5 de noviembre de 2010

Jello Biafra & The Guantanamo School Of Medicine en vivo en El Teatro de Colegiales (04/11/2010)


Por Fernando Suarez.



No puede ser, acá debe haber algún error. Me dijeron que este señor tiene cincuenta y dos años y no es posible que alguien de esa edad sea capaz de semejante despliegue escénico, que no deje de moverse y gesticular ni por un segundo y que inclusive tenga ánimo como para surfear entre la gente. Tampoco puede ser posible que sea el mismo que liderara a los legendarios Dead Kennedys allá por los ochentas, tiene que ser un impostor. ¿Cómo es posible, si no, que mantenga intacta su energía, su lucidez, su filo e inclusive su voz? Porque, claro, más allá de sus certeros dardos políticos, de su constante efervescencia física y de las desopilantes interpretaciones que hizo de cada uno de los personajes que pueblan sus letras (con mención especial para el atribulado telemarketer, el fisicoculturista gobernador de California y la patética víctima de la paranoia televisiva), el tipo cantó sin perder una sola nota, con ese inconfundible tono esquizofrénico de siempre y con una intensidad que no se condice con sus años. No hay muchos Punks con semejante historial que puedan mantenerse en tal forma. Pero ese debe ser otro error. Alguna vez alguien me había dicho que el Punk-Rock y el Hardcore eran estilo musicales simples, básicos, faltos de profundidad musical y que cualquier inepto podría interpretar sin problemas. Entonces lo que hizo esta banda no es ni Punk-Rock ni Hardcore, porque la solidez musical demostrada, el vuelo demente de las composiciones, los deliciosos flirteos con géneros como el Jazz, el Surf-Rock o el Funk, el pulso frenético de la base rítmica (conformada por les hermanos Jon y Andrew Weiss, este último alguna vez miembro de Gone, junto al ex Black Flag Greg Ginn, y de la Rollins Band, junto a ya se imaginan quién), el equilibrio entre salvajismo rockero y arreglos deformes de las guitarras (comandadas con una soltura envidiable por Ralph Spight, de los geniales Victim’s Family, y Kimmo Ball, de los no menos geniales Mol Triffid) y la precisión para encarar canciones que van más allá de los tres acordes de siempre, ciertamente requiere de músicos talentosos para alcanzar ese efecto de patada en la mandíbula que se logró a lo largo de todo el show. Y cuando esa misma banda se puso el traje de Dead Kennedys para interpretar himnos inmortales como “California Über Alles” (ustedes dirán que soy un marica pero no pude contener un lagrimón cuando sonó este tema), “Let’s Lynch the Landlord”, “Police Truck”, “Too Drunk to Fuck”, la PRECIOSA “Moon Over Marin” (y aquí volvieron a asomar lágrimas. Sí, soy un viejo choto y sensiblero, no me jodan) o la monolítica y al mismo tiempo divertida “Holiday in Cambodia”, bueno, piel de gallina es poco para describir lo que se sintió en esos momentos, y estoy seguro de que es una impresión que comparten todos los que presenciaron esos hitos. De hecho, en este momento revivo las imágenes y las sensaciones en mi cabeza y todavía no puedo creer que haya visto en vivo y en directo al que, desde hace más de treinta años, es el activista y comentarista político más lúcido e incisivo que haya dado la historia del Rock, a uno de los pilares del Hardcore-Punk americano (que, no obstante, nunca tuvo empacho en señalar los errores y las falsedades de la propia escena), a uno de los cantantes y frontmans más originales y sublimes que jamás hayan pisado la faz de la tierra y, sencillamente, a un tipo que superó su rol de músico y se convirtió en un maestro con todas las letras.

5 invocaciones del cosmos:

El que no fué no entendió mucho, muchisimo de la vida. Y si, hermosa review. Aguante la gente que entiende la esencia de todo esto. Jello Biafra, amigo del pueblo.

me lo perdi, creo que toco aqui en chile y el muy imbecil no lo supe....

que impotencia....