29 de mayo de 2009

Reviews

Por Fernando Suarez.


-Zenocide “Zenocide” (2009)
Boris, Corrupted, Coffins, Gallhammer, Birushanah, GreenMachine y así podríamos seguir enumerando por horas. Japón tiene una más que destacada tradición dentro de los sonidos más densos y enfermos del Sabbathismo moderno. Podemos sumar a la lista a Zenocide, enigmáticos muchachos que llevan los riffs aplastantes, los graves saturados y los acoples en el corazón. El referente más cercano tal vez sea ese sonido áspero y casi Crust de Corrupted, pero Zenocide cuenta con ciertos trucos bajo la manga para evitar la mera copia sin gracia. Ya dijimos que el sonido navega por la crudeza más absoluta, de hecho muchos de los riffs suenan a Crust tocado lento antes que a Black Sabbath Hardcorizado. Por otro lado, es posible encontrar un fuerte componente Blackmetalero (en especial en temas como “Exit” y “Third”) con las guitarras generando cascadas de distorsión satánica sin por ello dejar de lado cierto macabro sentido melódico y la voz enroscándose en desgarrados alaridos que remiten a un Mike Williams con Corpsepaint. Ahora bien, los acoples y gritos que enmarcan esa bestia babosa que es “Shindow”, bien podrían ser considerados el híbrido más maldito y agobiante entre Eyehategod y Khanate. En fin, referencias inevitables pero que en ningún momento opacan la identidad del grupo. Ok, tampoco vamos a creer que estamos en presencia de un nuevo paradigma para el Sludge/Drone/Crust/Doom/Black o cómo sea que prefieran llamar a esto, pero sin duda alguna aquellos que aprecien dichos empantanados atributos han de encontrar en estos seis turbulentos temas material de innegable calidad. Ideal para pudrirse lentamente.



-End Of A Year “End of a year” (2009)
Pareciera que los últimos fines de año que vivieron estos neoyorquinos fueron a fines de los ochentas, más precisamente en Washington DC. Los tipos mamaron esa cruda emotividad, ese momento en que el Hardcore empezaba a mirar hacia adentro antes que seguir apuntando con su eterno dedo acusador. Hasta tomaron su nombre de un tema de Embrace, aquella fugaz banda liderada por el prócer Ian MacKaye. Si bien este álbum autotitulado consta sólo de tres canciones, bien sirve como carta de presentación y como aperitivo hasta el próximo larga duración. Tengan en cuenta que hace tres años que el quinteto se maneja con una firme dieta de ep’s y splits. “Robert E. Howard” combina riffs entrecortados con esas melodías desprolijas y declamativas de las que Don MacKaye estaría orgulloso. “Gray Morrow” acelera el pulso sin bajar el nivel de sensibilidad melódica y casi mimetizándose con los momentos más adrenalínicos de Rites Of Spring. “Walter M. Miller Jr.” cierra la placa con un clima más introspectivo, pintando esas postales de cotidiano desconcierto y desgarrada melancolía sin caer en la sobreactuación ni en la mera queja adolescente. Ok, podemos coincidir en que esto no es material de vanguardia ni pretende serlo, pero es casi imposible no rendirse ante canciones tan buenas entregadas con el corazón en la mano y la mente enfocada. Y sí, tampoco voy a esconder que el grupo rescata una de mis eras preferidas en la historia del Rock, pero aún así no creo que se trate de un ejercicio estéril de recreación o mímica del pasado. Nada en estos temas se acerca siquiera a la pose superficial de tanta banda retro. El corazón Hardcore/Punk exhibido por un prisma nerd/sensible y a años luz (en términos de intensidad, inteligencia y honestidad) de la pavada maquillada que hoy en día se conoce como Emo.



-Afgrund “Vid helvetets grindar” (2009)
La sed no es nada, el vértigo es todo. Desde hace unos años ya vienen desfilando un buen número de grupos tratando de erigirse como merecedores de la corona (en este caso sería una gorrita) del Grindcore sueco, puesto que Nasum dejó vacante tras su obligada disolución. Con distintos grados de calidad podemos mencionar a Gadget, Sayyadina, Splitter, Infanticide o Exhale como algunos de los exponentes más destacados de dicha corriente. Den la bienvenida a Afgrund, que con este segundo disco se adelanta unos cuántos pasos en la carrera. No hablemos de originalidad, aquí Nasum y Napalm Death son ley y está muy bien que así sea. Pero lo que pueda faltar en sonido propio (esas guitarras crujientes y masivas, y ese bajo que en vez de cuerdas parece tener cables de alta tensión, le deben bastante a la arquitectura sónica de los liderados por Mieszko Talarczyk) les sobra en energía, frescura y dinamismo. Abundan los blast-beats, los riffs borroneados, los rebajes Hardcorosos, la casi inhumana precisión instrumental del Death Metal y la típica gama de alaridos Crustys con la sangre en la garganta. El truco está en condimentar esos elementos típicos del Grind con pequeñas digresiones genéricas que aporten algo de aire para que el nivel de intensidad no baje nunca. Así, tenemos guiños al Thrash (“Forbrukningsartikel”, “Inevitable Environmental Collapse”, el más que obvio “T(h)rash Vortex”), al Doom (“A Future Europe in Flames”, “The Empire”, “The Great Cover-up Apocalypse”), ciertos pasajes que remiten a lo más Punk de Cripple Bastards (“Kuken som Vapen”) y hasta un respetuoso rescate de los juegos de texturas implementados por Napalm Death en su etapa “experimental” de mediados de los noventas. No hay más que agregar, si (como decía Sebastian Bach) ustedes también son esclavos del Grind, he aquí un disco de escucha obligatoria.



-Bring Me The Head Of Orion “Colossus” (2009)
Hipnóticos colchones de estática flotando tenuemente sobre el vacío. La tensión parece cortarse con golpes mecánicos, pero lo que parecía ser un riff liberador se transforma en un marco de acoples y suciedad digital que aprieta el cuello hasta cortar la respiración. El crepitante gruñido subterráneo de una bestia inidentificable se suma a este coro de perdición mientras las cuerdas retoman su negro retumbar y desaparecen súbitamente en estos polvorientos pasadizos. Esta vez sí detectamos un riff, o tal vez sea una invocación eléctrica a criaturas de oscuras galaxias. No hay tiempo de reflexionar, la cacofónica tormenta de feedback se ha desatado sobre nuestras cabezas y no hay dónde guarecerse. Una disonante armonía de estridencias se introduce en nuestros cerebros, adormeciéndolos para luego apalearlos con más erupciones sonoras. El paso mortuorio de esta lisérgica procesión fúnebre marca los últimos y desesperados pulsos de un cuerpo que se apaga lentamente. Sí señores, esto es Drone en su estado más opresivo y alienante. Concebido en algún sótano solitario y entregado (de forma gratuita, vale aclarar, en su myspace) para nuestro retorcido placer sadomasoquista. No esperen un clon de Sunn 0))), no obstante. De alguna forma, el sonido creado por este muchacho texano (que se niega a revelar su identidad terrenal) tiene más puntos de contacto con misantrópicos arquitectos de la cinemática tortura sonora como Abruptum, Gnaw Their Tongues e inclusive Swans. Las esporádicas baterías programadas traen ciertas reminiscencias a los pasajes más minimalistas de Godflesh, aunque aquí la estructura de canción se encuentre totalmente destruida en pos de un atmosférico viaje por los recovecos más siniestros de la mente humana. No faltan los graves que resquebrajan la tierra, por supuesto, pero aquí en vez de estallar como truenos, se desdoblan en infinitas texturas filtradas por variados tratamientos digitales, logrando un efecto menos épico pero más perverso e inquietante. Experiméntenlo y sientan como se les hiela la espina dorsal.



-Bellini “The precious prize of gravity” (2009)
Si les digo que Bellini (nombre tomado del apellido de un compositor clásico) contó alguna en sus filas con los talentos percusivos de Damon Che, eterno líder de los complicados Don Caballero, podrán imaginarse por dónde vienen los tiros en este tercer álbum del grupo. Sí, esto es Math-Rock en todo su esplendor, con guitarras contracturadas y angulares, ritmos irregulares y una tensión cadenciosa y circular que nunca afloja. Y no sólo eso. La serpenteante voz de Giovanna Cacciola aporta una nueva dimensión al género, con melodías tan hipnóticas como desgarradoras, tan sórdidas como emotivas. De alguna forma, esto podría ser visto como la versión intelectual de un grupo como Made Out Of Babies o la contracara maliciosa de Blonde Redhead, aunque semejante definición no hace justicia al enorme caudal creativo de dichas bandas ni al de la que nos ocupa. Digamos que Bellini logra transmitir las más incómodas sensaciones sin necesidad de apelar a estridencias innecesarias. Claro, aquellos que crean que las seis cuerdas ya no tenían nada nuevo para ofrecerle al Rock se toparán con un par de sorpresas en los dedos de Agostino Tilotta. Y, sin embargo, todo este despliegue de notas enroscadas no tiene nada que ver con estériles exhibiciones de pirotecnia guitarrística. Aquí el nervio rockero sigue vibrando de forma incandescente, logrando conmover no a base de decibeles si no de ideas. Estas diez canciones se clavan tanto en el estómago como en la mente y dejan profundas marcas en ellos. El corazón más revulsivo del Punk (como en sus discos previos, produce el gran Steve Albini) amplificado por estos temas de profundidad y belleza surrealista. Un desparramo de inteligencia musical al servicio de grandes canciones.

-Katharsis “Fourth Reich” (2009)
Lo primero que llama la atención de este cuarto disco de Katharsis es su título, en algún lugar entre la incorrección política más burda y la inefable bravuconada Blackmetalera. Por supuesto, a esta altura no nos vamos a escandalizar por una palabrita y mucho menos por esa supuesta ideología extrema que esconde el Negro Metal. Todo eso pasa a segundo plano (al menos en algunos casos, claro) cuando apretamos play y nos dejamos envolver por estas llamas. Lejos de las nuevas (y bienvenidas sean) tendencias que apuntan a ampliar los márgenes del género incorporando influencias exóticas, este trío alemán se mantiene fiel a los dictados de los pioneros de la crudeza noruega. Claro, aquellos que prestaron atención a su anterior “Vvorld Vvithout end” habrán notando un acercamiento a la deformidad casi surrealista de grupos como Deathspell Omega, un elemento que en este “Fourth Reich” ha sido reducido en pos de estructuras más directas y concretas. Esto no quiere decir, de ninguna manera, que el vuelo creativo se haya perdido, es sólo que está tratado de formas un tanto más tradicionales. Las composiciones siguen siendo extensas (tres de los cinco temas superan la marca de los diez minutos) y dentro de ellas es posible encontrar una gran variedad de ritmos y riffs, aunque prevalece un tono de misantrópica violencia que no decae nunca. La referencia más obvia sería DarkThrone, tanto en esos letárgicos trances a puro blast-beat como en los guiños marchosos al Hardcore y al viejo Celtic Frost, pero es imposible no notar la fuerte influencia de Bathory en los pasajes más épicos del disco. Ustedes me dirán que dichas bandas son bastiones ineludibles para cualquiera que se adentre en el terreno del corpsepaint y las iglesias en llamas. Y tendrán razón, no voy a discutir eso. Ahora bien, debajo de las influencias (como decía Adrián Outeda) y del odio irrestricto, encontramos algo de sustancia. Riffs enroscados con un cierto tufillo a Morbid Angel (me refiero a la estructuración de los mismos, el sonido se mantiene chillón y crujiente como Satán manda), un afilado instinto para que el aburrimiento nunca diga presente aún en las canciones más largas (insertar siniestros interludios ambientales ha sido una gran idea) y una innata capacidad para generar ominosas visiones en la mente eludiendo con gracia lo caricaturesco. Si a eso le suman los toques de puro Doom infernal y los fúnebres coros de “Sinn Koronation”, ya la cosa toma otro color (digamos mejor otra textura. El color sigue siendo negro). Me gustaría creer que Katharsis sólo se está replegando para volver en el futuro a la demencia de su disco anterior. O tal vez aquel haya sido la excepción. En cualquier caso, si se quedaron sin música de fondo para el aquelarre del fin de semana, aquí tienen una excelente opción.



-Throbbing Gristle “The third mind movements” (2009)
No hay nada de malo con una cosa o la otra, pero es innegable que hay artistas que van más allá del placer estético. Y digo placer estético en la más flexible de sus definiciones, en definitiva es posible encontrar ese tipo de goce tanto en discos de los Beatles como de Pig Destroyer o Sonic Youth, no se trata de géneros musicales, precisamente. Por otro lado, siempre son necesarios aquellos que (aún a riesgo de ser llamados pretenciosos) intentan llegar un poco más lejos. Aquellos que buscan quebrar paradigmas y presentar visiones totalmente nuevas. Desde su nacimiento en 1975, Throbbing Gristle (y, en particular, su líder Genesis Breyer P. Orridge, un personaje que se encargó de llevar la idea de ambigüedad sexual a un nuevo nivel) se encargaron de desprogramar muchos de los condicionamientos que la cultura occidental planta como huevos en nuestros cerebros. Y no me refiero sólo al plano artístico. Ciertamente, discos como “Second annual report” o “20 Jazz Funk greats” fundaron los estamentos de la Música Industrial, tanto en lo sonoro como en lo estético y lo ideológico, creando así un nuevo folklore para los esclavos asalariados que pueblan las grises urbes en las que vivimos. Pero también es de destacar la militancia casi terrorista con la que encaraban sus extremas presentaciones en vivo y las complejas reivindicaciones políticas que se escondían detrás del feedback y las imágenes borrosas. Nada de eso se ha perdido. En 2004 Throbbing Gristle volvió al ruedo y éste es ya el segundo disco desde su reformación. ¿Qué puedo decirles? Esto no es Metal, no tiene nada que ver con ningún tipo de modismo rockero y sin embargo suena tan perturbador, extremo e intenso como jamás imaginaron que fuera posible, logrando, de paso, aquello que se suponía tarea del Punk, una forma musical que rompiera de violentamente con el Rock tradicional y oficiara de banda sonora para la más angustiante de las decadencias urbanas. Ok, sería necio no mencionar que, a esta altura, mucha agua ha corrido bajo los puentes y hoy en día resultaría fácil y cómodo poner este disco en la bolsa del Ambient-Noise-Industrial. Una paradoja con la que, estoy seguro, Orridge estaría más que satisfecho. Pero no hay lugar para el confort en estas ocho composiciones, esto no es música para poner de fondo mientras uno hace otras cosas. Throbbing Gristle exige nuestra total atención y penetra nuestros sentidos, se inmiscuye en nuestro organismo como un virus, tal como lo hacían las palabras de su admirado (y, a su vez, admirador) William Burroughs. Por supuesto, no tengo intenciones de denigrar el contenido de este álbum con intentos de descripción de crítico musical ni nada por el estilo. Este viaje debe ser experimentado en carne propia y sin guías de ningún tipo, así de relevante es.



-Witch Hunt “Burning bridges to nowhere” (2009)
“Blind Eyes Blind Lives” abre este tercer disco de Witch Hunt con engañosas aceleradas en medio de alaridos desgarrados, desprolijas diatribas Hardcoreras y un estribillo digno del Bad Religion más enojado. Ya desde hace ocho años que estos neoyorquinos vienen puliendo su particular cruza de violencia Crust, oscuridad Post-Punk y melódica emotividad vieja escuela. Si el primer Killing Joke hubiera tenido a una chica cantando composiciones de un joven Bob Mould (o sea, el de Hüsker Dü) con letras escritas por CRASS, sonaría como lo expuesto en “Everyday”. Y el hecho de que tenga que dar tantas vueltas para describir el sonido del quinteto es buena prueba de la innegable identidad propia que despliegan en estos treinta y seis minutos de pura dicha Punk-rockera. No por nada los edita Alternative Tentacles, el sello del eterno Jello Biafra. Melodías simples y con cierto dejo siniestro, ritmos contagiosos y pasajes de pura rabia vasodilatadora es lo que ofrece “Counting Down the Days”. La velocidad dice presente en “Septa Death”, con gritos (femeninos y masculinos) entrecruzándose y haciendo que el pulso se acelere inevitablemente. Le sigue la machacante “Silence”, donde las guitarras generan una pared melódica sobre la cual las voces pueden explayarse entre tensas declamaciones y sensibles líneas que estrujan el alma. La oscuridad se corporiza en “Void”, con su tempo cadencioso y un clima asfixiante que se ubica en algún lado entre los mencionados Killing Joke y la pura frustración de Black Flag, con el agregado de voces gritadas, un bajo ultra podrido y una acelerada final a puro Crust ruidoso y frenético. Como para mantener la energía fluyendo, llega “Sick Industry” con un tempo Punk que invita al más violento de los pogos. “A Slow Decay” trae hermosas melodías de guitarra, entre caóticos cambios de ritmo y una violencia vocal inusitada y contagiosa. Con un riff que recuerda notablemente a Samiam, comienza “Plastic Dream”, generando paisajes de macabra y mugrienta psicodelia aún en las desatadas subidas de velocidad. “Reflections” suena casi como una versión apresurada de Embrace, con sus riffs melódicos y esas voces que llevan el sentimiento al borde del paroxismo. Para no ponernos demasiado melosos llega otra bomba de tiempo en la forma de “Treadmill March”, una suerte de marcha militar Hardcorizada, ideal para salir a patear cabezas rapadas y demás lacras. Como broche de oro tenemos el tema que da nombre al álbum, con sus ritmos trabados y una potencia que resume los momentos más intensos de diversas vertientes Punks, desde la amargura melódica del viejo Post-Hardcore Washingtoniano hasta la ira intransigente del Crust, sin olvidar el componente freak que aportaron la mayoría de las bandas ya mencionadas en este comentario. Tal vez esté siendo repetitivo, pero hacía tiempo que un grupo de Punk-Rock no lograba recrear con semejante frescura y personalidad algunos de los sonidos e ideas de estos próceres por lo general ignorados. Y no voy a mentirles, muchos de ellos se cuentan entre mis grupos de cabecera. Pero, antes de que descarten este comentario por ser poco objetivo (bueno, cómo si alguna vez hubiéramos tratado siquiera de ser objetivos), permítanse descubrir a una de las propuestas más interesantes que el Punk actual tiene para ofrecer.



-Minsk “With echoes in the movement of stone” (2009)
Como buenos amantes del Doom, los muchachos de Minsk han evolucionado de forma lenta pero segura, sin olvidar sus tempranas alabanzas Neurosiescas pero siempre mirando hacia delante, buscando el camino propio. “Three Moons” abre este tercer disco entre ritmos tribales, riffs tallados en roca sólida y grandes coros rituales. Sí, Minsk también prueba con las voces limpias y sale bien parado, generando una atmósfera de nocturno paganismo tan hipnótica como sobrecogedora. El viaje prosigue con “The Shore of Transcendence”, donde las voces flotan sobre un bajo masivo y narcóticas brumas guitarreras. La tensión se vuelve engañosa con teclados espaciales y capas de ruiditos que amenazan con estallar pero se repliegan en arabescos punteos y abren agujeros en la tierra a base de pura contaminación sonora. No teman, los riffs llegarán y con ellos el firmamento se teñirá de espeso negro y las estrellas dibujarán símbolos crípticos para invocar a deidades ya olvidadas. Y si quieren más grandes riffs, ahí tienen a “Almitra's Premonition”, donde Tim Mead no deja de sorprender con líneas vocales cargadas de absoluto misticismo melódico. Imaginen la pesada oscuridad de Black Sabbath sumada al vuelo cósmico de Hawkwind, envuelta en las infinitas texturas distorsionadas de My Bloody Valentine y degradada por los pantanosos sonidos del Sludge más enfermizo. Pero, claro, no todo es épica distorsión en la vida del metalero esotérico moderno, por eso tenemos un tema como “Means to An End”, con su tenue y siniestra percusión, sus guitarras acústicas, sus cánticos espirituales y hasta un bajo distorsionado que se adapta a la perfección al clima de shamánica introspección. Un tema ideal para cantar junto a una fogata en un bosque muy oscuro. Tras el descanso, llega “Crescent Mirror” donde los ritmos trabados, las espesas capas de instrumentación y los juegos vocales hacen que la palabra Progresivo aparezca inmediatamente en mi cabeza. Y lo peor es que se siente bien. Si hasta los teclados setentosos y las melodías rebuscadas no suenan fuera de lugar. Debo estar poniéndome viejo. En fin, los golpes Industrialosos de “Pisgah” me despiertan de mi reflexión mientras las apocalípticas imágenes de aquel glorioso “Streetcleaner” invaden mi mente. Y la cosa puede ponerse más profunda aún en “Consumed By Horizons of Fire” que, ya desde los misteriosos punteos del comienzo, propone una afilada tensión que nunca se corta del todo. La intensidad sube lentamente, a veces con acoples y abrasivas texturas, a veces con riffs contundentes, pero sin llegar nunca al estallido propiamente dicho. Como corresponde, la faena termina con “Requiem: From Substance to Silence” y el Pink Floyd más descarnadamente melancólico asoma la cabeza en cada una de las notas que las guitarras dejan caer como lágrimas. Y ese tramo intermedio a puro trance minimalista no hace más que acentuar el pasaje “desde la sustancia al silencio”. Ok, no voy a negar que a veces me invade la sensación de que algunas bandas comprenden recién ahora la magnitud de aquel “A sun that never sets” que Neurosis editara en 2001. Pero menospreciar una enorme pieza de arte como este “With echoes in the movement of stone” por meras cuestiones cronológicas sería un acto casi criminal. Por otro lado, Minsk ha logrado despegar de la notable tutela de Steve Von Till y compañía, mostrándonos finalmente su propia esencia. No se lo pierdan.



-The Heartland “Frontier” (2009)
Que The Dillinger Escape Plan es uno de los grupos más influyentes dentro del Metal contemporáneo es un hecho que nadie con un par de oídos puede negar. Tanto el caos vertiginoso y controlado de “Calculating infinity” como las cuidadas arquitecturas melódicas Faithnomorescas de “Miss machine” han servido de inspiración para incontables clones, muchos de ellos con más dedos que ideas. The Heartland es un quinteto proveniente de Ohio que ya lleva tres discos siguiendo los pasos de Dillinger con resultados nada despreciables. Tal como ellos han ido incorporando paulatinamente cuotas extras de melodía a su intrincado entramado de riffs angulares y ritmos frenéticos. Pero aquí viene un punto de inflexión, lejos de la adoración MikePattonera de aquellos, The Heartland prueba con las más melosas y sentidas líneas vocales que el Emo nos ha legado. Antes de que pongan el grito en el cielo, tengan presente que el resultado final lejos está de la superficialidad o de la mera pose de adolescente con problemas. Aquí Emo es diminutivo de Emoción antes que sinónimo de delineadores, remeritas ajustadas y peinados tipo lengüetazo de vaca. Por otro lado, si aprecian las composiciones violentas, retorcidas y endiabladamente retorcidas, aquí encontrarán más de una perlita con la que regodearse mientras se les derrite el cerebro tratando de seguir a estas guitarras surrealistas. Y, cuando necesiten un respiro, pueden probar con un tema como “Wet Warthog” que suena a The Police con la distorsión en once. No hace falta aclarar que estamos en presencia de músicos con un alto grado de virtuosismo, el chiste está en poner todo ese despliegue instrumental al servicio de buenas canciones e ideas descolocadoras. No faltan, entonces, los más refinados pasajes jazzeros, las erupciones de pura disonancia histérica, los rebajes irregulares, los punteos desquiciados, los alaridos taladrantes, los abruptos cambios de ritmo, los guiños Deathmetaleros y esas melodías que logran ser gancheras sin por ello resignar sofisticación. Les puedo asegurar que el resultado final de dicha ensalada es sumamente personal e intenso, a kilómetros de distancia de las copias y del onanismo técnico sin sustancia. “Frontier” no le va a cambiar la vida a nadie, eso está claro, pero (en el estado de ánimo indicado) puede proporcionarles treinta y cinco de minutos de insana diversión.



-Lord Mantis “Spawing the Nephilim” (2009)
No quisiera ser tan obvio pero no tengo otra opción. Bueno, sí la tengo, pero no me hagan usar demasiado el cerebro. Lord Mantis cuenta en su formación con miembros de los Blackmetaleros Nachtmystium y de los paladines del Sludge más enfermo, Indian. Entonces, ¿a qué suena esto? ¡Con seguridad! Sludge y Black Metal fusionados en una gorda y amorfa bola de odio y desprecio por la raza humana. Ok, no es que dicha combinación tire abajo ningún paradigma, de hecho hablamos de dos géneros que cuentan con numerosas conexiones, tanto en lo musical como en lo ideológico, si tal cosa existe. Pero eso no va en desmedro del resultado final de este aplastante “Spawing the Nephilim”. Tenemos guitarras graves y atronadoras, un bajo del tamaño de una montaña, riffs de Black Sabbath bastardeados, ritmos babosos y desencajados, alaridos provenientes de las entrañas mismas del averno, amagues de épica melodía, mugrienta crudeza Hardcore/Punk y tormentosas cabalgatas a toda velocidad, entre otras cosas. Los elementos se encuentran fundidos de forma impecable, logrando un híbrido sólido y sin grumos. De alguna forma, logran que la empantanada desesperación lisérgica del Sludge se intensifique con visiones infernales del fin del mundo sobrevoladas por legiones de sombras demoníacas. Por otro lado, títulos de canciones como “Unnatural Dwarfism” o “Hit By a Bus” nos indican que esta gente no está exenta de cierto sentido del humor. Aunque, claro, nada eso podríamos deducirlo escuchando estos temas tan cargados de absoluta maldad. Música ideal para blasfemar, drogarse y violar vírgenes.



-Magrudergrind “Magrudergrind” (2009)
Poderviolencia, vaya forma estúpida de denominar a un género musical. Sobre todo cuando se trata de uno de los más excitantes que hayan surgido desde que al bueno de Mick Harris se le ocurrió tocar un poco más rápido en cada ensayo. En fin, aquellos que estén familiarizados con esta corriente sabrán que, desde hace unos años, se está viviendo una suerte de revival de aquellos frenéticos sonidos patentados por bandas como Man Is The Bastard, Crossed Out o No Comment, entre otras. También estarán al tanto de que Magrudergrind es uno de los grupos que lidera (tanto en términos de popularidad como de calidad) esta nueva camada. Así, estos Washingtonianos llegan a su tercer larga duración con la rabia intacta y un puñado de estallidos sonoros (llamarlos canciones no es del todo apropiado) capaces de excitar al más abúlico de los poseros. Si las viejas bandas del estilo apuntaban a sobrepasar los límites de velocidad e intensidad de próceres como D.R.I. o Infest, Magrudegrind va un paso más allá, incorporando algo de ese caos envolvente y desquiciado de bandas como Pig Destroyer o Discordance Axis, inclusive compartiendo con ellas la formación de guitarra, batería y voz. Ojo, la raíz Hardcore está siempre presente y las pequeñas excentricidades rítmicas nunca se pasan de nerds. Por supuesto, como buenos alumnos aplicados se hacen lugar para opresivas letanías Sludge que demuestran que la extremidad no es una cuestión de revoluciones por minuto. Por lo demás, todo sigue estando en su lugar. La guitarra es una motosierra que mutila y destroza todo a su paso, escupiendo un sinfín de riffs microscópicos, contundentes y siempre abrasivos. La batería sostiene todo con un inagotable arsenal de vertiginosos golpes, cortes en secos, rebajes, y desconcertantes idas y venidas. La voz agita incansablemente con las cuerdas vocales en ebullición y una constante reserva de desbocado salvajismo. Son diecisiete temas en menos de media hora, no hay lugar para el aburrimiento ni para la reflexión y, para cuando el cd ha dejado de girar, todavía cuesta recobrar el aliento. Más efectivo que un bidón de Viagra.

27 de mayo de 2009

Bestia Peluda - San Maldito - Motociclistas Suicidas en el Círculo de la Muerte, Live in La Plata





AHORA SI, SE PUDRIÓ TODO

20 de mayo de 2009

Reviews

Por Fernando Suarez.


-Sunn 0))) “Monoliths & Dimensions” (2009)
Puntos negros latiendo sobre un lienzo sepia. Fragmentos de tejido espacio-temporal desprendiéndose en espasmódicas implosiones. La caja torácica del universo se quiebra bajo tanta presión y centenares de insectos corren por las grietas. Esqueletos crujientes, leprosas manos alzadas al más oscuro de los firmamentos. Estos monjes se rezan a sí mismos, su poder es ilimitado. Ventanas torcidas cubiertas de ancestral polvo. Pequeños ojos rojos que brillan en la impenetrable oscuridad de estas cuevas. ¿Acaso estas visiones son reales? ¿Es posible que la misa negra de “Dømkirke” haya sido sólo un preámbulo? Estas dagas melódicas que atraviesan mi cuerpo no pueden ser de este mundo. Estos temblores dejaron atrás todo atisbo de brusquedad terrenal, se elevan hacia la más sórdida de las espiritualidades. Estas arquitecturas alcanzaron tal grado de complejidad y detalle que fue necesario construirlas en otras dimensiones. Brumas dentadas danzan cadenciosamente alrededor de nuestros adormecidos sentidos. Fue necesario maximizar una propuesta minimalista para lograr la banda de sonido perfecta para la nada. Contemplen el más profundo de los vacíos y sientan como su piel se desprende con cada latido de esta renacida criatura. ¿Creían que sabían lo que era una sinfonía de destrucción? Están lejos, muy lejos. Este poder trasciende nuestras pequeñeces mundanas. Esta abstracción es lo más concreto que jamás hayamos experimentado. Nuestras entumecidas articulaciones así lo demuestran. Cada segundo de esta obra es un minucioso trabajo de artesanía sonora, cada una de las infinitas láminas musicales que componen esta odisea está colocada con objetivos certeros y aún así misteriosos. ¿Sunn 0))) era un grupo de sacerdotes negros invocando a las más abismales deidades con subterráneos gruñidos eléctricos? Ahora son algo más, algo que se escapa de nuestras manos, algo que se funde en el núcleo mismo de nuestra existencia, algo que vibra más allá de nuestros sentidos, algo que va más allá de las imágenes y los viajes y nos envuelve transformando nuestra esencia. No se lo pierdan.


-Tortoise “Beacons of Ancestorship” (2009)
“High Class Slim Came Floatin In”. Rasposos teclados setentosos juegan y se superponen sobre bases que pasan de la orgánica soltura jazzera a los golpes digitales con una fluidez implacable. La suciedad avanza y lo que, en principio, parecía un clima relajado se va saturando, cobrando amenazantes formas y hundiéndonos en un pesado mareo. “Prepare Your Coffin”. Una frenética base Kraut-Rockera adornada con riffs entrecruzados, solos desquiciados y un entramado de teclas que sería el orgullo de Robert Wyatt. Puro Rock Progresivo condensado en tres minutos y medio y sin necesidad de excesos auto indulgentes. “Northern Something”. ¿Tecno caribeño con secuencias ruidosas haciendo las veces de riffs y las batucadas más malignas del mundo incitando a una danza fracturada? Sólo estos tipos pueden lograr semejante combinación y quedar bien parados. “Gigantes”. ¿Más combinaciones extrañas? Aquí tenemos seis minutos de guitarras acústicas con un dejo de Flamenco enterradas bajo desencajados arreglos electrónicos y percusiones que se debaten entre el Free-Jazz más epiléptico y los ritmos latinos más acalorados. Los estratos sonoros van intercambiando posiciones y efectos, mutando como si se tratara de organismos vivientes y elevando el nivel de intensidad sin necesidad de apelar a baratos trucos rockeros. “Penumbra”. Un minuto y monedas de bases digitales entrecortadas y teclados que suenan como una versión pasada de ácido de Keith Emerson. “Yinxianghechengqi”. Un bajo saturado y una base de puro Punk Rock. Guitarras chirriantes aportando arreglos disonantes. Se incorporan teclados al riff principal y en lugar de suavizarlo, lo ensucian. Las guitarras también se acoplan y si alguna vez pensaron que Robert Fripp, el Dub y Steve Albini no tenían nada en común, piensen otra vez. Un final a pura tensión flotante y ruidosa así lo confirma. “The Fall of Seven Diamonds Plus One”. Una perversa Bossa-Nova a la que sólo le faltaría la voz de Mike Patton para ser digna de aquel glorioso “California” de Mr. Bungle. Una mini orquesta de guitarras, teclados y percusiones varias para transformar las cálidas brisas veraniegas en noches de sórdida reflexión y misteriosos acontecimientos. “Minors”. Un ritmo sincopado para que guitarra, bajo y teclados jueguen en contrapuntos, construyendo imágenes abstractas, deformes geometrías musicales. Demostrando, de paso, cómo ser complejos basándose exclusivamente en la repetición y las sutiles alteraciones de pequeños detalles. “Monument Six One Thousand”. Una cadenciosa marcha Industrial donde logran convivir un bajo Funky y una guitarra que no para de escupir arpegios, punteos y acordes disonantes sin necesidad de apelar a la distorsión. Y ese zumbido en el fondo tornando el aire aún más tenso e incómodo. “de Chelly”. Una miniatura melódica de teclados entre sinfónicos y espaciales, acompañados por la más melancólica de las guitarras. Un breve paseo por profundidades cósmicas insondables. “Charteroak Foundation”. Un arpegio exactamente igual al de “Zombie eaters” de Faith No More (¿será casualidad?) se deforma poco a poco junto a una batería que marca un ritmo firme y sólido y a teclados que raspan los puntiagudos ángulos de la canción. Un lento proceso de descomposición hecho música. Sólo se trata de eso, de música. Aquí tienen once nuevas canciones de Tortoise, eso es lo único que debería importar. Nada de Post-Rock, Punk-Progresivo o pavadas por el estilo. Música en estado puro, con un apabullante conocimiento del pasado pero la vista siempre puesta en el futuro. Tal como nos lo vienen ofreciendo desde hace diecinueve años. Sería criminal desaprovechar semejante oferta.


-Last Lights “No past, no present, no future” (2009)
“No past, no present, no future” (un título no exento de cierto macabro sentido del humor) reúne la totalidad del material registrado por este quinteto oriundo de Massachusetts, cuya carrera se vio bruscamente interrumpida por el fallecimiento de su líder, el cantante Dominic Mallary. No se trata de un catálogo extenso, son sólo once temas en poco más de veinte minutos, pero con eso basta para lamentarse por la pérdida de un músico con un enorme potencial, aún en los márgenes estrictos del Hardcore. La música de Last Lights era el resultado de una personal combinación de diversos elementos del Hardcore de todas las épocas. El grupo absorbió la frescura inocente y desbocada de Minor Threat, la oscura densidad de Unbroken, la frustración agobiante de Black Flag, la efervescencia moshera de Gorilla Biscuits, la emoción desgarrada del viejo Hüsker Dü y hasta algunos de los rasgos musicales más disonantes de bandas modernas como The Hope Conspiracy, fundiendo todos esos elementos en canciones breves y contundentes, con una energía avasallante a flor de piel y sin bajar ni por un segundo la intensidad. Con un trabajo de guitarras ubicado en los parámetros del género pero siempre dispuesto a condimentar lo suyo con ideas poco tradicionales. Con estructuras que privilegian la velocidad pero no cierran la puerta a variantes rítmicas con mayor dinámica. Y con un cantante que sabía suplir su falta de matices con una energía salvaje y visceral y con letras tan inteligentes como incendiarias y emotivas. Vamos, esto es Hardcore, no Rock Progresivo ni experimentos sonoros de vanguardia. Cálcense las bermudas y, en lugar del solemne minuto de silencio, ofréndenle unos cuantos gritos al aire con el puño en alto a una de las promesas truncas más interesantes y conmovedoras de los últimos tiempos.

-Coalesce “Ox” (2009)
Diez años tuvimos que esperar desde aquel glorioso “0:12 Revolution in just listening”, pero finalmente tenemos nuevo material de Coalesce para deleitarnos. Claro, hablamos de una de las bandas pilares del Mathcore. Sí, de aquellas que lo empezaron todo. Curiosamente, estos kansenses nunca fueron una banda tan imitada como Botch, Converge o The Dillinger Escape Plan. Probablemente sea porque esa combinación de furia Hardcore, precisión metálica, groove setentoso, psicosis Noise-Rockera y complejidad progresiva sólo funciona en sus manos. En cualquier caso, la expectativa era alta y también lo era mi ansiedad por saber si los tipos se mantenían en forma. “The Plot Against My Love” arranca con la energía de siempre, los medios tiempos trabados, los riffs circulares y reptantes y los eternamente desgarrados gruñidos de Sean Ingram. Le sigue “The Comedian in Question” con un paso más lento y la primera sorpresa, Ingram se manda con voces limpias y una melodía casi oriental que calza a la perfección con los sinuosos surcos que dibujan los instrumentos. Si con eso no les bastó, “Wild Ox Moan” comienza con un pasaje acústico de puro Blues sureño y la voz vuelve a sorprender. Ingram no sólo canta más que bien, si no que lo hace sin que dichas melodías suenen forzadas o toscas. En seguida entra la distorsión y Jes Steineger se encarga de demostrar por qué es uno de los mejores guitarristas de los últimos tiempos. Acordes entrecortados, disonancias, erupciones de ruido, punteos esquizofrénicos, texturas psicodélicas y demás recursos se dan cita en esos prodigiosos dedos. Más laberínticos devaneos guitarrísticos se suman a “Designed to Break a Man” y también notamos que el bajo de Nathan Ellis cumple una función importante, sosteniendo todo con su grave rugir pero también proponiendo contrapuntos y apuntalando la demencia rítmica que Nathan "Jr." Richardson despliega tras los parches. “Where Satire Sours” es un descanso instrumental de delicados arpegios que pintan un atardecer rural sin caer necesariamente en típicos modismos Folk. Vuelve la rabia con “The Villain We Won't Deny” y sus vaivenes rítmicos, demostrando que no hace falta ir a toda velocidad para resultar frenéticos y desquiciados. Una importante lección para bandas como Psyopus o aquellas que sólo se apoyan en el exceso de notas y golpes sin respiro. Y si quieren groove, violencia e ideas, nada mejor que “The Purveyor of Novelty and Nonsense”. No es casualidad que el cuarteto alguna vez versionara a Led Zeppelin, temas como éste llevan las enseñanzas rifferas de Jimmy Page a nuevas dimensiones. Chequeen el épico pasaje al final de la canción, si no me creen. Ruiditos agudos y fantasmales falsetes nos dan la bienvenida a “In My Wake, For My Own”, hasta que la bestia se desata en una amorfa bola de distorsión y rugidos. Le sigue un pasaje tenso y entrecortado que deviene en atmosféricos cánticos rituales, sólo para retomar la agresión inicial con más bríos. “New Voids in One's Resolve” podría ser un típico tema Coalesce, con el bajo dibujando riffs atravesados por las afiladas intervenciones de la guitarra y manteniendo siempre ese ritmo irregular y flotante. Vamos, casi una versión con coraza metálica y corazón Hardcore del Noise-Rock de Shellac o The Jesus Lizard. Llega el segundo interludio instrumental en la forma de “We Have Lost Our Will”, y esta vez se trata de una suerte de vals siniestro y casi Jazzero, donde la guitarra acústica se hace acompañar por pianos y campanas para lograr otra de esas pinturas tan bellas como descorazonadoras. Los dedos de Steineger siguen encontrando combinaciones irreales en “Questions To Root Out Fools”. Si creían que todo estaba dicho en materia de riffs rockeros es porque nunca escucharon a este tipo. Desde las más punzantes disonancias hasta los más robustos machaques y sin olvidar esas melodías angulares que pegan en el estómago. Todo eso tenemos en “By What We Refuse”. E insisto con la base, les aseguro que pocas veces van a encontrar un grupo tan complejo y pesado con semejante manejo del swing. “Dead is Dead” ve interrumpida su brusca e indecisa caminata en zig zag por un tenue pasaje entre heroico y campechano, adornado por cristalinos punteos, arpegios y una suave brisa percusiva. Casi como una pequeña marcha fúnebre que culmina con los riffs y los gritos más aplastantes de los últimos tiempos. Cierra la placa “There is a Word Hidden in the Ground”, entre enroscados riffs Zeppelianos pasados de ácido, épicos coros, gritos distorsionados y un tempo lento y contundente. Nada más que agregar, Coalesce volvió en excelente forma con un disco que logra ponerse a la altura de sus propios clásicos e inclusive abre nuevas puertas creativas para el (esperemos que lo haya, aunque con esta gente nunca se sabe) futuro. Imprescindible para todo aquel que aprecie la música pesada.

-Black Math Horseman “Wyllt” (2009)
¿Ya habíamos hablado de la vuelta de los noventas? En fin, todo va en ciclos en el mundo del Rock y ahora es el turno de aquellos años. Black Math Horseman sería algo así como lo que pasaría si la P.J. Harvey más oscura y decadente hubiera tenido en su banda a miembros de The Jesus Lizard y Melvins. Las guitarras se debaten entre riffs graves y rasposos y arreglos desencajados, pero no pierden de vista esas humeantes melodías sacadas del más turbio de los barsuchos. Las bases juegan con cadencias blueseras pervertidas cuando las turbias aguas se calman y no temen desplegar un Sabbathero arsenal de golpes cuando los bríos arrecian. Siguiendo la tradición Noise-Rockera, la voz de Sera Timms está enterrada en la mezcla, dando la sensación de que estos son sus últimos suspiros antes de ahogarse definitivamente. Claro, siendo una chica al frente de un grupo actual con referencias al Noise-Rock de la década pasada, es lógico que las comparaciones con Julie Christmas (Made Out Of Babies, Battle Of Macie) se hagan presentes. Bueno, olvídenlas. En primer lugar, la música de este cuarteto es mucho menos pesada que la de las bandas lideradas por Christmas. Digamos que la densidad de este “Wyllt” tiene que ver más con brumosas atmósferas que con atronadoras guitarras. Por otro lado, Timms se presenta como una cantante menos histriónica, dándole a sus melodías un aire de hipnótico mantra suicida. Para qué negarlo, aquí todavía resuenan ecos del Post-Punk más oscuro y arty de los ochentas y hasta ciertos pasajes remiten ineludiblemente a la narcótica parsimonia sexual de The Velvet Undeground en canciones como “Venus in furs”. Bueno, tal vez no sea del todo acertado meterlos en la bolsa del revival noventero, especialmente si a todo lo expuesto le sumamos una fuerte presencia psicodélica (algo que no es de sorprender si tenemos en cuenta que el encargado de producir el disco es ni más ni menos que Scott Reeder, ex mimebros de The Obsessed, Kyuss y Goatsnake) y hasta ciertos trucos minimalistas típicos del Kraut-Rock. En conclusión, más allá de la ensalada de influencias, estos californianos logran resultados tan compactos como embriagadores y personales, proponiendo de paso uno de los viajes más tenebrosos y asfixiantes en lo que va del año.



-Toundra “Toundra” (2009)
Postales grises moviéndose en cámara lenta, descubriendo detalles ocultos que disparan las más profundas sensaciones. Guitarras como cámaras fotográficas retratando silenciosos paisajes con colores opacos. Cascadas de distorsión que se elevan hacia el firmamento, melodías punzantes que se enroscan sobre la mente y la hacen girar. ¿Post-Rock? Sí, por qué no. Algo sucede en la península ibérica para que aparezcan bandas de este tipo que resultan todavía interesantes aún cuando, en líneas generales, se apegan a las lecciones de pilares como Mogwai, Slint, Explosions In The Sky o Pelican. Ahí tienen a OdeOnDreams, Hand Of Fatima o (en menor medida) The Happiness Project como ejemplos. Y a Toundra, claro. Siete canciones instrumentales donde mandan las seis cuerdas y sin embargo no escucharán ningún solo. Siete viajes donde esos típicos arpegios se entrecruzan empapados en delay, colocando los cimientos para monolíticos estallidos. Siete sólidas esculturas plagadas de misteriosos recovecos. Toundra maneja a la perfección el manual de dinámica del género, con todas sus subidas y bajadas de intensidad, y no teme adentrarse en terrenos de explosiva pesadez rockera. Por momentos rescatan esa calurosa densidad desértica que poseían los legendarios Kyuss, en especial cuando los riffs gordos y firuleteados dicen presente. Y eso sucede con bastante frecuencia. No sería del todo erróneo afirmar, entonces, que Toundra pone el énfasis en el Rock antes que en el Post, sin por ello perder de vista las texturas, la emotividad y los contrapuntos que exige el género. O sea, esto no se trata simplemente de remansos introspectivos que se transforman en volcánicos guitarrazos, esta gente explora los terrenos en el medio de esos extremos y hasta se animan con temas que en ningún momento bajan la energía ni la distorsión. Y lo mejor es que dichas características no hacen más que delinear la identidad del grupo e intensificar la nitidez de las imágenes evocadas. En definitiva, si necesitan una buena dosis de guitarras voladoras y contundentes al mismo tiempo, si disfrutan de esos trips musicales que se sienten tanto en el cuerpo como en la mente y el alma, he aquí una excelente opción.



-Narrows “New distances” (2009)
Punzantes sonidos en lo más agudo del diapasón, esa inconfundible voz rasposa y salvaje, y un riff simple, disonante y entrador. Así arranca “Chambered”, el primer tema de este disco debut de Narrows, dos minutos y monedas de pura epilepsia nerd desatada y explosiva. Sin respiros llega “Sea Witch” con su acalorada marcha Punk, su bajo arenoso y mugriento, sus rebajes desencajados y sus guitarras punzantes dibujando ángulos imposibles. Ok, déjenme respirar. Había muchas fichas puestas para este álbum, y no es para menos. Para los que no estaban al tanto, Narrows es la banda donde Dave Verellen (ex cantante de los inmortales Botch) vuelve a la música extrema, luego de sus flirteos Indie-Folk en Roy. Y encima lo hace acompañado por miembros de These Arms Are Snakes (banda donde milita Brian Cook, casualmente ex bajista de Botch. Todo queda en familia), Unbroken y Some Girls, entre otras. Está claro que esperar una secuela de aquel glorioso “We are the romans” estaría fuera de lugar, más teniendo en cuenta el carácter distendido con el que esta gente ha encarado el proyecto. De hecho, estamos en presencia de material notablemente visceral, aún cuando el pedigree de los músicos hace imposible dejar de lado esa visión casi intelectualizada del Hardcore, el Punk o el Rock en general. Luego de tan brutal comienzo, “A Restoration Effort” calma las aguas con épicos rasgueos y arpegios que dan vueltas amenazantes sobre nuestras mentes en una hipnótica letanía. Sabrán disculparme si peco de fanático, pero esta atmósfera embotadora y envolvente tiene mucho de los mencionados Botch. Y eso es un elogio, desde ya, y una inevitable referencia. “I Give You Six Months” retoma los ritmos frenéticos y es imposible no sacudirse como un poseso con cada golpe, cada uno de esos geniales riffs. Los dientes apretados con cada taladrante punteo y Verellen dejando en claro que no ha perdido ni un poquito así de rabia, cada uno de sus gritos se sienten en lo más profundo de las entrañas. ¿Y qué decir de ese pasaje casi silencioso que cierra el tema? Efectivamente, cuando la violencia Hardcore es manejada con una dinámica inteligente, sus resultados son mucho más concisos. Las guitarras crean una pared de distorsión melódica en “Changing Clothes” y el hecho de que los ritmos resulten entradores y convencionales (por así llamarlos) no va en detrimento del vuelo creativo ni de la potencia. Pero si querían esos tiempos lentos y mareantes de antaño, ahí tienen a “Newly Restored”, con las seis cuerdas multiplicándose en un denso entramado de melodías evocadoras y malvadas. ¿Es eso una descarga de catarsis Neurosiesca lo que escucho en la sección intermedia de la canción? Pocos pueden alcanzar semejante grado de intensidad sin sonar exageradamente teatrales, y este es uno de esos casos excepcionales. Emoción al rojo vivo y cascadas de guitarras ruidosas enchufadas a una torre de alta tensión es lo que encontramos en “Gypsy Kids”. Algo así como el matrimonio ideal entre la sensibilidad Post-Hardcore de Washington DC y la locura enfermiza del Noise-Rock de principios de los noventas, todo llevado a un nuevo nivel de virulencia expresiva. Para recuperar el aliento, llega la lentitud bluesera/espacial de “The Fourragere”, que mantiene su atmósfera noctámbula y melancólica aún cuando las guitarras rugen y la garganta se rasga en cada alarido. Y el que no siente un nudo en el estómago es porque está muerto en vida. “Marquis Light” nos despide continuando esa misma sensación a través de delicados arpegios atravesados por un insistente zumbido y voces que resuenan lejanas, como si el mundo nos dejara atrás mientras nos sumergimos en estas hermosas melodías. En definitiva, más allá de comparaciones y pergaminos, lo que aquí tenemos son treinta y dos minutos de pura imaginación violenta desplegada con la magistral soltura que sólo poseen aquellos con ideas musicales claras. Firme candidato a lo mejor del año.



-Graves Of Valor “Salarian gates” (2009)
La cosa siempre es cíclica en el mundo del Rock, y en especial en el Metal, donde la incesante carrera por la extremidad siempre toma nuevos matices. Hace algunos años, la única salida que parecía haber encontrado el Death Metal para subsistir fue incrementar la técnica y la brutalidad a cualquier precio. A eso se le sumaron ciertos ingredientes provenientes del Metalcore y tuvimos como resultado el tan mentado Deathcore. Bueno, hoy en día pocas cosas resultan más aburridas que dicha combinación, en especial teniendo en cuenta el hecho de que la mayoría de las bandas enroladas en dichas categorías son incapaces de concebir algo que no sea un amontonamiento de intrincados riffs y blast-beats sin sentido, sin siquiera contar con la locura o la amplitud de miras que sí poseen otros géneros extremos como el Grindcore o el Mathcore. Tal vez como una reacción ante esto es que parecen estar surgiendo (aunque aún de forma tímida) bandas que, sin dejar de lado la brutalidad, rescatan el valor de una buena canción. Sin dudas, una idea refrescante. Así resulta este álbum debut de Graves Of Valor, que se las ingenia para trazar algunas miradas propias sin salirse nunca del libreto Deathmetalero. Ok, esto tampoco es un rescate de la simpleza casi minimalista de próceres como Obituary o Autopsy, pero ciertamente está lejos de ser una mera exhibición de pirotecnia guitarrística. De alguna forma podríamos decir que estos ex miembros de Through The Eyes Of The Dead (banda que, en su disco “Malice”, ya había intentado un camino similar con resultados bastante atendibles) se mueven entre el malvado sentido épico de Morbid Angel, las melodías más violentas de Carcass y At The Gates (no teman, dichas influencias están tratadas con buen gusto y sin caer en la copia burda), el gancho retorcido y embarrado de Cannibal Corpse y ese no sé qué de variedad Core (en especial en el terreno vocal, que aporta una amplio rango de gruñidos, chillidos, alaridos y demás torturas gargantísticas que exceden la tradicional voz de monstruo) que aportaron bandas como The Red Chord o Premonitions Of War. Lo bueno de todo esto es que logran condensar sus ideas en canciones propiamente dichas, con riffs retorcidos y memorables al mismo tiempo, y con estructuras que entienden bastante de dinámica. Aquí hay aire para respirar, algo que parecía olvidado hacía bastante tiempo. El quinteto no teme inclusive meterse en terrenos absolutamente ajenos al Death, como bien lo demuestran los interludios instrumentales de “Letter On The Blind” y “Diderot”, e inclusive ese tema final llamado “No Gods Left” que suena como una versión Deathmetalrea del Killing Joke más tenebroso. Claro, no se trata de una revolución musical ni mucho menos. Pero, para un género como el Death (a esta altura tan manoseado), poder encontrar una vuelta de tuerca, por más pequeña que ésta sea, es algo bastante meritorio. Esperemos que los muchachos no pierdan el entusiasmo.



-Black Sea “It’s all about our silence” (2009)
Los tecermundistas nos conformamos con poco y más si de Rock se trata. En Argentina, por ejemplo, todavía hay quienes creen que el Metalcore es “la sangre nueva del Metal” o que una banda como The Black Dahlia Murder es material de vanguardia. En ese contexto, decir que Black Sea son los Isis brasileños es todo un halago, aunque en principio no lo parezca. Claro, hoy en día se supone que ciertas barreras se han cruzado gracias a la tecnología. Es cierto, con sólo una buena computadora uno puede grabar cosas más que decentes. Y no menos cierto es que este tipo de música exige un sonido perfecto y orgánico al mismo tiempo, algo que no se logra con tanta facilidad. Entonces, que un grupo de tercermundistas logren resultados tan auspiciosos como los desplegados en este debut discográfico, es algo digno de admiración. Ok, no pretendan originalidad ni nada por el estilo. Salvado ese pequeño detalle, deslúmbrense con esas guitarras que van de los etéreos punteos Post-Rockeros a las masivas erupciones rifferas, con esa batería inquieta y siempre sólida, con esos gruñidos que hacen temblar las entrañas. Sumérjanse en estas mareas compositivas y finjan cara de sorpresa con los vaivenes dinámicos y los arreglos lisérgicos. Cierren los ojos y contemplen visiones celestiales, oceánicas o de las que prefieran. Les aseguro que, en lo que hace a resultados concretos, estos muchachos no tienen nada que envidiarle a nadie. Como primer paso es más que alentador y si, en lo sucesivo, logran despegarse de la atenta mirada de Aaron Turner y compañía pueden llegar a dar mucho que hablar. Por ahora, obsérvenlos desde el panóptico.

-Glorior Belli “Meet us at the southern sign” (2009)
Desde hace un tiempo ya hemos presenciado como el Black Metal ha ido dejando de lado varios de sus prejuicios más cabezaduras y se atrevió a incorporar diversos elementos ajenos en pos de refrescar su siempre maligno sonido. Hoy en día yo no resulta tan extraño que términos como Post-Rock, Industrial, Sludge, Progresivo, Noise, Psicodelia, Punk e inclusive Grunge se inmiscuyan en las reviews de los más diversos exponentes del Negro Metal. ¿Acaso las formas tradicionales del género han sido dejadas de lado? Por supuesto que no, si hay algo que le sobra a éste, y a todos los géneros en general, es un incesante flujo de grupos repitiendo hasta el hartazgo las mismas ideas que ya venimos escuchando desde hace años. Lo que no abunda son bandas que logren encarar dichas tradiciones con miradas personales y cierto grado de frescura y entusiasmo. Glorior Belli llegan de Francia (tierra de, justamente, bandas tan vanguardistas como Deathspell Omega o Blut Aus Nord) y se niegan a incluir ningún Post en sus canciones. “Meet us at the southern sign” es su tercer álbum y resulta un delicioso bocado para aquellos que alguna vez disfrutaron de bandas como DarkThrone, Mayhem, Immortal, Khold e inclusive los primeros Dissection, pero que se niegan a tragar otra comida con mucho Corpsepaint y poco sabor. ¿Y cómo logran semejante cosa? En primer lugar, con un sonido excepcional que, en lugar de intentar esconder la falta de vuelo creativo con toneladas de reverb y suciedad, resalta los instrumentos (¡hasta el bajo se escucha bien!) y los convierte en sólidos bloques sonoros, sin por ello resignar los climas ominosos y opresivos que el género exige. Pero, claro, eso es sólo la cáscara. El núcleo, como siempre, está en las canciones. Once desquiciados himnos a la más penetrante de las oscuridades, construidos sobre excelentes riffs y dotados de una dinámica muy particular. Los temas suenan compactos y coherentes a pesar de los cambios de ritmo y la abundancia de riffs y arreglos. El trabajo de guitarras se destaca, rescatando la melodía como un valor imprescindible a la hora de generar sensaciones verdaderamente abyectas y malvadas y sin necesidad de apoyarse en teclados para erigir monumentos satánicos de pura distorsión. También ayuda el hecho de que, si bien seguimos hablando de puro y estricto Black Metal, la variedad dice presente en forma de diversos ritmos (cubren toda la gama, desde los blast-beats desbocados hasta los babosos rebajes dumbetas, y sin olvidar los medios tiempos cargados de tensión) y hasta alguna que otra voz limpia que, por suerte, elude el almibarado goticismo y las pretensiones histriónicas de bandas como Dimmu Borgir o el último Emperor. En definitiva, Glorior Belli logra invocar paisajes alucinógenos de profunda misantropía sin necesidad de salirse de los nerviosos estamentos del Black más tradicional. Sólo con buenas ideas y un afilado instinto compositivo. Para salir a quemar iglesias como si fuera 1992.



-Limp Wrist “Limp Wrist” (2009)
Empecemos por las obviedades formales. Limp Wrist es un cuarteto que cuenta en sus filas con ex miembros de los legendarios Los Crudos, aquella banda que le dio un empujón de intensidad al Hardcore/Punk más acelerado, extremo y activista a principios de los noventas. Con semejante curriculum, es lógico que Limp Wrist mantenga la línea de las composiciones cortas, directas y brutales, al tiempo que acentúan su compromiso político asumiendo abiertamente su condición homosexual sin por ello dejar de lado otros tópicos donde desplegar sus visiones en contra del sistema. Lo que aquí tenemos es un ep de siete temas en poco más de diez minutos y, cómo podrán imaginar, todo sigue en su sitio. La energía rebalsa de los parlantes y se corporiza con riffs como motosierras con esa suciedad Crusty tan característica, bases vertiginosas y gritos a viva voz. No hay lugar para sutilezas ni demasiadas vueltas, aunque es posible notar un leve descenso de velocidad en pos de tempos Punkrockeros que remiten al Black Flag más enojado y, claro, crudo. En cualquier caso, este cuarteto encarna de forma intransigente el espíritu revolucionario que el género alguna supo tener, transformando cada canción en un manifiesto de pura bronca dirigida de forma estratégica y no como mero vehículo de odio por el odio mismo. Nada de poses pandilleras ni superficialidad, Limp Wrist invita al mosh pero lo sostiene con ideas y eso hace que su propuesta suene siempre fresca y contagiosa. No hay más que agregar, si realmente aman el Hardcore (y más si aman a los chicos Hardcore), Limp Wrist es un requisito de indispensable escucha. Y si no les gusta, que les den por culo.



-Heirs “Alchera” (2009)
“Plague Asphyx” cae sobre nuestras cabezas como una tonelada de cemento sólido, con bajos y guitarras que retumban en su hipnótica repetición, con estruendosos golpes de batería que se confunden con graves zumbidos apocalípticos. Ok, queda claro que estos australianos tomaron su dosis de Swans y Godflesh, y no están dispuestos a dar concesiones. También pueden ponerse ruidosamente melódicos, como en “Mockery”, donde conjugan los bajos profundos y mugrientos de las bandas mencionadas con etéreas brisas guitarrísticas que no desentonarían en el repertorio de My Bloody Valentine. Entonces, tenemos Justin Broadrick, tenemos Michael Gira y tenemos algo de Shoegaze. ¿Es esta otra banda siguiendo los pasos de Jesu, Nadja y demás representantes de esa suerte de subgénero que la prensa ha dado en llamar Metalgaze? La cosa no es tan simple, digamos que hay momentos donde el cuarteto cae sin dudarlo en dicha categoría, pero aún así cuentan con ciertas inflexiones propias que los alejan de la mera copia. En primer lugar, hablamos de música totalmente instrumental, hecho que, en los pasajes más melódicos, los acerca indefectiblemente al Post-Rock. Si el Post-Rock contara con bajos que rajan la tierra y bases que pondrían verde de envidia al más barbudo de los dumbetas, claro. “Cabal” es un buen ejemplo de esto. Por otro lado, una intensa marcha fúnebre como la desplegada en “Mandril” no resulta de fácil categorización. Una guitarra lanzando mortuorios arpegios, la otra aportando un impenetrable colchón de graves, el bajo dominando la situación con su inmenso crepitar y la base marcando un duro paso marcial. ¿Qué decir de un tema cien por ciento melódico como “The White Swell”, donde las ambientaciones macabras conviven con las celestiales guitarras? ¿Y qué decir del gutural océano de lava ruidosa que cierra el disco en “Russia”? En fin, no estarán inventando la pólvora, pero al menos se las arreglan para darle su propio sabor a la cosa. Amantes de los graves, la lentitud y los climas opresivos, a por ellos.



-Brutality Will Prevail “Forgotten soul” (2009)
No sólo de dientes torcidos y malos émulos de los Beatles vive Gran Bretaña. Tal vez no sea un país con una gran tradición de Hardcore metálico y oscuro a la Integrity, pero eso a los chicos de Brutality Will Prevail no parece importarles. Tampoco tienen intenciones de seguir al pie de la letra el manual de Slayer con bermudas impuesto por la mencionada banda de Cleveland. Sí, la influencia es clara y estas visiones apocalípticas le deben bastante a los eternamente liderados por Dwid Hellion, pero aquí el quinteto se concentra específicamente en los ritmos lentos y los medio tiempos, manteniendo siempre una violenta tensión a base de riffs gordos y aplastantes. No se puede decir que estén descubriendo la pólvora, de hecho en el recientemente editado “Paranoid Delusions/Paradise Illusions”, Pulling Teeth ya ensayó esta especie de acercamiento dumbeta al Hardcore más pesado y enojón con resultados deslumbrantes. No podría afirmar que el quinteto que nos ocupa alcanza tal nivel de excelencia, pero se las arregla para entregar un material más que auspicioso. Ocho temas en veinticinco minutos donde la oscuridad nos agarra del cuello y no nos suelta hasta que nuestros huesos se vean reducidos a polvo. Breves interludios instrumentales pintan los desoladores paisajes que se corporizan cuando entran las guitarras arrasando con todo. Hasta es posible notar algún que otro guiño Blackmetalero en el departamento de los riffs, en la forma de disonantes arpegios escondidos entre los graves machaques y los gruñidos que hacen temblar el centro mismo de la tierra. Inclusive un tema como “No conviction”, que cierra el álbum a pura densidad épica/monolítica, no hubiera desentonado en los discos más abrasivos de bandas como Isis o Cult Of Luna. Y, como si esto fuera poco, todo este despliegue de opresiva misantropía musical está entregado con una convicción apabullante y una energía que nunca decae. Tal vez resulte demasiado lento y ominoso para el público Hardcore, demasiado violento para el Doom y, ciertamente, poco teatral y chillón para los seguidores del Black Metal, pero si son capaces de apreciar una buena combinación de virtudes de esos géneros, “Forgotten soul” es un disco para no dejar pasar.



-Maudlin Of The Well “Part the second” (2009)
En 2003 y luego de editar tres discos, esa especie de pequeña orquesta extrema conocida como Maudlin Of The Well decidía cambiar su nombre por el de Kayo Dot, llevando, de paso, su sonido a nuevos estratos de experimentación metálico/vanguardista. Seis años y otros tres discos después, Toby Driver (mente maestra detrás de estas elucubraciones) decide revivir Maudlin Of The Well en formato estrictamente digital y ofreciendo su nuevo material en forma gratuita a través del website www.maudlinofthewell.net. Hasta ahí la frialdad de los datos, ¿qué pasa con la música? Bien, si alguna vez se interesaron por las propuestas de esta gente sabrán que hablamos de material que, a pesar de sus claras raíces en el Metal extremo, gusta de explayarse en barrocas composiciones de infinitos matices sonoros y estilísticos. Para ponerlo de forma clara, no era de extrañar que un mismo disco de Maudlin Of The Well convivieran géneros como el Death, el Jazz, la Música Clásica, el Doom, la Psicodelia y diversas corrientes de vanguardia contemporáneas. La experiencia de Kayo Dot sirvió para adentrarse en terrenos no tan eclécticos pero mucho más abstractos y difíciles de categorizar. Así, este “Part the second” es ni más ni menos que lo que sucede cuando juntamos los caóticos paseos compositivos de los primeros con el cuidadísimo manejo de texturas y dinámicas de los segundos. Pocos rastros quedan de los gruñidos Deathmetaleros y las graves erupciones guitarrísticas, lo cual no es de extrañar si seguimos la línea de sus últimos álbumes. De ninguna manera piensen que eso les quita fuerza, habría que ser demasiado obtuso para creer que la única forma de lograr intensidad es a través de la distorsión y los decibeles. Aquí hay música, mucha música y de la buena. Podrán acusarlos de pretenciosos y artys, pero lo cierto es que no hay rastros de superficialidad ni de insulsa pirotecnia instrumental en estas canciones. Melodías lisérgicas guían este viaje de formas irreales, enroscándose sobre estructuras mutantes que nos abren las puertas a un universo musical desconocido. Todo puede suceder aquí pero nada está librado al azar. No me alcanzan las palabras para empezar siquiera a describir la inmensa cantidad de detalles y sutilezas que componen esta obra, y no pienso aburrirlos con un pormenorizado recuento de las imágenes que evoca en mi mente semejante despliegue de ideas, sonidos y sensaciones. Si se sienten de humor como para viajar hacia donde ningún otro hombre había llegado antes, denle una oportunidad. Maudlin Of The Well es un viaje de ida.

16 de mayo de 2009

Zann's Music en Humo Sagrado



Este sábado (o sea hoy) estaremos en el programa de radio Humo Sagrado que se transmitirá por unaRadio, a partir de las 21 hs.

Esta vez no los torturaremos con nuestros ruidos locos, sino con los ruidos de otros.

Los esperamos

Astrocity Live in Buenos Aires





Este Sabado 16 de Mayo (o sea hoy) tocan los amigos de Astrocity en el parque Lezama junto a los Cruz De Sal, otro grupo de capos.

Hora: 16 hs, gratarola.

Direccion: Defensa y Brasil (San Telmo, Capital Federal)

Afiche realizado por Daniela (baterista de Milica y arrojadora de botellas en cabezas de ladrones de instrumentos).

14 de mayo de 2009

Milica Live in La Plata





En Pura Vida Bar: Diagonal 78 e/8 y 61, el 23 de Mayo a las 11:45PM
Entrada: $7

Nuevo Dominio / New Domain

Yes, we have our own domain, finally
The old one is still valid but it will redirect you to the new one:
www.zannmusic.com.ar

Si sres, finalmente tenemos dominio propio.
El viejo sigue siendo válido pero los redireccionará al nuevo:
www.zannmusic.com.ar

Cheers from Carcosa

8 de mayo de 2009

Reviews

Por Fernando Suarez.


-Ramesses “Baptism of the walking dead” (2009)
Claro, teniendo al guitarrista y al baterista que grabaron esa pieza fundamental del Doom llamada “Dopethrone”, la cosa es fácil. Pero no sólo de pergaminos (gente, hablamos de Electric Wizard, por si no se dieron cuenta) vive Ramesses, y este ep de tres temas así lo demuestra. Canciones enormes, sobrecogedoras, aplastantes y profundamente oscuras. Con voces que se debaten entre gruñidos guturales, alaridos distorsionados y desgarrados lamentos. Con riffs contundentes, arrastrados, malignos y siempre imaginativos. Con arreglos que aportan nuevas dimensiones en forma de arpegios, samples, teclados y hasta un punteo (el de “Another Skeleton”) que remite inequívocamente al de “American Jesus” de Bad Religion. Y aún así esto sigue siendo Doom de pura cepa. Con los sonidos graves y los ritmos lentos al frente. Con esas atmósferas macabras que te retuercen el espíritu. Claro, no se despegan del todo de la influencia de su anterior banda, pero aquí la obsesión marihuanera es reemplazada por una eternamente negra energía negativa. El viaje de Ramesses duele, raspa en las entrañas y nos obliga a retorcernos en espasmos hipnóticos. Las visiones aquí evocadas hielan el alma con sus escabrosos detalles. No hay lugar aquí para bizarras referencias cinematográficas ni caricaturas pseudo satánicas. Y no es que haya nada de malo en eso, pero la propuesta de este trío pasa por otro lado. De hecho, una buena referencia (no tanto en lo formal, si no en la esencia misma de estas canciones) sería esa asfixiante sensación de desazón que transmitía aquel “Forest of equilibrium” de Cathedral. En cualquier caso, está claro (ya desde sus trabajos anteriores) que estamos en presencia de un grupo con identidad propia. El único problema es que la cosa se termine tan rápido, tan sólo diecinueve minutos es lo que dura el disco. Pero bueno, si esto es sólo el aperitivo, no puedo esperar para saborear el plato principal.


-Insect Warfare “Insect Warfare” (2009)
¿Qué se puede decir de un disco póstumo que consta de un solo track de menos de diez minutos de duración? ¿Cuántas veces tendría que escuchar esto hasta que mi cerebro quede reducido a un ínfimo charco de pus? Grindcore que me hiciste mal y sin embargo te quiero. A pesar de su corta carrera y de contar con un solo larga duración (bueno, larga para los parámetros Grind, claro), estos texanos dejaron una fuerte impresión en el undeground extremo gracias a una propuesta que logró suplir la originalidad con altas dosis de frescura y una potencia avasallante. Rescatando el legado de los próceres (Napalm Death, Terrorizer), pero sin olvidar la carga politizada del Crust ni el caos primigenio del Power-Violence y envolviendo el paquete en un sonido crudo, sucio y directo como patada en la entrepierna. No es casualidad que hayan compartido un split con Agoraphobic Nosebleed y que el mismo Scott Hull los seleccionara para “This comp kills fascists”, esa especie de rescate del Power-Violence en forma de compilado. ¿Qué mejor testamento que estos nueve minutos de puras erupciones sonoras? Acá los muchachos tiran las formas por la ventana y abrazan el costado más ruidoso, enfermo y confrontacional del género. Una miniatura de acoples, feedback, distorsiones que no llegan a ser riffs, golpes azarosos de batería y alaridos desencajados, tal como nos enseñó Anal Cunt. Un tiro a quemarropa en la rodilla del arte. El disco ideal para hacer una fugaz catarsis y seguir con la vida cotidiana mucho más relajados.


-Manic Street Preachers “Journal for plague lovers” (2009)
“Journal for plague lovers” vendría a ser la despedida definitiva del grupo a su desaparecido guitarrista, Richey James Edwards, a cuya autoría pertenecen todas las letras del mismo. No es casualidad que le arte de tapa esté a cargo de Jenny Saville, quien también contribuyera en “The Holy Bible”, el último disco que Edwards grabó antes de su misteriosa retirada de la vida pública. Pero no se ilusionen, no estamos en presencia de la parte dos de aquel clásico. El medio tiempo de “Peeled Apples” abre el disco con un clima entre tenso y épico, con el nervio rockero y las grandes melodías intactas. Un tema cien por ciento Manic, para cantar con los dientes apretados. “Jackie Collins Existential Question Time” se sumerge en una suerte de Pop sofisticado, como el que ensayaron en aquel “Lifeblood”, aunque aquí está tratado (probablemente gracias a la producción del gran Steve Albini) de forma más cruda y Punky. Llega el Power-Pop efervescente de la mano de “Me and Stephen Hawking” y ese estribillo que en vez de estallar se repliega nos remite inevitablemente a unos Pixies con una cuota extra de glamour británico marxista. Guitarras acústicas y un clima casi Folk se apoderan de “This Joke Sport Severed”, hasta que una extraña progresión de acordes se lleva la canción a terrenos de psicodelia Beatlesca, casi siguiendo los pasos más melancólicos del “Sgt. Pepper”. Llega el tema que da nombre a la placa con una energía entre el Hard-Rock y el Pop más emotivo que no hubiera desentonado en alguno de sus primeros discos. O en alguno de la etapa intermedia de The Replacements. “She Bathed Herself in a Bath of Bleach” es una suerte de himno rockero y puedo imaginar a estadios enteros coreándolo y saltando al son de ese movedizo dinamismo. Vuelven las acústicas y la calidez para “Facing Page: Top Left”, una balada cargada de urgencia y amargo sarcasmo. Baterías programadas y guitarras procesadas nos dan la bienvenida a “Marlon J.D.”, un guiño a la New-Wave entre el homenaje y la parodia. Casi un paralelo a lo que hicieran con la Música Disco en “Miss Europa Disco Dancer” de “Know your enemy”. “Doors Closing Slowly” retoma la calma, entre limpios rasgueos, un tempo aletargado y una fuerte tensión que solo estalla hacia el final de la canción, dando paso a los arpegios noctámbulos de “All Is Vanity”. Ya con el primer riff acuden a la mente los fantasmas de aquel glorioso “The Holy Bible” (sin dudas, el punto más alto de la discografía Preacher), esa desazón infinita, esa bronca afilada y enfocada como un láser y esa sordidez melódica tan irresistible. Para levantar el ánimo llega “Pretension/Repulsion” y otra vez el desparpajo Hard-Rockero se cruza con esa suerte de intelectualidad Post-Punk y con un definitivo respeto por la melodía Pop. Y, si hablamos de Pop, no podemos pasar por alto las bellísimas líneas de “Virginia State Epileptic Colony”, con esas guitarras que invitan al movimiento, esos arreglos casi descuidados (que, por supuesto, nada tienen de descuido) a la Pavement. “William's Last Words” cierra el disco (al menos oficialmente) a pura dulzura, entre guitarras acústicas, arreglos de cuerdas y un James Dean Bradfield volcándose al costado más grave y reposado de su registro. Como verdadero final tenemos el track oculto de “Bag Lady”, una suerte de Funk-Punk retorcido muy en la línea de clásicos Post-Punks como Gang Of Four o Wire, aunque con la impronta melódica indeleble de los Preachers. En fin, noveno disco del (ahora definitivamente) trío, tal vez sin el impacto inmediato que tuvo el anterior “Send away the tigers”, pero sin por ello resignar la calidad compositiva ni caer en baches como “This is my truth tell me yours”. Si las buenas canciones son lo suyo, siempre es obligatorio prestar oídos a lo que esta gente tiene para ofrecer.


-HKY “HKY” (2009)
Rostros amenazantes que se esconden en ángulos irreales. El tiempo es este polvo que invade el aire. Fuego negro cayendo desde un cielo furioso. Los edificios colapsan y sólo quedan fragmentos de metal retorcidos como recuerdo de lo que alguna vez fue. “Construyendo planes de escape hacia la atmósfera”, así definen estos franceses su propuesta y no seré yo quien los contradiga. Música para flotar sobre oscuras nebulosas o para perderse en turbulentos agujeros negros. Música para que el cuerpo entre en un trance tembloroso, con los huesos en fricción y los párpados como bloques de cemento. Música para viajar dentro de uno mismo y encontrar esas cosas que no hubiésemos querido enfrentar. Guitarras como cascadas de lava derritiendo todo a su lento paso, voces que imploran rugiendo a dioses sordos, zumbidos de otras dimensiones infectando el sonido, ritmos que marcan el pulso moribundo de montañas resquebrajándose. Graves distorsiones, tan violentas que quiebran el prisma mismo de las percepciones, invaden el espacio, se vuelven tangibles y luego se repliegan en tenues pero insistentes colchones de estática. Caricias ambientales de formas ondulantes tragadas por riffs del tamaño del universo. Melodías en forma de espiral elevándose hacia mundos de cegadora luz y mazazos que las hunden en tumbas de roca sólida. Pueden llamarlo Drone, Sludge, Doom, Post-Metal o cómo quieran. Por lo que a mí respecta pueden llamarlo Polka-Post-Industrial-Cosmopolita, a quién le importa eso. Lo importante es que, si son de los que disfrutan de la música con un alto grado de pesadez sonora y emocional, libre de cualquier atisbo de superficialidad o innecesarias poses exageradas, ya mismo deberían estar buscando este monolítico pedazo de disco.


-Mottron P. “P P Intervals” (2009)
Un disco compuesto con “generadores de frecuencias bajas, errores analógicos, señales eléctricas y residuos sonoros”, tal como lo describe su propio creador, el francés Pierre Mottron. Claro, hasta ahí conocemos los elementos pero no el resultado final. El viaje comienza con las dos partes de “Mellow”, entre suaves beats distorsionados, inquietantes pitidos y una compleja arquitectura de sonidos electrónicos moviéndose como medusas bajo el agua. “Resonance” propone un clima un tanto más relajado, casi lúdico. Hasta se permite ciertas digresiones melódicas que remiten al Aphex Twin más amable. Aunque, por supuesto, dicha amabilidad sea una mera pantalla para la sordidez que se esconde en los muchos resquicios sonoros aquí presentes. Insistentes zumbidos agudos se explayan mientras caen desencajadas gotas sonoras de nubes multiformes y multicolores en “Elastic video”, mientras que “27 modulations” se regodea en una penetrante línea recta con interrupciones casi imperceptibles. Para “Sonus”, Mottron transforma el Funk en un afiebrado juego de chillidos cibernéticos y texturas superpuestas, sin perder nunca el aire de espesa intelectualidad que inunda el disco. Dos minutos y medio de histérico collage sonoro es lo que trae “Untitled”. Algo así como la banda de sonido para las pesadillas de un robot descompuesto. “Schole” da la última estocada entre ritmos angulares, suaves sonidos acuosos de fondo y un sin fin de chirridos y silbidos que se van sumando a esta pintura cubista pintada sobre microchips y fórmulas matemáticas. No tengo que aclarar que si sólo conciben la intensidad en base a guitarras eléctricas, baterías sudorosas y demás elementos rockeros, esto no es para ustedes. Para aquellos con un rincón del corazón puesto en la electrónica más sesuda y, bueno, musical, les recomendaría visitar la página del sello que edita este álbum (www.asiluum.com), donde podrán descargarlo de forma gratuita. Una oferta para no desaprovechar.


-Birds Of Prey “The Hellpreacher” (2009)
La tercera es la vencida para Birds Of Prey. Después de dos discos correctos pero poco sobresalientes, los sureños se pusieron las pilas y se mandaron con un material a la altura de sus pergaminos. Claro, con miembros de Baroness, Kilara, Axehandle, Alabama Thunderpussy, Beaten Back To Pure y el gran Dave Witte tras los parches, sería absurdo conformarse con poco. Aquí el quinteto mantiene su marca registrada de Death N’ Roll, pero escarba hasta encontrar los mejores riffs que dio el género desde los años dorados de Entombed. Y encima se encargan de revitalizar al subgénero con diversas ideas y encares. Tenemos el violento medio tiempo y las aceleradas Punks de “Momma” que abre el disco a toda marcha, el machacante groove Hardrockero de “Juvie”, el Thrash hipnótico de “Alive Inside!”, el empantanado Sabbathismo de “Tempt the Disciples”, el Hardcore Motörheadizado de “Taking on Our Winter Blood” con guiño a Suicidal Tendencies incluido, los riffs enroscados (como si mezclaran Melvins, Baroness y Led Zeppelin) de “The Excavation”, los frenéticos cambios de ritmo y la atmósfera siniestra de “Blind Faith”, el monumental clima oceánico de “False Prophet” que no hubiera desentonado en “Leviathan” de Mastodon, esa suerte de Converge gordo, barbudo y redneck de “Warriors of Mud... The Hellfighters” y ese final a puro riff Slayeriano con sonido Sludge y corazón Crust de “Giving Up the Ghost”. Si eso no les basta tienen dos breves interludios instrumentales, el primero (“As the Field Mice Play”) oficiando como oscuro nexo entre Birmingham y New Orleans y el segundo (“The Owl Closes In”) transformando aquel “Kaiowas” de Sepultura en un sórdido ritual vudú. Doce canciones redondas, violentas, dinámicas, gancheras y creativas. Con las guitarras serruchando sin misericordia, la voz gruñendo de forma siempre articulada (en algún lugar entre L.G. Petrov y Jan-Chris De Koeijer de Gorefest) y las bases manteniendo a toda costa ese groove violento tan contagioso. En definitiva, si necesitaban material extremo pero que, al mismo tiempo, les permitiera mover la patita, aquí termina su búsqueda.


-The Plague Mass “Living among meat eaters” (2009)
Exceptuando a las leyendas Deathmetaleras Pungent Stench y Disharmonic Orchestra no recuerdo demasiada Metal extremo proveniente de Austria. Bueno, The Plague Mass posee su necesaria cuota de Metal pero llevan el Hardcore en el alma. El innegable punto en común con las bandas mencionadas es la forma única que tienen de encarar el género. Estos muchachos (que ya cuentan con dos discos previos al que nos ocupa) logran algo que, hoy en día, parece una proeza inalcanzable: juntar At The Gates y Hardcore sin sonar a Metalcore berreta y aburrido. Claro, en primer lugar habría que aclarar que cuando decimos Hardcore nos referimos más bien a un sonido entre el Crust más melódico (Tragedy, From Ashes Rise) y el Converge más crudo y, bueno, Hardcoroso. Nada de breakdowns, fallidos intentos de Thrash de segunda mano, toscos clichés metaleros ni flirteos Emo. Hay lugar para la melodía, sí, pero esta se manifiesta en forma de pasajes hipnóticos, casi psicodélicos, hasta atreviéndose a meter guitarras limpias y ominosos coros marítimos. Al mismo tiempo, la influencia de los suecos se encuentra principalmente en la chillona voz de Christian, cuyos alaridos desbocados remiten inevitablemente a las performances más rabiosas de Tomas Lindberg. También hay lugar para esos riffs melódicos pero, otra vez, eluden el lugar común desechando cualquier atisbo de Maidenismo y rescatando el costado más exótico de dichas melodías. Las canciones fluyen con extrema violencia pero sin perder de vista el dinamismo, la emoción y las variantes. Hasta hay lugar para ritmos entrecortados y ruiditos taladrantes que no desentonarían en cualquier disco de Noise-Rock. Las guitarras despliegan un vasto arsenal de ideas, logrando fundir influencias diversas (a los grupos mencionados pueden sumarle nombres como Neurosis y hasta Refused) en un sonido propio, una suerte de Crust emotivo, disonante y sumamente pesado. Inteligencia, originalidad y una intensidad capaz de quebrar al más obstinado de los escépticos. Sumamente recomendado.


-Meat Puppets “Sewn together” (2009)
Veintinueve años de carrera, separaciones, tragedias, adicciones, cruces con la ley, reuniones, flirteos con la fama (aún cuando fuera de rebote) y estos títeres de carne siguen dando batalla. Para los desmemoriados, esta es la banda que Nirvana versionó e invitó a participar en su famoso unplugged, la misma que (gracias a ello) tuvo un hit en la forma de “Backwater” a mediados de los 90’s, la misma que dio sus primeros pasos practicando un Hardcore-Punk ruidoso y caótico, la que luego incorporaría un vasto abanico de influencias (Folk, Psicodelia, Pop, Hard Rock, Funk) a sus raíces Punks, transformándose en uno de los pilares para ese sonido que luego se conocería como Grunge. “Sewn together” es el segundo disco de la última reunión del grupo y los hermanos Kirkwood se mantienen en excelente forma. Con sus voces generando constantemente hermosas armonías en algún lugar entre el Country, los Beatles más psicodélicos y hasta ciertos amagues casi Progresivos. Con la virtuosa guitarra de Curt (vaya casualidad) dibujando las más deformes pinturas, ya sea en forma de riffs mugrientos y enrevesados, de cristalinos arpegios caleidoscópicos o de sensibles rasguidos de aire rural. Con doce canciones repletas de magníficas melodías e ideas, donde la profunda emotividad siempre se entrecruza con espesas atmósferas de maliciosa psicodelia. Claro, pueden encontrar más de una similitud con discos anteriores (más con la etapa de SST que con la suciedad Hardrockera que adquirirían en los noventas), pero a esta altura no les pido más que buenas canciones. Y en eso no fallan nunca. Ahí tienen el Punk-Country alucinógeno de “Rotten shame”, la melancólica reflexión campechana de “Go to your head”, la elevadora y majestuosa pared de sonido (guitarras acústicas, eléctricas, piano, voces) de “Clone”, la candidez lisérgica de “Smoke”, los firuletes Zeppelinianos de “S.K.A.”, la alegría achicharrada por el sol de “Nursery rhyme”, la inocencia multicolor de “The Monkey And The Snake”, la aridez Neilyoungesca de “Blanket of weeds”, la frenética danza redneck de “I’m not you” o los cambios de clima de “Sapphire” como perfectos ejemplos. En definitiva, otro desparramo de grandes canciones por parte de una de las bandas fundamentales para entender el Rock americano de las últimas décadas. No lo dejen pasar.


-Manatees “Icarus, the sunclimber” (2009)
Sería exagerado afirmar (como ya están haciendo algunos medios) que este trío británico le está dando una nueva perspectiva al Sludge, pero sin duda alguna estamos ante material auspicioso y personal. En primer lugar, aclaremos que no se trata de recién llegados, este es su tercer álbum y hasta cuentan en su haber con una colaboración junto a Eugene Robinson, cantante y golpeador de los dementes Oxbow. Ahora bien, queda claro que estos muchachos escucharon Neurosis, que tomaron nota de sus riffs más grandilocuentes, de sus texturas más abrasivas, de sus ritmos tribales y de ese épico sentido de la dinámica. Hasta ciertos pasajes acústicos tienen la marca indeleble de Steve Von Till y compañía. Y, sin embargo, no sería del todo correcto poner a Manatees en la, a esta altura, saturada bolsa del Post-Metal. Esto es material mucho más sucio y oscuro. Acoples, riffs tan graves como disonantes, guiños casi Industriales y momentos donde el ruido se apodera de todo. Claro, yendo hacia atrás nos encontramos con Swans como claro referente para, bueno, casi todos los que se dedican a hacer música pesada, lenta, oscura, ruidosa y enferma. Entonces no es de extrañar que este “Icarus, the sunclimber” suene por momentos a una cruza entre las babosas erupciones desafinadas de los neoyorquinos y la empantanada desesperación de Eyehategod. Pura catarsis ruidosa moldeada a golpes de riffs y alaridos distorsionados. Pero aquí hay mucho más que Sabbathismo en versión Core, de hecho los desafío a encontrar algo parecido a un riff en “False sun” y su caótico desparramo de feedback. Básicamente, Manatees logra condensar sus claras influencias de formas poco convencionales sin por ello resignar el hilo compositivo ni la energía. Logra conmover sin necesidad de apelar a los lugares comunes del Post-Rock y pueden sonar extremadamente violentos y opresivos eludiendo siempre el golpe obvio y predecible. Todavía les falta un empujoncito extra en el departamento de las ideas propias, pero sin duda alguna da para ponerles algunas fichas. Mientras tanto, deléitense sin culpas con estas volcánicas composiciones.

-Zao “Awake?” (2009)
No voy a insistir con discusiones sobre si el Metalcore esto o aquello. Cualquiera con un mínimo de criterio musical podrá sacar sus propias conclusiones y sabrá separar la paja (je) del trigo. Lo cierto es que Zao ya lleva dieciséis años y nueve discos demostrando a cada paso por qué es una de las bandas más relevantes que dicho género nos ha legado. Claro, la eterna duda en estos casos es si corresponde colocar a una banda tan personal y, de alguna forma, ecléctica en esa categoría. “1,000,000 Outstretched Arms Of Nothing” abre las hostilidades sin preámbulos y con un monolítico riff disonante que deviene en densidad Sludge mientras Daniel Weyandt gruñe como si su garganta estuviera hecha de pura lava. Y ese baboso pasaje a mitad de la canción suena tan infernal y tenebroso que resulta increíble que haya sido concebido por un grupo cristiano. El paso lento y aplastante se mantiene en “Entropica”, aún cuando se ve interrumpido por riffs entrecortados y un estribillo que chorrea emoción sin necesidad de caer en burdas exageraciones melodramáticas. Si alguna vez pensaron que mezclar la excentricidad de Botch, las atmósferas malignas del Black Metal, el groove de Pantera y las melodías más gancheras de Faith No More sería imposible, chequeen “The Eyes Behind The Throne” y descubran cuán equivocados estaban. La tierra se abre de par en par con cada machaque de “Human Cattle Masses Marching Forward”, uno de los temas más convencionales del disco, rescatando ese Metalcore apocalíptico de mediados de los noventas pero con el agregado siempre enroscado de estos chupasirios. Las guitarras siguen dibujando deformes pinturas melódicas en “Romance Of The Southern Spirit”, que no es otra cosa que la regrabación de aquel tema que apareciera como bonus track de la edición japonesa de “The funeral of god”. Y, tal como lo hicieron en aquel álbum, siguen demostrando que el manejo que tienen estos tipos de la melodía los sitúa a años luz del maremagnum de clones Metalcoreros sin ideas y con aspiraciones mainstream. No hay lugar para la superficialidad ni los lugares comunes aquí. Llega una patada en la entrepierna con el frenético “What Will You Find?”, entre guitarras inquietas, oscuras nubes noruegas y breakdowns que nada tienen que ver con ningún tipo de arte marcial. Casi una versión psicodélica del Napalm Death más groovero de mediados de los noventas es lo que trae el tema que da nombre a la placa, con el agregado de otro de esos estribillos melódicos que simplemente trascienden lo genérico y apuntan directamente al alma, de forma implacable e inteligente. Pura rabia destila Weyandt en “Quiet Passenger Pt. 1”, acompañado de un bajo arenoso y un riff tamaño elefante. Hasta que llega, claro, el estribillo y transforma el pantano en un paisaje lisérgico que no hubiera desentonado en el repertorio de bandas como Deftones. “Reveal” se retuerce entre irregulares riffs Messhugescos, sórdidos punteos Noise-Rockeros y rebajes que pegan duro en el estómago. Y si eso no les basta, ahí tienen un final a puro Doom capaz de convencer al más duro de los poseros. Como broche de oro tenemos a “Quiet Passenger Pt. 2/The World Caved In”, con una primera parte donde riffs en forma de cascadas de gruesa distorsión sobrevuelan tambores tribales y sensibles líneas vocales atraviesan la epilepsia de la base rítmica, y una segunda que se repliega dejando al desnudo una guitarra acústica y un tenso y descorazonador recitado. Bien podríamos afirmar que “Awake?” vuelve a abrir el abanico estilístico del cuarteto, luego de aquella (no tan) vulgar exhibición de poder que fue “The fear is what keeps us here”, pero lo cierto es que Zao, sin perder nunca su sonido distintivo, siempre mantuvo un saludable apetito creativo, logrando llevar a la práctica ideas con las que la mayoría de sus pares jamás podrían siquiera soñar. A esta altura no importa si esto es o no Metalcore. Es excelente música, pesada, original, emotiva y extremadamente imaginativa. En mi libro, eso ya es motivo suficiente para prestarles oídos.


-Oranssi Pazuzu “Muukalainen Puhuu” (2009)
Las iglesias que antes ardían ahora se disuelven lentamente en cápsulas lanzadas al espacio exterior. El terror viene desde ese impenetrable cielo estrellado, ya nos lo enseñó el buen Howard Phillips. Lo que me resulta curioso es que los adoradores del Rock más alucinógeno hayan tardado tanto en comprender las bondades hipnóticas del Black Metal. Claro, ustedes me dirán que Enslaved ya viene ensayando desde hace tiempo su propia versión cósmica del negro Metal. Y tienen razón. Lo mismo si mencionamos los últimos trabajos de Nachtmystium, que dieron lugar a un término tan estúpido (y, de alguna forma, acertado) como Blackadelia. Pero, en definitiva, se trata de casos aislados. Y, antes de que siquiera lo mencionen, esto no tiene que ver con la cruza de Post-Rock y Black que últimamente resulta tan común. Ok, estos finlandeses aman el delay casi tanto como los alaridos desesperados y no temen generar paisajes casi cinematográficos con instrumentación rockera, pero eluden con gracia esa melancolía entre épica y reflexiva del Post-Loquesea. No resulta para nada erróneo que, entre las influencias citadas por el propio grupo, convivan sin problemas DarkThrone, Can, Electric Wizard y Pink Floyd, por sólo nombrar algunas. El truco reside en poder encontrar esas zonas donde la cruza de géneros resulte natural y orgánica antes que un pastiche forzado. El quinteto logra dicho objetivo sin problemas, desplegando una personalidad que no se condice con su corta existencia. Alguien podría aventurar que poco hay de genial en adornar drogadas zapadas setentosas (teclados vintage incluidos) con graznidos satánicos y ambientaciones tenebrosas. Sin embargo, muchas veces son esas ideas simples las que mejor funcionan. Tal es el caso en este disco debut. Violentos blast-beats se cruzan con melodías lisérgicas, pasajes de Blues espacial se pervierten en malvadas invocaciones, extensos trances Kraut-Rockeros generan un helado terror, guitarras Sabbatheras se desintegran entre sonidos espaciales, riffs taladrantes flotan sobre nebulosas percusiones latinas. Yo sé que suena extraño, pero les aseguro que los resultados están trabajados con inteligencia y solidez compositiva. Hasta los pasajes puramente ambientales remiten más a viejos soundtracks de films de terror, antes que a desencajados cuelgues marihuaneros sin sentido. En fin, como alguna vez dijera alguien que sabe mucho de todo, “el negro Metal no sólo es guerra, también es droga”. Consumir con moderación.


-Disbelief “Protected hell” (2009)
¿Podríamos hablar de una New Wave of European Thrash Metal? Bueno, yo pongo mis fichas en bandas como Taste Of Insanity (de Holanda), Scarve (de Francia) y los alemanes que hoy nos ocupan. Claro, no son bandas nuevas, todas cuentan con más de diez años de carrera, y no obstante desde hace tiempo que vienen proponiendo variantes mucho más avanzadas que la mayoría de sus pares americanos y suecos. El caso de Disbelief es sumamente curioso porque ya desde sus primeros trabajos, allá por finales de los noventas, lograban una personal combinación de brutalidad Deathmetalera, groove Thrashero y una oscura excentricidad mezcla de Voivod y Neurosis. “Protected hell” es su disco número ocho y la cosa no ha cambiado tanto. La música mantiene un constante clima oscuro y épico, jugando en mayor parte entre medios tiempos y ritmos trabados y tensos y logrando un sonido envolvente y sobrecogedor. Las influencias Thrashers esta vez vienen por el lado de Lamb Of God, tomando bastante de ese groove violento y enroscado de los liderados por Randy Blythe. Por otro lado, el costado monolítico, por así llamarlo, se ve también incrementado y los ecos de Isis, Neurosis y Switchblade resuenan con fuerza, pero sin opacar nunca la identidad del cuarteto. Y en medio de semejante despliegue de desgarradora magnificencia hasta es posible percibir algunas gotitas de Black Metal a la Emperor (En especial en lo que hace a voces melódicas) que no hacen más que acentuar dichas atmósferas. Y esto no debería resultar tan extraño si tenemos en cuenta que, en definitiva, tanto el Black como el Post-Metal suelen apoyarse en escalas menores para construir sus disonantes acordes. En definitiva, tal vez no sea el mejor trabajo de Disbelief (a medida que avanza el disco se huele cierto tufillo a repetición de esquemas), pero bien vale como introducción al grupo y como prueba de que lo único que mata a los géneros es la falta de ideas.

-SoiSong “xAj3z” (2009)
Peter Christopherson tiene cincuenta y cuatro años de edad y treinta y cuatro de carrera musical. Fue miembro fundador de Throbbing Gristle (la banda que inventó el concepto y las formas de la Música Industrial) y, luego de un breve paso por Psychic TV (grupo liderado por Genesis P. Orridge, principal ideólogo de Throbbing Gristle), formó Coil, el conjunto al cual dedicó veintidós años de experimentación sonora sin concesiones. SoiSong es un proyecto que nació el año pasado con la colaboración del ruso Ivan Pavlov, también conocido como CoH. Ahora bien, si piensan que lo más raro de este material es que venga presentado en un cd octagonal, están lejos, demasiado lejos de la luz. Como era de esperar las deformidades electrónicas están a la orden del día, pero poco tiene que ver esto con áridos climas Industriales ni abstractos soundtracks de pura oscuridad. El referente más cercano que se me ocurre es Einstürzende Neubauten en su faceta más cancionera y accesible, por así llamarla. Los ritmos están bien definidos y, si bien son generados con sonidos poco convencionales, mantienen un andar llevadero e hipnótico. La melodía abunda, pero está manejada con un grado de profundidad que trasciende los toscos parámetros del Rock en general y sus derivados. Con Christopherson residiendo en Bangkok, era de esperar que algo del Folklore de dicha región se colara en estas canciones. Efectivamente, el británico suma a sus voces artificiales una vasta gama de instrumentos (para nosotros) exóticos, mientras que Pavlov hace y deshace con sus máquinas. Por supuesto, intentar una definición formal (he leído cosas horribles como Lounge-Core o digital World Music) no haría más que desmerecer y denigrar semejante pieza de pura música. Esto es un paseo por decadentes callejones alumbrados tenuemente por una luna borracha, serenatas maliciosas en cortocircuito, valses para ahogarse eternamente en océanos de alquitrán, el cadencioso respirar de la carne transpirada chocando con salvaje indiferencia, Trip-Hop de alcantarillas e inodoros vomitados o simplemente la banda de sonido perfecta para una noche en aquella Interzone de William Burroughs. No me gusta usar estos términos pero si realmente se consideran amantes de la buena música, sí o sí tienen que prestarle atención a esta maravilla.


-The Blinding Light “Junebug” (2009)
A pesar de su nombre, “White flag” llega con cara de pocos amigos, blast-beats hiperkinéticos y dedos volando sobre el diapasón. Sólo un minuto y monedas como introducción al caos que es este demorado (cinco años pasaron desde la edición del anterior, “The ascension attempt”) segundo larga duración de The Blinding Light. ¿Dije caos? Sí, eso dije. Si bien estos americanos no son completamente ajenos a las frenéticas idas y venidas del Mathcore, no sería del todo acertado meterlos en esa bolsa. Claro, llamarlos simplemente Metalcore sería dejar afuera demasiadas aristas y variantes aquí presentes. Dejemos, entonces, los rótulos de lado. Lo que aquí tenemos son nueve canciones donde conviven de forma muy personal diversas corrientes extremas. Hay algo de la trabazón mecánica de Meshuggah, esa firuleteada densidad que patentara Mastodon en sus primeros trabajos, machaques típicamente Thrashers, alaridos Hardcorosos, rebajes dumbetas cargados de emoción a la Crowbar, riffs angulares de pura extracción Mathcorera, salvajes aceleradas entre Suffocation y Napalm Death, violentos pasajes de puro groove redneck, medios tiempos mosheros a la Earth Crisis y hasta ciertos toques de psicodélica melodía. Y lo mejor es que no se trata de un Frankenstein sin sentido, cada momento está colocado con sabiduría, logrando inclusive combinaciones poco convencionales dentro de dichas variantes. Entonces, el resultado final suena increíblemente homogéneo y sólido, con composiciones intrincadas y detallistas, y un trabajo de guitarras que busca constantemente un sano equilibrio entre el despliegue de ideas y la contundencia. Si bien el tono predominante del álbum es inevitablemente violento, el quinteto comprende a la perfección la necesidad de incluir variantes melódicas que aporten a la dinámica final de los temas. No teman, no me refiero a burdos estribillos Emo ni a mariconas guitarritas Powermetaleras, esto está más cerca de los momentos más reposados de bandas como Converge, The Dillinger Escape Plan e inclusive Isis o Cave In. En fin, no es un disco fácil, requiere escuchas atentas hasta poder fluir sin problemas con el tortuoso entramado de las canciones. Si están dispuestos a hacer el esfuerzo, les aseguro que puede resultar una experiencia realmente reconfortante e intensa.


-Disappearer “The clearing” (2009)
Preparen las camisas a cuadros porque los noventas vuelven con todo. Claro, muchos se conformarán con la cáscara de aquellos años dorados y no faltará quien crea que Blind Melon y Soundgarden pertenecían a la misma tradición musical. No importa, mientras bandas como Helms Alee, Torche o Big Business sigan rescatando algunos de los momentos más interesantes de la década pasada sin perder de vista las enseñanzas musicales contemporáneas (casi como replicando la reinterpretación de los setentas que hicieron las bandas noventosas), todo va a estar bien. En dicha categoría podríamos meter a este trío bostoniano, aún cuando de ninguna manera estemos hablando de un nuevo subgénero ni de otra bolsa de gatos donde encerrar a bandas con sonido propio. Claro, hay algo que une definitivamente a las bandas mencionadas, algo llamado Melvins. Lo cual no es ninguna novedad, hace años ya que la influencia de King Buzzo y compañía es ineludible a la hora de hacer música extremadamente pesada que no sea necesariamente Metal. Entonces, acá tenemos esas guitarras gordas, esos riffs surrealistas y esa densidad encarada con innegable espíritu Punk. Y no hablamos de Sludge, Drone ni Post-Metal. El punto clave es el uso de melodías que logran ser al mismo tiempo emotivas, urgentes, gancheras y elaboradas. Canciones propiamente dichas, antes que puros temblores sonoros y cerebrales tratados de dinámica. Con un vuelo creativo tridimensional pero sin perder nunca de vista la soltura rockera, monolíticas pero sin llegar nunca a pasarse de épicas o pomposas, construidas con la mente y el alma en perfecta armonía y fundiendo de forma única diversas corrientes del pasado no tan lejano (entre las muchas influencias reconocidas por el mismo grupo figuran nombres como Fugazi, Smashing Pumpkins, Sonic Youth, Yo La Tengo y Kyuss) con la perspectiva actual del nerdismo Post-Hardcore-Metalero. Alguna vez el gran Bob Mould dijo que el Rock en los noventas trataba de conjugar tres elementos básicos, el ruido, la melodía y la inteligencia. “The clearing” tiene todo eso pero dobla la apuesta en el terreno de la pesadez, eludiendo con gracia la estupidez del retro y entregando diez canciones redondas y contundentes que harán las delicias de todos aquellos que crean que el Rock puede dar más que la misma pavada superficial de siempre.

-Sonic Youth “The eternal” (2009)
Regresan los catedráticos de la disonancia, los sacerdotes del chirrido, los cuatro (bueno, con la incorporación del ex bajista de Pavement, Mark Ibold, pasaron a ser cinco, pero eso me arruina el chiste) fantásticos del Noise, la banda que, desde hace veintiocho años viene redefiniendo los alcances de la guitarra eléctrica. Por supuesto, nada de lo que yo pueda escribir se acercaría a explicar la importancia del trabajo de estos tipos. ¿Cuántas bandas conocen, acaso, que con semejante historia sobre sus espaldas sigan entregando material relevante y excitante? ¿Cuántas que logren mantener su identidad sin por ello perder el apetito creativo y la absoluta libertad a la hora de componer? ¿Cuántas que logren condensar instrumentaciones de una complejidad sinfónica en canciones cien por ciento rockeras sin trastabillar? ¿Cuántas que sean citadas como influencia en prácticamente todas las corrientes rockeras habidas y por haber y sin embargo no se duerman sobre sus laureles? Claro, “The eternal” podría ser visto como un disco más, si no fuera porque no hay material de relleno en la vasta discografía Sonicyouthera. Es obvio que, a esta altura del partido, no causarán el mismo impacto que tuvieron discos como “Evol”, “Dirty” o “A thousand leaves”, pero nadie con un par de oídos y un mínimo criterio musical puede negar la enorme calidad de estas doce canciones. Pueden ser inmediatas, urgentes, movedizas y rockeras, y aún en esos momentos más efervescentes el escucha atento podrá percibir una vasta gama de ideas que harían sonrojar a tanto pelele con pretensiones artísticas. Tenemos también las soñadoras incursiones melódicas que hicieran su aparición en “Murray street”, con Thurston Moore y Kim Gordon finalmente despojándose del miedo a entonar dulces líneas vocales (tarea que siempre parecía relegada al bueno de Lee Ranaldo) sin resignar la tradicional crudeza de sus voces. Y, claro, no podían faltar esos temas deformes e indefinibles, con desarrollos mutantes y entramados instrumentales sencillamente deslumbrantes. Y aún así me estoy quedando corto. ¿Cómo explicar este artesanal trabajo de arrancarle a las seis cuerdas sonidos irreales sin que ello se transforme en una experiencia onanista ni en burdos divagues drogones? ¿Cómo reducir a palabras el gigantesco caudal emotivo que transmiten estos temas a pesar de su extremo detallismo? La verdad es que, si nunca experimentaron esto, tienen un hueco importante en su educación musical. “The eternal” puede ser un excelente comienzo para revertir esa vergonzosa situación.