31 de mayo de 2011

Review: Alcest "Le secret" (2011)

 Por Fernando Suarez.

-Alcest “Le secret” (2011)
Editado originalmente en 2005, “Le secret” bien podría ser considerado como el primer paso de Alcest (el anterior demo, “Tristesse hivernale” de 2001, no es muy representativo del sonido del grupo qué digamos) hacia ese plano de belleza mística que tanto añora su mentor, el inquieto Neige. Esta re-edición nos trae los dos extensos (ambos superan los diez minutos de duración) temas que componían la placa originalmente más el agregado de sus versiones regrabadas en la actualidad. En cuanto a los originales, hay que decir que, en ese momento, Alcest todavía mantenía fuertes lazos con sus raíces Blackmetaleras, apuntando ya a esas melodías soñadoras y esas envolventes texturas Shoegazeras que luego se destaparían del todo en “Souvenirs d'un autre monde” (2007) pero todavía en un contexto sónico bastante áspero, con interpretaciones y producción más bien modestas. Lo que logran estas reinterpretaciones, simplemente al mejorar dichas interpretaciones y exponerlas con un sonido mucho más claro, es mostrar que, aún en esos estadíos iniciales, Neige tenía bien en claro sus objetivos musicales y estéticos. En primer lugar, mantenía el vértigo rítmico y las hipnóticas cascadas de distorsión típicas del Black, pero usaba esos elementos (con ciertas variaciones, en especial en lo que hace al empleo de pastorales tonos mayores, en contraposición a la habitual tensión de los menores) para generar paisajes de reposo espiritual antes que visiones infernales o rabiosas odas al nihilismo más violento. Claro, tal vez esas intenciones quedaban un tanto ocultas ante la crudeza del viejo material y es por ello que las flamantes versiones tienen razón de ser, con su producción cristalina y su énfasis puesto en los aspectos melódicos (en especial las voces) de la propuesta, lo cual, paradójicamente, no hace más que incrementar la intensidad de las composiciones. Así, “Le secret” (el tema) pierde ahora su intro con sonidos de pajaritos y sus alaridos desgarrados pero, aún así, mantiene la conmovedora belleza de sus melodías y su recorrido atmosférico casi etéreo, mientras que “Elivation” corrige algunas incómodas desprolijidades al tiempo que acentúa los aspectos casi Progresivos de su estructura. Desde ya, se trata de material sólo para fanáticos acérrimos de estos franceses, interesados en apreciar su palpable evolución y rememorar esos preciosos viajes melódicos escondidos debajo de chirriantes distorsiones Blackmetaleras.

Review: Boris "Attention please" / "Heavy rocks" (2011)

 Por Fernando Suarez.



-Boris “Attention please” / “Heavy rocks” (2011)
Parafraseando al siempre polémico (y gracioso, para qué negarlo) Ricardo Iorio, Boris puede hacer lo qué carajo quiera. Deben ser el único (o uno de los pocos) grupo de Rock actual que se puede dar el lujo de editar cuatro discos (cuento también la colaboración con Merzbow) en un sólo año y en todos ellos mantener un nivel alto, poniendo siempre al frente su inagotable apetito creativo y, aún así, reteniendo su inconfundible identidad musical. Empezando de atrás hacia adelante, tenemos a “Heavy rocks” que, desde el título y el arte de tapa (igualitos al de aquel de 2002, con la excepción del color violeta en lugar del naranja), ya anticipa un retorno a los terrenos más rifferos y pesados del trío, luego de aquella maravilla Pop que fuera “New album”. Pero, claro, la idea de repetir esquemas o ideas al pie de la letra no existe en el universo de Boris, así que tampoco se pongan tan cómodos. Sí, aquí mandan las guitarras distorsionadas hasta el borde de la saturación, el contundente y groovero pulso rítmico y el empuje netamente Rockero pero, detrás de todo eso, todavía encontramos lugar para incursiones electrónicas, aceleradas Crustys, espesos trabajos de texturas y arreglos, delicadas melodías vocales (parecen capitalizar de forma cada vez más efectiva los avances que vienen logrando en este terreno) y ese aire demente e impredecible, esa capacidad para dispararse hacia cualquier dirección (Shoegaze, Stoner, Rock N’ Roll, Sludge, Noise, Post-Rock, Pop, Hardcore, Drone, Thrash y siguen las firmas) sin que ello corte el hilo narrativo de las canciones. En última instancia, más allá de las autoreferencias, los músicos invitados (aquí tenemos a gente como Ian Astbury, Faith Coloccia y Aaron Turner, entre otros) y las intenciones, en palabras de los propios músicos, de “redefinir la música pesada”, este segundo “Heavy rocks” es una más que digna continuación de los caminos explorados en placas como “Pink” y “Smile” (en especial en lo que hace a combinar distorsión, pesadez, melodía y experimentación) y, al mismo tiempo, una buena demostración de que Boris se sostiene no sólo por sus riffs enormes, sus delirios sónicos y sus envolventes cascadas de ruido, sino porque saben cómo componer buenas canciones, ni más ni menos. Y, si hablamos de buenas canciones, aquí tenemos a “Attention please”, el álbum donde la guitarrista Wata se hace cargo de la totalidad de las voces, con resultados estelares. Bien, aquí se pueden olvidar de los riffs atronadores, las bases monolíticas y las toneladas de feedback. “Attention please” profundiza la veta netamente melódica y Popera de “New album”, sumándole un trabajo de orquestación y una sensibilidad casi etérea que no hubiera desentonado en el mejor Shoegaze de los noventas. Cuando hablo de orquestación me refiero a capas y capas de guitarras (distorsionadas la mayor parte del tiempo) y teclados varios generando complejas arquitecturas armónicas sobre las que Wata desgrana líneas vocales de una dulzura conmovedora, casi inocente. Claro, algunos podrán argumentar que se trata, simplemente, de una versión ensuciada de “New album” pero, si bien algo de eso hay, el resultado final es mucho más cohesivo y certero. Hasta me atrevo a decir que se trata del trabajo más convencional que Boris haya concebido en su vasta e inquieta carrera. De todas formas, no teman, lo que es convencional para estos nipones sigue siendo incomprensible para la mayoría de la humanidad. El punto es que ni siquiera el vasto campo de experimentación sónica (desde intrincadas elucubraciones electrónicas a exploraciones guitarrísticas que pondrían verde de envidia a Thurston Moore y Lee Ranaldo) y las infinitas variantes rítmicas y dinámicas que exhiben estas diez canciones pueden esconder el hecho de que se trata de composiciones guiadas por melodías entrañables y, principalmente, accesibles. Por supuesto, los fans más obstinados podrán patalear a gusto y reclamar al viejo Boris, lo cual demostraría que nunca entendieron el núcleo de la cuestión. La intensidad y la pesadez no son cualidades que puedan ser reducidas a un mero hecho formal, a una simple fórmula sonora sin sustancia. Sin necesidad de reventar parlantes o lacerar oídos, “Attention please” se las arregla para transmitir una espesa e hipnótica sensación de pesadez emocional y perturbar la mente a fuerza de inventiva musical antes que de clichés y trucos baratos. En fin, Boris por partida doble es siempre una buena noticia y aquí tenemos (entre ambos discos) una hora y media de pura música (porque, más allá de géneros y peroratas que no llevan a ningún lado, de eso se trata) para disfrutar con los sentidos al rojo vivo.

Frank Boston - Niño Sueño





El inquieto Frank Boston vuelve a las andadas con este impresionante disco, totalmente grabado y producido por él mismo, donde nuevamente despliega su arsenal de melodías de ensueño, esta vez remitiendo a las viejas épocas de Neuraxis, pero varios escalones mas arriba en lo que respecta a madurez compositiva y el cuidado de los detalles en los arreglos. Extremadamente recomendado para todo aquel que disfrute de la música en general.

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30 de mayo de 2011

Review: Deep Sleep "Turn me off" (2011)

 Por Fernando Suarez.

-Deep Sleep “Turn me off” (2011)
Diez temas, trece minutos y toda la excitación que pueda entrar en ese tiempo. Deep Sleep es un cuarteto oriundo de Baltimore, sin tiempo que perder y con un claro amor por el Punk y el Hardcore de principios de los ochentas, en especial aquel patentado por los inmortales Descendents. Más allá del guiño en su anterior compilado de ep’s (“Three things at once”, en referencia al “Two things at once” de los liderados por Milo Aukerman, Rey de los Punks nerds), editado en 2009, lo interesante es que Deep Sleep no toma el camino más concurrido a la hora de rescatar las enseñanzas de Descendents. Es que, en lugar de concentrarse en las melosas melodías Poperas y las excentricidades instrumentales (bueno, varios de los riffs y progresiones de acordes cuentan con ese tono extravagante y retorcido, hay que reconocerlo), estos muchachos van por el lado más crudo, aquel que exponía los fuertes lazos que había entre los mencionados Descendents y su casi banda hermana, Black Flag (a quienes homenajean en “Nothing inside” casi calcando el riff principal de “Rise above”). De todas formas, esto no significa una ausencia de melodía ni interpretaciones defectuosas. Por el contrario, los temas resultan sumamente gancheros, infecciosos y refrescantes en su frenética simpleza, y el grupo suena ajustadísimo, desgranando sus breves bombas musicales con una pasión descontrolada, sin respiros y con una soltura envidiable. Claro, también han aprendido de Bad Brains y Minor Threat esa capacidad para ir a toda velocidad sin derrapar, de forma compacta e intensa, y han tomado prestado del viejo Dag Nasty algunos de sus arreglos de guitarra y melodías vocales más emotivas, lo que da un resultado final sumamente personal y excitante. Y es que todavía se puede beber de aquellas fuentes legendarias sin por ello caer en el mero revival sin ideas propias, más bien reivindicando esa energía urgente y desbordada, capaz de rejuvenecer hasta al viejo más choto, escéptico y desganado. Ya sea avanzando hacia nuevas fronteras musicales o simplemente respetando con clase y fuego interno las tradiciones, el Punk/Hardcore de la vieja escuela sigue vivito y pogueando. “Turn me off” es otra excelente prueba de ello.

Review: Enablers "Blown realms and stalled explosions" (2011)

 Por Fernando Suarez.

-Enablers “Blown realms and stalled explosions” (2011)
Enablers siempre fue un grupo extraño pero cuando un grupo extraño da sus primeros pasos discográficos (aquí hablamos de “End note” y “Output negative space”, de 2004 y 2006 respectivamente) de la mano de Neurot Recordings, el sello regenteado por la gente de Neurosis, entonces yo me siento obligado a prestar atención. La propuesta del cuarteto se basa, en líneas generales, en acoplar la poesía recitada por Pete Simonelli a un trío de Rock de tintes experimentales, parado, a grandes rasgos, en algún lugar entre el Post-Rock guitarrero de Pell Mell, el Noise-Rock minimalista de Shellac y el tenso Math-Rock de Slint. Claro, dicha descripción no dice demasiado sobre el profundo efecto que estos tipos generan en el alma con sus composiciones. En primer lugar, esto no se trata de músicos zapando alocadamente mientras un hippie trasnochado desgrana textos sin sentido, aquí queda bien en claro que el grupo trabaja como una unidad y que los aspectos literarios y musicales de la propuesta van de la mano, fundidos en un todo inseparable y concebido de forma enfocada y coherente. Para este cuarto álbum han incorporado al baterista Doug Scharin (ex miembro de luminarias como June Of 44 y Codeine, que reemplaza al anterior Joe Byrnes), quien parece aplicar su desarrolladísimo sentido de la dinámica y su frenético virtuosismo a los densos paisajes compositivos de Enablers, dotando a las composiciones (que aquí se acercan, más que nunca, a las angulares elucubraciones del Math-Rock) de una mayor variedad y alcanzando picos de intensidad inéditos. Simonelli nos relata sus intrincadas visiones con un tono grave y adusto pero nunca distante, logrando un particular efecto emotivo sin necesidad de salirse nunca de su registro atildado (bueno, hay algún que otro coro fantasmal que aporta un saludable aire de variedad en las voces) ni intentar incómodos histrionismos y fluyendo rítmicamente con una naturalidad conmovedora. Y, claro, el punto fuerte lo aportan Joe Goldring (guitarrista, ex Swans) y Kevin Thomson (guitarrista, bajista y artífice inicial, junto a Simonelli, del proyecto) con sus intrincados entramados de cuerdas que se trenzan en recorridos sinuosos y de una notable riqueza armónica y rítmica, manejando conceptos de tensión y liberación con un cuidado casi quirúrgico y una energía visceral que raspa las entrañas al tiempo que estimula la imaginación. En fin, como ya mencioné, no es fácil describir lo hecho por esta gente sin caer en peroratas excesivamente crípticas, pero si la idea de un Rock poético (en todos los aspectos posibles) no les parece una locura o un pasaje directo al aburrimiento, entonces este genial “Blown realms and stalled explosions” guarda grandes recompensas para ustedes.

Review: Book Of Black Earth "The cold testament" (2011)

 Por Fernando Suarez.

-Book Of Black Earth “The cold testament” (2011)
Nacidos en 2003 de las cenizas de Teen Cthulhu, Book Of Black Earth logró llamar la atención de más de uno con dos discos (“The feast” y “Horoskopus”, editados en 2006 y 2008 respectivamente) donde la cruza de épico Black Metal y rabia Hardcore de su encarnación previa se veía aumentada con importantes cuotas de oscuro Death Metal a la Morbid Angel o el primer Deicide. Tras algunos cambios de formación, el ahora cuarteto llega a su tercera placa (para muchos, una instancia decisiva en la carrera de cualquier grupo) con la rabia intacta y sin intenciones de bajar la intensidad. El punto más notorio es la ausencia de teclados tras la partida de Calvin "Hank" Guthrie, algo que pone bien al frente al trabajo de guitarras y, en consecuencia, a los aspectos más agresivos de su propuesta. Sin resignar del todo su impronta apocalíptica y ominosa, se nota un sonido más afín al Death Metal moderno (por momentos rozando el Metalcore, aunque sin voces limpias ni choreos a At The Gates), con las guitarras escupiendo riff carnoso tras riff carnoso, permitiéndose jugar con ciertas melodías a la Dissection, aires de Crust moderno afines a Disfear o Trap Them, y hasta algo del groove más violento de Pantera. También hay lugar para ocasionales arreglos disonantes y texturas que abren la puerta a una saludable variedad y terminan de redondear una labor bastante personal en ese terreno. La base rítmica también cumple una faena impecable, sosteniendo todo con el nerviosismo y la ajustadísima solidez que el estilo requiere, y las voces ponen el broche de oro con un virulento despliegue de gruñidos y alaridos donde conviven sin problemas los tres elementos principales del sonido del grupo: Death, Black Metal y Hardcore. Es más, la forma más fácil de describir esto sería imaginar una cruza entre la precisión técnica y la brutalidad del primero, la oscuridad épica y los aspectos melódicos del segundo y la agresión urgente y salvaje del tercero (en su faceta más Crusty, vale aclarar), todo envuelto en sonido e interpretaciones de gran factura y expuesto en canciones elaboradas pero siempre coherentes y directas al entrecejo. En fin, no están reinventando el acero pero al menos se las arreglan para darle un sabor propio y, de paso, patearnos el culo durante treinta y seis minutos. No es una oferta como para andar despreciando.

28 de mayo de 2011

Review: Rip "papá inflable" (1995)

 Por Fernando Suarez.

-Rip “Papá inflable” (1995)
Por motivos que no estoy en condiciones de analizar (tal vez tuviera que ver con el penoso espectáculo que Nirvana diera en el estadio de Velez en octubre de 1992, tal vez fuera, simplemente, una cuestión de idiosincrasia, no lo sé), la explosión Grunge que asoló a gran parte del mundo durante la primera mitad de los noventas no tuvo demasiada repercusión en el gusto rockero general de nuestro país. El hecho de que el icónico (y blondo para la ocasión) Charly García recién mostrara, al menos públicamente, su admiración por Nirvana cuando la cabeza de Kurt Cobain ya había sido bruscamente redecorada de un escopetazo, es un buen ejemplo de cómo el grueso del Rock nacional ignoró aquellos años de esplendor de las camisas a cuadros y los jeans raídos. Hasta las bandas más representativas de lo que, en ese entonces, se llamó Nuevo Rock Argentino (Babasónicos, Los Brujos, Juana La Loca) se movían por carriles, musicales y estéticos, que poco y nada tenían que ver con lo que ocurría en Seattle y ciudades afines. Pero, como suele suceder en casi todos los ámbitos de la vida, hubo excepciones. Una de ellas, Rip, nació a mediados de los ochentas y sus raíces (al igual que las de gran parte de los pilares del Grunge internacional) estaban firmemente plantadas en el Hardcore y el Punk-Rock. Tras varios años de subterráneo pulular, un primer punto de inflexión llega para el grupo en la forma de Jamie Perlman, un norteamericano radicado en Argentina que, tras un encuentro casual con algunos de los miembros de la banda (donde ambas partes descubren un gran campo de gustos musicales en común), ingresa como vocalista definitivo. En 1993, y ya con la formación de quinteto consolidada, editan “Poipe”, una producción independiente en cassette que ya exponía una propuesta con coordenadas estilísticas bien definidas, buena presentación (tanto en el sonido como en la parte estética) e innegable identidad musical. Dos años después vería la luz (a través de Resiste!, sello discográfico fundado por el Cadillac Flavio Cianciarullo) este “Papá inflable” que marcaría el segundo y más relevante punto de inflexión para Rip, al menos en términos artísticos. Los quince temas aquí contenidos (con letras que, dada la nacionalidad del cantante, alternaban entre inglés y castellano) nos mostraban a un grupo al tope de sus capacidades, ajustado pero nunca rígido, sumamente creativo pero respetuoso de las canciones, visceral y maduro al mismo tiempo, y empapado de ese abandono, esa angustia apenas velada y controlada tan típica del Grunge. Sostenidas por una base rítmica fluida y versátil, y por un trabajo excepcional de las dos guitarras, las canciones abracaban un amplio espectro del imaginario del género, desde la psicosis Popera de Pixies a la cruda densidad riffera de Skin Yard o el primer Soundgarden, pasando por el mugriento desparpajo Rockero de Mudhoney y The Fluid, la catarsis desgarrada y a la vez melódica de Nirvana, las sentidas baladas de Pearl Jam y Temple Of The Dog, la melancólica aridez psicodélica de Screaming Trees, la sensibilidad melódica de Love Battery, la rudeza confrontacional y revulsiva de Tad, la extraña pesadez emotiva del Die Kreuzen post-“October file”, el empuje Punk casi juvenil de Seaweed, los exabruptos ruidosos de U-Men, y otras variantes que, en última instancia, confirman que la personalidad del quinteto era algo más que la suma de sus influencias. Y es que, en todo momento, se respiraba una profunda emotividad que, en temas como “Novacaine”, “Yo qué sé” (una balada de esas destinadas a romper corazones y secar lagrimales), “Café” (todo un himno de época), “Dejaría”, “Agua”, “Blid mi”, “Cabezas” (una clase magistral de guitarra Grunge, con el cantante de Tintoreros como voz invitada) o “Bajando” (que cierra la placa en la mejor tradición de “Something in the way” de Nirvana) alcanzaba picos de intensidad capaces de conmover al más pintado con su áspera desnudez. Y no se trata de mera nostalgia noventera, estas canciones se sostienen por peso propio, acomodándose sin problemas al paso del tiempo (el excelente sonido, perfectamente equilibrado entre naturalidad, crudeza y claridad, ayuda bastante) a fuerza de evocar emociones humanas universales y atemporales. Entonces, si creían que en Argentina nunca hubo Grunge de calidad, rastreen una copia de este genial “Papá inflable” y comprueben su error mientras disfrutan y sufren (esa es la idea, ¿no?) con sus quince certeros dardos al corazón.

27 de mayo de 2011

Review: Departures "When losing everything is everything you wanted" (2011)

 Por Fernando Suarez.

-Departures “When losing everything is everything you wanted” (2011)
En los últimos años, los grandes trabajos editados por bandas como Defeater, Verse, Miles Away o More Than Life (entre tantas otras) ya nos han predispuesto a escuchar ideas frescas y una renovada profundidad emocional en el Hardcore de siempre. Sin que ello signifique falta de personalidad por su parte, Departures se puede inscribir sin problemas en esa línea con este álbum debut, sucesor del ep “Escaping” editado el año pasado. Luego de una breve introducción instrumental (que sigue el rastro del mencionado ep), se suceden nueve temas donde esa pasión desbordada y urgente que caracteriza al mejor Hardcore se presenta de la mano de un despliegue musical que muchos no asociarían, en primera instancia, al género. Estos británicos juegan con variantes rítmicas inéditas, manteniendo el esperable nerviosismo pero, al mismo tiempo, dosificándolo con repliegues y tensiones que no hacen más que aportarle una nueva dimensión dinámica a la intensidad de siempre. Por otro lado, y como corresponde, las guitarras también juegan un rol importante en eso de proponer ideas interesantes, cortando el aire con afilados riffs que nunca pierden de vista el embellecimiento melódico y el sutil manejo de texturas y armonías, así como la movilidad rítmica de las composiciones. En el terreno vocal, el quinteto se apega a los alaridos más desgarrados, transmitiendo sensaciones más de dolor que de rudeza pero sin por ello caer en histrionismos innecesarios o débiles lloriqueos adolescentes. Por supuesto, siendo un grupo tan joven no es de extrañar que las influencias (principalmente las de More Than Life y Defeater, cuyo guitarrista Jay Maas fue el encargado de masterizar el disco) resuenen con fuerza pero, de todas formas, están encaradas con tal convicción, frescura y honestidad que no empañan la energía visceral y el vuelo creativo instrumental de las canciones. Y, con la placa promediando poco más de media hora de duración, no hay lugar para planteos aburridos o devaneos fuera de lugar. Si están interesados en acercarse a la actualidad del Hardcore, he aquí una excelente opción que se perfila para un futuro más que prometedor.

Review: Cave In "White silence" (2011)

 Por Fernando Suarez.

-Cave In “White silence” (2011)
Ah, ¿qué más se puede decir de Cave In que, a esta altura, no haya sido dicho? ¿Qué son una de las bandas definitivas del Metal de las últimas décadas? ¿Qué fueron adelantados tanto en concebir el Mathcore como en eso de combinar pesadez, melodía, vuelo espacial e inteligencia? ¿Qué cada disco que editan suele ser un profundo viaje musical plagado de sorpresas y creatividad ilimitada? ¿Qué hasta sus numerosos proyectos paralelos y colaboraciones cuentan casi siempre con un nivel altísimo? ¿Qué su apetito creativo (y sus habilidades para llevarlo a la práctica) parece ser inagotable y aún así siempre mantienen esa impronta de urgencia emocional enraizada en el Hardcore? Bueno, todo eso ya lo sabíamos y “White silence” viene a confirmárnoslo una vez más. Si “Perfect pitch black” (2005) y el ep “Planets of old” (2009) ya nos mostraban un endurecimiento con respecto a los años más melódicos del cuarteto, nada nos preparó para estas dos patadas iniciales que son el tema que da título a la placa y “Serpents”, ambos guiados por los monstruosos gruñidos del bajista Caleb Scofield, sostenidos por ritmos afiebrados y arropados por guitarras que logran esa improbable síntesis entre gordura metálica, rabia Hardcore y complejas texturas y armonías paradas en algún lugar entre el Shoegaze y el Space-Rock. Pero, claro, quedarse en un sólo rincón musical no es propio de estos bostonianos, así que, a medida que avanza el disco, nos iremos encontrando con numerosas variantes que, de todas formas, son manejadas siempre con su inconfundible identidad. Tenemos los envolventes ocho minutos y pico de “Sing my loves” (que pasa de la densidad monolítica a la emotividad melódica y de allí a la espesura cósmica con una naturalidad pasmosa), la topadora de ritmos frenéticos, vigorosos alaridos, riffs enormes y arreglos volados que es “Vicious circles”, esa suerte de reinterpretación del Faith No More más agresivo (la alternancia de voces limpias y podridas y los juegos entre riffs arrasadores y arreglos psicodélicos es, sencillamente, increíble) en clave de Sludge/Hardcore ruidoso que se hace presente en “Centered”, el suntuoso melodicismo (con cierto aire vocal a John Lennon) cubierto por gruesas capas de distorsión y texturas varias y enardecido por una batería rabiosa de “Summit fever”, la dinámica casi épica (que va de la calma acústica y soñadora atravesada por arreglos electrónicos a subidas de intensidad que nunca pierden el hilo melódico, casi como unos Beach Boys con dosis extra de ácido y ocasional suciedad) de “Heartbreaks, earthquakes”, esa especie de Rock sureño emotivo, rasposo y lisérgico de “Iron decibels” y ese final romántico y conmovedor que es la preciosa “Reanimation”. En fin, podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que estamos en presencia del trabajo más variado e intrincado de Cave In, aunque aquí la complejidad no pasa por apilar muchas notas en pocos segundos, sino por un trabajo compositivo de elaboración quirúrgica y absoluta libertad creativa, de un cuidado detallista en lo que hace a orquestación y arreglos y una energía urgente y pasional en lo que hace a interpretación. Más de quince años y Cave In sigue probando por qué el Rock pesado en general de los últimos tiempos sería un lugar muy pobre sin ellos. Imprescindible por dónde se lo mire.

Review: No Anchor "Real pain supernova" (2011)

 Por Fernando Suarez.

-No Anchor “Real pain supernova” (2011)
Como para seguir desafiando expectativas y lugares comunes, la gente de Grindcore Karaoke nos trae (de forma gratuita, como siempre) este tercer disco de estudio de No Anchor, un grupo australiano que poco y nada tiene que ver con el Grindcore, el Powerviolence, el Cyber-Grind o el vértigo en general. Yendo hacia la otra escala del espectro extremo, aquí tenemos un trío de batería, voces y dos bajos, sin guitarras, que despliega su ruido a paso de elefante moribundo, con riffs graves y profundos, ritmos monolíticos y aplastantes, y toda esa impronta revulsiva y áspera que grandes nombres como Melvins, Godheadsilo o Boris tan bien nos han enseñado. Ojo, sin ser un dechado de originalidad, no se trata tampoco de un ejercicio tradicional en el campo del Drone/Sludge y aledaños. Es que, debajo de la densidad Sabbáthica, se respiran fuertes aires de Noise-Rock y cierta crudeza Punk/Grunge (las remeras de Nirvana que sus integrantes portan en algunas fotos no son gratuitas) que le aporta una frescura y una inmediatez nada despreciable al material. Las voces, por ejemplo, tienen sus esperables momentos gritones pero no desestiman por ello inflexiones un tanto más humanas, por así llamarlas, lejos de cualquier tipo de exageración épica y hasta animándose con melodías que no desentonarían en los pasajes más intensos de una banda como Fugazi. Los bajos también ponen su importante grano de arena, alternando riffs macabros con catárticas explosiones de ruido, acoples, arreglos disonantes y feedback que no siempre van hacia los graves, ampliando así una paleta sónica que, en primera instancia, podría parecer demasiado limitada. El sonido y las canciones mismas apuntan a una mugrienta naturalidad, sin por ello perder claridad o potencia y transmitiendo la fuerte sensación de estar en un sótano junto a los músicos mientras estos se deshacen en espasmos eléctricos. Si piensan en algo así como una versión Punk, nerd y ruidosa de Sleep, o unos Om despojados de solemnidad espiritual y entregados a una rabiosa autoflagelación, o inclusive unos Melvins amigados con el recuerdo de un joven Kurt Cobain, no estarán tan lejos de lo expuesto en este “Real pain supernova”. Y eso, en última instancia, nos habla de la innegable personalidad musical de No Anchor.

26 de mayo de 2011

Review: Lumber Lung "Lumber lung" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Lumber Lung “Lumber lung” (2011)
Puede que su nombre esté tomado de una broma de los Simpsons pero lo expuesto en este álbum debut de Lumber Lung no es motivo de risa. Pueden llamarlo, Emo, Post-Hardcore, DC-Style, Screamo o cómo prefieran, nada de eso importa ante canciones tan buenas, de esas que se clavan en el corazón y lo revitalizan a fuerza de lastimarlo. Ni siquiera puedo mencionar referencias demasiado claras y ese es un signo de identidad bastante raro hoy en día. Las guitarras siguen esa tradición washingtoniana que va de Rites Of Spring a 1905, erigiendo preciosas arquitecturas distorsionadas donde melodía, disonancia, suciedad y sensibilidad conviven en perfecta armonía, las bases disparan estímulos a la espina dorsal con un empuje crudo y visceral, frenético pero siempre atento a las subidas y bajadas dinámicas que el estilo requiere, y las voces dan el broche de oro, alternando entre la vigorosa feminidad de Kaitlyn y los ocasionales alaridos del guitarrista Rudi, jugando entre delicadas melodías y furiosas exclamaciones con un poderío emocional tan apabullante como movilizador. Pero el punto está en las canciones mismas, que fluyen con una naturalidad orgánica y urgente, evocan vastos paisajes musicales al tiempo que apelan a una energía eminentemente física y frágil al mismo tiempo, generan temblores en el alma y los huesos y una fuerte sensación de cercanía, una emotividad despojada de artificios, una entrega que surge de las entrañas y se manifiesta con un peso musical envolvente y profundo. Y es que la innegable creatividad que exponen a la hora de componer (presten especial atención al trabajo de voces y guitarras) se balancea perfectamente con un incontrolable fuego interno que estalla a cada segundo y pone la piel de gallina. Como si esto fuera poco, el mismo grupo pone a disposición del público, de forma gratuita, la versión digital del disco. Sólo basta con visitar www.lumberlungmusic.bandcamp.com para descargarlo. En fin, grandes canciones, emoción sincera y sin adulterar, afilado instinto musical y encima gratis. Pedir más sería obsceno.

Review: Haemorrhage "Hospital carnage" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Haemorrhage “Hospital carnage” (2011)
Cinco años después de la edición de su último larga duración de estudio (“Apology for pathology”), los forenses más renombrados de la península Ibérica vuelven con los bisturís más afilados que nunca y el respaldo discográfico de Relapse Records. Desde el inicial “Open heart butchery”, con su groove putrefacto y hasta esos ocasionales teclados, queda bien en claro por dónde vienen los tiros. Esto es Carcass, más precisamente el Carcass de los dos primeros discos, puesto al día con una calidad sonora que los de Liverpool jamás conocieron (al menos no en sus épocas más pútridas) y rescatado con reverencia y una nada despreciable calidad compositiva. Es que, claro, con este tipo de bandas uno no puede esperar demasiadas sorpresas o curvas inesperadas, las pautas son evidentes y queda en uno prestarse o no al juego. Y con este arsenal de tremendos riffs que el quinteto nos vomita en la cara, es difícil que cualquier amante del buen Gore-Grind no caiga rendido a sus pies. Las voces manejan a la perfección esa condenadamente atractiva alternancia entre profundos gruñidos y alaridos desgarrados, las guitarras suenan como gordas sierras que destrozan la carne y nos salpican chorros de sangre y tripas, y la base rítmica propone un constante movimiento entre blast-beats, rebajes de tono casi Hardcore e importantes cuotas de groove, siendo este último el elemento que, probablemente, distinga a Haemorrhage de otros clones de Carcass. Las canciones mismas, aún dentro de sus restricciones autoimpuestas, poseen un saludable grado de variedad y un sentido del dinamismo que contagia y espanta el aburrimiento a pura frescura, a pesar de la fetidez que se desprende a lo largo de estos treinta y cinco minutos de pequeñas sinfonías de enfermedad. En fin, los seguidores del estilo ya deberían saber que estos madrileños son de los mejores en eso de regurgitar las enseñanzas de Bill Steer y compañía y, en ese aspecto, “Hospital carnage” es un disco que no falla. Y aquellos que no estén interesados...bueno, pueden ahogarse en su solemne aburrimiento.

Review: 16Volt "Beating dead horses" (2011)

Por Fernando Suarez.

-16Volt “Beating dead horses” (2011)
Puede que estén pateando caballos muertos, como ellos mismos dicen. Puede que este estilo de Rock pesado Industrial (a falta de una mejor definición) remita inevitablemente a la segunda mitad de los noventas, con sus maquillajes siniestros, sus ropas de cuero y/o látex, su desprecio por la corrección política, sus himnos a la decadencia, sus ritmos tan aptos para el pogo como para las pistas de baile y sus estribillos gancheros enmugrecidos por distorsiones digitales varias. Puede que no haya demasiado jugo para sacarle a dicha propuesta, en definitiva no estamos hablando del costado más experimental de la Música Industrial sino, por el contrario, de aquel que se mantiene apegado a estructuras y modismos Rockeros más bien tradicionales. Si encima tenemos en cuenta que muchos de los nombres más destacados de aquella camada (Chemlab, Gravity Kills y Stabbing Westward son los primeros que acuden a mi memoria) ya no existen, entonces la posición de Eric Powell (eterno líder de 16Volt) y sus acompañantes de ocasión es aún más solitaria. El punto es que, más allá de cualquier tipo de especulación, aquí la cosa pasa por hacer buenas canciones Rockeras, de esas que generan calor en el cuerpo y abren la puerta a malos pensamientos. Y, en ese aspecto, 16Volt no tiene nada de qué preocuparse. Todo su vasto arsenal de samples y ruiditos varios está puesto en función de darle una mayor profundidad a canciones que apuntan claramente al gancho inmediato y no fallan. Pueden ponerse duros, casi metálicos (aunque sin llegar nunca a la agresión de un Ministry, por ejemplo), pueden replegarse en pseudo-baladas de tono introspectivo, pueden jugar con un groove de tono Hard-Rockero, pueden estallar en danzas tan coloridas como ásperas y hasta pueden despacharse con estribillos Poperos de esos que se adhieren a la memoria de forma inmediata. Y, aún así, siempre persiste una sensación de óxido y encierro, un espeso aire de inquietud y una sobrecarga sensorial apoyada por un trabajo de orquestación tan cuidadoso como certero e imaginativo. Y es que, con más de veinte años de experiencia en la materia, Powell ya domina su arte con absoluta maestría y sabe exactamente dónde golpear para que duela más. Un disco ideal para bailar con cara de perturbado como si fuera 1996.

25 de mayo de 2011

Review: Ash Borer "Ash borer" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Ash Borer “Ash borer” (2011)
Lo único que sé sobre Ash Borer es que son californianos y que uno de sus integrantes (N, encargado de los sintetizadores) es la mente maestra detrás de los Drone/Black/Psicodélicos Servile Sect. Los restantes integrantes (batería, guitarra, voz y guitarra, sin bajista a la vista) también emplean sólo una inicial como nombre y, como buenos Blackmetaleros que son, están sumidos en un espeso misterio. Lo que sí sabemos es que este debut homónimo (precedido por varios demos, ep’s y splits) cuenta con tres extensos temas que van de los ocho a los casi veinte minutos de duración cada uno, y que en ellos conviven de forma sólida y efectiva las más vertiginosas e hipnóticas cabalgatas rifferas de clásicos como DarkThrone (a grandes rasgos, de 1992 a 1996), Weakling o Burzum con las corrientes más modernas que suman importantes cuotas de Post-Rock y Shoegaze a su áspera oscuridad musical. A pesar de que rítmicamente prima la velocidad y de que las guitarras están bien al frente con su chillona distorsión reverberante, se trata de material de claras intenciones ambientales, concebido con un detallismo compositivo que bordea lo sinfónico pero plantado firmemente en los sonidos más crudos que Noruega nos ha legado. En ese sentido, Ash Borer bien puede servir como puente entre las propuestas más tradicionales del Black y exponentes contemporáneos como Wolves In The Throne Room, Caïna o Alcest, compartiendo con estos últimos las intrincadas idas y venidas estructurales, las monumentales murallas de distorsión y cierta sensibilidad melódica que traslada la necesaria oscuridad del género a terrenos un tanto más emocionales. Lo cierto es que el cuarteto logra una síntesis casi perfecta de ambas vertientes, manejando con total maestría elementos que podrían parecer dispares pero que demuestran tener más en común de lo que el prejuicio indicaría. Digamos que si alguna vez pensaron que una versión Blackmetalera de Godspeed You Black Emperor! sería un auténtico pastiche sin sentido, el colosal “My curse was raised in the darkness against a doomsday Silence” que cierra esta placa demuestra que estaban equivocados. Y sí, los nerds terminan haciendo mejor Black Metal que los carapintadas, qué se le va a hacer.

Review: Down To Nothing "All my sons" (2011)

 Por Fernando Suarez.

-Down To Nothing “All my sons” (2011)
En un despliegue de producción internacional, nuestros amigos de Varsity (ya saben, el sello independiente regenteado por la gente de Reconcile) nos traen esta re-edición de “All my sons” (editado originalmente en vinilo en 2010) con el agregado de los temas pertenecientes al split compartido con 50 Lions, todo a cargo de Down To Nothing, auténticos paladines del Straight Edge de Richmond. El disco viene con una cuidada presentación (amen de un pequeño error en el orden de los tracks), letras en inglés y castellano y un arte de tapa que sirve como claro indicador de lo que encontraremos en materia musical. Sí señores, esto es Hardcore de pura cepa, rabioso, adrenalínico, despojado de sutilezas y pletórico de ese empuje físico tan urgente como revitalizador. Por supuesto, más allá de las influencias (podemos mencionar nombres como Judge, Ten Yard fight, Chain Of Strenght, Side By Side o sus coterráneos 4 Walls Falling y Time Flies) y del respeto por las tradiciones, el quinteto se las arregla para desplegar una propuesta con la suficiente personalidad y un sonido sencillamente apabullante. De hecho, bien podríamos hablar de una refrescante puesta al día del viejo sonido Youth Crew, con algunas guitarras de tono un tanto más metálico (pero nada de Metalcore, ojo) y hasta cierto dejo melódico no tan alejado de lo hecho por un grupos como Better Than A Thousand o Bane, por citar un par de ejemplos. O sea, no se trata de material vanguardista o innovador ni pretende serlo, esto es una patada en la mandíbula tras otra, sin respiros ni concesiones, con las venas a punto de estallar y los músculos en constante tensión. Y es que en estos casos vale más la energía que transmiten las canciones que los rebusques instrumentales o compositivos. De todas formas, el grupo suena ajustadísimo, con una potencia explosiva y una solidez que sólo se logra a través de un arduo trabajo musical. Claro, la sensación es que en vivo deben ser una auténtica bomba, así que esperemos algún poder comprobarlo en algún escenario local. En fin, Hardcore por el Hardcore y para el Hardcore. Ni más ni menos.

24 de mayo de 2011

Review: A Storm Of Light "As the valley of death becomes us, our silver memories fade" (2011)

Por Fernando Suarez.

-A Storm Of Light “As the valley of death becomes us, our silver memories fade” (2011)
“Forgive us our trespasses”, el disco anterior de A Storm Of Light, ya mostraba al grupo tratando de alejarse de la, a esta altura, insoportable copia Neurosiesca que tanto abunda en el Metal contemporáneo. Como para reforzar esa idea, “As the valley of death becomes us, our silver memories fade” (que vino precedido por el ep “Latitudes”, recomendable por la versión del “Kitty empire” de Big Black) llega antecedido por loas a la simpleza de grupos como AC/DC, Queens Of The Stone Age y Metallica. Por supuesto, Josh Graham (cantante, guitarrista, tecladista y líder de la banda, miembro de Neurosis y ex de Red Sparowes y Battle Of Mice) está exagerando un poco. Si bien queda claro que se trata del material más accesible y melódico del trío (ayudado por un gran plantel de colaboradores, entre los que podemos destacar a Kim Thayil de Soundgarden, Kris Force de Amber Asylum, miembros de los delirantes Sleepytime Gorilla Museum y la mismísima Jarboe), la impronta épica, las atmósferas casi cinemáticas, los grandes riffs monolíticos, los espesos juegos de texturas (guitarras distorsionadas, guitarras acústicas, guitarras con efectos, teclados, samples, coros) y los ritmos entre dumbetas y tribales siguen siendo la columna vertebral de su propuesta musical. Inclusive la voz de Graham, más allá de haber adoptado definitivamente un tono más limpio y melodioso (con cierto regusto a Torche pero sin alcanzar la tremenda calidad y el gancho emotivo de las líneas vocales de Steve Brooks), retiene una sobriedad, un gesto siempre adusto que remite inevitablemente (en espíritu ya que no en lo estrictamente formal) a los momentos menos extremos de Steve Von Till y Scott Kelly. Y, con temas que no suelen bajar de los cinco minutos de duración (y que pueden extenderse hasta pasar los diez), queda claro también que no se trata de un disco de hits inmediatos, precisamente. El punto principal parece ser la incorporación de estructuras más afines a la canción tradicional que al juego de dinámicas contrastantes del que se suele abusar en el Post-Metal pero, de todas formas, el fuerte de la banda sigue estando en el cuidado detallista con que erigen sus barrocas arquitecturas musicales, apilando capas sonoras con el buen gusto necesario como para no llegar a asfixiar nunca al oyente en un sopor eterno. Por otro lado, el departamento melódico no se encuentra tan desarrollado (insisto con las limitaciones vocales de Graham quien, por momentos, suena demasiado contenido y falto de fuego) como para justificar del todo ese approach más austero. La impresión que me queda es la de álbum de transición, de esos con buenos momentos (no hay que dejar de destacar la intención de lograr un sonido absolutamente propio y personal) pero que todavía no cristalizan del todo sus objetivos de la mejor forma posible. No me preocupo, con el talento que esta gente viene demostrando hace tiempo, es muy probable que en el próximo peguen el batacazo definitivo.

Review: Face To Face "Laugh now, laugh later" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Face To Face “Laugh now, laugh later” (2011)
Nueve años después del aceptable pero no muy brillante “How to ruin everything”, Face To Face vuelve al ruedo con “Laugh now, laugh later” y da la sensación de que el tiempo no ha pasado para ellos. Desde que obtuvieran cierto éxito comercial a mediados de los noventas con el hit “Disconnected” (un tema que apareció en, por lo menos, tres discos del grupo. Y no estoy contando los compilados), los liderados por el cantante y guitarrista Trever Keith tuvieron que cargar con las consabidas acusaciones de vendidos (en especial apuntadas al pasado metalero de sus músicos) y demás lindezas que el mundillo Punk (bueno, de alguna forma hay que llamarlo) les echó en cara durante prácticamente toda su carrera. El punto es que, aún dentro de los márgenes bien específicos del Punk melódico californiano (con Bad Religion y Descendents como clarísimos referentes) y con ciertos altibajos, Face To Face siempre tuvo a mano las buenas canciones, la frescura y la personalidad propia para cerrarle la boca a sus detractores. Este séptimo disco de estudio (otra vez, no estoy contando compilados, ep’s, discos de covers y rarezas por el estilo) tiene todo lo que cabe esperar de esta gente, ni más ni menos. Tenemos los temas acelerados con Keith apilando sus melodías a toda velocidad casi como un Greg Graffin más sensible que politizado, tenemos también los medios tiempos de gancho Popero que se adhieren inmediatamente a la memoria, tenemos los certeros punteítos de guitarra, los riffs sencillos pero robustos, la base rítmica ajustadísima y efervescente, las líneas vocales emotivas y soleadas al mismo tiempo, y toda esa impronta típicamente californiana que invita a recorrer la ciudad montados en una tabla de skate mientras tarareamos estas canciones con fuego en el estómago, un nudo en la garganta y una sonrisa en el rostro. Sí, es más de lo mismo y si nunca se sintieron atraídos por la propuesta del cuarteto, “Laugh now, laugh later” no hará nada por hacerlos cambiar de parecer. Ni siquiera se puede decir que alcance el nivel de trabajos clásicos “Don’t turn away” (1994), el homónimo de 1996 o inclusive el introspectivo (y, por lo general, incomprendido) “Ignorance is bliss” de 1999 pero, de todas formas, se trata de álbum más que digno, con buenas (algunas muy buenas, otras un escaloncito más abajo) canciones y músicos muy capaces que, a pesar de su edad, demuestran que todavía cuentan con una importante reserva de empuje Punk en las entrañas. No le va a cambiar la vida a nadie pero si andaban con ganas de escuchar algo de buen Punk melódico, he aquí una de las mejores opciones que pueden encontrar hoy en día.

Review: Tera Melos "Echo on the hills of Knebworth"

Por Fernando Suarez.

-Tera Melos “Echo on the hills of Knebworth” (2011)
Hace poco habíamos hablado del ep “Zoo weather” editado por estos simpáticos californianos. El material de aquel se remontaba a la época de grabación de su anterior larga duración, “Patagonian rats”, lanzado en 2010. Bien, lo que aquí tenemos ahora es más delirio extraído de aquellas mismas sesiones. Básicamente, “Echo on the hills of Knebworth” es una improvisación de poco más de cincuenta minutos de duración registrada íntegramente en vivo en el estudio, en la cual los integrantes de Tera Melos siguen demostrando no sólo su inmenso talento, sino también su desquiciada falta de prejuicios y una comunicación musical casi telepática. Ellos mismos definen este trabajo como un “borrón concentrado” y, ciertamente, se trata de un viaje más bien ríspido, frenético, caótico pero, al mismo tiempo, controlado. Como es de esperar, dada la naturaleza de este disco, aquí el trío deja un tanto de lado la precisión Math-Rockera habitual en pos de un desarrollo más ruidoso, con bajo, guitarra y elementos electrónicos trenzándose en rabiosas batallas de disonancias, acoples y chirridos varios, todo sostenido por una batería que prácticamente no detiene ni por un segundo su afiebrado despliegue de golpes hiperquinéticos. Aún así, es notable como se hacen lugar algunas que otras melodías reconocibles y ciertos deformes juegos armónicos que, en más de una ocasión, me recuerdan a los taladrantes mantras de los legendarios Arab On Radar o a una especie de Melt Banana dirigido por John Zorn en un día muy agitado. Es más, el grado de justeza de las interpretaciones (aún cuando se trate de interpretaciones ruidosas, algo que diferencia a aquellos que hacen las cosas a consciencia de los que simplemente caen en el Noise porque son incapaces de hacer otra cosa), la complejidad de los arreglos, la sutil fluidez dinámica con la que se mueve todo el asunto y la energía que nunca decae me hacen pensar que, si no tuviéramos de antemano el dato de que se trata de una improvisación, no habría motivos para inferir tal cosa. Y es que estos tipos cuentan con la rara cualidad de aportarle unas cuotas no muy habituales de frescura y desfachatez a las más sesudas elucubraciones vanguardistas rockeras, dando a la luz piezas musicales donde el oyente puede divertirse tanto como los músicos mismos. De la misma forma, la mejor manera de disfrutar esta música es despojados de preconceptos y con los oídos preparados para nuevas y excitantes aventuras.

23 de mayo de 2011

Exclusive interview with Jarboe

En un golpe de suerte y casi sin esperarlo un día nos respondió Jarboe.
Ahora siento cosquilleos en la espalda y de noche escucho voces, como si me acechara algún tipo de deidad sobrenatural.

No importa, es Jarboe, si vendieras el alma por conocer a alguien (asumiendo que tal cosa llamada "alma" existiera), tendría que ser por ella.

Zann: Can you tell me what are your musical projects nowadays?

Jarboe: INDEMNITY is the name of a series of releases I will be doing in conjunction with other work. It features new songs as well as interpretations of songs from Swans and / or Skin. In addition to this, Kris Force and I will be performing The Path at the Venice Bienalle 2011. I am also collaborating currently with several artists on their own projects. Storm of Light and Naer Mataron and Vampillia and Paul Amlehn and Morne...

Zann: You’ve been releasing some material online and in CD-R ¿What is your opinion on this new way of self-releasing material using a digital media like the internet?

Jarboe: My fans like getting the cdr or cd and so I continue to offer the music in a physical form. I think the download format is also important to some fans and I am going to be offering more of my work that way.



Zann: Your music and lyrics have the quality of generating an aura of fear and strangeness on the listener (at least in my case) that is so unique, that makes me wonder every time I listen, what is the basic process you go through every time you make an album? where does it all come from?

Jarboe: All I can say for sure is that an artist has to shut out outside distractions and focus on creating. This is the case for any form of art.

Zann: I know you have your own, I wouldn´t say religion but yes a set of spiritual beliefs that guide your life. If the question is not too personal or intrusive, can you describe them to me? how do they affect your everyday life?

Jarboe: I would say that you don't react from emotions as if they are controlling you. You observe your emotional response but it is fleeting and not real. This attitude and understanding is a basic premise of Buddhism. "Joyful sorrow"...



Zann: You worked, among others with Neurosis and Justin Broadrick, artists that have acknowledged strong influences by the Swans sound and spirit. How are these artists continuing the Swans legacy in the new millennium, if they do at all?

Jarboe: Yes, they have stated they have been influenced by the work that I have been involved in with Swans. That is true. There are many artists who have told me this and the list would include Maynard James Keenan of Tool, Soma of the band Sunn O))) and many many others. I think that there was an influence or inspiration is sufficient as these artists have their own sound and vision.

Zann: Along this subject, you worked with many different bands from the extreme metal pond, even if you are not directly related to that kind of music in the first place. What is your relation to metal in general beyond these collaborations?

Jarboe: I don't put music into categories like "metal" - I just hear music on its own terms. I am comfortable within any genre or working with artists from any genre that has a unique sound. Regarding Phil Anselmo, he is one of the greatest singers in the world in my opinion. I would say the same about Attila Csihar, for sure.

Zann: One of your least promoted and most interesting musical endeavors (at least in my opinion) is Blackmouth, can you tell me how did it start and what inspired you to create it? Will there ever be more music from Blackmouth?

Jarboe: I agree that it is a terrific album. I actually see Blackmouth as the precursor to Neurosis and Jarboe in terms of attitude. Yes, Blackmouth is out of print for years and since I won't be working with those artists again, a new album from Blackmouth would have to be a different band. Blackmouth is the name of the amazing painting on the cover by artist Cedric Victor, btw. I am the one who came up with the name of the band so I am free to use the name again if I want to.



Zann: I appreciate your time and I hope to see you sometime in the future in Buenos Aires.

Jarboe: That would be awesome.

Review: Balance & Composure "Separation" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Balance & Composure “Separation” (2011)
La primera impresión que surge al escuchar este álbum debut (precedido por dos ep’s y un split con Tigers Jaw) de Balance & Composure es que los noventas están nuevamente entre nosotros. Los muchachos vienen de Pennsylvania pero sus raíces parecen estar plantadas en Seattle, principalmente entre la melancolía soñadora de corazón Hardcore de Sunny Day Real Estate y los arranques de melódica rabia desesperada de Nirvana. De todas formas, hay que decir de entrada que lo del quinteto no es una mera suma de influencias, aquí hay personalidad propia y un peso emocional que nada tiene de superficial. Se trata, claro, de un Rock de guitarras fuertes, voces melódicas y potentes al mismo tiempo, estructuras que van de la calma introspectiva a la expansión distorsionada, arreglos austeros pero muy bien elaborados y una sensibilidad que fluctúa entre la más desgarradora fragilidad y un vigor casi épico. Tienen aprendidas a la perfección las nociones dinámicas del Grunge y el Post-Hardcore y las aplican con sabiduría e intensidad, se les adivina un linaje Hardcore que sólo en escogidas ocasiones se desata del todo, manejan sus instrumentos con maestría (como corresponde al estilo, las palmas se las llevan las guitarras y las voces, pilares compositivos del grupo) y saben cómo componer buenas canciones, variadas sin necesidad de jugar con eclecticismos sin sentido, tremendamente emotivas sin caer nunca en pataleos adolescentes, cuidadas y prolijas sin por ello resignar urgencia, sostenidas por un versátil pulso rítmico y guiadas por un nervio melódico tan conmovedor como ubicado y expresivo. O sea, los tipos pueden sumirnos en reflexiones al borde de las lágrimas, liberarnos en gloriosos estallidos de luz o hacernos recorrer todos los caminos intermedios, todo con una fluidez orgánica y natural, poniendo el foco en las canciones antes que en los géneros musicales y adornándolas con una profundidad musical delicada y ríspida al mismo tiempo. En definitiva, se trata de un material que va más allá de la nostalgia noventosa y se hace recomendable para cualquiera que aprecie el buen Rock, las grandes melodías y las emociones fuertes. Ni más ni menos.

Review: MNMNTS "The good life" (2011)

Por Fernando Suarez.

-MNMNTS “The good life” (2011)
Un disco debut tan intenso y difícil de encasillar como el que estos alemanes nos entregan es siempre una buena noticia. Y es que, si bien (como siempre) se pueden rastrear ciertas referencias estilísticas (el Post-Hardcore rabioso y disonante de Shotmaker o Merel, la oscuridad Crust de Cursed y Alpinist, la emoción desgarrada de Defeater o Modern Life Is War, el frenetismo y las variantes de un Converge, cierta ominosa pesadez del Hardcore de los noventas, algo de la aceleración melódica de American Nightmare o Count Me Out), el resultado final expuesto en este “The good life” exuda personalidad propia por los cuatro costados, manteniendo un sabio equilibrio entre agresión y sensibilidad, inteligencia y crudeza, introspección y catarsis. La palabra clave parece ser pasión y, en ese sentido, podríamos hablar simplemente de Hardcore, siempre y cuando entendamos esa palabra de forma poco estructurada o conservadora. Y es que si hay algo que no falta aquí son ideas y una sólida musicalidad. Tenemos voces desgarradas y gritonas, tenemos una base rítmica que se mueve inquieta entre subidas y bajadas de velocidad, cuidadosos paseos dinámicos, frenadas, tensiones y ataques con una justeza y un empuje que se siente en los huesos, tenemos unas guitarras que se explayan en riffs potentes y elaborados al mismo tiempo, que juegan con envolventes texturas (inclusive variando los niveles de distorsión según se lo requiera) y conmovedores arreglos melódicos, que proponen inesperadas curvas de tono disonante y que marcan el pulso entre caótico y emotivo de las canciones con un sonido de excepcional factura y unas interpretaciones pletóricas de fuerza e imaginación. En fin, no hay mucho más que pueda agregar sin que empiece a enredarme en conceptos que no llevarían a ningún lugar y sólo generarían más confusión. Aquellos que aprecien la energía más urgente y visceral del Hardcore pero la prefieran en un marco musical de profunda elaboración y desprejuiciada versatilidad, tendrán aquí una opción más que recomendable.

Review: Gallhammer "The end" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Gallhammer “The end” (2011)
¿Las chicas sólo quieren divertirse? Bueno, esto es algo así como “las chicas sólo quieren vomitar odio y reventar neuronas con el Black Metal más crudo, corrosivo y cargado de energía negativa que se haya escuchado en mucho tiempo”. Ok, lo de Black Metal merece una explicación, porque Gallhammer de ninguna manera se contenta con repetir los tan conocidos clichés noruegos a la hora de plantear su propuesta. Desde 2003, estas adorables muchachas niponas vienen deslumbrando a más de uno con su furiosa reinterpretación de Hellhammer y el viejo Celtic Frost en clave de mugre Crust con opresivos aditamentos Doom/Sludge. “The end” es su tercer larga duración (sin contar el compilado “The dawn of...”, con el que el sello Peaceville las presentó al mundo en 2007) y encuentra al grupo reducido a un dúo de bajo y batería (ambas cantan), tras la reciente partida de la guitarrista y también cantante Mika Penetrator. Esto representa cambios en el aspecto sonoro, obviamente, pero se trata de cambios que las restantes señoritas saben capitalizar para entregarnos un resultado final aún más personal, violento y perturbador. Los temas siguen alternando entre desenfrenadas aceleradas y babosos rebajes, el sonido sigue siendo crudo, sucio y tremendamente visceral, las atmósferas mantienen esa impronta de absoluta perdición y asfixia, de ríspida decadencia espiritual y profundo odio por la raza humana en general. El punto es que ahora los riffs (siempre con esa simpleza casi Punk) son guiados por un bajo que suena tan podrido como pocas veces se ha escuchado y que, como para poner algo de relleno, se despacha también con espesas capas de feedback, acoples, y disonancias varias que le aportan una nueva profundidad (se respiran contaminados aires a la Godflesh o los primeros Swans en los pasajes más lentos) a un sonido, de por sí, ya bastante denso y opresivo. Por otro lado, también en el terreno vocal se percibe una ampliación del espectro de gruñidos y alaridos varios, inclusive incorporando ciertos modismos de tono casi infantil que terminan sonando (en este contexto) más enfermizos que divertidos. Da la sensación de que, tras la mencionada partida de Mika, Vivian Slaughter (bajista) y Risa Reaper (baterista) pusieron toda la carne al asador para probar que sus pasiones extremas no han perdido ni un ápice de intensidad (por el contrario, aquí todo suena llevado al límite) y que no necesitan una guitarra para destrozar cráneos y estrangular los sentidos de forma impiadosa. Y el hecho de que, aún confinadas en una propuesta tan limitada, se las arreglen de todas formas para escapar al aburrimiento, la tosquedad y la falta de ideas, es una virtud de la que no muchos pueden hacer alarde.

21 de mayo de 2011

Review: I Refuse "Speaks fork-tongued" (2009)

Por Fernando Suarez.

-I Refuse “Speaks fork-tongued” (2009)
El saber popular dictamina que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Siguiendo esa premisa, deberíamos decir que este “Speaks fork-tongued”, con sus cinco temas en poco más de dieciséis minutos, es una auténtica maravilla. Claro, no se trata de la duración, sino del excelente nivel que exhiben dichas canciones y las ganas que generan de escucharlas una y otra vez, a falta de un material más extenso. Resulta curioso que, contando estos canadienses con cinco años de carrera, sólo hayan editado este ep y un, aún más corto, split con Unrestrained. Pero vamos al grano. ¿Les gustan los riffs entrecortados y el groove trabado de Helmet? ¿Qué me dicen de las melodías emotivas y las filosas complejidades guitarrísticas de Quicksand y Jawbox? ¿Y del empuje al mismo tiempo agresivo, intelectual y despreocupado del último Refused (se ve que la similitud del nombre no es casual, aunque también podría provenir de aquel genial disco que Ressurection editara en 1994)? Bien, ahora imaginen fundir todo eso con toques de Fugazi, algo de sus compatriotas Sparkmarker (pioneros del Post-Hardcore de esas frías tierras norteñas), esa especie de violencia nerd de Snapcase, un sonido excepcional, y revolverlo hasta que el resultado final adquiera un sabor propio y personal. Ok, estamos hablando de Post-Hardcore, potente, creativo, sensible, versátil, inteligente, entregado con precisión quirúrgica, profundidad y gancho melódico y una fluidez orgánica y natural, con cada músico cumpliendo a la perfección sus tareas, siempre enfocados en sacar lo mejor de cada canción. En fin, un bocado que debería deleitar tanto a los seguidores del género (y las bandas mencionadas) como a cualquier amante del buen Rock guitarrero con espíritu noventoso y corazón Hardcore que se precie de tal. La mala noticia es que el quinteto dejó de existir en 2010, por lo que la esperanza de tener el material más extenso que reclamaba más arriba se ha esfumado. La buena noticia es que algunos de sus integrantes siguen activos en Boar, un grupo también muy interesante y cuyo ep debut (“Stand ravaged”, editado también el pasado año) merece un análisis propio. De todas formas, nadie nos priva de seguir poniendo este ep en repeat hasta el infinito. Yo, Carlos Sacaan, lo recomiendo.

20 de mayo de 2011

Review: Black God "Black god" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Black God “Black God” (2011)
La sola mención de un grupo conformado por músicos que se pasearon (y, en algunos casos, todavía se pasean) por grandes bandas como Coliseum, Black Cross, Young Widows, Endpoint, By The Grace Of God y Breather Resist es suficiente para hacer que mis calzones se mojen de la emoción. Y sí, podemos usar el término supergrupo sin temor a errarle. Sólo seis temas trae este ep debut y con ello basta para organizar marchas para exigir un larga duración lo antes posible. Si la palabrita Black sirve como indicio, hay que decir que aquí resuena con fuerte ímpetu aquel espíritu de Black Cross, esa cruza de indestructibles himnos Punks, rabioso corazón Hardcore y sensibilidad e inteligencia más afines al Post-Hardcore. Si con eso no les basta, nombres como Avail, Hot Water Music, Black Flag, Jawbreaker, Rites Of Spring y el Fugazi más crudo deberían servir como referencia aproximada. Y si no, no importa. Cada uno de estos diez minutos de pura dicha Punk se encargará de barrer con cualquier tipo de especulación a fuerza de guitarras salvajes (rifferas, directas pero con el toque justo de melodía, elaboración y disonancia siempre a mano), ritmos potentes y con un swing irresistible que obliga a sacudirse como un poseso y voces que alcanzan, con absoluta naturalidad y frescura, ese perfecto equilibrio entre rabia, emoción y gancho melódico. Las canciones mismas hacen gala de dicho balance, demostrando que estos veteranos no sólo tienen la experiencia necesaria como para manejarse con una soltura envidiable, sino que aún cargan con un fuego interno que arde intensamente y llena el alma de catártica satisfacción. En fin, no tengo mucho más que agregar y ya debe haber quedado más que clara mi incapacidad para analizar este material de forma centrada y objetiva. Es lo que suele suceder cuando un disco me emociona profundamente. Sólo me queda esperar que mi entusiasmo se vea recompensado pronto por material más extenso.

Review: Skold "Anomie" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Skold “Anomie” (2011)
Había una vez un grupo sueco llamado Kingpin que, debido a problemas legales surgidos luego de mudarse a Los Angeles en 1988 en un juvenil intento por acoplarse y pegarla dentro de la escena Hard-Rockera de la época, decidió cambiar su nombre a Shotgun Messiah. Editaron un debut homónimo con Tim Skold aún en el puesto de bajista pero, para 1991 y con el lanzamiento de “Second coming” (que exponía una cierta modernización y una impronta menos glamorosa y más cruda, acorde a los tiempos que corrían), éste ya estaba consolidado como vocalista de la banda. En poco tiempo, Skold (perfilándose ya como talentoso multi-instrumentista) y Harry Cody (virtuoso guitarrista y miembro fundador de Kingpin) quedaron como únicos integrantes de Shotgun Messiah y sorprendieron a más de uno (me incluyo) con “Violent new breed” (1993), un disco adelantado a su época que combinaba el gancho Hard-rockero de antaño con el tratamiento sonoro y la agresión de la Música Industrial, dando como resultado una de las gemas más injustamente subestimadas de los noventas. Por supuesto, nadie les prestó atención y Shotgun Messiah desapareció en la oscuridad, lo que dio paso a que Skold iniciara su carrera solista con un álbum homónimo (editado en 1996) que seguía las pasos del mencionado “Violent new breed” pero, esta vez, en un contexto que, principalmente gracias al suceso comercial de nombres como Nine Inch Nails y Marilyn Manson, ya estaba más preparado para recibir esa cruza de elementos musicales. Menos de un año después, nuestro muchacho ingresaba a las filas de los legendarios alemanes KMFDM, con quienes registraría varios trabajos (“Symbols”, “Adios”, “Attak” y la breve reencarnación del grupo bajo el nombre de MDFMK) hasta alejarse amigablemente de ellos en 2002, justo a tiempo para colaborar con Ohgr (el proyecto de Nivek Ogre de Skinny Puppy), intentar un fallido segundo disco solista (que vería la luz en versiones piratas bajo el nombre de “Dead god”) y consolidarse como reemplazo de Twiggy Ramirez en Marilyn Manson, posición que ocupó hasta el regreso de éste en 2008. Al año siguiente, los caminos de Skold y KMFDM volverían a cruzarse en un álbum compartido (“Skold Vs. KMFDM”) y en la producción de “Blitz”, y también tendríamos su colaboración con 16Volt en “American porn songs”. Así, llegamos a la actualidad, donde el buen Tim nos presenta (luego del adelanto del ep “Suck”) su segunda entrega solista en regla. Con semejante introducción, no es difícil imaginar por dónde vienen los tiros y, en efecto, lo que aquí tenemos es más de ese Rock industrializado, ganchero pero cargado de detalles sonoros, cubierto de gruesas capas de mugre digital pero con un corazón siempre melódico y un empuje orgánico, guiado por la personal voz de Skold, con ese tono entre sensual, perverso, decadente y rasposo. Claro, si uno quitara los estratos de samples, teclados y efectos varios, lo que nos quedaría serían doce (bueno, hay una edición especial con dos bonus tracks) canciones de puro Hard-Rock en su mejor expresión, con grandes riffs, un contagioso sentido del swing, melodías sinuosas y atractivas, el necesario grado de versatilidad y un cierto núcleo Punk que aporta un salvajismo, una desnudez emocional y una urgencia nada despreciables. O sea, hablamos de buenas y jodidas canciones Rockeras antes que de experimentos sónicos de avanzada y, aún así, es imposible desmerecer el intrincado trabajo de orquestación planteado por el sueco para darle una dimensión extra a sus composiciones. En fin, la gente de ojos delineados y ropa de cuero ya debería conocerlo y el resto es bastante probable que lo desmerezca por puro prejuicio. Si son capaces de superar ese pequeño escollo, “Anomie” tiene un suculento bocado Rockero para ofrecer.

19 de mayo de 2011

Review: Urge Overkill "Rock & Roll submarine" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Urge Overkill “Rock & Roll submarine” (2011)
A dieciséis años de la edición de “Exit the dragon”, los tipos más glamorosos del Rock de los noventas vuelven al ruedo sin el baterista Blackie "Black Ceaser" Onassis (cuyos problemas de drogas fueron el motivo principal de la disolución en su momento) pero con, como el título de esta flamante placa indica, el Rock N’ Roll intacto. Por supuesto, en esta época de regresos noventosos nadie debería sorprenderse pero, aún así, es importante notar que Urge Overkill nunca fue una banda típica para aquellos tiempos. Sus raíces Punks estaban evidenciadas en sus primeros trabajos para Touch & Go (algunos producidos por el mismo Steve Albini quien, por cierto, no guarda recuerdos demasiado gratos de dichas sesiones) y siempre mantuvieron cierto dejo irónico acorde a su generación pero su elegante rescate del Rock más arquetípico, bluesero, amable y ampuloso, y su estética rimbombante y llamativa no calzaban del todo con la mugre despojada del Grunge y corrientes musicales similares. En fin, lo que aquí tenemos son doce nuevas canciones que nos hacen creer que el tiempo nunca pasó, con un sonido que rescata algo de la crudeza de su material previo a “Saturation” (el disco con el que debutaron en una multinacional en 1993) pero aplicado al gran cuidado melódico y la sensual fluidez que adquirieran con los años. Un punto bastante notable es que, por fin, parecen haber abrazado sus influencias (Rolling Stones, Cheap Trick, Kiss) con absoluta honestidad, dejando de lado la distancia irónica y, simplemente, concentrándose en entregar las mejores canciones posibles, sin por ello resignar el dejo de empuje Punk que los separa del mero revival sin sustancia. Y lo cierto es que, a nivel compositivo e interpretativo, se los nota afiladísimos, con las guitarras escupiendo esos riffs sencillos y levemente rasposos o desgranando preciosos rasgueos acústicos, la base rítmica manteniendo un swing siempre contagioso y las voces dibujando melodías tremendamente gancheras, que hacen constante equilibrio entre emotividad y diversión sonando honestas en ambas variantes. Las canciones mismas cierran perfectamente, irreprochablemente balanceadas y arregladas con admirable frescura y el grado necesario de vuelo creativo. En fin, noventas o no, lo que Urge Overkill ofrece es un delicioso bocado de Rock N’ Roll con corazón melódico y sin demasiadas pretensiones. Sería una pena no disfrutarlo como es debido.

Review: Des Ark "Don't rock the boat, sink the fucker" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Des Ark “Don’t rock the boat, sink the fucker” (2011)
A juzgar por los títulos de sus discos (el primero, “Loose lips sink ships”, editado en 2005, y éste que nos ocupa), Aimée Argote (cantante, guitarrista, compositora y única integrante fija de Des Ark desde sus comienzos, allá por 2001) posee algún tipo de obsesión con barcos que se hunden. Y, de cierta forma, sus canciones nos pasean por tenues cadencias marítimas, sólo para hundirnos luego y ahogarnos en oleadas de emoción descarnada. Pero si hay algo que caracteriza a esta chica es la forma en que logra desplegar sus múltiples personalidades musicales sin perder nunca el hilo melódico de las canciones. Puede pasar de íntimas baladas acústicas a densos y angulares ataques Rockeros y siempre brillando al frente está su voz, desgranando hermosas melodías y coros que se clavan instantáneamente en el corazón con una sencillez conmovedora y una musicalidad que sobrepasa con creces lo que uno esperaría de esto que podríamos llamar (a grandes rasgos) Indie-Rock. Es que, en primer lugar, Des Ark no admite demasiadas comparaciones, sus canciones (simples e intrincadas al mismo tiempo) exhiben una personalidad única y una profundidad emocional que trasciende los meros rótulos estilísticos. Por otro lado, Argote jamás confunde calidez con abulia, austeridad con falta de ideas ni versatilidad con eclecticismo incoherente. Se desnuda emocionalmente sin necesidad de caer en histrionismos incómodos y forzados y mantiene su naturalidad sin esconderse detrás de murallas de ironía. En líneas generales, y como ya apuntamos más arriba, esta segunda placa puede dividirse en dos grupos: los temas despojados y reposados, de raíz acústica y tono Folk melancólico, y aquellos donde (acompañada por el guitarrista Noah Howard, el baterista Ashley Arnwine y los talentos como ingeniero de Kurt Ballou de Converge) nuestra chica se retuerce en ataques más físicos pero siempre planteados con un grado de elaboración y complejidad (chequeen la cuidada interacción entre las guitarras) admirable. En estas composiciones podríamos inclusive hablar de Math-Rock, si no fuera porque el gancho y la sensibilidad melódica aquí expuestas no suelen ser moneda corriente en dicho género. En fin, grandes canciones, emoción a raudales, inteligencia e intensidad es lo que tenemos en este “Don’t rock the boat, sink the fucker”. No se le puede pedir más a la vida.

Review: Integrity "Thee destroyORR" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Integrity “Thee destroyORR” (2011)
Desde el año pasado hasta ahora, Integrity ha editado un larga duración (el genial “The blackest curse”), cuatro ep’s, un par de splits y hasta algún que otro compilado. Y, encima, ahora nos tiran por la cabeza un nuevo álbum. Se ve que Dwid Hellion no está dispuesto a perder el tiempo y los amantes del Hardcore más metálico, oscuro y rabioso estamos de parabienes. “The destroyORR” nos presenta ocho nuevas composiciones, sumadas a cuatro ya aparecidas en algunos de aquellos ep’s, splits y compilados, y una extensa (y, por momentos, reveladora) entrevista con el mismo Hellion y Robert Orr, su actual mano derecha en el grupo. Hasta ahí los datos, el resto, como podrán imaginar, es otro despliegue de visiones apocalípticas montadas sobre furibundos riffs y descriptas por el inoxidable y ominoso rugido del buen Dwid. De cierta forma, si “The blackest curse” podía asociarse a un trabajo como “Seasons in the size of days” (1997), rescatando la impronta más contundente y agresiva de Integrity, la placa que hoy nos ocupa bien puede emparentarse con trabajos un tanto más experimentales como “Integrity2000” o “Closure”, donde la marca registrada de Slayer-core de la banda se funde sin disimulos con abstractas excursiones ambientales/industriales e inclusive una cierta soltura y sensibilidad melódica de tintes Punks que delatan el amor que esta gente profesa por un grupo como Samhain. O sea, se trata de un material bastante variado que, aún así, mantiene a rajatabla la impronta esotérica, misteriosa, ennegrecida e iracunda que los caracteriza. Tenemos los temas veloces de siempre, también los experimentos climáticos, los medios tiempos machacantes, las opresivas e hipnóticas letanías a paso de tortuga gigante que aplasta edificios, el sutil empleo de samples, los fantasmales remansos acústicos, algunas melodías de sabor épico y ese cuidadoso trabajo de producción y texturas que dispara perturbadores estímulos casi subliminales sobre nuestras mentes. En fin, Integrity es un grupo con sonido propio y distintivo (y muy imitado últimamente, vale mencionar) y, aún respetando eso, se las arreglan para seguir explorando terrenos musicales poco convencionales y pletóricos de inventiva e intensidad. “The destroyORR”, entonces, tal vez sea un trabajo de más difícil digestión pero sigue siendo cien por ciento Integrity. Y eso debería ser suficiente para darle una oportunidad.

Frank Boston - Bosta con Gusto



Frank Boston está de vuelta con la misma nueva bosta de siempre, esta vez con gusto. Eso sí, no se deje influenciar por el título de este nuevo disco sr/a escucha, ya que como nos tiene acostumbrado, esto es material imaginativo y lleno de ideas voladoras que muy poco tiene que ver con la bosta.


Disfrutadlo aquí

18 de mayo de 2011

Review: Atari Teenage Riot "Is this hyperreal?" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Atari Teenage Riot “Is this hyperreal?” (2011)
Bueno, este es un regreso que no me esperaba pero bienvenido sea. En efecto, tras once años de separación, Alec Empire vuelve a juntarse con Hanin Elias y, de la mano del nuevo MC CX.Kidtronik, le dan forma a esta nueva encarnación de Atari Teenage Riot. ¿Qué esperan? ¿Esos beats histéricos y mugrientos que parecen haber sido diseñados para afectar directa y violentamente los centros motrices del cerebro? ¿Esos riffs alevosamente sampleados y loopeados? ¿Esos gritos que penetran los oídos como agujas? ¿Esas capas de ruido digital que raspan la mente y confunden los sentidos? Bien, todo eso está en su lugar, como corresponde, y el mensaje del grupo sigue siendo tan politizado y radical como despojado de cualquier tipo de sutileza, vuelo poético o duda. Lo que tal vez sorprenda a más de uno es el hecho de que, sumados a los elementos habituales en la propuesta de estos alemanes, nos encontramos con canciones de ritmos más espaciados, con teclados y samples un tanto menos abrasivos, con melodías más accesibles y, en líneas generales, con una clara maduración en lo que hace a controlar el desenfreno y dosificarlo con un sentido de la tensión más refinado y adulto. Claro, para un grupo de estas características, esto puede ser un arma de doble filo pero Empire y los suyos salen airosos a fuerza de buenas ideas y una convicción inquebrantable. Ok, el impacto de sus primeros trabajos es irrepetible y la intención ya no es hacer hervir la sangre de forma tan inmediata como entonces. En última instancia, es la diferencia que marcan los más de quince años de diferencia (y la experiencia que adquirieron sus integrantes al trabajar como solistas) entre aquel impresionante debut que fuera “Delete yourself!” y la actualidad. Y aún así, insisto, no es que Atari Teenage Riot haga Tecno-Pop ahora. El hecho de que sumen variantes rítmicas y melódicas y que pongan especial atención y cuidado a las texturas y los arreglos no les hace perder intensidad, algo que queda evidenciado en el elemento más humano (por así llamarlo) del sonido del trío: las voces. En ese aspecto queda claro que el fuego todavía arde en sus entrañas y que sus incendiarios manifiestos no se han suavizado con el paso del tiempo. Si prefieren, en lugar de hablar de Digital Hardcore, podemos llamarlo Digital Post-Hardcore y todos contentos. En cualquier caso, si alguna vez se sacudieron frenéticamente con la agresión cibernética de estos dementes, “Is this hyperreal?” es un bocado que no deberían privarse de saborear.

Review: The Axis Of Perdition "Tenements (Of the anointed flesh)" (2011)

Por Fernando Suarez.

-The Axis Of Perdition “Tenements (Of the anointed flesh)” (2011)
Luego de aquella perturbadora banda sonora que fuera “Urfe” (2009), donde The Axis Of Perdition se desprendía casi por completo de su pasado Blackmetalero en pos de crear ambientaciones macabras de tono Industrial, estos inquietos británicos dan otro golpe de timón con este flamante “Tenements”. Por supuesto, lo primero que salta al oído (luego de una breve introducción) es que el Black está de vuelta, con sus ritmos enardecidos, sus alaridos desgarrados, sus guitarras chirriantes y sus climas de magnificencia grotesca. Esto no significa que estén retomando el estilo de sus primeros trabajos discográficos (que era más bien una cruza de Black híper-técnico y violento con elementos Industriales), sino más bien que están probando una forma de encarar el género nueva para ellos, una un tanto más tradicional, por así decirlo. Todavía quedan resabios de sus elucubraciones maquinales pero se nota que los muchachos estuvieron escuchando bastante Deathspell Omega, y eso se traduce en una impronta de tono casi surrealista, apuntalada por riffs intrincadísimos y composiciones plagadas de detalles y complejidades especialmente diseñadas para perturbar los sentidos. Por otro lado, como tipos movedizos que son, la cosa no se queda simplemente en repetir las enseñanzas de los mencionados franceses. Otro elemento que se hace bastante notable es el empleo de una vasta variedad de voces (incluidas voces limpias de tono casi operístico) que se suman a los habituales berridos y ayudan a incrementar el aire épico que domina la placa. También es importante el profuso empleo de teclados, a veces generando esas texturas entre corrosivas y alucinógenas que tan bien sabe manejar esta gente, pero también colchones melódicos que no hubieran desentonado en un grupo como Emperor, sino fuera porque aquí se mantienen en un nivel de la mezcla bastante bajo, sin robarle protagonismo nunca a las guitarras. En fin, mi gusto personal se inclina más hacia el lado de “Deleted scenes from the transition hospital” (2005), la cual me sigue pareciendo su obra más lograda y equilibrada, pero es imposible negar el profundo grado de inventiva y la energía torturada y retorcida expuesta en estas diez nuevas composiciones. Imprescindible para Blackmetaleros (y metaleros en general) de mente abierta.

Review: Zombi "Escape velocity" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Zombi “Escape velocity” (2011)
El arte de tapa (con esos dos culitos y el inmortal De Lorean de “Volver al futuro”) ya nos habla de cierta intención retro-futurista, por así llamarla. Claro, esto no es ninguna novedad para un grupo como Zombi que, desde principios de la década pasada, viene exponiendo su amor por los más ampulosos teclados setentosos y las más delirantes elucubraciones de gente como Vangelis, Goblin, Rick Wakeman y demás exponentes que mis casi nulos conocimientos en ese terreno musical me impiden mencionar sin meter la pata. Dejando de lado los climas más bien oscuros (claramente inspirados en el trabajo de mediados y fines de los setentas de los mencionados Goblin) que dominaban su anterior “Spirit animal” (2009), aquí el dúo comprendido por el baterista/tecladista Anthony Paterra y el bajista/tecladista Steve Moore (quien formara parte en algún momento de los muy recomendables Noise-rockers Microwaves) se aboca sin complejos a generar visiones pintadas con aerógrafo, paisajes cósmicos retratados con absoluto detallismo por teclas de sabor añejo y melodías que evocan una entrañable épica espacial de tono entre sinfónico y cinematográfico. Otro punto que debe mencionarse con respecto a “Escape velocity” es la incorporación de ritmos sintéticos, casi bailables, que, por momentos, dan la sensación de una suerte de Disco del futuro ideada treinta o cuarenta años atrás. Ojo, esto no significa que toda la placa vaya por esos carriles, Paterra todavía expone su empuje sanguíneo y sus vastas habilidades percusivas en más de un pasaje, ayudando a que la innegable impronta retro del grupo mantenga cierto grado de contemporaneidad y energía física. También, con cinco temas en poco más de media hora, podríamos decir que se trata del trabajo más accesible en la discografía de Zombi, una impresión también reforzada por el cuidadoso trabajo melódico de las composiciones y la fluidez orgánica de las mismas. En fin, esto no es para cualquiera, yo mismo me asombro al gozar de un grupo de estas características (tan alejado de mis gustos habituales) pero, ante el inapelable argumento de las cosas bien hechas, no me queda más que sacarme el sombrero y disfrutar sin complejos ni prejuicios de este auténtico viaje por el tiempo/espacio.

Review: Necrophagia "Deathtrip 69" (2011)

Por Fernando Suarez.

-Necrophagia “Deathtrip 69” (2011)
Es probable que muchos sólo conozcan a Necrophagia como “la banda donde Phill Anselmo tocó la guitarra en sus años más álgidos de proyectos paralelos” pero lo cierto es que, con una carrera que se remonta a mediados de los ochentas, los eternamente liderados por el vocalista y cinéfilo Killjoy pusieron un par de piedras fundamentales en lo que hace a anticipar el Death Metal (sus primeras grabaciones exponían un Thrash sumamente mugroso, oscuro y con voces podridas) y, en especial, la obsesión de éste género con el cine de terror en general, y el Clase B en particular. Por supuesto, el hecho de que estuvieran disueltos durante diez años (1987 a 1997) y que, aún cuando Anselmo los reviviera triunfalmente (para abandonarlos luego en 2001), nunca fueran capaces de mantener una formación estable y, por ende, una constancia en las ediciones discográficas, no ha sido de demasiada ayuda. A seis años de su anterior entrega de estudio (“Harvest Ritual Vol. 1”), el gordo Killjoy y los suyos (y cuando digo esto, me refiero a una formación completamente renovada, un cuarteto básico de guitarra, voz, bajo y batería) vuelven a la carga y podemos olvidarnos de todos sus tropezones y disfrutar de este sublime desparramo de tripas. Para los que no estén demasiado familiarizados con la propuesta de estos oriundos de Ohio, hay que mencionar que poseen una impronta sumamente personal, plantada firmemente en la vieja escuela, guiada siempre por riffs tan geniales como gancheros, con un gran respeto por el groove y aún así capaces de flirtear (cuando no sumergirse de cabeza en ellos) con climas, arreglos, samples y sonoridades ambientales que apuntalan la conexión espiritual con el cine de horror. Digamos que, si el arte de tapa y el título de este flamante “Deathtrip 69” los hace pensar en una versión Deathmetalera de White Zombie, no están tan mal rumbeados. Es que Necrophagia posee esa extraña cualidad (compartida con otros como Obituary o Autopsy) de hacer que los sencillo no suene pedestre o aburrido, y de transmitir una profunda sensación de medio sin por ello perder de vista la diversión. O sea, esto no es material técnico, aquí las canciones son canciones y no meros rejuntes de riffs, cortes y dobles bombos que no dejan ni un segundo de aire para respirar, cada uno de estos diez temas (con la obvia excepción de los geniales instrumentales climáticos con sabor a banda de sonido) obliga a mover la patita y se adhiere sin problemas a la memoria mientras nos propina una tremenda patada en el culo. Y, de todas formas, esto no suena a mero revival Deathmetalero, ciertos pasajes casi Hardcorosos sumados al potente sonido y las mencionadas incursiones ambientales, le aportan al cuarteto una energía vital que poco tiene que ver con la nostalgia o el estancamiento. Imprescindible para amantes del Death Metal sin demasiadas vueltas pero con ideas, vuelo creativo y frescura.