27 de septiembre de 2008

Reviews


Por Fernando Suarez.


Swarrrm “Black bong” (2007): ¿El Death Metal está definitivamente estancado? Pregunta difícil si las hay. No quiero decir que no sigan saliendo buenas bandas dentro del género, pero convengamos que no son tantas como antaño y son pocas las que abren nuevos caminos. Y esto tal vez ni siquiera sea culpa del Death. Me explico: desde que, en los noventas, algunas de las bandas pioneras decidieron buscar nuevos horizontes para refrescar sus propuestas, siempre estaba la prensa musical poniendo etiquetas nuevas (Death Técnico, Death N’ Roll, Death Melódico, Death Industrial, Death Doom y vaya a saber uno qué otras barbaridades), logrando así que sólo se considere Death Metal propiamente dicho a aquellas bandas y discos que no se salen de los márgenes “tradicionales” del estilo. En definitiva, pura cháchara de etiquetas que poco dice sobre la música. Bueno, estos japoneses hacen Death Metal, sí. Y tal vez sólo los puedo definir de esta forma porque a nadie se le ocurrió un nombre nuevo para describirlos, no importa. Retomemos, Swarrrm hace Death Metal y no se parece a ninguna banda que hayan escuchado antes, dentro o fuera del Death. Ni siquiera son una banda nueva, este es su tercer disco, se formaron en 1996 y encima cuentan con la increíble voz de Tsukasa Harakawa, ex cantante de Hellchild (luego conocidos como From Hell), otra excelente banda que le dio vuelta la cara al Metal Muerte. Bueno, seguro que están esperando una descripción del sonido de Swarrrm, ¿no? A ver, no hay referencias directas, de hecho las únicas dos influencias que se me aparecen como evidentes no tienen mucho que ver con el Metal: The Jesus Lizard y Mike Patton. Sí, acá hay ruido, cascadas de feedback, disonancias punzantes, alaridos, gruñidos y demás convulsiones “gargantísticas” manejadas con una maestría soberbia. Y también hay blast beats, riffs gordos, punteos melódicos, alguna que otra voz femenina invitada, medios tiempos para cabecear, enrosques compositivos y groove ganchero. Sí, se podría decir que estamos en presencia de un grupo ecléctico, pero la magia del cuarteto es lograr esa variedad sin dejar de sonar homogéneos y personales en ningún momento. Ok, ya no tenemos trece años y nuestra capacidad de sorpresa antes grupos con voces de monstruo, baterías taladrantes y guitarras de ultratumba no es la misma. Y, en cualquier caso, el impacto inicial de joyas como “Necroticism”, “Mental funeral”, “Blessed are the sick” o “Cause of death” es irreemplazable. Pero sepan disculparme si sumo esta ignota gema oriental a mi panteón personal del Death Metal.



Enablers “Tundra” (2008): Enablers son el capitán de este barco. “Tundra” es un viaje en alta mar en la más impenetrable de las noches. Por supuesto, hay quienes creen que la tripulación se encuentra en un estado de avanzada ebriedad como para pilotear esta nave. Ellos se lo pierden, este no se supone que sea un viaje de placer. Y tampoco hay necesidad de cerrarle la puerta a tan dulce melancolía. El viento golpea fuerte y nos tambaleamos lentamente pero la nausea sólo está en nuestros corazones destrozados. La noche nos dice todo con su silencio. Nosotros somos incapaces de responderle, sólo tenemos estas palabras para ofrendarle. Quisiéramos enterrar esta terrenal desesperación bajo toneladas de océanos y estamos condenados a navegar sólo sus superficies. “Tundra” es este rústico barco de madera que se sabe sobreviviente de las peores mareas. Herido, tal vez puedan percibir el rastro de una sonrisa irónica en su ajado rostro. O tal vez sólo queden hipnotizados por los mantras en blanco y negro que se desprenden de su mirada perdida. Sí, estas son aguas oscuras, pero sólo sumergiéndonos en ellas podremos contar estas historias.



Moho “Chotacabra” (2008): Bueno sí, creo que estuve una semana entera riéndome del nombre de este disco. Por suerte, los ocho mazazos contenidos en este tercer larga duración de estos madrileños no son ningún chiste. Vamos a hacerlo simple: esto es Sludge. Guitarras gordas como el culo de Kerry King, bases agobiantes con tachos y platillos golpeados con todo el odio, acoples aquí y allá, gritos desgarrados y ensuciados con distorsión, oscuridad Sabbathica llevada al extremo de la enfermedad y la desesperación. Sí, todo eso está y está muy bien hecho. Pero hay más. Tenemos temas con un groove irresistible, con un sonido de válvulas al rojo vivo y hasta con resabios de melodía (a la Black Sabbath, obvio) en los riffs. Hay también algo de introspección cercana a Pelican o Isis y largos pasajes instrumentales donde los Melvins dicen presente con sus típicos rebusques rítmicos. Y no me olvido de alguna que otra levantada de tempo que los hace sonar como unos MC5 con una tonelada de graves encima ni de “Anciago”, donde logran transformar una especie de Western en un Sludge a puro trance riffero hipnótico. Métanse de cabeza, los pantanos de Madrid están irresistibles.



Rudimentary Peni “No more pain” (2008): Probablemente Gregor Samsa jamás imaginó que la banda de sonido perfecta para sus tribulaciones se encontraría en un mini lp de veinte minutos grabado por un grupo de Punks anarquistas con más de veinticinco años de carrera. Tal vez los años de internación en manicomios le hayan dado a Nick Blinco la habilidad de ver cosas que nadie más puede ver, aunque si nos guiamos por los legendarios primeros trabajos de Rudimentary Peni (tomando también en consideración las magistrales ilustraciones del cantante), esa era una cualidad que cargaba consigo mismo desde temprano. Ok, esto es Punk Rock de pura cepa: temas cortos, riffs simples, tempos casi marciales y una voz llena de enojo. Pero acá no tenemos el Pop de los Ramones ni el rockandroll tontuelo de los Sex Pistols. Y mucho menos el eclecticismo pseudo socialista de The Clash. No por nada estos ingleses debutaron de la mano de los eternos CRASS. Entonces, las canciones minimalistas nos descubren laberintos inexplorados de la condición humana, las guitarras al rojo vivo transforman miedos en certezas y esa garganta quebrada se reconstruye llena de autoridad para echar flashes de luz cegadora sobre la impenetrable oscuridad que nos rodea. No es de extrañar que gente como Black Flag y Neurosis los tuvieran entre sus bandas preferidas.



Burst “Lazarus bird” (2008): Los discos de Burst son algo más que un viaje. Son como estar envueltos en una cápsula. El mundo exterior desaparece y avanzamos por túneles hechos de pura música. Podrá parecer difícil al principio, pero con las sucesivas escuchas el efecto es irresistible. Y sí, Burst es una banda difícil. Lo es porque vienen del Hardcore y sin embargo suenan más rebuscados que una legión de aspirantes a Rush. Y, claro, son Progresivos pero tienen tanta intensidad y mala leche como el más mugriento grupo Crust que puedan imaginar. Y, sí, son PESADOS (así, con mayúsculas) pero nunca pierden la oportunidad de cegarte con destellos de extrema belleza melódica. Y no, no son un clon de Neurosis/Isis ni nada que se le parezca, aunque no por ello desechan los paisajes etéreos que se quiebran con distorsiones monolíticas ¿Quieren influencias? Ellos citan a Today Is The Day, Godspeed You Black Emperor!, Opeth, John Zorn, Deep Purple, His Hero Is Gone y unos cuantos más. Yo citaría simplemente a Burst. Es más, diría que esto tiene mucho más que ver con un rótulo como Metal Progresivo, que bodrios despersonalizados como Fates Warning o Magellan…si no fuera porque los rótulos le quedan chicos a una banda como Burst. Más en este cuarto disco, donde se disparan hacia todas las direcciones posibles sin perder nunca la unidad de criterio que les da identidad. Inclusive se sienten brisas del espíritu de Faith No More aquí y allá. Y de ninguna manera quiere decir esto que haya una influencia directa y reconocible de la ex banda de Mike Patton, me refiero a la habilidad para condensar los puntos comunes entre géneros dispares y presentarlos en forma de canciones bien estructuradas y memorables pero plagadas de detalles, texturas, colores y demás condimentos que hacen que uno no termine nunca de abarcarlas del todo y que cada nueva escucha sea todavía terreno virgen para los oídos. Denle tiempo y ténganle paciencia, “Lazarus bird” vale cada segundo invertido en él.



The Endless Blockade “Primitive” (2008): Este infierno urbano da vueltas en mi cabeza a demasiada velocidad. Y, súbitamente, todo se ralentiza. Cada gesto de desprecio se mueve en cámara lenta, exponiendo los más desagradables trazos de la anatomía humana. Justo cuando creo encontrar una explicación, una brisa de redención, el reloj interno del mundo vuelve a acelerarse y las siluetas se desdibujan. Manchas rojas, ¿no las ven? ¿Nadie más escucha estos gritos cubiertos de asfalto y smog? Y hay sutiles pero perceptibles irregularidades en esta linealidad temporal a la que estamos condenados. El caos nos abraza con garras de concreto sólido. Apretando hasta que nuestras cabezas estallan. Y queremos encontrar el placer en todo esto. No sabemos por qué, pero hay placer en este desmembramiento metafísico. Lo hay en estos oxidados tornos que taladran nuestra voluntad y nos reducen a bestias casi humanas. Así que, celebremos, somos los insectos que sobrevivieron al Apocalipsis y estos son nuestros últimos lamentos.



Smoking Popes “Stay down” (2008): No todo en la vida son blast beats, chillidos, acoples y experimentación ruidosa. También podemos relajarnos y disfrutar de canciones hermosas y que nos hagan sentir (aunque más no sea por unos minutos) que el mundo no es ese lugar horrible que está ahí afuera. Estos Papas Fumadores no son novatos en el tema, nacieron en 1991 y cuentan con unos cuantos discos en su haber (entre ellos, el imprescindible “Destination failure”) que los transformaron en una de las bandas más respetadas del Punk-Pop norteamericano. Sí, dije Punk-Pop, pero ni por un segundo piensen en Blink 182 o bazofias por el estilo. Aunque tampoco son Hüsker Dü, claro. Veamos, el punto fuerte de Smoking Popes está en su vocalista, Josh Caterer, un tipo que no escondió nunca su fanatismo por los cantantes del estilo de Frank Sinatra o Tony Benett. Así, mientras la banda tira acordes distorsionados a ritmo Ramonero, Josh nos embruja con inocentes historias de amor relatadas con melodías que se salen de los cánones tradicionales del Pop y se visten de esmoquin (je) portando esa emoción casi distante. Y el tipo no será Sinatra (eso sería como pedirle a todos los guitarristas que sean Hendrix) pero se la banca más que bien, inclusive incorporando cositas de Folk y Bossanova en su interpretación. Pueden escucharlo a escondidas de sus amigos metaleros, hardcores o snobs, les aseguro que vale la pena.



Machetazo “Mundo cripta” (2008): Debo confesarlo: tengo una debilidad por estos gallegos. Sí, ya sé, no hacen nada que no se haya escuchado miles de veces y no es que le den ninguna vuelta de tuerca renovadora a nada…pero tienen “algo” que me puede. Tal vez sea esa combinación de Death Metal cabeza a la Autopsy/Abscess con lo más Hardcore de Napalm Death y las voces ultra graves e inentendibles de Mortician. Tal vez sea el contundente sonido que sonido con el que logran embellecer tan simples canciones. Tal vez sean las pequeñas digresiones que se toman hacia otros géneros (en este caso, tenemos el final a puro Noise de “Los Cuentos del Muñón Gangrenoso V (Credo In Extremis)”…los títulos de los temas…después llegaré a ese punto). Tal vez sean los samples de películas de terror en “gallego”, risa garantizada o le devolvemos su muñón gangrenoso. O tal vez sean títulos de canciones como “Beso Negro A Una Anciana Con Diarrea Continua Y Abundante”, “Humillado y Descuartizado Por Mongólicos” o “Delirio en el Pozo de Excrementos”…sí, material de excelencia. En fin, no tengo justificación y no me queda otra que admitir a Machetazo como uno de mis tantos placeres culposos. Aunque probablemente sea el más divertido de todos ellos.



Fucked Up “The chemistry of common life” (2008): Una voz cascada desgrana melodías de… ¿esperanza? Sí, por qué no. Guitarras que despegan hacia el infinito (y más allá), pintando todo con colores exóticos. Distorsiones aterciopeladas con miles de efectos, espirales cubiertos de una espesa lluvia de suciedad multicolor. Punk Rock, sí. Ok, tal vez no sea “la forma del Punk que vendrá”, pero podría serlo en un mundo paralelo donde todos nos tomáramos nuestro tiempo para apreciar las cosas como se debe. Urgencia, intensidad, emoción cruda, en carne viva. Rock And Roll, claro. Y más. Ideas, algo más que un par de panfletos y de frases huecas que suenan bien. Algo más que un par de acordes atronadores y la psicodelia transformada en algo más que un mero escapismo. La complejidad de las cosas simples. Podemos escuchar capas y capas de guitarras y ni un solo contrapunto, nada que destruya la armonía perfecta de estas bombas molotov con aroma a rosas. Música que te ataca porque tiene motivos suficientes para justificar su hostilidad. Música que, en definitiva, quiere acercarnos porque no seríamos nada los unos sin los otros. ¿Hippies? ¿A quién le importan esas palabrotas? Ciertamente Fucked Up se caga en tradiciones y dogmas rockeros. Y se me ocurren pocas cosas más “punks” que eso. Hay belleza en estos cuerpos dañados, hay amor en estas venas a punto de explotar. Y, ciertamente, hay esperanza en esta frustración.



United Nations “United Nations” (2008): ¿Brujería para las nuevas generaciones del Metal Extremo? Hay puntos en común: proyectos paralelos donde los miembros ocultan su identidad y se dedican a sacarse de encima las ganas de hacer música más “simple” que la de sus bandas principales, adornándola con letras y estética que abordan cuestiones políticas pero con un siempre ácido sentido del humor. En este caso, United Nations cuenta con miembros de Glassjaw, Converge, Thursday, The Number Twelve Looks Like You y Made Out Of Babies, entre otros. Esconden sus rostros tras máscaras del ex actor Ronal Reagan y se dedican a reivindicar los postulados de bandas como Orchid, Reversal Of Man o Saetia, bandas que (durante la década pasada) lograron combinar la velocidad desprolija y ruidosa del Grindcore con las disonancias y melodías típicas del Post-Hardcore, ganándose el ridículo mote de Emo-Violence. Eso es lo que tenemos aquí, veinticinco minutos de pura emotividad violenta, con temas cortos, frenéticos, guitarras ruidosas, bellas melodías que se entrecruzan con gritos desgarrados y una sensación constante de dientes apretados con toda la fuerza posible. Tal vez el detalle extraño en este contexto sea el sentido del humor con el que nos topamos en muchas de las letras (incluidas referencias a Refused y a los Beatles) y algunas digresiones musicales, como ser el uso de alguna que otra guitarra acústica y el saxofón que adorna “Say Goodbye To General Figment Of The Uss Imagintation”, cerrando el disco con una especie de Lounge ruidoso tocado en el espacio exterior. Igual que Brujería, United Nations no descubre la pólvora y no pretende más que pasar un buen rato con música extrema de fondo. Habrá que ver cuánto tiempo aguantan hasta que el chiste pierda la gracia.



Grails “Doomsdayer’s holiday” (2008): Los términos que se suelen usar para denominar géneros y subgéneros dentro del Rock suelen ser de lo más estúpidos y absurdos (y, teniendo en cuenta que la prensa Rockera, que inventa dichos engendros idiomáticos es, en la mayoría de los casos, de lo más estúpida y absurda, no es nada raro que así sea). Ahora bien, creo que ninguno supera en pretenciosidad mal entendida al término Post-Rock. Para peor, algunas de las primeras bandas en recibir dicha denominación (Slint, Tortoise) tal vez sean de las más originales e influyentes del Rock en general. Y, para embarrar todavía más la cancha (perdón por la metáfora futbolera), ya hace tiempo que lo que se conoce como Post-Rock es básicamente Rock instrumental con melodías entrecruzadas que parecen sacadas de la banda de sonido de una película de Meg Ryan y que van subiendo la intensidad hasta estallar en un climax de ruido guitarrístico a la Sonic Youth. Y, como suele suceder, el mundo se llenó de grupitos con nombres extraños y artes de tapa minimalistas repitiendo esa fórmula hasta el vómito. En este contexto, es menester que se deje de considerar a Grails como Post-Rock. No sólo porque no responden a las características antes mencionadas (salvo por el hecho de ser instrumentales), si no porque la imaginación, personalidad e intensidad que desbordan en cada una de sus canciones los ponen más allá de las etiquetas. Influencias claras del Folk celta se entrecruzan con Blues riffero de pura cepa, climas de Dub narcótico son interrumpidos por distorsionados ríos de magma, la espontaneidad del Rock setentoso convive sin problemas con la revulsión del Punk más vanguardista y las técnicas de post-producción de la música electrónica. Siempre manejando con extrema inteligencia la dinámica de las canciones y generando un sinfín de imágenes en los ojos de la mente. Ya llevan seis discos y son propensos a editar más de uno por año, yo que ustedes me apuro por seguirles el paso.

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