert Wyatt pero con menos demencia psicodélica. Por otro lado, también hay lugar para que Jenkinson haga sus habituales despliegues de virtuosismo con el bajo, enroscándose los dedos en frenéticas carreras Jazzeras/Progresivas o haciendo gala de una depurada técnica de slapping que calza a la perfección con el groove reposado que domina la mayor parte de la placa. En fin, se trata claramente del material más accesible que Squarepusher jamás haya editado, lo cual puede dejar un cierto sabor a poco, especialmente en comparación con sus intrincadas entregas previas. Aún así, su alto grado de musicalidad y su clima distendido y espontáneo hacen de este “Shobaleader One: d'Demonstrator” una experiencia al menos interesante.


-The Human Quena Orchestra “A natural history of failure” (2010)
Detrás de ese nombre simpático y más bien ridículo se esconde algo bastante jodido. Un mundo (anti) musical construido con esqueletos de edificios derruidos, un organismo sónico traído a la vida entre chispazos eléctricos y cortocircuitos, una envolvente pintura del fin del mundo trazada sobre océanos de estática y delineada con pinceles hechos de puro ruido. Ryan Unks (cabecilla del grupo y ex miembro de los Anarco/Mathcore/Noise Creation Is Crucifixion) se hace acompañar en este tercer disco por varios ignotos invitados y aún así el resultado es mucho más minimalista y tenso que el de sus anteriores entregas. Donde antes todavía había rastros de los martillazos rítmicos de Godflesh, ahora sólo quedan lejanos pulsos y tenues percusiones que resuenan esporádicamente en un desierto post-apocalíptico. Donde antes podía intuirse algún que otro riff y estructuras un tanto más definidas, ahora se desatan cascadas de feedback, zumbidos ominosos y graves gruñidos provenientes de un bajo al que le bastan una o dos notas para lograr su objetivo. Queda claro, entonces, que el asunto se ha movido cada vez más a terrenos de abstracción Ambient/Noise/Drone/Industrial, con lo cual la banda gana en atmósferas desoladoras y opresivas, en visiones cubiertas de hollín y cables pelados. Por otro lado, sigue habiendo lugar para esos ocasionales chillidos casi Blackmetaleros que no hacen más que acrecentar el angustiante clima de desesperación que recorre toda la placa. También es de destacar que la duración concisa de los temas y el vasto arsenal de ruidos y texturas empleados en su construcción hacen que el resultado final, más allá de las obvias influencias de gente como Throbbing Gristle, Merzbow, Khanate o Earth, tenga un gusto sumamente personal. Ideal para imaginar el colapso final de la humanidad en un oxidado blanco y negro.


-The Young Gods “Everybody knows” (2010)
No todo el mundo lo sabe pero deberían: The Young Gods (sí, su nombre está tomado de aquel viejo ep de Swans) es una de las mejores bandas en la historia del Rock. Veinticinco años de carrera ininterrumpida y una discografía impecable e inclasificable así lo certifican. Por supuesto, no es extraño encontrarlos asociados a la Música Industrial (tanto Trent Reznor como David Bowie, en la época de “Outside”, los reconocen como influencia, al igual que gente como Mike Patton, Devin Townsend, Dälek e inclusive The Edge de U2), ya que fueron pioneros en la utilización de samples y ruidos varios en un contexto rockero, casi metálico, a mediados de los ochentas. Pero sus incursiones en diversos terrenos musicales (Música Clásica, Punk, Folk, versiones de Kurt Weill, Hip-Hop, Psicodelia, Rock tradicional, Ambient y hasta canciones acústicas), la marcadísima personalidad de su voz líder (Franz Treichler, único miembro estable en la historia del grupo), el uso poco ortodoxo de instrumentos electrónicos y la impronta siempre profunda e investigadora de sus composiciones ponen a estos suizos en una categoría propia. “Everybody knows” es su octavo álbum (sin contar compilados, remixes y etcéteras) y encuentra a estos veteranos en excelente forma, sumando por primera vez un guitarrista fijo (Vincent Hänni, quien hubiera colaborado anteriormente con la banda) a la formación y, como siempre, explorando nuevos terrenos compositivos y sonoros. Tenemos una vasta gama de cuidadísimas elucubraciones musicales (desde espesos y amenazantes pasajes ambientales y cadenciosas caravanas noctámbulas de Rock Psicodélico a sinuosas melodías casi folklóricas montadas sobre breakbeats, siseos electrónicos y rasgueos acústicos, pasando por nerviosos ataques de epilepsia rítmica, entre tantas otras) puestas al servicio de nueve canciones (más una intro) pletóricas de reflexiva emotividad, intrincada elaboración, sabio manejo de la dinámica y una atención al detalle que le confiere al disco una profundidad tridimensional. Más allá de algún que otro ritmo bailable y alguna que otra levantada de energía, se trata de un trabajo para apreciar con los ojos cerrados, dejándose envolver por las vívidas imágenes y áridas emociones que éste dispara, saboreando cada sutil recoveco de estas arquitecturas con los sentidos en éxtasis. Por supuesto, debido a su complejidad y a la atención que requiere del oyente, este material puede ser catalogado como pretencioso, aunque el despojo casi minimalista de un tema como “Introducing” (guitarras acústicas, melodías hermosas, la voz grave y reposada de Treichler, percusiones casi tribales y arreglos seleccionados de forma casi quirúrgica) contradeciría dicha afirmación. En cualquier caso, si algo queda claro es que aquí no hay lugar para miradas superficiales ni gestos complacientes. Sencillamente, uno de los discos del año.

1 invocaciones del cosmos:

lo de electric wizard es increible, me costo enganchar en su musica llena de acido, sigo siendo fans de dopethrone y let us prey, pero este disco me gusto mucho, mas que witchcult today, y de master no tenia idea que habian sacado algo nuevo, lo buscare por ahi, suerte