12 de agosto de 2010

Reviews

Por Fernando Suarez.


-Amebix “Redux” (2010)
Ah, las bandas de culto. ¿Mito o realidad? ¿Auténticos talentos injustamente ignorados por la gran masa anestesiada o una simple excusa para ejercitar el esnobismo nuestro de cada día? Como siempre, todas las respuestas son posibles, depende del lugar dónde se pare cada uno. Lo que es indudable es que Amebix tiene pegado en la frente el cartelito de banda de culto y son casi un ejemplo perfecto de aquel paradigma que reza: “no mucha gente los escuchó en su momento pero todos los que lo hicieron formaron su propia banda”. Claro, ayuda el hecho de que hayan sentado algunas de las bases del Crust a principios de los ochentas, de que encima se hayan animado a desafiar las supuestas reglas del género sumando importantes cuotas de oscura pesadez psicodélica (o sea, Black Sabbath, Killing Joke y hasta algo de Pink Floyd) a su característica cruza de desprolija velocidad Motörheadesca (o Venomesca, como prefieran) y energía Anarchopunk y de que gente como Neurosis, Sepultura, Winter, Napalm Death o Godflesh los mencionen como influencia ineludible en sus respectivos sonidos. Todo esto para decir que, luego de veintiún años de silencio, el trío se reformó en 2008 y aquí tenemos la primera entrega de estudio desde aquel “Monolith” (el título me exime de colocarle cualquier adjetivo) de 1987. Hay un cambio de formación tras los parches (ahora a cargo de Roy Mayorga, conocido por su trabajo en Soulfly y Stone Sour pero con sus credenciales Crustys al día gracias a los años que pasó en Nausea, uno de los representantes norteamericanos del género más viejos y destacados) pero se mantienen firmes el bajo atronador y la voz pedregosa de Rob “The Baron” Miller y la guitarra masiva y machacante de de su hermano Chris, también conocido como Stig. Bien, “Redux” es un ep de sólo cuatro temas y se trata de regrabaciones de tres canciones viejas (“Arise” del disco del mismo nombre editado en 1985, “Winter” del single del mismo nombre editado en 1982 y “Chain reaction” del mencionado “Monolith”) y el agregado de un tema en vivo (“Progress?” del ep “No sanctuary” editado originalmente en 1983) pero antes de que la palabra choreo se asome a sus labios bien vale decir que darle a semejantes temazos el sonido que se merecen no es una mala idea como primer paso para ir afianzando la nueva formación. En efecto, con esta refrescada sónica (Mayorga también se encargó de los teclados y la producción) queda del todo claro el por qué de la importancia de Amebix en el amplio espectro del Metal y el Hardcore extremos. Cualquiera de estas canciones suena fresca hoy en día y podrían competir con las legiones de bandas que intentan combinar Crust, Sludge y Thrash sin demasiada imaginación, y vencerlas con una mano atada a la espalda. Desde ya, el énfasis está puesto en el costado más épico de Amebix antes que en sus temas acelerados pero eso era de esperar si seguimos la evolución del grupo inclusive en sus discos viejos. En cualquier caso, mientras esperamos material nuevo (y más abundante), “Redux” es un excelente entremés que ya nos va preparando para lo que se puede llegar a venir.


-Extortion “Loose screws” (2010)
No hace falta decir demasiado. Pueden buscar las anteriores entradas en este mismo blog acerca de Extortion y allí encontrarán que hablamos de un cuarteto australiano con una energía inagotable y unas cuantas lecciones bien aprendidas de Black Flag, Lack Of Interest, Siege o Infest, entre otros. Una sola escuchada a este frenético “Loose screws” ya basta para ponernos en situación. Pueden darle todas las vueltas que quieran, llorar por la falta de variantes y el primitivismo musical (lo cual demostraría que, una vez más, no entendieron nada de nada) e inclusive utilizar términos como Powerviolence, si eso los hace felices. En última instancia, esto es Hardcore/Punk de pura cepa, rabioso, acelerado, mugriento, urgente, con las necesarias bajadas de velocidad (¿ya mencioné a Black Flag?), los riffs simples que apuntan al entrecejo (y nunca, pero nunca, fallan), la voz gruñona, desprolija y cargada con todas las frustraciones de la vida cotidiana, las bases rústicas e inevitablemente contagiosas y una potencia que calificaría como inhumana si no se sintiera tan profundamente en las entrañas. Si andan necesitando algo de música para descargar toda la bronca del día a día, he aquí una opción ideal.


-Ghost Town “Calamities” (2010)
Entre koalas, canguros y hectolitros de cerveza Foster, llega Ghost Town con un álbum debut bajo el brazo más afilado que el cuchillo de Cocodrilo Dundee y más furioso que el Demonio de Tasmania. Sí, por si andan despistados, este joven cuarteto viene de Asutralia y no tienen empacho en mostrar los dientes. Claro, a esta altura ya aprendimos que un grupo puede tener toda la rabia del mundo y no por eso prescindir de buenas ideas musicales y vuelo creativo. El sonido de Ghost Town puede ser comparado al de paladines del extremismo actual como Trap Them, Torch Runner e inclusive Converge en sus días más virulentos. Es decir, una intensa combinación de mugre Crust, disonancias y fracturas rítmicas afines al Mathcore o el Noisecore, rebajes que rozan el Sludge, catártico vértigo Grindcore, cierto regusto al viejo y querido Death Metal sueco de principios de los noventas (los primeros Entombed, Grave y Dismember, en especial en lo que hace al sonido de guitarra) y una constante sensación de tensión y violencia que pone la piel de gallina. No se puede decir, desde ya, que se trate de una propuesta demasiado original pero, para ser un primer paso discográfico, estos australianos se las arreglan para presentar alguna que otra idea propia y reemplazar lo que falta con una energía avasallante y una convicción a prueba de balas. Es prácticamente imposible escuchar este “Calamities” sin sentir la imperiosa necesidad de sacudirse como un poseso pero, al mismo tiempo, una escucha más atenta revela una labor más que interesante en la base rítmica y las seis cuerdas. Hasta hay lugar, entre tanto frenetismo y ataque a los sentidos, para un remanso instrumental (“Ethereal”) que sirve de antesala para la densa emotividad (en la mejor tradición Neurosiesca) de “The Storm”. Por ahora son una promesa más que atendible pero yo recomendaría seguirlos de cerca en el futuro.


-Insidious Disease “Shadowcast” (2010)
A primera vista, la cosa viene dividida. Claro, que un grupo cuente con la presencia de Silenoz (de Dimmu Borgir) y Jardar (de Old Man’s Child) en guitarras no es precisamente algo que me entusiasme demasiado. Al menos, insisto, no en teoría. Pero si a ellos les sumamos la siempre confiable máquina de cuatro cuerdas de tirar pedos de Shane Embury (ya saben, Napalm Death y un listado infinito de proyectos paralelos), el afiebrado repiquetear rítmico de Tony Laureano (agarrámela con la mano, digo, ex miembro de Nile, Malevolent Creation, The Black Dahlia Murder y Nachtmystium, entre tantos otros) y el inconfundible graznido de Marc Grewe (ex vocalista de los geniales Morgoth), entonces tienen toda mi atención. Sí, se trata de otro supergrupo extremo de los tantos que andan dando vueltas hoy en día, sólo que este viene con premisas más modestas. De cierta forma, este proyecto me recuerda a Lock Up, aquel proyecto que Embury compartiera junto al difunto Jesse Pintado, el obeso Nick Barker y, en distintas ocasiones, los gruñidos de Peter Tägtgren y Tomas Lindberg. No porque la música sea similar (aquellos se inclinaban claramente hacían el Grindcore, mientras que aquí lo que prima es el Death Metal), si no porque ambos me transmiten una sensación distendida, de amigote que se juntan para tocar sin más pretensiones que pasar un buen rato a puro headbanging. En efecto, lo que aquí tenemos son once temas (entre ellos, un cover del “Leprosy” de Death) a puro Death Metal de la vieja escuela, de riffs simples y certeros (jamás hubiera imaginado que los dos peleles que ofician como guitarristas fueran capaces de concebir riffs tan buenos), ritmos potentes y gancheros, y un sonido…bueno, el sonido es claramente actual, con la potencia y la claridad necesarias como para darle a las canciones el necesario marco de violencia sonora. No esperen, entonces, experimentos ni innovaciones, si no una patada en la nuca tras otra. Tal vez algún que otro detalle en las seis cuerdas tenga un regusto lejano a Black Metal, lo cual es bastante lógico y, en definitiva, tampoco es que estamos hablando de géneros tan alejados. Por lo demás, “Shadowcast” recuerda notablemente al Morgoth previo a su etapa experimental (este bien podría haber sido el disco que editaran entre “Cursed” y el monumental “Odium”), lo cual sería casi como decir una especie de Obituary un tanto más acelerado y enroscado. O sea, pura dicha Deathmetalera o le devolvemos su cadáver pútrido enterrado en el sótano.


-John Zorn “Dictée/Liber novus” (2010)
Todos los que, de alguna forma, tratamos de seguir los siempre impredecibles pasos discográficos de John Zorn en algún momento nos preguntamos, ¿este tipo descansa en algún momento? Ni siquiera hablemos de sus más de treinta años de afiebrada carrera musical y su titánica discografía, sólo en lo que va de 2010, Zorn ya lanzó tres discos, tiene dos prestos a ser editados a la brevedad (el volumen veinticuatro de sus Filmworks y un trabajo llamado “Ipsissmus”) y encima sacó un libro y un DVD. De los discos ya editados, “In search of the miraculous” y “The goddess” siguen la línea melódica/espiritual planteada por la así llamada Alhambra Ensemble, ideales para aquellos que aprecien el refinamiento y la elaboración musical a ultranza pero un contexto más bien amigable. Por otro lado, el que nos ocupa es un disco dividido en dos extensas composiciones de neto corte experimental que remiten, de cierta forma, a aquel genial “Duras: Duchamp” de 1997. La primera parte (“Dictée”) es un “homenaje ritual” (en palabras del propio Zorn) a Theresa Hak-Kyung Cha, escritora y artista conceptual coreana/americana que ha basado su trabajo en tópicos como la pérdida, la memoria, el lenguaje y la identidad. Sí, con eso ya deberían ir intuyendo que la cosa no viene fácil esta vez. La segunda parte (sí, adivinaron, “Liber novus”) se presenta como un “psicodrama mítico inspirado por el legendario Libro Rojo de Carl Jung” y confirma, entonces, el aire de profunda complejidad de la obra. Poniéndolo de forma un tanto más simple, “Dictée/Liber novus” es un viaje frenético y embriagador, un recorrido por laberintos musicales que cambian de forma y contenido constantemente, casi como si tuvieran vida propia. Por momentos da la sensación de que una película se está representando ante nuestros oídos, tal es la profundidad y el sentido de la dinámica aquí manejados. Bien vale aclarar que, más allá de la naturaleza caótica de las composiciones, no se trata de material improvisado. Una escucha atenta revela que cada detalle está puesto en cada lugar por una razón y con una precisión que bordea la psicosis absoluta. Y, otra aclaración que vale la pena hacer, no se trata de un álbum necesariamente ruidoso y abrasivo. O sea, no faltan los momentos donde los sonidos se quiebran y se desencajan, pero siempre hay una frase melódica esperando a la vuelta de cada una de las múltiples esquinas de este paseo. En especial la labor de piano, a cargo de Sylvie Courvoisier y Stephen Gosling, es de una exuberancia y una riqueza musical enceguecedoras. En fin, no hay mucho que pueda decir para explicar la MÚSICA (así, con mayúsculas) aquí contenida, me llevaría páginas y más páginas (por no hablar de años de estudio minucioso) explicar en detalle cada recoveco de estas soberbias composiciones. Prefiero apelar, entonces, a la intensidad del flujo de imágenes y sensaciones que las mismas transmiten, al absoluto gozo (que, como todo gozo, tiene algo de dolor) que empapa el alma al escucharlas con todos los sentidos enfocados. No importa qué tipo de música sea su preferido, si les gusta la música deberían, al menos, darle una oportunidad.


-Kingdom Of Sorrow “Behind the blackest tears” (2010)
No me importa ser tildado de snob y perseguido por sus iracundos fans, aún sin tener el placer de conocer personalmente a Jamey Jasta, la banda que este señor lidera (Hatebreed, por si viven debajo de una piedra) me resulta bastante desagradable en casi todos los aspectos en que un grupo de Rock puede serlo. Aún así, no me queda otra que admitir que su asociación con el gran (también, en todo sentido) Kirk Windstein, la busarda maestra detrás de Crowbar, en la forma de Kingdom Of Sorrow ha rendido sus buenos frutos. El debut homónimo que editarán en 2008 ya mostraba una interesante combinación entre la típica densidad melancólica de los sureños y cierto dejo agresivo/machacón habitual en la propuesta unidimensional de Hatebreed. “Behind the blackest tears” es el segundo trabajo del proyecto y, otra vez, he de decir que no está nada mal. La premisa es básicamente la misma: riffs gordos y marcados, por momentos bien lentos y arrastrados, en otros jugando con esas melodías desgarradoras que Windstein tan bien maneja y a veces machacando con un regusto entre el Thrash, el Hardcore y el Doom, una base rítmica contundente, no muy brillante pero sumamente efectiva, y las voces de los dos líderes entrecruzándose entre gruñidos violentos (en su mayoría, a cargo de Jasta), lamentos rasposos y melodías con el corazón roto, estas últimas especialidad de Windstein. Desde ya, no se trata de material innovador ni nada por el estilo, ni creo que sean esas las intenciones. Aquí manda la contundencia adornada por esa impronta emotiva que generó la máxima que reza que si uno lee las letras de Crowbar y las entiende, entonces en su vida está todo mal. En cualquier caso, para los que esperamos con ansías un nuevo trabajo de los gordos de New Orleans, Kingdom Of Sorrow sirve para paliar la abstinencia, aún cuando, cada tanto, se meta un mogólico a berrear y hacerse el malito.


-Les Savy Fav “Root for ruin” (2010)
En sus comienzos (allá por 1995), Les Savy Fav fueron criticados por considerárseles una mera copia de Fugazi. Me rasco la cabeza y no comprendo qué hay de malo en emular a la mejor banda de Rock de todos los tiempos. En cualquier caso, estos neoyorquinos fueron demostrando, disco a disco, que, más allá de su amor por el Post-Hardcore contracturado de los cuatro fantásticos de Washington DC, tenían ideas propias y de las buenas. “Root for ruin” es su quinto álbum de estudio (sin contar ep’s ni compilados) y en él despliegan cuarenta minutos de pura efervescencia Punk teñida de críptica intelectualidad y con el instinto siempre puesto en mover el esqueleto de forma descontrolada. Y sí, a esta altura, las comparaciones con Fugazi no son del todo acertadas. Si bien ciertos juegos de guitarras y disonancias pueden remitir a lo hecho por Ian MacKaye y Guy Picciotto en sus años dorados, aquí resuenan mucho más fuertes los lazos con el Post-Punk inglés de fines de los setentas, en especial bandas como Wire y Gang Of Four. Siguiendo esa línea, el sonido de Les Savy Fav puede ser comparado a nombres como Q And Not U, French Toast o Antelope, es decir un puente entre el elegante nerdismo del primer Post-Punk, la intrincada emotividad del Post-Hardcore Washingtoniano de principios de los noventas, la fragilidad melódica del Indie-Rock y una impronta rítmica que apunta sin complejos al baile. Inclusive los momentos más Poperos del disco llevan impresa esa magia entre psicodélica y retorcida que los Pixies nos legaron en himnos como “Wave of mutilation” o “Velouria”. Más allá de rótulos y referencias varias, lo que aquí tenemos es un excelente disco de Rock guitarrero con un perfecto equilibrio entre crudeza, elaboración, inteligencia, emoción y energía eminentemente física, ¿qué más le pueden pedir a la vida?


-NoMeansNo “0+2=1 ½” (2010)
La historia es simple, al finalizar la grabación de lo que sería su disco “0+2=1” (editado originalmente en 1991), los miembros de NoMeansNo notaron que tenían en sus manos demasiados temas y no se sentían cómodos con la idea de editar un disco doble. Así, algunos temas quedaron fuera de dicho álbum y fueron viendo la luz (con excepción de “Now it’s dark”, el único tema cien por ciento inédito del disco que nos ocupa), en versiones regrabadas, en posteriores entregas discográficas. Avanzamos hasta la actualidad y estos canadienses amigotes de Jello Biafra deciden entregarnos las versiones originales de esos outtakes, junto a demos registrados en la misma época. Desde ya, es material sólo para fans y, como tal, el mismo grupo entrega (en su formato digital) este “0+2=1 ½” de forma gratuita para descargar desde la página web de su sello discográfico, www.wrongrecords.ca. Bien, para aquellos no familiarizados con la propuesta de NoMeansNo tal vez baste decir que fueron pioneros absolutos (tengan en cuenta que el grupo existe desde 1979) en lo que hace a combinar la energía inmediata del Punk-Rock con excentricidades rítmicas y armónicas típicas del Jazz, siempre manteniendo un particular equilibrio entre potencia, intrincado virtuosismo instrumental, deforme vuelo compositivo y gancho melódico. El hecho de que en un mismo disco (“One” de 2000) versionaran un tema de Ramones (“Beat on the brat”) y uno de Miles Davis (“Bitch’s brew”) ya nos habla a las claras de los parámetros artísticos que manejan. Aquí encontrarán ni más ni menos que todo aquello que los caracteriza, las bases frenéticas pero provistas de un swing y un dinamismo inigualables, los riffs certeros y angulares, los perfectos juegos corales siempre provistos de un saludable sentido del humor, el bajo que rellena cada mínimo espacio repartiendo dedos por doquier con una precisión que pondría verde de envidia a todos los aspirantes a Jaco Pastorius del mundo y las composiciones que pueden ir sin inmutarse desde el más efervescente primitivismo rockero hasta el más enroscado laberinto musical, manteniendo siempre esa impronta delirante que, no obstante, esconde una profunda inteligencia que se corporiza también en sus letras. En fin, insisto, para los fans es material casi obligatorio y, para aquellos que no los conocían, puede llegar a ser una buena introducción a una de las bandas más creativas y refrescantes de los últimos treinta años.


-Pianos Become The Teeth “Old pride” (2010)
¿Vieron cuándo uno se guarda cosas que le molestan por demasiado tiempo e imagina situaciones en las que dichas situaciones se resuelven de forma ideal? Las palabras resuenan firmes en la mente pero, a la hora, de afrontar finalmente los hechos, nuestras acciones son torpes y descuidadas. Bien, algo así es lo que transmite este larga duración debut de Pianos Become The Teeth. Este quinteto oriundo de Baltimore puede caer fácilmente en la categoría de Screamo, siguiendo la línea más bien elaborada de grupos como City Of Caterpillar, Funeral Diner, One Eyed God Prophecy o el primer Envy, esa que suma importantes cuotas de emotivo paisajismo Post-Rockero a los esperables ataques de desesperación distorsionada. En ese sentido es que se da la dicotomía de la que hablaba al principio. Las canciones manejan estructuras intrincadísimas, con constantes subidas y bajadas de intensidad, desarrollos épicos, rítmicas variadas y un espeso entramado de guitarras que juegan entre delicados arpegios, punteos elevadores, enroscados contrapuntos, tensas progresiones de acordes y, claro que sí, viscerales estallidos de absoluta liberación emocional. El punto es que todo ese cuidado detallista se ve complementado por una entrega descarnada, física y urgente, retratada especialmente en los desgarrados alaridos de Kyle, el vocalista del grupo. Es como si toda la banda pensara de forma casi quirúrgica las composiciones, proponiendo arreglos e ideas musicales de una profundidad apabullante pero, a la hora de interpretarlas, se vieran superados por los propios sentimientos que estas transmiten, reemplazando así lo que podría ser una cerebral frialdad por una intensidad que se escapa de los parlantes y nos envuelve hasta estrangularnos. Uno de los debuts más auspiciosos en lo que va del año.


-Standstill “Adelante Bonaparte” (2010)
Con una banda tan inquieta y de apetito creativo siempre insaciable como Standstill, suele estar latente la posibilidad de quedar desconcertado o disconforme con alguno de sus pasos musicales. Debo admitir que, en lo personal, su pasaje del inglés al castellano (en su disco homónimo de 2004) me resultó poco atractivo y lo mismo puedo decir de los vericuetos casi Progresivos de su anterior placa, “Vivalaguerra”. No obstante, he de rescatar siempre el espíritu de cambio constante que encarnan estos barceloneses y la forma en que se lanzan a explorar sus inquietudes artísticas sin miedos ni complejos de ningún tipo. Y esto se aplica más que nunca a “Adelante Bonaparte”. La banda misma lo define como “una fábula circular” y el disco vienen dividido en tres ep’s, lo cual ya nos anticipa que el costado más bien arty de la propuesta sigue tomando preponderancia. Ahora bien, cuando los sentidos pianos y los ominosos coros de “Todos de pie (prefacio)” nos dan la bienvenida comenzamos a confirmar que Standstill ha mutado, de sus inicios cercanos al Screamo y el Post-Hardcore, a una entidad absolutamente propia e imposible de categorizar. Mejor decirlo de una vez, en este disco no hay riffs distorsionados, ni ritmos frenéticos, ni alaridos. De hecho, ni siquiera sé si lo podría considerar como un disco de Rock pero, a decir verdad, tampoco sé de qué forma llamar a estas canciones. ¿Folk melancólico y multi tímbrico teñido de una elaboración que se asoma al Post-Rock más experimental? ¿Baladas evocativas de profundidad cinematográfica y con las emociones a flor de piel? ¿Paisajes musicales pintados con rasgueos y arpegios acústicos, tenues percusiones, melodías vocales desgarradoras en su calidez intimista y un sinfín de sonidos (electrónicos y acústicos) e instrumentaciones que entran y salen como brisas de un sueño? No es casualidad que al tope de sus amigos en Myspace esté el barbudo rostro de Robert Wyatt, aquí se percibe bastante de esa impronta tremendamente emotiva, maliciosa y elegante que el ex líder de The Soft Machine desplegara en sus trabajos solistas. Aún así, se trata sólo de un punto de referencia, el sonido al que el cuarteto ha arribado es absolutamente propio e inconfundible. Mi único problema sigue siendo el acento castizo, aunque, desde ya, se trata de una tara mía y no de un defecto del grupo que, por otro lado, expone unas letras que complementan a la perfección la impronta desgarradoramente sentimental de las composiciones. El leitmotiv de “Adelante Bonaparte” parece ser “inventar un plan para escapar hacia adelante” y dicho refrán resume perfectamente el espíritu, no sólo de este disco, si no de la carrera de Standstill en general. Cualquier amante de la música (más allá de rótulos, poses y todas esas cosas que poco y nada tienen que ver con la música misma) que se precie de tal debería, al menos, darle una oportunidad.


-Tyrant Of Death “Connect” (2010)
Con el tiempo, ciertas mixturas musicales que en determinado momento parecen imposibles, se tornan lógicas y casi necesarias. Por ejemplo, en primera instancia el Black Metal y el Shoegaze parecían dos géneros irreconciliables pero, gracias a bandas como Alcest, Wolves In The Throne Room o Caïna (entre tantas otras que han surgido en los últimos años) descubrimos que entre los riffs borroneados y empapados de reverb del primero y las cascadas de embotadora distorsión melódica del segundo había un fuerte lazo en común. De la misma forma, no debería resultar nada curioso que alguien llegue a la revelación de que la agresión mecánica y contracturada de Meshuggah (un subgénero en sí mismo, a esta altura) puede llevarse muy bien con los beats y las texturas digitales que el costado más abrasivo de la Música Electrónica e Industrial tienen para ofrecernos. Tal es lo que sucede con Tyrant Of Death, la criatura creada por un canadiense conocido simplemente como Alex. Luego de dos ep’s instrumentales (titulados simplemente “Ep#1” y Ep#2”), llega el álbum debut y los amantes de los ritmos trabados, los riffs gordos y cortantes, los climas futuristas y la abundancia de arreglos y capas sónicas estamos de parabienes. Cuando las guitarras se ponen al frente y las bases se trenzan en golpes impares (por momentos reproduciendo a la perfección el sonido de batería programada que Meshuggah utilizara en “Catch 33”), la impronta de los suecos toma indiscutidamente la posta, pero cuando aparecen beats típicos del Drum & Bass o el Gabber, misteriosas melodías de piano o frenéticas secuencias y samples, la cosa toma un color bastante personal. Y les aseguro que el resultado final mantiene la intensidad, la densidad y la sobrecarga sensorial de discos como “Nothing” o “Chaosphere”, sólo que adornada por una nueva dimensión de sonidos electrónicos que, para qué negarlo, se funden de forma absolutamente natural con los elementos más metálicos (sumen también algún que otro pasaje rozando el Death Metal) de la propuesta. Y, como si eso fuera poco, el mismo Alex nos alienta a descargar su música de forma gratuita, sólo basta con visitar www.myspace.com/tyrantofdeath1 para hacerlo. No sé si alguna vez tendremos legiones de grupos imitando este nuevo estilo o si la prensa inventara alguno de sus nombres estúpidos para describirlo pero, por las dudas, aprovechen a disfrutarlo mientras todavía está fresco.


-Ufomammut “Eve” (2010)
Con su anterior placa (“Idolum” de 2008), este trío italiano ya había demostrado que, a la hora de combinar los aspectos más espesos y expansivos del Doom y la Psicodelia espacial, pocos podían igualarlos. “Eve” redobla la apuesta, entregando un único tema de cuarenta y cuatro minutos dividido en cinco partes que homenajea a la figura bíblica de Eva, la primera mujer según las creencias cristianas. Como podrán imaginar, se trata de material de ritmos arrastradísimos, casi agonizantes, riffs atronadores que resuenan hasta en el último recoveco de la galaxia más lejana, desarrollos tectónicos que abren grietas en la superficie de la tierra y un sinfín de arreglos lisérgicos que trasladan la imaginación a planos desconocidos por la mente humana. Debo ser absolutamente honesto, mi ánimo actual está prácticamente en las antípodas de este tipo de propuestas musicales. Últimamente, el Doom en general, con su supuesta impronta malvada, se me presenta como poco más que una parodia exagerada de los primeros discos de Black Sabbath y la Psicodelia setentosa, en la mayoría de los casos, me resulta un bocado soporífero que simplemente esconde, bajo capas y capas de cuelgues y efectos, la falta de talento e ideas de sus practicantes. Bueno, algo deben tener estos tanos para que su música se separe de dichas premisas, aún cuando son precisamente un resumen casi perfecto de ambos géneros. Tal vez sea el hecho de que sus composiciones mantienen un hilo argumental definido inclusive en esos extensos pasajes de pura voladura cósmica, tal vez sea que la innegable intensidad que manejan los aleja de la mera autocomplacencia, tal vez sean esos riffs escupidos con tal convicción que desintegran cualquier atisbo de pose rockera/bobalicona (de las que abundan en el Doom), aunque lo más probable es que yo sea un hinchapelotas, ni más ni menos. En cualquier caso, para los amantes de las guitarras gordas, los ritmos aplastantes y los envolventes climas de embotamiento sideral, “Eve” es de lo mejor que tiene para ofrecer el género en los últimos tiempos.

4 invocaciones del cosmos:

Este blog es lisa y llanamente bestial. Buscando detalles de la vida musical de los Saccharine Trust, cai en este post de antologia: http://www.zannmusic.com.ar/2009/07/sst-records-detras-de-las-leyendas-un.html

Lo mejor es que aún me queda mucho por bucear y leer. Saludos

Que lindo las reviews que leo cada vez que paso. Quiero ver la review más hermosa del universo del nuevo de swans y que se usen todas las metaforas y poesía de alta alcurnia que sale de su prodigiosa cabeza, estimado fernado.

Un saludo y aguante los pibes de Zann.

Bueno, gracias Mariano.

Recién estuve pispeando el nuevo de Swans y sí, pinta grosso.

Cuando lo tenga bien masticado tendrá su review, como corresponde.