17 de diciembre de 2010

Reviews

Por Fernando Suarez.


-Bardo Pond “Bardo pond” (2010)
Un grupo como Bardo Pond, con casi veinte años de trayectoria, más de veinte discos editados y un claro amor por el cuelgue y las sustancias alucinógenas, tiene permitido ciertos altibajos. Los viajes psicodélicos no son siempre agradables y de la misma forma los discos del sexteto no siempre mantienen un nivel parejo de calidad. Digamos que su marca registrada de Space-Rock ruidoso, letárgico, denso y, aún así, siempre melódico funciona mejor cuando se concentran en las canciones contundentes antes que en las zapadas descalabradas o las lánguidas baladas drogonas. En ese sentido, este álbum homónimo se inscribe en la mejor parte de Bardo Pond, esa particular cruza entre la oscura pesadez de Black Sabbath, la delicadeza melódica arropada de distorsión saturada de My Bloody Valentine, los climas soñadores y efectos cósmicos del Pink Floyd más espacial, la experimentación guitarrística del Sonic Youth más abrasivo, y todas las lecciones (guitarras acústicas, teclados y flautas incluidas) del Rock más psicodélico de los setentas. Gran parte de los setenta y un minutos de música (que estén concentrados no quiere decir que hayan abandonado sus típicas fluctuaciones en cámara lenta ni su pasión por los largos e hipnóticos desarrollos) aquí contenidos están dominados por ritmos lentos sobre los cuales las guitarras despliegan todo su arsenal de efectos y resonancias, derritiéndose en espesas marejadas de suciedad eléctrica apenas controlada, adornadas por teclados achicharrados y líneas vocales que parecen flotar sobre el magma de distorsión. Aún así, también hay lugar para momentos de introspección acústica con cierto aire Folk y letanías menos corrosivas pero con aires sombríos casi épicos. En fin, aquellos que ya estén familiarizados con la propuesta de estos oriundos de Philadelphia tendrán que admitir que se trata de uno de sus trabajos más destacados y, para los no iniciados, resulta también una buena introducción al mundo siempre errático y lisérgico de Bardo Pond.


-Dosh “Tommy” (2010)
Compositor educado y extravagante, multi-instrumentista virtuoso (tomó sus primeras lecciones de piano a los tres años de edad), ex miembro de grupos de Rock experimental como Lateduster o Fog, docente de música y alma sensible, la sola presencia de Martin Dosh en el firmamento musical contemporáneo es una carcajada en la cara de aquellos que se empeñan en sostener que “todo pasado fue mejor” y que “ya no hay propuestas originales y bien hechas”. Su carrera solista comenzó en 2002 y, si bien siempre tuvo a mano una alta cuota de cariño por la experimentación electrónica (en especial en sus primeros álbumes), el profundo grado de musicalidad y la impronta fuertemente melódica y humana que le imprime a sus canciones lo colocan en una categoría propia que desafía cualquier tipo de encasillamiento facilista. “Tommy” (el título no tiene nada que ver con The Who, es un homenaje a su sonidista Tom Cesario, fallecido poco antes de la edición del susodicho) es su sexto trabajo discográfico y probablemente sea aquel donde las emociones están más a flor de piel, expuestas con una delicadeza melódica tan elaborada y profunda que logra ser conmovedora y asombrosa al mismo tiempo. La variedad de enfoques es sencillamente infinita: tenemos pasajes que se asemejan al Drum N’ Bass pero recubiertos de un empuje rítmico y armónico claramente sanguíneo (aunque no por eso violento), tenemos espesas texturas en algún lugar entre lo sinfónico y el Ambient pero en casi todo momento hay lugar para baterías y percusiones de carne y hueso magistralmente interpretadas por el propio Dosh, tenemos momentos que se acercan al Pop más barroco de los Beach Boys (juegos corales incluidos) y otros que remiten inevitablemente al Robert Wyatt más melancólico y hasta a la locura alucinógena de The Soft Machine, tenemos bases de pura crudeza rockera adornadas con una miríada de sonidos y arreglos inverosímiles, tenemos punzantes crujidos, cascadas de ruido y chirridos disonantes pero siempre de la mano de elegantes líneas melódicas (de voz, de piano, de guitarra, de violín o del instrumento que sea) y contrapuntos, tenemos beats Hip-Hoperos envueltos en paisajes de soñadora reflexión de tintes casi Folk, tenemos intrincados juegos rítmicos, ocasionales brisas de Jazz y Bossa Nova, y un despliegue musical general que deja en ridículo a tanto rockero “Progresivo” y pretencioso que sólo puede atinar a repetir lo que otra gente hizo en los setentas. Le mejor es que, a pesar de la sobrecarga de información musical (tengan en cuenta que he dejado algunas aristas afuera de mi descripción, por cuestiones obvias de espacio), el disco nunca resulta incoherente, asfixiante o aburrido, en especial gracias al afilado sentido melódico que mantiene las canciones con los pies sobre la tierra. En fin, no hay rótulo que sirva para definir estos excelsos cuarenta y cuatro minutos más que el de Música, así con mayúsculas. Así que nada de llorar por los tiempos que pasaron y no volverán, “Tommy” demuestra con claridad que aquel que no encuentra buena música en la actualidad es simplemente porque ni siquiera se toma el trabajo de buscarla.


-Eleven Tigers “Clouds are mountains” (2010)
Un espejo abierto nos devora. Las nubes son montañas borroneadas por brumas de pensamientos inconclusos. La ciudad avanza a paso tan vertiginoso que resulta fúnebre. Silbidos de neón surcando un cielo de cemento. Todas las almas perdidas, tanto silencio sin posible redención. El ensordecedor pulso de la soledad. Los tramos finales de una historia sin moraleja. Plateadas láminas hechas de metal se quiebran en penetrantes chirridos y escapamos hacia un lugar donde todo sigue igual. Transmisiones lejanas de un fin que ya a nadie interesa. Delicados hilos eléctricos abrazan las estrellas en un luminoso serpentear azulado. Un mundo que nunca visitamos se despliega ante nuestras narices. Los miembros recobran su sensibilidad sólo para entumecerse nuevamente en segundos. Estas voces no son nada, no tienen nada para ofrecer más que desencanto. Un violento mareo de palabras vacías. Horas desperdiciadas y un resentimiento que engulle todo a su paso. Órdenes que nadie admite haber proferido. Días superpuestos, fundidos en un magma de tiempo muerto donde los gritos no se escuchan. Ruedas congeladas, ciclos abruptamente interrumpidos. Y una pequeña chispa que se niega a extinguirse. También hay fuerza en esta desazón, no lo duden ni por un segundo. Es sólo que ciertas señales pueden ser tan confusas. Visiones alteradas, geometrías morales imposibles. Gestos ambiguos y miradas amenazantes. Noches encerradas en estallidos de luz. Plegarias envueltas en espasmos. Caricias violentas, sagradas culpas. Paredes eternamente en blanco. Zumbidos eléctricos que raspan las imágenes. Océanos de sudor frío surcando espaldas encorvadas. Articulaciones reemplazadas por colmillos afilados. Un juego para olvidar el dolor. Una distancia medida en latidos del corazón que se apagan. Una danza planetaria donde descansar los sentidos. El tranquilizador silbido de constelaciones haciendo el amor con el cosmos mismo. Las formas reveladas que tal vez no deberíamos contemplar. Literaturas crípticas que caen como lluvia ácida. Retratos de edificios manchados por el hollín de sus propias reflexiones. Fragmentos de alienación urbana atesorados en el pecho. Carne y huesos chamuscados por dentro. Gotas de recuerdos sepias rebotando insistentemente sobre un piso cubierto de polvo. Espesas cascadas de gemidos electrónicos brotan por entre las fracturas del pavimento. Las observo con la mirada perdida y me alejo caminando lentamente, esperando que mañana sea un mejor día.


-Florido Pensil “Datura” (2010)
A poco más de un año de la edición de aquella demente sinfonía de chirridos que fue “Gradiente”, Florido Pensil vuelve al ataque con siete nuevas aberraciones sónicas diseñadas especialmente para lastimar y elevar los sentidos. De hecho, este segundo disco los muestra más violentos que nunca, con la guitarra serruchando a través de densas capas de ruido Industrial, las bases golpeando como martillos hidráulicos sobre chapas oxidadas y generando climas tan desesperantes como caóticos. Algo que también se hace evidente es el hecho de que, en esta ocasión, las composiciones suenan más ajustadas y compactas sin por ello resignar esa impronta delirante tan atractiva. Por supuesto, la huella de Justin Broadrick sigue dejando su fuerte marca en el sonido de estos españoles pero de ninguna manera se trata de una influencia que los limite o les reste personalidad. Ciertos riffs (y ese bajo mugroso y gordo) pueden remitir claramente a Godflesh, en otros parece asomar la cabeza el Ministry más rabioso y machacante, el espeso entramado de samples y texturas ruidosas puede acercarse a Merzbow o al Skinny Puppy más retorcido aunque en más de una ocasión la única referencia posible sea Florido Pensilo mismo, los beats entre brutales, bailables y mecánicos sacuden los huesos sin piedad y demuestran una total falta de respeto por las convenciones y los márgenes genéricos. Tal como sucedía en su predecesor, lo que más deslumbra en “Datura” es el grado indomable de imaginación con que están construidas las composiciones, jugando con una gama infinita de sonidos electrónicos abrasivos en combinación con el pulso sanguíneo de las guitarras, creando ritmos que no por programados resultan menos físicos y hasta haciendo lugar para algún que otro pasaje melódico de una belleza dolorosa. Cada tema es un áspero viaje, tanto para los oídos como para el espíritu, y aún así se respira un aire conceptual, un cierto hilo argumental que da cohesión al trabajo en su totalidad. En fin, Florido Pensil crece y se supera, nos hace apretar los dientes y vuelve a impresionarnos con su inagotable arsenal de ruidos e ideas enfermizas. No se lo pierdan.


-Glasses “The ills of life” (2010)
El disco homónimo con el que estos alemanes habían debutado el año pasado ya había logrado entusiasmar a más de uno a fuerza de energía desatada, buenas ideas y virulencia emocional. Este sucesor no hace más que confirmar el potencial allí expuesto con siete nuevas canciones (bueno, seis y un increíble cover de “Scentless apprentice” de Nirvana) donde profundizan aún más su combinación de rabia Hardcore, groove rockero, mugre Crust, oscuridad melódica y cierto filo metálico. La guitarra lleva la batuta con riffs certeros y versátiles (a veces más disonantes, a veces más machacones, a veces bien simples y marcados, a veces jugando con arreglos y texturas más intrincadas y emotivas), seguida de cerca por una base rítmica tan contundente como dinámica y una voz femenina que deja hasta la última gota de sangre en cada grito, transmitiendo de forma tremendamente intensa profundas sensaciones de rabia y frustración. “The ills of life” muestra también al cuarteto adentrándose en terrenos musicales más retorcidos y siniestros, por momentos rozando el Noise-Rock, aunque sin olvidar nunca las enseñanzas del Black Flag más visceral. En los pasajes más lentos hasta pueden llegar a remitir a la envolvente catarsis de Neurosis pero en construcciones más simples y despojadas. Y cuando pisan el acelerador (ya sea a paso firme y rockero como a puro tupá.tupá), es mejor que se corran del medio porque esta gente no tiene empacho en llevarse puesto a quién sea. No hay necesidad de darle demasiadas vueltas, si andaban buscando material que les dé una buena patada en el orto no pueden dejar pasar este furibundo “The ills of life”.


-Juliana Hatfield “Peace & love” (2010)
Gracias a discos destacados como “Become what you are” (1993) u “Only everything” (1995), a su combinación de perfectas melodías Pop y guitarras potentes, a su paso por Lemonheads (y los subsiguientes rumores de romance con Evan Dando), a su particular voz (entre aniñada, rasposa, maliciosa y emotiva) y, principalmente, a esa atractiva impronta de chica simple y complicada al mismo tiempo, Juliana Hatfield se erigió (al menos para un público selecto) como un auténtico ícono del Rock de los noventas. Como sucediera con tantos otros congéneres, la carrera de Juliana nunca se detuvo, siguió sacando discos más que recomendables (mención especial para el anterior “How to walk away”, editado en 2008) en forma independiente y lejos de la atención y la reverencia que recibió (por parte tanto del público como de la prensa rockera) en la década del Grunge y las camisas a cuadros. “Peace & love” se distingue dentro de la extensa discografía de la pelirroja por ser el primer trabajo donde ella misma se encarga de todo, la composición, la interpretación de todos los instrumentos, la grabación, la producción y hasta la edición por su propio sello, Ye Olde Records. En ese sentido, también lo distingue el hecho de que se trate de un disco predominantemente acústico y, por ende, de tono más intimista que sus anteriores entregas. Acompañada por delicados rasgueos y arpegios de guitarra, algún que otro piano, alguna ocasional distorsión y algún que otro ritmo cadencioso, la voz de Hatfield nos enamora con melodías sentidas y bellísimas, con un tono entre confesional (hay un tema titulado “Evan”, dedicado a ya se imaginarán quién) y relajado, sin necesidad de caer en estridencias o trucos baratos para conmover. “Peace & love” es un elogio de la artesanía cancionera en su máximo esplendor, un disco que encuentra la belleza en su forma más simple y cotidiana, y que, aún así, nunca resulta superficial o aburrido. Con cuarenta y tres años de edad, Juliana se mantiene en forma como si todavía tuviera veinte pero suma una madurez emocional que no le sienta nada mal. Si buscan algo para descansar del ruido y la locura, he aquí una excelente opción.


-Lesbian “Stratospheria cubensis” (2010)
Lesbian es un nombre extraño para un grupo de Metal extremo pero, si algo queda claro aquí, es que a estos tipos no les molestan las cosas extrañas. Su álbum debut (“Power hor”, de 2007) ya exponía una desorbitada combinación de Doom, Sludge, Black, Post-Rock, Psicodelia, Metal tradicional y delirios Progresivos varios en composiciones que iban de los ocho a los veinticinco minutos de duración. Tres años después, llega el sucesor y hay que decir que el cuarteto no ha perdido las ganas de experimentar. Con sólo cinco temas desplegados en más de setenta minutos, “Stratospheria cubensis” representa un viaje musical tan denso y alucinógeno como impredecible. La principal diferencia que se percibe con respecto a su antecesor es que esta vez la locura se encuentra enmarcada en una atmósfera bastante más oscura y, por ende, cohesiva, aunque el hecho de que la misma banda defina a este trabajo como “hongos en el cielo con diamantes” prueba que todavía hay lugar para extravagancias y vueltas inesperadas. Ok, hay que admitir que por momentos parecen pasarse de pretensiosos y no siempre parece justificada la extensa duración de las canciones (esto se ejemplifica perfectamente en el interminable último tema) pero siempre es rescatable el espíritu de exploración y la visión abiertamente vanguardista del grupo. Y, si el fuerte del grupo no está en la solidez compositiva, lo suplen con un despliegue enfermizo de ideas dispares y un clima general de espesura casi barroca que esconde gratas sorpresas musicales para aquellos que se sientan capaces de sumergirse sin pruritos en las intrincadas arquitecturas aquí propuestas. Las guitarras se disparan hacia todas las direcciones posibles, entre gordas murallas dumbetas, complejos contrapuntos y juegos armónicos, arreglos siniestros, riffs y punteos ideales para flotar en la negra inmensidad del espacio exterior, cristalinos remansos de reflexión entre melancólica y lisérgica, violentos machaques y un sinfín de recursos que nos hacen pensar que una cruza entre Sleep, Pink Floyd, DarkThrone, Iron Maiden y King Crimson es posible. La base rítmica sostiene dicho despliegue con el virtuosismo y la precisión necesarias (hasta hay lugar para prominentes líneas de bajo que causarán erecciones en los fans de Jaco Pastorius del mundo), los ocasionales teclados aportan interesantes atmósferas y hasta la voz se permite cierta versatilidad aún privilegiando los gruñidos extremos. En fin, obviamente se trata de material de difícil digestión y requiere de un cierto gusto por las cosas épicas, enroscadas y ambiciosas pero lo bueno es que eso queda en evidencia tan inmediatamente que no hay forma de sentirse engañado ni nada por el estilo.


-Magrudergrind “Crusher” (2010)
Con sólo seis temas en once minutos y medio, estos paladines de la nueva generación Powerviolence (con perdón de Eric Wood) se las arreglan para seguir pateando cabezas sin respiro, homenajeando de paso al espíritu más Punk de aquellos viejos discos de Terrorizer y Napalm Death. Claro, los nerds del Metal extremo podrán discutir a sus anchas sobre si esto califica o no como Powerviolence o si cabe colocarlos en la siempre inquieta bolsa del Grindcore. Podemos contentarnos con notar que Magrudergrind toma elementos de ambas corrientes y que, en última instancia, tampoco estamos hablando de dos géneros tan alejados entre sí. En definitiva, los puntos en contacto entre bandas como Discordance Axis, Crossed Out, Pig Destroyer o Fuck On The Beach deberían ser evidentes para cualquier con un par de oídos bien predispuestos a ser castigados. La mención de esos nombres no es gratuita, desde ya. En algún lugar del torbellino de blast-beats, riffs borroneados y alaridos rabiosos que proponen estos washingtonianos se pueden encontrar rastros de todos ellos. Aún así, estamos hablando de esos grupos que logran imprimir una personalidad propia a su receta para el odio, algo que los distinga entre tanta violencia sónica y que, de paso, contribuya a que la energía no decaiga nunca. Porque, debajo de las gruesas capas de bronca y distorsión se esconde un grupo con un claro sentido de la dinámica, provisto de un sonido arrasador y de una urgencia que obliga a retorcerse en virulentos espasmos a cada segundo. Y también, como corresponde, hay lugar para el sentido del humor (expuesto en los ocasionales samples hip-hoperos) y para los aplastantes rebajes Sludge que tan bien sirven como contrapeso al vértigo casi constante de las composiciones. En fin, no hay mucho más para agregar. Si andan con ganas de descargar bronca y con poco tiempo para dedicarle a dicha actividad, “Crusher” es una excelente opción y encima lo pueden descargar de forma gratuita en el propio myspace del trío.


-Negligent Collateral Collapse “28 minutes of silence for all innocent victims...And boneses” (2010)
Con su disolución en 2006, Negligent Collateral Collapse (a veces conocidos simplemente como NCC) dejó un vacío difícil de llenar en la siempre fructífera y revoltosa escena Grindcore checoslovaca. Su sonido mantenía ciertas raíces en el Gore-Grind más tradicional pero no temían adentrarse en terrenos más experimentales y desarrollarlos hasta sus últimas consecuencias, de cierta forma tomando algo de esa estela alucinógena que patentaran grupos como Brutal Truth, Exit 13 o Cephalic Carnage a mediados de los noventas pero adaptándola a su propia identidad, donde, además de las referencias a sustancias alteradoras de la conciencia (su última placa de estudio, “Sick atoms”, presentaba diecinueve temas, cada uno dedicado a una sustancia específica), también había lugar para dar rienda suelta a la pasión de sus integrantes por las físicas, las matemáticas y las ciencias duras en general. De las cenizas del quinteto surgieron nombres recomendables para cualquier amante del buen Grind como Eardelete y Jig-Ai pero ninguno de ellos alcanzó aún el nivel creativo de NCC. “28 minutes of silence for all innocent victims...And boneses” es buena prueba de ello, recopilando treinta y un tracks de material raro, que incluye su primer demo, temas del split “United States of Goregrind”, otro demo de 1999, mezclas alternativas de temas de “Paranormal nanodivision” (su larga duración de 2003) y del mencionado “Sick atoms” (2005), y tres reversiones a cargo de Eardelete. Una panzada de puro Grindcore demente, retorcido, putrefacto pero siempre entendible, con un claro gusto por la variedad rítmica, los arreglos exóticos (incluidos algunos de tono casi Industrial) y las guitarras deformes, y la manifiesta intención de joder con nuestras mentes. Al mismo tiempo, este material sirve para seguir la evolución del grupo a través de sus once años de existencia y para comprobar que, aún en sus más modestos inicios, ya tenían una idea bastante clara de sus objetivos. Por lo general, ante un álbum Grindcore de más de una hora de duración, yo recomendaría cautela, se sabe que es un género que suele funcionar mejor en dosis breves. Pero, en este caso en particular, dado el afiebrado vuelo creativo de las composiciones y la vasta gama de variantes que aportan al conocido esquema de los blast-beats y los gruñidos, no tendría demasiados reparos en tragarlo de un saque. Prueben ustedes, les dejará un gusto extraño pero altamente adictivo.


-Neu! “Neu ‘86” (2010)
Entre fines de 1985 y principios de 1986, Michael Rother y Klaus Dinger volvieron a unir fuerzas bajo el nombre de Neu!, tal como lo hicieran a principios de los setentas, cuando ambos partieron de Kraftwerk para consolidarse como uno de los pilares indiscutidos del Kraut-Rock y una de las bandas más influyentes en la historia del Rock en general. Las sesiones de grabación quedaron inconclusas y el plan de lanzar un cuarto disco fue abandonado. En 1995, Dinger decidió editar dicho material (a través del sello japonés Captain Trip Records y bajo el nombre de “Neu! 4”) como respuesta a las ediciones piratas de los clásicos tres primeros discos de Neu! que pululaban en ese momento. El problema es que lo hizo sin el consentimiento ni la colaboración de Rother, lo que generó un fuerte sismo en su relación. En 2008 Dinger fallece a causa de una falla cardíaca y dos años después Rother finalmente llega a un acuerdo con sus herederos y se aboca a trabajar en los masters y las cintas originales, finalizando así lo que él mismo define ahora como “el cuarto disco de estudio de Neu!”. Entonces, después de tantas vueltas, lo que aquí tenemos es ni más ni menos que aquel “Neu! 4” un tanto más pulido, con algunos temas diferentes y otros remixados pero con el espíritu original intacto. Por si se lo preguntan, el espíritu es algo así como la introducción de Neu! en los ochentas, casi un híbrido entre la experimentación sónica y los climas hipnóticos de antaño con la impronta sintética y cierto flirteo con el Pop de la época. Desde ya, no cabe esperar que la magia de aquella trilogía inicial casi perfecta se repita aquí pero eso no significa que el material no se sostenga por peso propio. Las baterías programadas podrán molestar a algunos puristas pero si tenemos en cuenta que el grupo experimentó desde sus inicios con elementos electrónicos y ritmos repetitivos la cosa no es tan grave. Y lo cierto es que, a lo largo de toda la placa, se perciben prácticamente todas las variantes que distinguen y dan forma al sonido de Neu!: bases minimalistas y en 4x4 (su famoso Motorik), intrincadas construcciones armónicas de guitarras, teclados y efectos varios, espesos collages sonoros, voces que alternan entre letanías alucinógenas y ocasionales desgarros, distorsiones fantasmas y un cuidado obsesivo por las texturas y la variedad tímbrica. Es sólo que, como ya dijimos, en esta ocasión dichos elementos cobran vida de la mano de ciertos modismos claramente ochentosos (lo cual para algunos será un defecto y para otros una virtud, claro está) y de aires un tanto más accesibles. Aún así, “Neu ‘86” se erige como un trabajo más que correcto y que no desentona en absoluto con lo que uno esperaría del grupo en los ochentas, transformándose en una digna (aunque demorada) continuación de sus álbumes más laureados.


-Ostende “El trayecto del mapache” (2010)
Dicen que no hay que juzgar un libro por su portada pero debo admitir que el excelente arte de tapa que adorna este álbum debut de Ostende ya me predispuso más que bien. También tengo que decir que el hecho de que cuenten en sus filas con un ex integrante de los tristemente disueltos Voightkampff (el guitarrista Federico Manca, ingresado a Ostende a mediados de este año) suma puntos en la apreciación previa. Pero ni todos los envoltorios y pergaminos del mundo me hubieran preparado para lo que contiene este intenso “trayecto del mapache”. En líneas generales deberíamos hablar de Screamo en su veta más caótica, disonante y agresiva, con bandas como Orchid, Neil Perry, Loma Prieta o Shikari como atinados referentes, pero eso no es todo. También hay lugar para esos aires casi épicos y esa profunda elaboración musical que, en su momento, aportaron nombres como Envy (antes de pasarse definitivamente al Post-Rock) o City Of Caterpillar. Y, aún así, el resultado final es mucho más que la suma de influencias. Cada una de estas ocho canciones presenta tal grado de inventiva, tal solidez interpretativa y alcanza tales picos de intensa urgencia emotiva, que ponen a este joven cuarteto bonaerense al nivel de cualquier exponente contemporáneo del estilo (y por arriba de muchos, vale aclarar), sea del país que sea. Las bases son frenéticas y contundentes pero se manejan con un sentido de la dinámica tan inteligente como contagioso, la voz se deshace en alaridos que atraviesan el aire y se clavan como dagas en el corazón, la guitarra propone un trabajo excepcional con riffs que hacen tensionar las articulaciones, arpegios que pintan paisajes de sentida desolación, murallas de distorsión que envuelven los sentidos y generan espesas visiones en la mente, melodías que desgarran el corazón y una vasta gama de recursos siempre utilizados para maximizar la intensidad. Y todo ese flujo incesante de ideas y emociones se ve perfectamente condensado en canciones tan atrapantes como viscerales, con estructuras afiebradas y una energía oscura y liberadora al mismo tiempo, que nace de las entrañas mismas y se dispara hasta fundir cuerpo, mente y alma en un fuego tan vibrante como doloroso y, en última instancia, revelador. Sin duda alguna, la revelación del año.


-This Routine Is Hell “The verve crusade” (2010)
No sólo de progresismo, remeritas anaranjadas y múltiples variedades de porro vive Holanda, aunque parezca increíble allí también hay lugar para que un grupo como This Routine Is Hell desarrolle su propia cepa de Hardcore rabioso y con claras referencias a bandas como Give Up The Ghost, Panic, The Hope Conspiracy y, principalmente, Paint It Black. “The verve crusade” es su debut discográfico (bueno, si no contamos un demo y un par de splits previos) y con los poco menos de dieciocho minutos que dura ya alcanza para percibir que, más allá de las influencias (vamos, en un género como el Hardcore, las deudas a pilares como Minor Threat, Black Flag o Youth Of Today son moneda corriente, pero lo mismo sucede en la mayoría de los géneros con sus respectivos pioneros), estos muchachos tienen pasta para sorprender a más de uno. No es que estén reinventando la pólvora, claro, simplemente se trata de que logran despacharse con canciones certeras, sumamente intensas y con el suficiente grado de variedad como para no resultar monótonos o aburridos. Es de especial atención la versatilidad rítmica que manejan, yendo de las habituales bases a toda velocidad a rebajes bien oscuros, abruptos cortes y hasta pasajes pletóricos de una tensión trabada que generan una sensación de caos y aportan una saludable dinámica. En ese sentido, la guitarra también ayuda con arreglos y riffs muy interesantes, a veces disonantes, a veces melódicos y, en más de una ocasión, remitiendo a las horas más iluminadas de Black Flag, aunque con una impronta contemporánea que los aleja del revival. Como cereza sobre la torta, hay que mencionar que el grupo ha puesto a disposición del público la versión digital de este disco en descarga gratuita, sólo basta visitar su página web (www.thisroutineishell.com). Una oferta irresistible para cualquier amante del buen Hardcore que se precie de tal.

1 invocaciones del cosmos:

- NCC: NASA Grind por siempre! El último de Eardelete zafa, aunque son más interesantes los temas de NCC.

- Un conocido refrán reza: "Al que Magruder dios lo ayuda".

- Florido Pensil: ruidoso e impecable. Los conocí gracias a uds.