
Hace más de un año (pueden verlo aquí ) nos dedicamos a rescatar nuestro podio personal dentro del siempre confiable catálogo discográfico de Dischord Records. Ya en ese momento nos lamentábamos por las diversas omisiones obligadas por lo estricto de dicha selección. Entonces, como buenos obsesivos sin control que somos, aquí hemos confeccionado una extensión de aquel primer informe, manteniendo como única e inamovible guía nuestro criterio personal. De ninguna manera crean que se trata de grupos de segunda línea, aquí hay algunos de los exponentes más destacados editados por el sello más emblemático de la independencia Punk. Por supuesto, para más información no dejen de visitar www.dischord.com.
-Government Issue “Legless bull” (1981)
Diez temas en poco más de ocho minutos, con títulos como “Religious ripoff”, “Rock N’ Roll bullshit”, “Anarchy is dead”, “Bored to death” y “No rights”. Sí, adivinaron, esto es Hardcore/Punk de pura cepa y con esa energía fresca, inocente y visceral de sus años formativos. Siempre liderados por el cantante John Stabb, Government Issue iría mutando la crudeza de su sonido (sin perderla del todo) hasta acercarse tanto al Post-Hardcore como al Punk melódico, contando en sus filas con gente como Brian Baker (Minor Threat, Dag Nasty, Bad Religion), J. Robbins (Jawbox, Burning Airlines, Channels) y Mike Fellows (Rites Of Spring). “Legless bull” es, como corresponde, un disco directo, sencillo, inmediato y tremendamente vigoroso, que se mantiene por peso propio en la historia del Hardcore como uno de esos trabajos clásicos que ayudaron a forjar su identidad mucho antes de que ésta se transformará en poco más que un cliché sin sustancia.

-State Of Alert “No policy” (1981)
Antes de Black Flag, mucho antes de la Rollins Band, antes inclusive de adopter el apellido Rollins como seudónimo artístico, un todavía joven y enclenque Henry Garfield (sí, ese es su verdadero nombre) ponía su pedregosa y poderosa voz al servicio del más sucio, primitivo y agresivo Hardcore junto a los muchachos de State Of Alert, también conocidos (en la más pura tradición de siglas Hardcoreras) como S.O.A.. “No policy” es una breve pero contundente ráfaga de energía, una certera patada en las encías a base de crudeza, intensidad, velocidad y mucha mala onda. Tanta, que es posible detectar en estas diez canciones (comprimidas en ocho minutos y veinte segundos) algo del germen de lo que luego sería el costado más virulento del Hardcore neoyorquino. Un estilo que, justamente, el mismo Rollins (ya bien asentado en su rol de orador y literato) se encargaría luego de defenestrar con su habitual y ácido sentido del humor.

-Youth Brigade “Possible” (1981)
Primero, la aclaración obvia. No confundir a este grupo con los californianos de mismo nombre y sonido bastante más volcado al costado melódico (a la Bad Religion) del Hardcore/Punk. La brigada juvenil (no, nada que ver con Johnny Depp) de Washington D.C. se nutría de ex miembros de Teen Idles y The Untouchables (casualmente, dos bandas que contaban con los servicios de los hermanos MacKaye, Ian en la primera y Alec en la segunda) y presentaba un sonido crudísimo, sucio y con esa pulsión hacia la velocidad tan típica de aquellos años formativos del Hardcore. También había lugar para esos medios tiempos obsesivos a la Black Flag y hasta para algún que otro arreglo cercano al Dub (las enseñanzas de Bad Brains no fueron en vano) siempre envueltos en corrosivos riffs y voces quebradas. Justamente el sonido de guitarra, saturado y siempre al borde de la desafinación, hizo que, más adelante un grupo como Sonic Youth los homenajeara en más de una ocasión.

-Deadline “8/2/82” (1982)
Uno de los nombres olvidados de la primera generación de Hardcore Washingtoniano, Deadline contaba con la presencia de un joven Brendan Canty (futuro miembro de Rites Of Spring, One Last Wish, Happy Go Licky y Fugazi) tras los parches y, justamente, este material (inicialmente editado por el sello Peterbilt y rescatado en 2007 por Dischord) fue el que hizo que Guy Picciotto (fundador de Peterbilt) se enamorara de la forma de tocar del baterista. El sonido del cuarteto seguía al píe de la letra los dictados de la época, temas veloces, simples, con guitarras rasposas y gargantas con las venas a punto de estallar. Lo que los distinguía era lo ajustado de la interpretación, lejos de la desprolijidad típica de sus pares, con un Canty siempre exultante y furioso y un trabajo de guitarras que daba a entrever que había mucho más que simple Hardcore escondido en la propuesta del grupo. En cualquier caso, la energía pasional y urgente de estas once canciones basta para hacer las delicias de cualquier amante del más puro y efervescente Hardcore/Punk que se precie de tal.

-Void “Void/Faith Split” (1982)
Uno de los tantos lugares comunes que pululan alrededor del universo Dischord es aquel que dicta que todas las bandas de la primera generación Hardcore estaban sujetas a una estricta disciplina Straight Edge. Bien, para dar por tierra con eso, aquí tenemos a Void, abanderados absolutos del descontrol y el bardo, algo que quedaba evidenciado en sus siempre caóticas presentaciones en vivo. Inclusive en lo musical, el cuarteto se separaba de la ajustada velocidad de bandas como Minor Threat o Government Issue. Es decir, sonaban vertiginosos pero sumamente crudos y desprolijos. El guitarrista Bubba Dupree bebía de Greg Ginn (de Black Flag) como principal fuente de inspiración para crear riffs oscuros, rabiosos, disonantes y plagados de acoples y feedback y la base rítmica se encargaba de acelerarlos hasta la taquicardia. De hecho, en más de un pasaje se advierten esos flirteos con el Metal más primitivo que luego darían lugar al Crossover. Los doce temas que componen el lado de Void en este álbum compartido con Faith, conforman una brutal cacofonía cargada de energía visceral, profunda frustración y una intensidad capaz de derretir paredes. En 1983 grabarían su primer larga duración (“Potion for bad dreams”, con un sonido mucho más cercano al Metal y el Crossover), que en principio sería editado por Touch & Go Records (otro de los sellos pilares del Punk americano y sus derivados) pero Dupree y compañía, desconformes con los resultados finales de la grabación y el rumbo metálico que había adquirido su propia propuesta musical, decidieron archivar el disco y, poco tiempo después, separarse definitivamente.

-Gray Matter “Food for thought” (1984)
Anticipando gran parte de lo que sucedería en la escena Punk Washingtoniana de los años siguientes, Gray Matter bien podría ser considerada la banda que dio el puntapié inicial del tan mentado Revolution Summer. En este, su debut discográfico, ya lograban combinar su crudeza Punk con melodías más elaboradas (a veces introspectivas y oscuras, a veces Poperas y luminosas), mayor variedad rítmica y un trabajo a dos guitarras poco común en el género por aquellos años. La voz de Geoff Turner (también guitarrista) se diferenciaba de la típica rudeza del Hardcore, con un tono limpio y melódico pero no exento de energía y el grupo no tenía miedo de exhibir influencias tanto del Post-Punk como del Pop. Hasta cerraban el disco con una increíble versión del “I Am the Walrus” de los Beatles, distorsionada y acelerada a ritmo Punk pero respetando al píe de la letra la profundidad melódica y el clima lisérgico del original. El posterior mini lp, “Take it back” (editado al año siguiente) profundizaría aún más el aspecto melódico e introspectivo del cuarteto, que en 1986 decidiría disolverse. A comienzos de la década siguiente tuvieron una breve reunión que dejó como legado el larga duración “Thog” (1992), dejando en claro que los muchachos no habían perdido ninguna de sus cualidades.

-Marginal Man “Identity” (1984)
Y ya que hablamos de los inicios del Revolution Summer (que, a su vez, son el germen del Post-Hardcore y el Emo), no podemos dejar de mencionar a la primera banda de la escena Punk Washingtoniana en utilizar dos guitarras, una tendencia que luego seguirían Faith y Minor Threat, entre otros. Marginal Man todavía mantenía fuertes conexiones con la virulencia Hardcore/Punk más primigenia pero en su propuesta ya asomaba de forma notable, y sin ningún tipo de complejos, un fuerte costado melódico que anunciaba algo de lo que estaba por venir. Por otro lado, dicha impronta melódica, si bien contaba con una cuota de emotiva introspección, hacía gala de una frescura más asociable al sonido californiano de bandas como Circle Jerks y, principalmente, Bad Religion. Inclusive algunos punteos, ciertas melodías bordeando el Folk y la combinación de ritmos acelerados con dulces líneas vocales podía asociarse fácilmente a lo hecho por Greg Graffin y compañía. En 1985, el quinteto abandonaría Dischord y editaría su primer larga duración propiamente dicho (“Double image”), donde explorarían terrenos más introspectivos, entrando de lleno en las modalidades del Revolution Summer. En 1988, tras la edición de su segundo disco (titulado como el grupo), Marginal Man se separaría definitivamente.

-The Snakes “I won’t love you ‘till you’re more like me” (1985)
Aquellos que, no sin cierto cinismo, acusan (basados más en sus propios prejuicios e ignorancia que en la realidad misma) a Dischord de una supuesta excesiva seriedad deberían conocer este disco y atragantarse en su propia mediocridad. The Snakes era un dúo conformado por Simon Jacobsen (State Of Alert) y Michael Hampton (State Of Alert, Faith, Embrace, One Last Wish) que, para sus pocas presentaciones en vivo contaba con la colaboración de Brendan Canty y Guy Picciotto. El germen del grupo data de antes de sus otras bandas pero recién en 1985, bajo la asistencia técnica de Ian MacKaye, pudieron registrar este álbum debut. ¿Qué tenemos aquí, entonces? ¿Hardcore rabioso? ¿Acaso un acercamiento a los emotivos sonidos del Revolution Summer? ¿Material experimental? Nada de eso. Power-Pop garagero, festivo y con letras que, en su mayoría, hablaban de chicas. Con claras referencias a Stooges, Ramones y Big Star, The Snakes desplegaban en menos de media hora catorce canciones infecciosas, plagadas de melodías extremadamente pegadizas, guitarras crudas y rockeras y bases sólidas que invitaban al más desenfadado de los bailes. Completamente alejados de la solemnidad que invadía la escena Washingtoniana de esa época (incluidos los grupos donde ellos mismos militaban), Jacobsen y Hampton se animaban inclusive a parodiar a otros géneros como el Funk, el Hip-Hop y el Reggae, demostrando (bueno, es algo obvio para cualquiera con un mínimo de sentido común) que hasta los músicos más comprometidos son capaces de dejarse llevar sin preocupaciones por su sentido del humor. Y, si encima lo hacen con canciones así de buenas, entonces no hay queja posible. Una más que destacable rareza que no hace más que exaltar el espíritu absolutamente indomable de Dischord.

-One Last Wish “1986” (1986)
Esto puede sonar complicado pero no lo es tanto. Tras la disolución de los legendarios Rites Of Spring, tres de sus miembros (el cantante y guitarrista Guy Picciotto, el bajista Edward Janney y el baterista Brendan Canty) se juntaron con Michael Hampton (ex guitarrista de Faith y Embrace, ambas bandas lideradas por Alec e Ian MacKaye respectivamente) para dar vida a este fugaz (hint, hint) proyecto llamado One Last Wish. Curiosamente, o no tanto, el sonido de este, su único registro de estudio, bien podría ser considerado como el puente perfecto entre la crudeza emotiva de Rites Of Spring y la experimentación con elementos del Funk, el Noise y hasta el Pop que más adelante Picciotto y Canty (junto a Ian MacKaye y Joe Lally) desarrollarían en Fugazi. Comprimidos en poco menos de veinticinco minutos, los doce temas que componen “1986” son himnos de absoluta catarsis, con las guitarras escalando a pura distorsión hacia el Olimpo riffero de los corazones rotos (y no es que se trate de esas típicas cancioncitas pedorras de relaciones amorosas fallidas, aquí no hay lugar para ningún tipo de superficialidad ni berrinches adolescentes), Canty exhibiendo su enorme musicalidad a la hora de generar ritmos movedizos y Picciotto expandiendo las capacidades de su garganta hasta alcanzar picos melódicos que generan un inevitable nudo en el estómago. Una obra imprescindible, no sólo para aquellos fanáticos de Fugazi y aledaños, si no para todo aquel que sepa apreciar el Rock en su estado de emotividad más intenso, creativo y descarnado.

-Embrace “Embrace” (1987)
Mis inseguridades no tienen nada que esconder. Mis emociones son mis enemigas por estar de mi lado. Mis afirmaciones no me escupirán en la cara. Todos luchamos para que nuestros sueños se hicieran realidad y ellos terminaron siendo el objeto de nuestro desprecio. Tal vez fuimos demasiado rápido. No puedo expresar la forma en que me siento sin joder algo más. Supongo que soy ingenuo pero se me hace difícil creer que una persona pueda denigrar tanto la vida. La autoindulgencia te enterró demasiado profundo. Qué está bien o qué está mal, no lo puedo decir. Y, sí, por supuesto que estoy asustado de salir lastimado. Y, sí, por supuesto que estoy asustado de estar equivocado. Pero, al mismo tiempo, mi silencio me condenará. Así que podés elegir mantenerte tranquilo detrás de tu ventana y elegir la vista que querés ver. Pero mientras haya otros cautivos, no te consideres libre. No más estar tirados, tenemos que hablar y movernos. No más lágrimas egoístas, no pagaste por ellas. Tus emociones no son más que políticas, así que controlate. Cantar sobre unidad y una forma de vida. Cantar sobre la ayuda que no estás dispuesto a dar. Soñás con un propósito y una razón para existir. Sonás con el amor que todo el mundo perdió. Tirás tus sueños a la basura y te unís al mundo asustado. Mirá lo que organizaste, ¿creés todas esas mentiras? No hay coraje en el odio. Atacar, defender, vivís una fantasía. A veces me gustaría darte una patada en el culo, pero supongo que vos sos sólo un ser humano también. Buscar una razón para odiar. Te odiarías a vos mismo si tuvieras la oportunidad. Supongo que ya lo hacés. Poetas mezquinos con lápices envenenados, forzando rimas para vengarse. El dinero no tiene nada que ver con el valor de la vida, pero eso es sólo sentido común. Mi boca sigue gritando, revelando mi amargura. No habrá victoria, ningún progreso a menos que nos diferenciemos del enemigo. Cuando los sentimientos que abrazo no tienen nada de que agarrarse y la vida por la que trabajé puede ser comparada y vendida, hace que me pregunte cuándo será mi momento de pasear.

-Happy Go Licky “Will play” (1987)
En la primavera de 1987, la formación completa de Rites Of Spring decide reformarse con un nuevo nombre y una visión musical completamente diferente a la de su anterior encarnación. La corta vida del grupo (se separaron en 1988) impidió que pudieran registrar material de estudio pero Dichord (en complicidad con Peterbilt) reunió material diverso de sus presentaciones en vivo y lo presentó en la forma de este caótico “Will play”. La propuesta del cuarteto estaba basada principalmente en la improvisación pero nada tenía que ver con la típica idea de zapada rockera. Bases repetitivas, ritmos entre el Funk y el Kraut-Rock, un bajo sucio y demandante, guitarras ruidosas y empapadas de efectos, manipulación de cintas y voces entre gritadas y habladas conformaban los elementos básicos de su maremágnum sonoro. Por momentos podían remitir al primer Sonic Youth e inclusive al costado más abrasivo de The Fall, pero el aspecto arty se veía controlado siempre por esa energía inmediata y visceral heredada del Hardcore y las improvisaciones nunca se extendían por demasiado tiempo, eludiendo así la autoindulgencia que se suele colar en este tipo de propuestas.

-Fidelity Jones “Piltdown lad” (1989)
En una época se impuso (principalmente dentro de la prensa metalera) un lugar común que dictaba que los grupos de Hardcore, cuando aprendían a tocar sus instrumentos, se volcaban al Metal, principalmente al Thrash. Por supuesto, gran parte del catálogo de Dischord es una prueba irrevocable de lo desacertado de semejante afirmación. Pero obviemos esto último. Siguiendo esa línea de pensamiento, ¿hacia dónde debería moverse un grupo como Fidelity Jones, conformado por ex miembros Beefeater, una banda en la que ya habían demostrado, no sólo un gran amor por Bad Brains y Minutemen (justamente, dos grupos que se ocuparon de desafiar los límites estilísticos del Hardcore), si no también un absoluto dominio de sus instrumentos? Pues bien, el equivalente metálico para una banda de esas características bien podría estar representado por aquello que en la época se conoció (muy a pesar de sus practicantes) como Funk-Metal. Efectivamente, el sonido del cuarteto podría ser asociado sin dificultades a bandas como Living Colour, Jane’s Addiction, Primus, Atom Seed y el primer Faith No More, pero, obviamente, con un latir más cercano a sus raíces Punks que al Metal propiamente dicho y despojado del brillo casi glamoroso de algunos de esos grupos. Picantes rasgueos Funkys que dan paso a contundentes riffs distorsionados, un bajo hiperquinético y amigo del slap, canciones plagadas de cambios de ritmo, ciertos aires psicodélicos, abundante groove, instrumentaciones virtuosas (los solos de guitarra recuerdan a Vernon Reid y los de bajo a Les Claypool), un destacado trabajo percusivo y un cantante parado en algún lugar entre el H.R. más espiritual y el Mike Patton más melódico. Otra excelente prueba de que las premisas de Dischord, a la hora de editar discos, no tenían nada que ver con preconceptos o encasillamientos genéricos.

-Scream “Fumble” (1989)
Los hermanos Peter y Franz Stahl ganaron cierto reconocimiento durante los noventas al frente de los geniales Wool. Y, si hablamos de reconocimiento en los noventas, el baterista (que aquí también hace su debut como compositor y vocalista, aunque ya había participado en el anterior “No more censorship”) que grabó este último disco de Scream (luego reeditado en cd junto a su predecesor, el muy recomendable “Banging the drum”), un flacucho narigón conocido como Dave Grohl, recibió bastante de eso luego de ingresar a un trío conocido como Nirvana y liderado por un rubio muchachito con una forma particular de resolver conflictos. En cualquier caso, más allá de sus cambios de formación y futuras celebridades, Scream venía ocupando un lugar de privilegio en la escena Punk de Washington D.C. desde 1981. Comenzaron como casi todos, tratando de emular a Bad Brains pero, al poco tiempo y gracias a una musicalidad superior a la de la mayoría de sus pares, lograron desmarcarse incorporando melodías más trabajadas, soltura rockandrollera y hasta algún que otro guiño casi metalero. “Fumble” ya presenta a un grupo totalmente asentado y maduro, donde la energía cruda del Punk se encontraba contenida (pero nunca diluida) en canciones rockeras, gancheras, sólidas y con un ajustado trabajo instrumental y vocal. Las referencias a los legendarios morochos seguían ahí, claro, pero la incorporación de un groove más pronunciado y de ciertos modismos cercanos al Hard-Rock de los setentas, anunciaban algo de lo que luego conoceríamos como Grunge. A eso súmenle la inevitable influencia del incipiente Post-Hardcore que estaba naciendo en la capital norteamericana y tendrán como resultado un trabajo sumamente personal. Tras la disolución de Scream, Grohl, como ya dijimos, ingresó en Nirvana y, luego del incidente con la escopeta de Kurt Cobain, fundó los exitosos Foo Fighters (bueno, en el medio hubo también un fugaz proyecto unipersonal llamado Late!, cuyo único disco, “Pocketwatch”, sólo se editó en cassette), donde inclusive llegó a convocar brevemente a Franz Stahl como reemplazo del guitarrista Pat Smear. Peter Stahl, luego de su experiencia el frente de los mencionados Wool, se metió de lleno en los sonidos desérticos y saturados de graves, colaborando con bandas como Earthlings?, Goatsnake, las primeras Desert Sessions, Orquesta Del Desierto, Queens Of The Stone Age (haciendo coros en “The lost art of keeping a secret” del magnífico “Rated R”) y Sunn 0))).

-Rain “La vache qui rit” (1990)
Grabado originalmente en 1987, editado en vinilo en 1990 por el sello Peterbilt Records (propiedad de Guy Picciotto, oh casualidad) y reeditado en cd en 2007 por Dischord, “La vache qui rit” es el único testimonio documentado de una banda que tuvo un paso fugaz por la incipiente escena Post-Hardcore de mediados de los ochentas, pero aún así se las arregló para dejar su marca. Canciones como estas, tremendamente conmovedoras, energéticas pero nunca violentas, con guitarras creativas pero siempre ubicadas y melodías tan viscerales como sensibles (con un alto octanaje de emotividad Pop), son las que sentarían las bases para lo que luego se conocería como Emo. Por supuesto, a años luz todavía de los maquillajes góticos y los peinados tipo lengüetazo de vaca, la propuesta de Rain mantenía aún fuertes lazos con el Hardcore, aún cuando trocara su vieja costumbre de señalar a los demás por una introspección que, no obstante se mantenía urgente y demandante.

-Three “Dark days coming” (1990)
En 1986, Ian MacKaye y Jeff Nelson (ambos ex miembros de Minor Threat y fundadores de Dischord) graban un simple bajo el nombre Egg Hunt y hacen planes para un próximo proyecto conjunto. A tales efectos, convocaron a Geoff Turner y Steve Niles, ambos ex miembros de Gray Matter. El grupo fue bautizado Three y, al poco tiempo, MacKaye decidió abandonar la formación, ingresando entonces como guitarrista Mark Haggerty, también proveniente de Gray Matter. Sólo llegaron a grabar un disco y algunos demos y ese material vio la luz (como sucedió con tantos otros grupos de esa misma generación) de forma póstuma dos años después de su disolución. Como, a esta altura, podrán imaginarse, Three es otra de esas bandas pilares de lo que a mediados de los ochentas se conoció como Revolution Summer. Y, si tenemos en cuenta lo hecho previamente por Gray Matter, no debería sorprendernos el hecho de que este material sea aún más melódico y emotivo. Los ritmos se acercan ahora más al Punk-Rock que al Hardcore, e inclusive rescatan (en “Buy me a river”) un riff de “War pigs” (sí, el tema de Black Sabbath) y lo readaptan a su propio estilo. Aquellos que, como yo, han disfrutado enormemente de la etapa más melódica de 7 Seconds (comprendida, a grandes rasgos, entre “New wind” y “Soulforce revolution”), deberían notar entonces la enorme influencia que Three ejerció sobre esos trabajos. La voz de Turner mantenía ese tono melodioso y juvenil que exhibía en Gray Matter pero sus líneas vocales se elevaban (acompañadas en esta ocasión de bellísimos coros) hacia impensadas alturas de emoción y madurez, las guitarras mantenían la distorsión al frente pero se permitían elaborar riffs más intrincados, así como texturas y arreglos melódicos que no le escapaban ni siquiera a la experimentación con sonidos acústicos y las canciones en general ganaban enormemente en variantes y profundidad musical, sin por ello abandonar la intensidad heredada del Hardcore. Pero, en definitiva, lo que más distinguía al cuarteto de sus contemporáneos era la frescura Pop (más cerca de Hüsker Dü que de los Ramones, de todas formas) de sus melodías que les confería un aire más optimista en contraposición a la angustia manifiesta de bandas como Embrace o Fire Party. Ojo, tampoco piensen que esto material para correr felices por floreadas praderas, porque no lo es. Inclusive los demos incluidos en la reedición en cd del álbum mostraban las intenciones del grupo de expandir aún más su paleta estilística. En cualquier caso, “Dark days coming” es un documento imprescindible de una de las épocas de mayor ebullición dentro de la historia del underground rockero americano.

-Autoclave “Autoclave” (1991)
Si bien varios de sus exponentes más destacados (Slint, Bastro, Don Caballero) ya existían por ese entonces, no era común oír hablar de Math-Rock en 1991. Mucho menos de Math-Rock hecho por mujeres. Sonará a escape fácil pero es muy difícil resistir la tentación de ver a este cuarteto como la versión femenina (con todo lo que eso implica) del género. Efectivamente, Autoclave tenía los ritmos trabados, las guitarras angulares, los intrincados contrapuntos y esa complejidad compositiva aplicada desde una óptica Punk pero nunca resultaban tan oscuros como Slint, tan ruidosos como Bastro o tan sobrecargados como Don Caballero. Sus composiciones siempre dejaban lugar para las sentidas líneas vocales de Christina Billotte, que ya anticipaba algo de lo que luego desarrollaría en Slant 6. Este único disco reúne la totalidad del material de estudio grabado por el grupo, once canciones redondas, que no reniegan del gancho emotivo a pesar de las rebuscadas instrumentaciones. Sin lugar a dudas, una de las propuestas más personales presentadas por el sello.

-High Back Chairs “Of two minds” (1991)
Es lógico que, cuando se habla de Dischord, la primera figura que venga a la mente es la de Ian MacKaye. Pero sería un error olvidar a Jeff Nelson, baterista y compañero de banda de aquel en Teen Idles, Minor Threat y los fugaces proyectos Egg Hunt y Skewbald/Grand Union. Justamente, fueron ellos dos quienes decidieron fundar el sello y le dieron su orientación musical, estética e ideológica. La carrera musical post-Minor Threat de Nelson no es tan conocida como la de MacKaye pero bien vale la pena. Primero formó Three (de quienes ya hablamos más arriba) y, entre fines de los ochentas y mediados de los noventas, lo encontramos en High Back Chairs. Este breve (ocho temas en poco más de media hora) “Of two minds” fue su único larga duración, seguido por el mini lp “Curiosity & relief” (1993), y en él ya encontrábamos las pautas definitivas de su sonido. Lejos del Post-Hardcore y derivados, lo del cuarteto era Power-Pop de pura cepa. Guitarras potentes y rockeras, bases ideales para mover la patita y perfectas melodías vocales de clara extracción Beatlesca, siempre adornadas por bellísimos coros que se clavan directo en el corazón y letras que, a pesar de la dulzura de las voces se ocupaban de tópicos principalmente sociales y políticos. Claro, se trata de un grupo de bajo perfil, con una propuesta más concentrada en la artesanía cancionera que en la ruptura de paradigmas musicales. Aún así, la calidad y el gancho de estas canciones es innegable y el resultado final es sencillamente adictivo.

-Ignition “Complete services” (1991)
No es muy difícil trazar un paralelo entre las carreras musicales de los hermanos MacKaye, Ian y Alec. Ambos comenzaron a fines de los setentas con el más crudo y acelerado Punk-Rock (el primero en Teen Idles, el segundo en The Untouchables), para luego fundar dos de las bandas pilares del Hardcore Washingtoniano, Minor Threat (de hecho, un rapado Alec quedó inmortalizado en la portada del legendario debut de esta banda) y Faith. El desencanto por la creciente violencia que se apoderó de la escena Hardcore de aquellos años los llevó a buscar nuevos horizontes de expresión. Así, en medio del Revolution Summer, Ian formó Embrace (casualmente, acompañado por tres ex miembros de Faith) y Alec Ignition, junto al volátil Chris Bald (ex Faith y también miembro de Embrace) en guitarra, Chris Thomson (ex Soul Side, futuro miembro de Circus Lupus) en bajo y Dante Ferrando (ex Gray Matter) en batería. Sí, como corresponde a esa época, el sonido de Ignition llevaba la energía del Hardcore a diferentes terrenos emocionales, políticos y musicales. Bajando las revoluciones, disminuyendo la velocidad en pos de medios tiempos que privilegian la intensidad antes que el desenfreno, incorporando una sensibilidad melódica introspectiva sin olvidar nunca la visceralidad de la entrega y escapando del rígido esquema de tres acordes aporreados a lo bruto. Ok, la comparación con Embrace es inevitable, inclusive gran parte del trabajo de guitarra de Bald (que, de todas formas, se desempeñara como bajista en aquella banda), con sus soñadores arpegios, sus punteos melódicos y sus elaborados acordes, puede remitir a ellos. Tal vez el punto distintivo sea la impronta de Alec, con una voz rasposa pero más delicada y armoniosa que la de su hermano y una visión lírica más espiritual que hacían que el resultado final fuera menos inmediato pero igual de conmovedor. “Complete services” compila la discografía completa del cuarteto (grabada entre 1988 y 1989) en un único y conveniente pedazo de plástico y refleja a la perfección su evolución musical. Ah sí, Ian luego fundó Fugazi y Alec (luego de varios años de inactividad) se abocó a The Warmers, ambos grupos enrolados en lo que ya se podía definir como Post-Hardcore. Justamente, tras la disolución de ambas bandas, Ian MacKaye creó The Evens junto a Amy Farina, su actual pareja y ex baterista de The Warmers. Todo queda en familia.

-Severin “Acid to ashes and rust to dust” (1992)
Es curioso como el tiempo pone las cosas en perspectiva. En su momento, la propuesta de Severin fue considerada como una más dentro de lo que los medios llamaban Rock Alternativo y hasta es posible que quedara opacada por el suceso de grupos como Fugazi, Jawbox o Shudder To Think. Hoy en día, una sola escucha a este “Acid to ashes and rust to dust” revela que estábamos en presencia de un grupo sumamente personal, que manejaba diversas influencias de forma compacta y en canciones siempre interesantes y memorables. Por un lado estaba toda la intrincada elaboración del Post-Hardcore, sus guitarras disonantes, sus ritmos complejos y esa impronta de nerds haciendo catarsis a guitarrazos limpios. Por el otro, teníamos la crudeza del Grunge, su flirteo con el Rock pesado y hasta una voz (la de Alec Bourgeois) que, por momentos recordaba al desparpajo nasal de Mark Arm de Mudhoney. En tercer lugar, y como para terminar de redondear la cosa, podíamos toparnos con un gancho y una sensibilidad claramente Poperas, que aprovechaba los recovecos que dejaba la intrincada y siempre distorsionada instrumentación para colarse en la forma de melodías cien por ciento tarareables. La banda desaparecería en 1993 y Bourgeois profundizaría esa línea musical al frente de The Capitol City Dusters, de quienes hablaremos más adelante.

-Circus Lupus “Solid brass” (1993)
Si hay un género distintivo de los noventas que no podía estar ausente en el catálogo de Dischord, ese era el viejo y querido Noise-Rock. Ok, habría que estar sordo para no percibir los puntos de contactos entre éste y el Post-Hardcore, especialmente en lo que hace a guitarras disonantes y ritmos irregulares, pero en la asfixiante propuesta de Circus Lupus no había lugar para sensibilidades frágiles. En este segundo disco las guitarras chillan y se retuercen en violentas convulsiones, el bajo retumba en laberínticas líneas, la batería golpea en tempos siempre contracturados y la voz de Chris Tomson (ex bajista de Ignition) recita, con la garganta poseída por los más siniestros demonios internos, sus enfermizos textos de lúcida desesperación. La influencia de The Jesus Lizard se nota a la legua, pero Circus Lupus ponía al frente un trabajo de guitarras más intrincado (por momentos, rozando el Math-Rock) pero no por eso menos salvaje. Tras la disolución del grupo, su núcleo creativo (el mencionado Tomson y el guitarrista Chris Hamley) volvería a unir fuerzas en The Monorchid, sumando a su demencia característica importantes cuotas de Post-Punk a la The Fall o el primer Public Image Ltd.

-Fugazi “In on the kill taker” (1993)
Sí, ya sé. En la entrada anterior dedicada
