4 de junio de 2009

Reviews: Especial Sludge/Post-Metal/Doom/Drone y todo eso

Por Fernando Suarez.


-A Storm Of Light & Nadja “Primitive north” (2009)
¿Otra vez Nadja? Y sí, el barbudo Aidan Baker es un tipo prolífico. Y no sólo tiene buen gusto a la hora de componer, también cuando se trata de elegir colegas con quienes compartir material. A Storm Of Light es un proyecto liderado por Josh Graham (miembro también de Neurosis, Red Sparowes y Battle Of Mice. O sea, el tipo sabe lo que hace) que el año pasado nos había deslumbrado con un álbum debut (“And we wept the black ocean within”) cargado de adoración Neurosiesca bien entendida. “Primitive north” cuenta con dos temas de A Storm Of Light, uno de Nadja y dos remixes, uno a cargo de cada banda. Los de Graham arrancan el viaje con “Brother” y “Sister”, dos canciones que rescatan esa particular combinación de pesadez extrema y cuidadísimas texturas cinematográficas que ya nos había conmovido en Battle Of Mice. Claro, la voz de Graham lejos está del histrionismo despegado por Julie Christmas en dicho grupo, pero su tono austero y melancólico le aporta otra dimensión al denso entramado instrumental. Es imposible no notar la similitud entre la forma de cantar de Graham y sus melodías con lo hecho por Steve Von Till y Scott Kelly a partir de aquel monumental “A sun that never sets” y aún así la identidad nunca está comprometida. De alguna forma esto podría ser considerado como el punto de convergencia de las demás bandas de Graham. Aquí tenemos bastante de las dinámicas y el misticismo melódico de Neurosis adornado con el narcótico y retorcido sentido del dramatismo de Battle Of Mice y presentado con la tridimensionalidad fílmica de Red Sparowes. Y sin clichés Post-Rockeros a la vista. Por el lado de Nadja, “I Make From Your Eyes the Sun” es una de esas típicas canciones del dúo donde el más cansino y aletargado de los ritmos programados sostiene una marea de feedback y graves que rajan la tierra mientras las líneas vocales flotan sobre el terremoto como fantasmas, logrando así que el clima apocalíptico se transforme en una experiencia sumamente emotiva e intima. Nada nuevo, claro, pero mientras mantengan este nivel compositivo quién necesita variaciones. Casualmente, la sección de remixes comienza con Nadja poniendo sus manos sobre “Brother” y transformándolo en una negra pesadilla sónica, removiendo las voces y concentrándose en los climas más sórdidos y tenebrosos del tema. Les puedo asegurar que cuando entra el riff principal acompañado de esos monolíticos golpes de batería, van a sentir a La Maldad (y no me refiero al grupo) corporizándose frente a sus ojos. Por su parte, A Storm Of Light toma el mencionado tema de Nadja e intensifica su cualidad hipnótica removiendo capas de ruido, poniendo la voz al frente y sumando baterías orgánicas que terminan dándole un nada despreciable aire de esoterismo ritual al asunto. En definitiva, dos de las bandas más interesantes de la vanguardia Metalera contemporánea unieron fuerzas y parieron este suculento entremés musical, ideal para abrirnos el apetito.


-Bloodhorse “Horizoner” (2009)
Lejos de lo que su pedigree podría indicar (sus miembros pasaron por bandas como The Red Chord, Shelter, 454 Big Block, Premonitions Of War y American Nightmare), el sonido de Bloodhorse poco y nada tiene que ver con el Hardcore o el Death Metal. Ya los casi diez minutos iniciales de “A good son” (que, muy lentamente, construyen un clima que suena como el equivalente musical para la más tortuosa y cansina marcha por un eterno desierto), con sus enormes riffs, su crudo y natural sonido empapado de graves, su tempo marchoso, su gruñidor bajo y sus voces casi heroicas marcan fuertes lazos con los más áridos modismos Sabbáthicos. De hecho, un tema como el que le sigue (“A Passing Thought To The Contrary”) suena casi como un “Children of the grave” embarrado y levemente acelerado, inclusive culminando en un riff casi Slayeriano. “The Old Man” sigue con la estampita de Tony Iommi junto a la púa de la guitarra, agregando un toque de oscuridad, un groove y unas líneas vocales que no hubieran desentonado en los momentos más densos del viejo Life Of Agony. Y, si de oscuridad hablamos, ahí llega la maldad hecha riff con “Nonhossono”, donde el baterista Alex Garcia-Rivera da rienda suelta a su pasión por Bill Ward mientras circulares riffs con los graves en once nos marean hasta dejarnos estúpidos. El tempo levanta sin perder esa impronta setentosa en “Close, But Never So”, una suerte de Stoner-Punk ideal para imaginar polvorientas rutas a toda velocidad. Pero ni siquiera eso nos prepara para el ritmo frenético de “Aphoristic”, dos minutos y medio de pura energía que suenan como la cruza exacta entre Black Flag, Entombed y un Deep Purple merqueado y sin teclados. “The Morning Burial” nos muestra cierto costado Progresivo, con firuleteados riffs e hiperkinéticos golpes de batería que remiten inevitablemente al Mastodon de “Leviathan”. Eso, claro, hasta que todo se detiene en un sórdido y cavernoso remanso instrumental que oficia de conector con el posterior arranque a puro clima funerario que cierra el tema. Como para levantarnos de golpe, el trío se manda con “Paranoiac”, casi un homenaje en forma de Hardcore desgarrado a los eternos Eyehategod. Hasta el rebaje a mitad del tema remite a los sureños, si no fuera porque las voces no llegan al alarido amorfo de Mike Williams, si no que se quedan en modalidades rasposas en algún lugar entre Clutch y Amebix. El disco cierra con los Zeppelinsescos riffs de “In Horror”, donde las voces ensayan melodías casi de cancha y hasta hay lugar para un arenoso solo de bajo. De alguna forma, esto podría resumirse como el más pesado Rock setentoso pasado por la amplificación y el espíritu mugriento del Sludge/Crust y sin dejar de lado la necesaria cuota de (aunque sea, rústica) melodía. Y si con eso no les basta para buscarlo y revolear esas mugrientas melenas, entonces no hay nada más que yo pueda hacer por ustedes.

-Hull “Sole lord” (2009)
Por un lado podría afirmar, sin temor a equivocarme, que Hull en este disco debut toma la vasta gama de influencias del así llamado Post-Metal y las condensa en canciones propiamente dichas que rara vez superan los cinco minutos de duración. Por otro lado, queda claro que la intención de estos vecinos de Biohazard (“si estás en el jodido Brooklyn, mejor mirá tu puta espalda”) es crear una obra con un claro hilo conceptual, lo que hace que los temas sean más bien partes de un todo mayor antes que entidades independientes. De hecho, si uno escucha el disco sin mirar la lista de temas es imposible determinar cuando empieza o termina cada uno. En ese sentido, aquellos que no cuenten con un (aunque sea ínfimo) rincón en su corazón para las más épicas pretensiones Progresivas se encontrarán irremediablemente perdidos entre tantos cambios de climas, intrincados pasajes instrumentales y majestuosas voces anunciando el fin de los tiempos. Bueno, tampoco es que esto sea una lección de King Crimson, aún cuando ciertas excentricidades rítmicas parecen indicar lo contrario. En definitiva aquí siguen prevaleciendo los enormes riffs Sabbáthicos, los ritmos atronadores y esas típicas dinámicas incrementales del Post-Rock. Las voces se debaten entres los esperables rugidos y ciertos coros melódicos cargados de una particular mística ritual, pero (como suele suceder) son las guitarras las que se llevan las palmas en este “Sole lord”. Los muchachos no descartan nada en pos de generar sus majestuosas visiones, colchones de puro ruido, colgados punteos empapados de delay, delicados arpegios entrecruzados, aplastantes erupciones de graves, áridos rasgueos acústicos, soñadores remansos Pinkfloyderos y una inabarcable gama de riffs que van desde la más podrida oscuridad Sabbathera hasta los más contracturados firuletes setentosos, sin olvidar los amagues disonantes y el corazón Punk que nos legaron bandas como Melvins, Neurosis e inclusive Black Flag. Ok, no es un desparramo de originalidad, eso está claro, pero al menos esta gente logra sonar variada sin salirse nunca de su propio libreto. Y, en el estado de ánimo adecuado, estos cuarenta y cuatro minutos de música son capaces de envolvernos en un vívido viaje por ancestrales montañas, turbulentos descubrimientos espirituales y oscuros rituales cósmicos. Sólo necesitan cerrar los ojos y dejarse llevar.


-Moss “Tombs of the blind drugged” (2009)
“¿Cuáles son sus demandas?”, preguntó el oficial encargado de la negociación. “Sólo necesitamos cuatro canciones”, respondieron los hombres de Moss. “Bueno, si sólo es un ep, no creo que se trate de material que ponga en peligro la integridad física de los rehenes”, pensó el agente de la ley. Grave error, con sólo cuatro tracks estos ingleses son capaces de sumergirnos en la más espesa marea de alquitrán sonoro que jamás hayan imaginado. Cuarenta minutos de lenta tortura, rebanando la carne como si se tratara de un moderno Leng T'che. Cuatro canciones que llevan la idea de Doom a nuevas planicies de hipnótica densidad. Guitarras que dibujan espesas brumas de asfixia narcótica, ritmos marcando un insistente pulso moribundo, voces que reptan abrasivas como mares de lava sobre las rocosas grutas que conforman las composiciones. Aquellos que contemplan estos rituales no pueden evitar sentir como sus párpados se cierran, entrando en un desesperante trance sin esperanzas de escapatoria. Dedos huesudos y leprosos se posan sobre un siniestro órgano, celebrando este auténtico funeral eléctrico. Demasiado apegado a los climas Sabbatheros de lisérgico horror para ser Drone, demasiado extremo y opresivo para ser metido en la bolsa del Doom tradicional, demasiado crudo y dinámico para considerarlo Funeral-Doom, y sin embargo tomando cuotas de dichos estilos para construir su propia monstruosidad a base de sonidos graves y ritmos letárgicos. “También exigimos el derecho de versionar a Discharge”, dijeron los músicos. “Perfecto, algo de viejo Hardcore-Crust aportará un poco de aire a este encierro”, imaginaron los rehenes. Ilusos. Este “Maimed And Slaughtered” comprueba que todo se resume en los dedos de Tony Iommi, inclusive los más cáusticos riffs del más contestatario de los Hardcores. Sólo basta con ralentizar al máximo los tempos y afinar las guitarras en trueno para comprobar dicha teoría. Así, de paso descubrimos como, con ese simple recurso, una banda como Eyehategod inventó el Sludge. Del sub-templo a las tumbas de los ciegos drogados, este viaje se pone cada vez más jodido y tenebroso. Esperemos que así continúe.


-Pelican “Ephemeral” (2009)
¿Tiene algún sentido, a esta altura seguir repasando las diversas etapas por las que pasó Pelican a lo largo de su carrera? Ya sabemos que su debut autotitulado y luego “Australasia” marcaron puntos altos en lo que a sonidos monolíticos hace (de paso inaugurando esa suerte de sub tendencia de Post-Metal instrumental), y también estamos al tanto de sus flirteos con el Post-Rock (en “The fire in our throats will beckon the thaw”) y de sus más recientes intenciones cancioneras, en el anterior “City of echoes”. Si este “Ephemeral”, en su condición de ep, sirve como indicador de una nueva etapa, entonces tendríamos que hablar de cierto rescate de las atmósferas más sobrecogedoras de sus primeros trabajos, pasado por el filtro más concreto y el sonido de “City of echoes”. O sea, los riffs vuelven a cargarse de maldad y tensión, abandonando las melodías casi poperas pero sin llegar al estruendo que generaban antaño. También se mantiene el componente Stoner de aquel álbum, sólo que aquí los infinitos desiertos son reemplazados por siniestras arquitecturas abismales. Por otro lado, las estructuras fluyen alejadas de la dinámica Post-Rockera y se acercan a cierto clasicismo rockero/setentoso, sin resignar el gancho ni la emoción pero con una firme sensación de dientes apretados. Para ponerlo en término genéricos, esta sería la versión Pelican del Doom más tradicional. Con la visión intelectual que siempre ostentó el cuarteto (los contrapuntos guitarrísticos siguen deslumbrando y esa innata capacidad de generar paisajes e imágenes con sus instrumentos se mantiene intacta) pero esta vez empapada de una suciedad emocional extra y con las guitarras en sintonía con el mismísimo Lucifer. Aunque, claro, la energía nunca se desborda, de alguna forma se encuentra contenida (o, mejor dicho, dosificada) por la cuidadosa carga cerebral de las composiciones. Pero eso no es ninguna novedad en este grupo. Y vuelvo a lo primero, no vale la pena lamentarse por logros pasados, al fin y al cabo Pelican es de esas bandas que marcan un nuevo camino con cada disco y no veo por qué habrían de dejar de lado ese insaciable apetito creativo. Si les siguieron los pasos hasta ahora, sería una pena que dejen pasar este nuevo estadío en la constante evolución de una de las bandas más inquietas del Metal contemporáneo.


-Universe 217 “II” (2009)
Alguien que sabe mucho del tema alguna vez dijo “fuera teclados y gordas góticas de mi Doom”. No hace falta aclarar que aquí en Zann apoyamos al cien por ciento dicha máxima. Pero no es menos cierto que ciertas beldades han logrado conmovernos con intensas performances. Ahí tienen a la japonesa Yoshiko Ohara demoliendo las armonías con Bloody Panda, a la angelical Runhild Gammelsæter escarbando en las tinieblas de proyectos tan destacados como Thorr’s Hammer (junto a Stephen O’Malley y Greg Anderson, los monjes del Drone), Khlyst (bajo el mando del genial James Plotkin) o su propio disco solista (“Amplicon”), o la demente Julie Christmas con las retorcidas melodías de Made Out Of Babies y Battle Of Mice, por sólo nombrar a algunas. Claro, hablo de chicas que se dedican a cantar más que a gritar (bueno, algunas hacen las dos cosas), siempre en un contexto del más opresivo Doom, pero a años luz de cualquier atisbo de melodrama gótico y/o pompa sinfónica. Universe 217 viene de Grecia y cuenta con la virtuosa garganta de Tania (no confundir con…bueno, ya se imaginan) que lanza melodías como serpientes sobre las asfixiantes capas de graves que genera el resto del grupo. El rango vocal de esta señorita es realmente apabullante, pero todo ese despliegue está manejado de forma absolutamente enfermiza, casi como si se tratara de una Diamanda Galas del Doom. Y la música acompaña perfectamente, con guitarras como erupciones volcánicas, atmósferas de pura desesperación surrealista y un insistente ritmo al borde del colapso. Ellos lo llaman “No-Tempo Rock” y no sería una mala definición de la propuesta. Hasta los eventuales teclados que aparecen esporádicamente se dedican a dibujar tensas melodías siempre al borde de la cacofonía, antes que a suavizar los ríspidos ángulos que conforman las composiciones. Este segundo trabajo se trata más bien de un ep (son cuatro temas en poco más de veinte minutos) y logra hundirnos sin concesiones en el más pegajoso de los viajes. Si no le temen a la oscuridad y se sienten con la valentía suficiente como para enfrentar cara a cara a sus más horribles fantasmas internos, sumérjanse en “II”, pero yo no me hago responsable por lo que dicha travesía pueda hacerle a sus almas.


-Blackwaves “0130” (2009)
Cada vez queda más claro que aquello que, entre principios y mediados de los noventas, se conoció como Metal Progresivo (de la mano de bodrios insostenibles como Magellan, Threshold y, claro, Dream Theater) poco tenía de auténtico espíritu Progresivo. ¿Dónde está el progreso, si no, en repetir (a veces cayendo en el plagio más descarado) las fórmulas de los setentas con un sonido levemente más pesado? Por suerte, la aparición, a fines de la década pasada, de bandas como Isis o Mogwai y la subsiguiente reivindicación de los indestructibles Neurosis demostró que se podía llevar los conceptos más sesudos y la elaboración más épica y barroca a nuevos terrenos de pesadez e intensidad, siempre bajo la atenta mirada de un pasado Punk que tomaba como referente a Black Flag, Swans, Melvins y demás bandas que tampoco se contentaban con el escueto manual de los tres acordes y el ritmo derecho. Por supuesto, hoy en día dicha amalgama de estilos (a la cual se le dio el ridículo mote de Post-Metal) es moneda corriente y hasta se asoma cierto tufillo a saturación. Blackwaves bien podrían ser definidos como unos Isis (de “Oceanic”, bien vale la aclaración) instrumentales y con eso quedarían automáticamente descartados entre tanto clon. Ok, no hay en este segundo disco nada revolucionario ni innovador, y aún así encontramos un inagotable caudal de ideas musicales llevadas a cabo con absoluta maestría y conocimiento de causa. El bajo gruñe incansablemente sin por ello perder la capacidad de adaptarse a las diferentes atmósferas y texturas aquí propuestas, la batería sigue el legado Bonham (un legado que sería rescatado en los noventas por las producciones de Steve Albini. Chequeen el sonido de batería de Shellac o The Jesus Lizard si no me creen) de grandes y resonantes golpes entregados siempre con un una técnica y un groove que nunca se excluyen mutuamente. Y las guitarras, claro, ellas son la vedette en este tipo de bandas. Masivas y rasposas cuando las subidas de volumen así lo requieren, frágiles y llenas de sutilezas cuando las aguas se calman y siempre jugando con arreglos, contrapuntos y diversas sonoridades que conforman una espesa arquitectura en la cual es necesario sumergirse sin distracciones a fin de aprehender todos sus detalles ocultos. Claro, de alguna forma se repite una fórmula conocida, yendo de los típicos paisajes reflexivos del Post-Rock (con sus arpegios y punteos entrecruzados y sus melodías siempre al borde del melodrama. Y el delay, nunca se olviden del delay) hasta los estallidos de pedregosa distorsión enmarcados en los riffs más malignos y enroscados que Tony Iommi jamás imaginó (al menos, es seguro que no los imaginó con semejante y arrasador sonido) y repitiendo ese vaivén de todas las formas posibles. Ahora bien, si basándonos en la frescura y la diversión, podemos aceptar sin problemas que exista un subgénero entero de clones de Carcass (por poner un ejemplo) no veo cuál es el problema en que estos muchachos de Blackwater se guíen por las enseñanzas de sus mayores, en especial cuando los resultados cuentan con tal grado de energía, inventiva y musicalidad. En definitiva (y como suele suceder) todo se reduce a una cuestión de gustos y de tolerancia por determinados estilos musicales. Y, no les voy a mentir, a mí todavía me atrapan estos (por momentos) tortuosos viajes musicales. Si a ustedes les pasa lo mismo, en “0130” encontrarán algunos buenos argumentos para despegar.


-Dark Castle “Spirited migration” (2009)
No hay tiempo para analizarlo, sólo resta intentar guarecernos. Y aún así sabemos que esta bestia nos alcanzará. Dark Castle hace que la música de este, su primer larga duración, se corporice frente a nuestros ojos y nos envuelva en impenetrables capas de negra distorsión. Guitarras como una manda de rinocerontes que respiran fuego, gruñidos extraídos de las gargantas de cósmicas deidades Lovecraftianas, bases sísmicas que atacan con la fluidez de un tsunami. Doom, por supuesto, en su grado más alto de densidad, pudrición y violencia lisérgica. Pero ojo, hay mucho más bajo la superficie. Interludios acústicos de aires flamencos, espiralados riffs que pondrían verde de envidia a los guitarristas de Mastodon, revulsivas arquitecturas de enfermedad herederas de los momentos más abrasivos de los viejos Swans, momentos de pantanosa emotividad que harían lagrimear al mismísimo Kirk Windstein, acuosos remansos psicodélicos que transforman el mero Post-Rock en una pesadilla surrealista y una intensidad no exenta de inventiva que los acerca a las horas más oscuras de Neurosis. Por supuesto, todo ese rejunte de nombres no hace más que hablar a las claras de la fuerte identidad que ostenta el grupo, a pesar de su corta carrera. Demasiado malvados y brutales para meterlos en la bolsa del Post-Metal, demasiado cancioneros para el Drone, demasiado elaborados y sutiles para ser Sludge y, ciertamente, demasiado extremos y (a la vez) variados para calzar al cien por ciento en el Doom tradicional. Tal vez por momentos se acerquen a una versión oscura de Ufomammut, algo así como la peor contracara de un profundo viaje de ácido. Como ya hicieran alguna vez (cada una tomando diferentes caminos) bandas como Unearthly Trance o Tombs, Dark Castle empapa la espina dorsal de su visión dumbeta con pinceladas de diversos colores musicales, logrando así que las sensaciones lleguen de forma sumamente efectiva y conmovedora. Ok, todavía les falta camino por recorrer hasta arribar a las sublimes alturas creativas de dichas bandas, pero sin duda alguna esta gente va por el buen camino. Yo que ustedes no les perdería los pasos.


-Arktika “Heartwrencher” (2009)
Estas gélidas construcciones en las que nos hemos transformado. Este silencioso ruido que marca el pulso de nuestra alienación. Todo estalla y, sin embargo, se mantiene intacto. Son nuestros cuerpos los que dibujan estas combustiones en blanco y negro. Las líneas del cosmos se alinean en geometrías de puro dolor. Borrosos caleidoscopios que intentan explicar estos hilos que se rompen inevitablemente. Imágenes de color sepia ardiendo en el viento. Bolas de fuego negro quebrando el firmamento. Engranajes que chillan y lanzan peligrosas esquirlas. Ventanas cubiertas de polvo y un gris océano de nada. Un desierto multiforme y esquizofrénico. Tanto y sin embargo tan poco. Un hombre desnudo grita, suplicando, tratando de entender. Soñando en secreto con gotas de una esencia que reclame su lugar. Líneas de asfalto acercándose en cámara lenta. Fotografías rasgadas, negativos de un tiempo sin tiempo. Esta electricidad nocturna lanzando cosquillas en nuestros huesos. Visiones de un futuro sin rostro. Curvas hacia ningún lugar. Ojos cargados de rencor, sentados frente a frente, temerosos de ya no reconocerse unos a otros. No hay nada aquí que merezca ser salvado. Pechos que se abren de par en par. Elevados. Hundidos. Confundidos y buscando desesperadamente un rastro de coraje dentro de tanta miseria. Espasmos de liberación. Aullidos que ruegan redención. La fuerza inhumana de aquellos que están acorralados dentro de sí mismos. Las mentiras y los planes pensados a la mitad. La inocencia que rasga la piel. Las verdades a medio camino que nadie conoce. Y aquellos que construyen las puertas cerradas, ellos esconden los clavos esperando que las nubes de nuestras almas nos impidan reconocerlos.


-Monkeypriest “Defending the tree” (2009)
Cuando disco comienza con un acople seguido de una colección de riffs casi calcados del catálogo de Black Sabbath y a eso le suma un sonido embarrado de graves al tiempo que reemplaza las voces por alaridos amorfos, sabemos que todo va a estar bien. Más si el nombre del grupo puede traducirse como Mono Sacerdote. Por si no lo pescaron, esto es Sludge con todas las letras y las referencias necesarias. Guitarras que se derriten bañadas en whisky, ritmos moribundos, densas capas de distorsión y un irredimible asco por todo lo que nos rodea. El nombre remite, obviamente, a los próceres Iron Monkey, pero el sonido asfixiante, la voz que suena como saliendo de una radio descompuesta y el impenetrable aura de absoluta desazón los acercan más a Grief. Claro, para aquellos no iniciados en las pantanosas aguas del género dicha descripción puede sonar tan vacía como las publicidades de Francisco De Narvaez. Digamos que estos españoles (por cierto, es de destacar el buen nivel que está adquiriendo el Sabbathismo extremo de la península ibérica. Sólo basta chequear los trabajos de bandas como Moho, Orthodox, Lords Of Bukkake o Loan como buen ejemplo de esto) también se permiten alguna que otra levantadita de tempo que no desentona con la mugre Crusty que, como corresponde, inunda los instrumentos. También es posible detectar cierto aire al Celtic Frost más dumbeta y hasta una intro con sample de película en “gallego” que, ya desde los geniales Machetazo, es un éxito asegurado. Por supuesto, si buscan variantes, originalidad o vértigo creativo, están en el lugar equivocado. Ahora, si se conforman con veinticinco minutos de música realmente pesada y entregada con un alto nivel de intensidad, he aquí una excelente opción.


-Kongh “Shadows of the shapeless” (2009)
¿Quieren sonidos masivos? ¿Buscan guitarras del tamaño de la vía Láctea y golpes de batería como terremotos cósmicos? ¿Necesitan gruñidos que devoren planetas enteros? ¿Están buscando estructuras épicas que harían palidecer a todo fan de Tolkien con guitarritas? Han llegado al lugar indicado, entonces. Segundo disco y estos suecos ya se perfilan como una de las caras nuevas más interesantes y refrescantes del así llamado Post-Metal. Bueno, eso de Post es relativo, por suerte poco y nada hay aquí de los clichés Post-Rockeros que tan en boga están hoy en día. Las composiciones son extensas (tenemos cinco temas en poco menos de una hora) y los climas van fluctuando entre pasajes reposados y estallidos de violencia, manteniendo esa cuidadosa arquitectura dinámica que ya es la marca registrada del género, pero Kongh se las arregla para eludir con gracia ciertas obviedades y capitalizar otras en su beneficio. Los riffs ostentan un grado de inventiva que hacía tiempo parecía perdido entre amalgamas de Mogwai/Isis sin demasiada imaginación, explorando los recovecos escondidos entre Black Sabbath, Melvins, Neurosis y Electric Wizard con un poderío sonoro inaudito. Inclusive la voz de David Johansson (también encargado de las seis cuerdas) en combinación con esos riffs que se deslizan lentamente como océanos de lava, remite por instantes a lo más denso de Zao. Por otro lado, los momentos de calma retienen la tensión antes que deshacerse en delicadas construcciones de melodramatismo melódico, animándose inclusive a adentrarse en terrenos setentosos donde hasta se puede percibir cierto tufillo Bluesero que calza a la perfección en el entramado de opulenta agresión en cámara lenta que propone el trío. De hecho, el mismo Johansson se permite alguna que otra incursión melódica donde resuenan lejanos ecos de Only Living Witness o Corrosion of Conformity (salvando las distancias, las líneas nunca llegan al nivel de emotividad ni de interpretación que alcanzaban aquellas legendarias bandas) antes que los de Steve Von Till, Scott Kelly o Aaron Turner. Si, a esta altura, están pensando en un puente entre los sonidos Neurosiescos y la más bastarda tradición dumbeta, no están mal rumbeados. Y, volviendo al principio, si estaban detrás de algo de Post-Metal con más Metal (del tipo Sabbathero, claro. Aquí la velocidad no vale nada y gente como Mustaine y Hetfield reciben el respeto que se merecen. O sea, ninguno. Aún cuando, por el final del disco, se cuelen algunos machaques a la High On Fire) que Post, entréguense sin miedos a este monolítico “Shadows of the shapeless”.


-Flipper “Love” (2009)
Es probable que sólo conozcan el nombre Flipper por un amigable delfín o por las remeras de cierto no muy amigable rockero de cabellos dorados, mirada glacial y una particular forma de resolver conflictos. En fin, para aquellos que no lo sabían, estamos hablando de una auténtica leyenda del Punk más abrasivo y enfermo, que (junto a otros como Black Flag, Swans y Melvins) dio vuelta de adentro hacia fuera los postulados del género, revolcándose en las más psicóticas, ruidosas, degeneradas y opresivas letanías que el mundo hubiera escuchado en ese entonces. Bien vale aclarar que hablamos de fines de los setentas/principios de los ochentas, cuando palabras como Sludge, Noise o Grunge todavía no tenían nada que ver con el vocabulario rockero. Dieciséis años después de su último trabajo (“American Grafishy”), Flipper vuelve al ruedo, contando con un tal Krist Novoselic (solía tocar en una banda que causó cierto revuelo durante la década pasada) en el bajo y la energía intacta. Sólo basta con escuchar el opresivo choque de instrumentos de “Learn to Live” para comprobarlo. El bajo marca algo así como un riff absolutamente enmugrecido mientras las guitarras zumban incesantemente, la batería repite sus hipnóticos golpes en cámara lenta y el bueno de Bruce Loose escupe sus diatribas con todo el asco del mundo. Si eso no les basta, ahí tienen el comienzo a puro descaro de “Be Good, Child!” (menos de dos minutos que suenan como unos Circle Jerks con los instrumentos descompuestos), la envolvente pesadilla sónica de “Only One Answer”, los tensos y taladrantes medios tiempos de “Live Real” y “Triple Mass” (Steve Albini daría un brazo por temas así), las cadenciosas líneas de bajo atravesadas por guitarras disonantes y descontroladas de “Love Fight”, el himno en vías de desintegración de “Transparent Blame”, la espesa bola de ruido sostenida por cuatro interminables acordes de “Why Can't You See?” (si el mencionado Albini hubiera metido unas guitarras extras en la segunda mitad de aquel colosal “My war” de Black Flag, el resultado hubiera sido muy similar a lo expuesto en este tema), el groove perverso de “Night Falls” (algo así como un Hard-Rock pasado a través de una licuadora), y los casi nueve minutos de “Old Graves” que cierran la placa con una pesadez que excede lo meramente genérico (chiste sólo para entendidos) y se inscribe directamente en lo orgánico. ¿Creían que la mejor forma de hacer música extremadamente pesada era a través del Metal? No me hagan reír, cualquier canción de Flipper derrite todas las voces de monstruo, los dobles bombos, los riffs machacantes y las caras de malo que tengan por ahí. Ahora, si realmente están preparados para algo de verdadera brutalidad, pongan este “Love” y soporten la golpiza. Les aseguro que vale la pena.


-Blindead “Impulse” (2009)
Con siete personas en su formación (entre las que se cuentan miembros de Antigama, Behemoth y Yattering, entre otros), Blindead nace en 2003 tras cambiar su viejo nombre, Incorrect Personality, bajo el cual sólo habían llegado a editar un par de demos. Es lógico que, con semejante curriculum, nos topemos con una vulgar exhibición de Grind-Death de alto nivel técnico. Bueno, olvídense de la lógica porque nada de eso es lo que tienen estos polacos para ofrecer. Claro, si yo hubiera aclarado al principio que, entre las filas del grupo, se cuentan (aparte de los tradicionales instrumentos rockeros-bajo, guitarras, batería y voz) dos personas encargadas de los samples y el aspecto visual, ahí las cosas se hubieran empezado a acomodar. ¿Pensaron ahora en Neurosis? Hicieron bien. “Impulse” es un ep (precedido por dos larga duración) que consta de sólo tres temas en treinta y un minutos y medio. No hace falta aclarar que se trata de extensas composiciones (con excepción de “Between”, un interludio ambiental que apenas supera los cinco minutos), con múltiples cambios de clima, tensas ambientaciones electrónicas, gigantescos riffs, ritmos aplastantes e introspectivos remansos melódicos. De hecho, los temas están construidos con un grado de detallismo apabullante, a veces inclusive asfixiando la emotividad en tal cerebral despliegue de ideas y sutilezas. En ese sentido se notan también las influencias de grupos como Red Sparowes (en especial en los momentos de ensoñación Post-Rockera), Isis (lo cual es bastante esperable en este contexto), el Earth de los últimos discos (chequeen el flirteo con el Western al comienzo de, precisamente, “Distant Earths”) y hasta Tool. Por supuesto, lo que uno podría reclamar en términos de intensidad se ve compensado (al menos en parte, y dependiendo de los gustos de cada uno, claro) por importantes cuotas de imaginación e ideas y la capacidad de llevarlas a la práctica de forma sumamente precisa. En cualquier caso, esto material altamente recomendable, tanto para las nuevas generaciones metaleras como para aquellos que aprecian el costado más Progresivo del Rock Pesado en general.

3 invocaciones del cosmos:

Una tanda impecable de todos discazos. Esto no puede fallar

reseñas largar aburridas e inútiles que no dicen mucho, le recomiendo poner una escala del 1 al 10 al principio tan siquiera, para llamar más la atención,.

ah el primer bardeo en los comments... lo voy a enmarcar para el recuerdo